Archivo de Miquel Iceta

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Archivo de Mayo 2008

Incógnita Rajoy

Publicado por Miquel Iceta en Jueves 22 Mayo 2008

INCÓGNITA RAJOY
ABC, 22.05.08

He defendido a menudo la tesis según la cual el PP había sido secuestrado por la derecha extrema y que, en esas condiciones, no podía ganar las elecciones generales. Denunciaba entonces el papel de Rajoy, Acebes y Zaplana como continuadores de la peor etapa del aznarato y reivindicaba la necesidad de un PP moderado, partido de centroderecha europeo moderno y capaz de buscar acuerdos más allá de sus fronteras. Era difícil pretender entonces tal empeño dado que la radicalización del PP tenía importantes aliados mediáticos y confiaba en la fuerza movilizadora de sectores integristas religiosos y de la AVT dirigida por Alcaraz.

Nos encontramos ahora, quizá, ante un cambio de escenario. Tras la derrota del 9 de marzo –y los resultados en Cataluña y el País Vasco-, Rajoy parece haberse dado cuenta que el suelo electoral del PP es tan fijo como su techo y que para alcanzar la victoria electoral necesita acabar con las hipotecas del pasado y avanzar en un verdadero viaje al centro. Digo parece porque no siempre es fácil saber lo que piensa y qué se propone Rajoy. Toma decisiones claras en una dirección (Soraya Sáenz de Santamaría, Arriola, Lassalle y otros) mientras apoya una ponencia política lastrada por un pasado a superar si el PP quiere llegar a ser realmente competitivo con el PSOE y llegar a tejer alianzas con otros partidos moderados. A pesar de ello Rajoy parece –repito, parece- querer abrir tímidamente una nueva etapa en esa dirección.

Resulta curioso ver cómo está tropezando con resistencias que no son más que dosis masivas de la medicina que él quiso aplicar al PSOE y a Zapatero en la anterior legislatura: descalificación, sectarismo, deslealtad y agresividad. De él dicen que no es digno de confianza, como él decía de Zapatero. Recibe pitos de la AVT, como él acusó a Zapatero de traicionar a las víctimas. Y se ve obligado a escuchar sonoros abucheos de la emisora de los obispos -que tampoco los escatimó a Zapatero-, catilinarias de El Mundo, despreciativos comentarios de Aznar y ácidas críticas de María San Gil, abanderada de fundamentales principios aplaudidos por Ana Botella y Esperanza Aguirre.

El resultado de la jugada de Rajoy es incierto. Aún en el caso de que consiga imponer sus tesis en el próximo Congreso del PP, son muchos los que creen que no será el candidato del PP en las próximas elecciones. Lo piensan incluso –y quizá algunos lo desean intensamente- algunos de sus más firmes aliados de hoy.

La propia actitud de Rajoy y las innumerables dificultades a las que se enfrenta impiden afirmar con certeza qué rumbo tomará el PP en el futuro. Pero aún a sabiendas de que un PP moderado, centrista y sensato sería un temible adversario político, creo sinceramente que eso es lo que le conviene a España. Y también ayudaría al PP de Cataluña.

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El futuro del autogobierno

Publicado por Miquel Iceta en Viernes 16 Mayo 2008

TRADUCCIÓN AL CASTELLANO DE LA INTERVENCIÓN DE MIQUEL ICETA EN LA MESA REDONDA SOBRE EL FUTURO DEL AUTOGOBIERNO

CONVENCIÓ PEL FUTUR – 16.05.08.

Muy buenas tardes,

Quiero agradecer a los organizadores de la Convenció pel Futur su esfuerzo por revitalizar el debate político y por haberme invitado a participar en esta mesa redonda.

Quiero afirmar algunas premisas básicas que pueden ayudar a entender mejor mi planteamiento.

En primer lugar, creo que los ciudadanos tienen derecho a conocer con la máxima precisión posible las posiciones de los partidos y que estas posiciones deberían tener una validez a lo largo de 12 o 15 años. Creo que serviríamos mejor a los intereses del país y de la ciudadanía si asegurásemos esta transparencia y un cierto grado de estabilidad en las posiciones de unos y otros. La política catalana ha estado impregnada por un exceso de tacticismo. Y creo que es precisamente este exceso de tacticismo una de las explicaciones de la pérdida de prestigio de la política.

Para entendernos, precisión es lo contrario a eufemismo, independencia es independencia, mientras derecho a decidir no se sabe qué quiere decir, aunque todo apunta a que se quiere disfrazar bajo esta expresión el ejercicio del derecho de autodeterminación.

