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    El mes de septiembre del año 1977 empezó mi militancia política. Esta página recoge los artículos e intervenciones públicas que he ido haciendo a lo largo de los años.
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Intervención en el debate de orientación política general

INTERVENCIÓN DEL PORTAVOZ DEL GRUPO PARLAMENTARIO SOCIALISTES-CIUTADANS PEL CANVI EN EL DEBATE D’ORIENTACIÓN POLÍTICA GENERAL

Gracias, Sr. Presidente. Señoras y señores diputados

Muy Honorable Sr. Presidente de la Generalitat, subo a la tribuna en nombre del grupo parlamentario Socialistes-Ciutadans pel canvi para manifestar nuestro apoyo a la acción desarrollada por su gobierno, para afirmar la coincidencia con su diagnóstico de la situación del país y para apoyar también los propósitos que ha anunciado.

Presidente, usted ha demostrado que sabe dónde va, y esto es muy de agradecer en un momento político en el que algunos evidencian una gran desorientación e incluso una curiosa deriva radical. El hecho de compartir diagnóstico y de dar pleno apoyo a las políticas del Gobierno que fueron desarrolladas ayer de forma tan detallada, me permite hacer en nombre de mi grupo parlamentario una aportación al debate político más general al que usted nos emplazaba al final de su intervención. Y para ello quiero empezar proporcionando un conjunto de datos que nos ayuden a situarnos.

¿Cuál es el mundo de hoy?

– En el 2006, 1,3 millones de personas en Estados Unidos completaron sus estudios universitarios, 3,1 en India y 3,3 en China. El 100% de los licenciados universitarios hindúes hablan inglés. De aquí a 10 años, el país con más habitantes que hablen inglés como segunda lengua será… China.

– Según el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos, 1 de cada 4 trabajadores cambiará de trabajo en el próximo año. Y 1 de cada 2 lo hará en los próximos 5 años. Por cierto, datos muy coincidentes con los del Departamento de Trabajo de la Generalitat. Los niños americanos que actualmente se encuentran en edad escolar, habrán tenido entre 10 y 14 ocupaciones diferentes cuando tengan 38 años. Esta verdadera mutación del mundo del trabajo tiene consecuencias de diverso orden, entre ellas las estudiadas por Richard *Sennett en su libro “La corrosión del carácter”.

– La radio tardó 38 años en conseguir una audiencia de 50 millones de personas. La televisión lo consiguió en 13 años. Internet en 4.

– La fibra óptica de tercera generación puede transmitir 10 trillones de bits por segundo, es decir, el equivalente a 1.900 CDs cada segundo, o a 150 millones de llamadas telefónicas simultáneas. Esta capacidad se está triplicando cada seis meses.

– En Catalunya en estos momentos, un 41,5% de los ciudadanos son usuarios frecuentes de Internet y un 53,9% lo han usado en los últimos tres meses.

– Con respecto a las empresas, Catalunya es el país número uno de Europa en penetración de la banda ancha y el número seis con respecto a los hogares.

– Casi un 60% de los adultos de nuestro país no han acabado los estudios secundarios. Y, por lo tanto, muchos no tienen demasiado claro qué se puede hacer con Internet. Hay un 39% de la población que ni usa Internet ni lo quiere hacer porque no ve qué utilidad tiene.

– Estamos formando a gente joven para que realice trabajos que todavía no existen, para que utilice tecnologías que todavía no se han inventado, para solucionar problemas que todavía ni se nos han ocurrido. De los diez empleos más solicitados en el mundo en año 2000, se prevé que ninguno de ellos existirá en el año 2010.

– La comunidad latinoamericana implantada en Barcelona ha crecido hasta multiplicarse por tres en los últimos 4 años y ya representa algo más de 200.000 ciudadanos.

– Unos 300.000 musulmanes residentes en Catalunya empezaron el pasado 13 de septiembre el Ramadán.

– Los ecuatorianos, rumanos, marroquíes, chinos, así como otras comunidades de inmigrantes de la Unión Europea que han decidido escoger Catalunya para trabajar, para vivir y para formar sus familias, representan el 12% de la población.

Es muy sorprendente que en este mundo que cambia tan rápidamente y donde todo está tan interrelacionado nuestros debates tiendan a ser cada vez más locales, limitados, pequeños…

En particular, los debates producidos en las semanas que han precedido a este debate de orientación política general, han sido más bien marcados por la desorientación y la contemplación extasiada de nuestro ombligo.