Estabilidad quiere decir que las posiciones han de aguantar más que el titular de un día. Los ciudadanos tienen derecho a que se dibujen horizontes concretos por periodos razonables. Y también tienen derecho a una cierta eficacia política de sus representantes. Por ejemplo, no tiene demasiado sentido pedir una negociación exigente del Estatut si simultáneamente ya se dice que este Estatut no sirve. ¿Qué fuerza tendremos al negociar la financiación hoy si ya estamos diciendo que exigiremos el concierto económico mañana? Es tanto como querer concertar un matrimonio mientras pides los impresos del divorcio…

En segundo lugar, creo que los partidos no tienen derecho a poner a la ciudadanía en callejones sin salida, ni a hacer propuestas basadas tan sólo en los presuntos beneficios a obtener sin advertir de las dificultades ni los riesgos que comportan. La actual competición que han establecido algunos por exhibir la máxima virilidad nacional a menudo se ha traducido en una muestra de impotencia colectiva y, lejos de ilusionar, ha desmovilizado incluso a franjas muy conscientes del electorado.

En tercer lugar, partiendo de la base de que el futuro del autogobierno de Catalunya está fundamentalmente en manos de los ciudadanos y las ciudadanas de Catalunya, y de que cambios significativos del actual estatus requerirían mayorías cualificadas, parece razonable situar como criterio el de mantener la unidad civil del pueblo catalán, que presenta una gran diversidad en los grados de autoidentificación nacional. En este sentido, he dicho ya en otras ocasiones que en mi opinión no se trata tanto de radicalizar a una minoría sino de movilizar a una mayoría. En este sentido no está de más recordar que, precisamente, una de las grandes virtudes del catalanismo ha sido la de “fabricar catalanistas”, es decir, la de ganar para la causa de Catalunya a personas no nacidas aquí pero que aquí han encontrado un lugar para desarrollar sus proyectos vitales. Por ello hace falta mantener y ensanchar el catalanismo como sentimiento cívico ampliamente compartido y no convertirlo en un campo de batalla entre unos que serian patriotas de verdad y otros que no lo serian porque su objetivo nacional no es la independencia.

Hechas estas tres consideraciones con carácter previo, entro en el meollo de la cuestión. En mi opinión, el futuro del autogobierno de Catalunya pasa por la defensa y el desarrollo del Estatuto votado por los catalanes el año 2006, por la defensa del potencial de la Constitución de 1978, que haría falta reformar para dotarnos de un Senado de tipo federal, y para seguir trabajando por el reconocimiento y la plena asunción de la pluriculturalidad y el plurilingüismo español.

En este sentido, es para mí una referencia fundamental el decálogo que presentó el 14 de febrero en Madrid el Presidente de la Generalitat. Os lo recuerdo:

Primero. Nuevo sistema de financiación.

Segundo. Creación del Consorcio con participación paritaria de la Agencia Estatal de Administración Tributaría y la Agencia Tributaria de Catalunya.

Tercero. Impulsar los traspasos de competencias, previstos en el Estatuto.

Cuarto. Aplicación rigurosa de la DA3a, con respecto a las inversiones del Estado en Catalunya.

Quinto. Traspaso del Servicio de Cercanías y ejecución del Plan de Inversiones previsto.

Sexto. Nuevo modelo de gestión para el Aeropuerto de Barcelona.

Séptimo. Participación efectiva de las CC.AA. en la definición de políticas sectoriales.

Octavo. Reforma del Senado con una clara orientación federal.

Noveno. Reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial.

Y décimo. Defensa y promoción, por parte del Estado, de todas las lenguas españolas, tal y como establece el artículo 3.3 de la CE de 1978.

Este es para mí el futuro del autogobierno en los próximos años. Es evidente que estos objetivos pueden topar con importantes dificultades: una eventual carencia de complicidad del gobierno español (que yo confío en que no se producirá), una sentencia adversa del Tribunal Constitucional o una inestabilidad política en Catalunya que abriera un paréntesis de incertidumbre (que yo confío en que no se producirá).