Como la peregrina idea de refundar el catalanismo.

La tentativa de refundar el catalanismo resulta como mínimo pretenciosa porque el catalanismo tiene unas raíces bien profundas y sólidas que difícilmente pueden ser sustituidas por el acto voluntarista de uno de los dos partidos de una coalición en crisis. Cuando hablamos de catalanismo estamos hablando de un sentimiento, de las muchas maneras de identificarse con el país que no necesitan refundaciones, ni reformulaciones, ni pautas, ni modelos, ni recetas, ni carnés, ni casas comunes. Si me apuran el catalanismo no necesita ni líderes carismáticos, ni mesías, ni héroes. Es un sentimiento cívico, que no admite ninguna clase de apropiación personal ni de patrimonialización partidista.

Ya lo decía Sisa, “mi casa es vuestra casa si es que hay casas de alguien”. El catalanismo ha de estar en todas las casas que lo quieran –y cuantas más sean mejor- y si ha de haber una casa común del catalanismo, ésta debe ser la propia Catalunya, no un partido u otro. El catalanismo no precisa de salvadores ni hombres providenciales, pero sí de un impulso colectivo. Un impulso que ha de acertar en el momento de señalar horizontes. Hay que evitar, pues, el error de encerrar el catalanismo en el marco de un proyecto político determinado.

Pero hay que evitar también otro error en el que algunos pueden caer. El error de la radicalización estéril. Hay atajos que no llevan a ninguna parte. Y excesos de velocidad que se pagan caros. No es radicalizando a una minoría como movilizaremos a la mayoría. No es apelando a las esencias que convenceremos a aquellos que esperan más sustancia.

Contrariamente a lo que parecen querer algunos, no se trata de convertir a los nacionalistas en independentistas, sino de conseguir que el catalanismo sea atractivo para la inmensa mayoría, que se convierta en un sentimiento cívico ampliamente compartido, el proyecto nacional de la inmensa mayoría de los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya. Decía el poeta León Felipe: “No hay que llegar los primeros y solos, sino con todos y a tiempo!”. Este es el reto del catalanismo de hoy.

El catalanismo de hoy no es el guardián de una identidad colectiva preestablecida y cerrada para siempre jamás. La identidad catalana es dinámica y plural. Cualquier identidad colectiva no puede sustituir el concepto de ciudadanía y debe ser compatible con identidades personales diversas. De hecho, más útil que la discusión sobre identidades, es trabajar para que todo el mundo se identifique con el país, que tiene una lengua y una cultura a preservar y proyectar, una historia a conocer, un paisaje a conservar y unas formas de vida a practicar. Pero esto no será posible desde la confrontación entre identidades porque el sentimiento de pertenencia no se puede construir desde el rechazo, la confrontación o la exclusión. Nosotros, socialistas y ciudadanos por el cambio, no queremos un catalanismo frente a España, ni tan sólo de espaldas a España. Queremos seguir trabajando para aumentar el autogobierno y transformar el conjunto de España en un sentido federal. Es obvio que la pluralidad del catalanismo integra posiciones diferentes a ésta. Pero se pueden reducir a dos grandes opciones: la profundización del autogobierno en el marco español (que puede y ha de evolucionar en un sentido federal) y la independencia. La opción independentista, plenamente legítima, no es, evidentemente, la nuestra.

Un respetado columnista ha alertado ya de la especie que corre según la cual si no eres soberanista no eres buen catalán. Ay, de los que quieren nuevamente expedir carnés de buenos y malos. Ay, Catalunya, si te dejas llevar por los especialistas en callejones sin salida. La mayoría no podrá nunca sentirse identificada con los que queman símbolos. En democracia sólo el respeto genera respeto. Las guerras de banderas nunca han traído el triunfo de los ideales. Hemos visto pisados nuestros símbolos y despreciada nuestra lengua demasiadas veces como para imitar estas actitudes insensatas.

En cambio, debemos pensar cómo incorporar a la inmensa mayoría de los que viven y trabajan en Catalunya al catalanismo, a este sentimiento cívico compartido. Y en este sentido resulta absolutamente necesario “repensar Catalunya” en el siglo 21. Sí, RE-PEN-SAR Catalunya en el siglo 21.