Creo que vale la pena comentar muy brevemente el tema del Tribunal Constitucional. No quiero entrar en consideraciones como las que acertadamente ha hecho Javier Pérez Royo sobre la incongruencia de que el Tribunal Constitucional opine sobre la constitucionalidad de una ley orgánica acordada entre dos parlamentos y refrendada por los ciudadanos de Catalunya. No lo hago no porque no esté de acuerdo, sino porque creo que llegamos tarde para revisar las reglas, aunque sean reglas absurdas. Tampoco quiero extenderme sobre nuestro convencimiento de que el texto estatutario es constitucional y que así lo habría de apreciar el Alto Tribunal. Ni tampoco quiero especular sobre la precaria situación de un Tribunal sometido a brutales presiones políticas y corporativas, con recusaciones cruzadas y en situación de prórroga. Sí quiero decir que todas estas consideraciones deberán pesar en el Tribunal así como considerar la importancia de revisar a la baja un acuerdo entre las Cortes Generales y el Parlament de Catalunya refrendado por el pueblo de Catalunya y las consecuencias de tal decisión. Dicho todo esto quiero afirmar también mi convencimiento de que el sistema democrático se sustenta en el respeto a las leyes y en la acatamiento de las sentencias. Y que no seré yo quien recomiende, proponga o insinúe ninguna intención de desconocerlas. Lo que sí diré es que una Sentencia negativa requeriría de una reacción contundente, inteligente y mesurada, con una gran dosis de cordura y unidad catalanista, con la firme voluntad de recuperar los elementos de autogobierno que se hayan podido perder o verse disminuidos por la vía de otros mecanismos legales y de negociación con el Gobierno de España y la mayoría parlamentaria en las Cortes generales.

Nada más lejos de lo que propuso CIU en el Parlament de Catalunya el 29 de marzo del año pasado en el fracasado intento de seducir a ERC tras el incidente de la “calçotada”. Les recuerdo la propuesta: “Ante la posibilidad de que el Tribunal Constitucional declare nulos algunos artículos del Estatuto vigente o, simplemente, declare una interpretación restrictiva, el Parlamento de Catalunya manifiesta la necesidad de contemplar sin excepción todas las salidas democráticas y pacíficas que puedan satisfacer mejor las legítimas aspiraciones de autogobierno del pueblo de Catalunya, incluido el ejercicio efectivo en referéndum del derecho a la autodeterminación del pueblo de Catalunya, de acuerdo con las reiteradas resoluciones en este sentido de este Parlamento, para poder hacer efectivo el derecho democrático a decidir sobre la constitución de un Estado propio en el seno de la Unión Europea”.

A este tipo de cosas me refería cuando hablaba de callejones sin salida y de fugas hacia adelante, que ni se corresponden a la sensibilidad mayoritaria de nuestro país, ni proporcionan un horizonte sensato para el futuro de nuestro autogobierno.

En momentos delicados es especialmente recomendable actuar con sensatez, con firmeza, con sentido histórico, tenacidad y también con sentido de la realidad.

Yo desconfío del catalanismo que va alternando depresión y euforia, y apuesto por el rigor, el trabajo y la honestidad que son hoy la continuidad, la cordura, la medida y la ironía que según Ferrater Mora definen la esencia de la vida catalana. Este es el catalanismo exigente que mejor puede servir a nuestros conciudadanos y a nuestro país. Es el talante que hoy, mejor que nadie, expresa el Presidente Montilla, como lo ha demostrado hace pocos días con un artículo valiente y comprometido.

Pero nos guste o no parecen abrirse dos grandes orientaciones para el futuro del autogobierno de Catalunya: o bien trabajar por un mejor autogobierno en el marco español (en base al desarrollo estatutario y de la evolución del Estado de las Autonomías en un sentido federal) o bien apostar por el soberanismo y la autodeterminación, preparando un “acto de soberanía” (a través de un referéndum o una resolución parlamentaria) que separe a Catalunya del resto de España.

Ciertamente, o España se reconoce a todos los efectos como plural y diversa o puede convertirse en un marco fracasado para la convivencia entre los pueblos que la integran. Todo depende de si se impusiera la visión centralista y uniformadora recogida en los documentos congresuales del Partido Popular, o de si se avanza en la vía de desarrollo de los nuevos Estatutos, tomando el federalismo como guía para la solución de los problemas pendientes y de los que en el futuro puedan plantearse; un federalismo adecuado a la realidad plurinacional, pluricultural y plurilingüística de España.

Catalunya tan sólo se sentirá cómoda en la España plural, y podrá seguir siendo motor del desarrollo económico, social y cultural de España, si puede ser ella misma, si obtiene el carbón necesario (financiación, infraestructuras e inversiones) para seguir siendo la locomotora de España, la punta de lanza europea desde la euroregión Pirineos-Mediterráneo, si puede reconocerse mejor en las instituciones comunes del Estado (Senado, Tribunal Constitucional), si puede hacer oír su voz y su lengua en las instituciones españolas y europeas.

El socialismo catalán reclama hoy más autogobierno para Catalunya, el desarrollo en plenitud del nuevo Estatuto, y más federalismo en España y Europa. Ideas que son a la vez utopías posibles y caminos de progreso y libertad. Para avanzar Catalunya debe tener una idea clara de la España que le conviene, y unos aliados para hacerla posible.

Pero avanzar en esta dirección exige también que en el resto de España se muevan las cosas, que los sectores progresistas y de izquierdas, empezando por el PSOE mismo, lejos de acobardarse ante la ofensiva neocentralista de la derecha y la extrema derecha, afirmen con valentía un proyecto español inclusivo. Es necesario que la cohesión no impida a los territorios más dinámicos seguir ejerciendo de motor y de vanguardia, que el pleno reconocimiento de la diversidad cultural y lingüística no sea presentado de forma ridícula como amenaza para la pujante lengua castellana sino que dé paso a un esfuerzo conjunto por fomentar la riqueza cultural y lingüística, y que los diversos grados de identificación nacional no impidan compartir el proyecto común de una España entendida como nación de naciones.

Este es nuestro objetivo y nuestro reto.

Muchas gracias.

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Financiación justa

Publicado por Miquel Iceta en Jueves 1 Mayo 2008

FINANCIACIÓN JUSTA
ABC, 1.05.08

Estamos en el inicio de la negociación que ha de conducir a un nuevo sistema de financiación para Catalunya. Una financiación cuyos trazos fundamentales recoge el Estatut aprobado por las Cortes Generales y refrendado por el pueblo catalán, que es una ley orgánica vigente y un gran pacto político.

Acordar el nuevo sistema de financiación es necesario por razones legales (así lo establece el Estatut) y por las deficiencias acumuladas del actual sistema (acodado entre CiU y PP) que por no tener ni siquiera tiene mecanismos de revisión quinquenal. Por otro lado, la actual coyuntura económica, que registra una importante desaceleración, tiene un impacto negativo sobre las finanzas de la Generalitat y, en general, sobre las finanzas autonómicas que son más sensibles al cambio de ciclo económico que las propias cuentas del Estado.

En nuestra opinión, el actual sistema de financiación adolece principalmente de las siguientes deficiencias: desajuste entre los ingresos derivados de nuestra capacidad fiscal y la financiación que finalmente recibe la Generalitat; una insuficiente potestad tributaria, tanto en el terreno normativo como en el de la administración tributaria; unos mecanismos de solidaridad y nivelación que penalizan a las Comunidades Autónomas que más contribución fiscal aportan y la inexistencia de mecanismos de actualización.

Para el PSC y para el Govern, los elementos clave del nuevo sistema de financiación a pactar con el Gobierno de España, y que figuran en la agenda del Conseller Castells, son: el aumento de los porcentajes de participación en los impuestos estatales; la ampliación de los márgenes de capacidad normativa sobre los impuestos estatales, en especial en el IRPF y en el IVA tal y como establece el EAC; un protagonismo relevante de la Generalitat en la gestión tributaria, con la creación y consolidación de organismos propios y la consorciación con la Agencia Estatal de Administración Tributaria para gestionar los impuestos de titularidad estatal, y la creación de un nuevo sistema de nivelación más justo que sustituya al actual Fondo de Suficiencia.

En paralelo a este debate se ha suscitado otro no menos importante, pero que conviene diferenciar: la publicación de las llamadas «balanzas fiscales». En el PSC siempre hemos defendido la publicación de las balanzas fiscales. De hecho, ya en 2005 un grupo de expertos realizó por encargo del Govern, una estimación que ahora está en proceso de actualización. La publicación de las balanzas fiscales oficializadas por el Estado es una requisito de transparencia y de rigor. Cuando sean conocidas, quedará clara la aportación solidaria de Catalunya y quedarán definitivamente desautorizados los intentos de presentar a los catalanes como insolidarios. Ahora bien, como se desprende claramente del EAC la negociación de la nueva financiación no debe basarse en las balanzas fiscales aunque el resultado de su aplicación deba necesariamente producir una reducción del déficit fiscal catalán.

Con todo ello, el modelo que dibuja el EAC y que ha de ser la base de la nueva financiación ha de mejorar la eficiencia del sistema, incrementar nuestros recursos y ha de permitirnos aproximarnos a medio plazo a los recursos por habitante que ya disponen las comunidades de régimen foral. En definitiva, el nuevo sistema de financiación, que seguirá siendo solidario, ha de permitir un incremento sustancial de los ingresos de la Generalitat, la suficiencia financiera de la administración catalana y ha de garantizar el desarrollo de Catalunya y el bienestar y progreso de una sociedad que tiene también importantes problemas socioeconómicos.

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