Repensarla desde la política y repensarla desde la sociedad civil. Una sociedad que nos exige hoy una visión generosa de la responsabilidad política. Nos hace falta compartir, juntos, cuántos más mejor, un diagnóstico sobre el futuro de Catalunya en el mundo global de hoy. Otra distracción nacional perversa ha sido la de alimentar el pesimismo patológico. El pesimismo nos matará porque nos paraliza… y es más triste y más aburrido. El pesimismo es contagioso. Pero, afortunadamente, también lo son la confianza, la ilusión, o el optimismo. Practicar el pesimismo desde la política es irresponsable. Lo dicen todos los manuales de economía moderna. Generar confianza es clave para el desarrollo y el crecimiento. No podemos ir con cara de tristes por el mundo. Y no se trata de hacer más pequeños o menos importantes los retos. Todo lo contrario. Se trata de encararlos con la energía necesaria para vencerlos.

Necesitamos una Catalunya más integradora a la vez que abierta y confiada, una oferta nacional “más contractual”, más cívica, más moderna, menos emocional-dramática… Si Catalunya “interesa”… nuestra nación tiene futuro. Y Catalunya interesa si proporciona bienestar, si genera oportunidades. Y así será también capaz d’integrar a los recién llegados. Este es el reto.

Si perdemos la cohesión interna y no sumamos más voluntades cívicas y ciudadanas a un proyecto nacional más acogedor, menos tenso, menos ahogado por la losa de lo que llegamos a ser y no somos…; si no somos capaces de ofrecer un catalanismo más amable, más simpático, más confiado, más tranquilo, el catalanismo podría resultar inútil para cohesionar y liderar el país.

Para esto hay que acertar también con las políticas públicas que desarrolle el Gobierno.

Una política económica capaz de garantizar prosperidad a partir del fomento de la competitividad y la innovación; que recompense a los emprendedores y que valore la cultura del trabajo y del esfuerzo. Una política social en sentido amplio, que asegure igualdad de oportunidades para todo el mundo y atención a los que más lo necesitan. Una política territorial atenta a la diversidad del país. Una política educativa que forme a los ciudadanos del futuro y les prepare para este mundo de cambios vertiginosos. Una política cultural integradora y comprometida en la proyección de la lengua catalana. Unas infraestructuras al servicio del crecimiento económico, la movilidad sostenible y el equilibrio territorial. Una política ambiental que asegure el respeto por el medio natural y la incorporación de criterios de sostenibilidad al conjunto de políticas públicas. Unas políticas activas de ocupación y para la emancipación juvenil. Unas políticas de vivienda que hagan posible el ejercicio del derecho a disfrutar de una vivienda digna en condiciones asequibles.

Es decir, las políticas públicas de las que ayer nos hablaba el muy Honorable President de la Generalitat. Pero somos conscientes de que no bastará sólo con políticas públicas.

Hay que fortalecer el lazo de los ciudadanos con la política. Y esto no sólo requiere eficacia de las políticas sino una reflexión a fondo sobre el propio papel de la política. Leo a Daniel Innerarity: “Lo que actualmente desacredita a la política no es una actitud autoritaria sino la distancia entre lo que habría que hacer y lo que se hace, la discrepancia entre las palabras y los hechos, la apresurada apelación a que no es posible hacer otra cosa. Lo que molesta de la política es su desconcierto e incapacidad. (…) La política es una mezcla ocasional de postergaciones, administración y táctica”.

Si la política no aplaza los debates sobre los problemas reales para refugiarse en debates esencialistas; si somos capaces de pensar en hoy, el año próximo y la década próxima; si somos capaces de mantener diferencias allí dónde hay diferencias y de tender puentes allí donde es necesario, estaremos haciendo un gran servicio al país y, muy probablemente, estaremos fomentando el regreso de la confianza en la política y una disminución de la abstención.

Hay que reconocer que la retórica nos pierde y, también, la petulancia de creer que los debates que demasiado a menudo mantenemos entre las fuerzas políticas son los debates de la sociedad, los que interesan a la gente.

Corremos el riesgo de no interesar por no abordar, sencillamente, los temas que afectan a la gente concreta, en términos reales y con propuestas realistas. Del “hablar por los codos” y del “hablar por hablar” debemos pasar a nuestro popular y sencillo “hablar claro y catalán”, que es mucho más que la reivindicación de una lengua. Es una manera de decir que no se debe perder la fuerza por la boca. Menos quejarse y más autoexigencia. Como planteaba ayer el President. Hay una cosa todavía peor que una política irresponsable, irrealizable o equivocada… es sencillamente que sea irrelevante. Corremos el riesgo de que la política, en Catalunya, acabe siendo irrelevante para la ciudadanía: bien por alejada, por incomprensible, o por preocupada por otras cosas que no son las que afectan a la vida diaria de las personas. Corremos el riesgo no tan sólo de no ir por delante, estirando, liderando o acompañando a la sociedad en su proyección hacia el futuro… sino de ser una rémora por ser incapaces de entender el momento y las necesidades.

La política no puede cultivar la melancolía, la hipocondría, el ánimo pusilánime, el derrotismo, la decepción… No nos lo podemos permitir y no corresponde a la larga y ejemplar tradición del catalanismo político que no ha desfallecido nunca, que no se ha dejado vencer, que no se ha rendido ante las adversidades.

Tenemos problemas sí, pero también oportunidades y gente nueva que no se queda con los brazos cruzados esperando a que desde la política resolvamos sus problemas. Hoy, afortunadamente, nuestra sociedad es más autónoma. Seamos claros. La política ha perdido espacio y capacidad de incidencia sobre cuestiones trascendentales. Hoy la política aparece como menos necesaria para el desarrollo individual y personal. Por esto nos hace falta reencontrar el lugar de una política democrática que facilite el desarrollo de los proyectos de vida de las personas, que garantice las condiciones de libertad real, la imprescindible justicia social y la necesaria cohesión territorial que nos hará una sociedad equilibrada y segura de cara al futuro.

Hay muchos ejemplos de capacidad emprendedora y de optimismo en la sociedad catalana.

Por ejemplo, Javier Mariscal el diseñador más internacional que vive y trabaja en Catalunya, que está preparando una película de dibujos animados con Trueba, diseñando una tienda para una potente cadena internacional de moda, o un banco en Internet nos dice que “El futuro es de la luz, de la gente que innova, que se equivoca, de aquellos que se ponen al día.” O el caso de Amadeu Roig, el joven emprendedor leridano que ha ganado el premio internacional Creative Young Entrepreneur Award, por delante de una rumana y de un italiano. Una empresa catalana, Ros Roca, que compra la inglesa Dennis Eagle y se convierte en líder de equipamientos medioambientales. Ros Roca se convierte así en la primera empresa mundial en la producción de bienes de equipo de medio ambiente. Una empresa catalana de recomendaciones gratuitas que innova el panorama de la música “online”. El software social de MusicStrands sobrepasa los 4,7 millones de títulos (junio 2005). MusicStrands es una empresa ubicada en el campus de la Universidad Autónoma (UAB) en Bellaterra que rastrea no sólo la música que los usuarios compran sino también la forma en qué la buscan en Internet. Una empresa catalana que ilumina Nueva York. El panel luminoso del Nasdaq en la plaza de Times Square en Nueva York, está fabricado por una empresa catalana. También los nuevos carteles informativos del estadio de los Yankees en Staten Island. Se trata de Odeco, una compañía de Badalona con filiales internacionales que ha pasado a manos de la familia Carulla, propietarios de firmas como Pans & Company, Gallina Blanca o Ausonia.

Pero no se trata sólo de algunos ejemplos aislados. La tasa d’actividad emprendedora en Catalunya se incrementó el año 2005 hasta el 6,8%, según el último informe Global Entrepreneurship Monitor (GEM). Esta tasa del 6,8% supera claramente la media española (5,7%) y europea (5,5%). De hecho, de entre los estados europeos analizados sólo Irlanda cuenta con una tasa de actividad emprendedora superior. En Catalunya, el 84,3% de las empresas se crean por la detección d’una oportunidad de negocio, mientras que sólo un 9% se crean por necesidad. En el año 2006 el crecimiento del producto interior bruto (PIB) superó el 3% por cuarto año consecutivo y se elevó al 3,9% (superando en un punto y medio al de la zona euro), a consecuencia del fenómeno migratorio y de la fortaleza del consumo interno y del sector de la construcción.

Nuestro país, nuestra sociedad vive un buen momento. Tenemos problemas, sí. Pero son problemas derivados del crecimiento. Problemas que compartimos con la mayoría de sociedades adelantadas. Y aquí hay que recordar que uno de los nuestras factores de retraso ha sido precisamente que los que gobernaban cuando éramos 6 millones no pensaron que muy pronto llegaríamos a ser 7 y medio.

El bienestar ha generado también mayores niveles de exigencia y una ciudadanía más crítica. Y esto es bueno. Y es la política la que se ha de adaptar a esta nueva realidad. Y no a la inversa.

Muy Honorable Presidente Montilla, Le alentamos a continuar el camino que su Gobierno ha iniciado. Haciendo de la Catalunya social y nacional la misma Catalunya. Esta síntesis nos hará fuertes. La prioridad social es una exigencia nacional. Quien no lo entienda no estará entendiendo lo que el país y la sociedad nos reclaman. 

Usted señor Presidente nos decía hace poco menos de un año que “Catalunya necesita un gobierno que gobierne, que esté junto a la gente, y que dé respuestas a las desazones de los catalanes. No hace falta llenarse la boca con la palabra nación. Porque la nación es la casa, la escuela, el barrio, la empresa. La nación es la gente y sus oportunidades de futuro”.

Estamos de acuerdo. No es menos nacional ni menos ambiciosa esta Catalunya de la que usted habla. Como decía ayer la Presidenta de nuestro grupo parlamentario, Manuela de Madre, algunos confunden épica con retórica. Nosotros no. Y Catalunya tampoco se lo puede permitir.

Compartimos su preocupación por el presente y por el futuro. De aquí el interés concreto por que amplíe sus referencias a la formación profesional que es un factor decisivo en esta batalla por el futuro que Catalunya está librando. Porque hoy en día se produce cada vez más una incorporación masiva de los jóvenes al mercado laboral. Y cada vez son más los jóvenes que asocian el trabajo con el único objetivo de la emancipación…

Emancipación, sí; pero no a expensas de perder la capacidad de aprendizaje y de formación! La nueva Formación Profesional puede ser una respuesta adecuada. Una buena formación no garantiza automáticamente el hecho de conseguir un trabajo digno, de manera inmediata, pero puede garantizar la estabilidad del puesto de trabajo, la capacidad de progresión laboral o profesional. A la vez que se debe consolidar como un elemento clave para la mejora de la competitividad a nivel global.

Es importante fomentar la calificación profesional adaptada a la realidad del mercado laboral, combinándola con políticas activas de empleo. Queremos saber cuáles son los objetivos de la acción de gobierno en este terreno.

Presidente, su Gobierno está ganando la discusión en el terreno real. Mientras unos se pelean por saber quién es más nacionalista, su gobierno logra un acuerdo trascendental en materia d’inversión del Estado en infraestructuras en Catalunya. Debatiremos hasta aburrirnos sobre quien defiende mejor los intereses de nuestro país. Pero de lo que ya no hay duda es que quien más inversiones de ha conseguido para Catalunya ha sido su gobierno, Presidente Montilla. Y quizás su modestia le impide hacerlo, pero el acuerdo hay que calificarlo de histórico. Un acuerdo conseguido gracias a la tenacidad del Conseller Castells y a la unidad sin fisuras del gobierno, sin duda. Pero es un acuerdo que ha sido posible sobre todo gracias al nuevo Estatuto.

Lo digo por los que lo consideraban muy insuficiente, por los que creían que no se desarrollaría, por los que han dudado o dudan sobre si merecía la pena. Y lo digo también para recordar que el Estatuto fue refrendado por los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya hace un año. Hace sólo un año, no veinte años! Y hablando del referéndum, ¿quien puede defender el derecho a decidir si no respeta las decisiones tomadas por los catalanes hace poco más de un año?

El Estatuto del 2006 es nuestro horizonte nacional para mucho tiempo. Recordemos que el del 1979 no se desarrolló plenamente ni en 20 años. Recordemos que todavía hay quienes quieren liquidar este Estatuto a través de una sentencia del Tribunal Constitucional. Nosotros lo defenderemos con tesón donde haga falta y ante quien haga falta. Y no lo duden: también ante el gobierno socialista siempre que haga falta. Porque es el mejor reconocimiento de nuestra personalidad nacional en los últimos tres siglos. Porque nos otorga más competencias y más recursos para fortalecer el autogobierno. Porque nos dota de los instrumentos necesarios para hacer de Catalunya el país de primera y el país lleno de éxitos del que el Presidente Montilla nos habló en su discurso de investidura.

Defenderemos con tesón el Estatuto porque fuimos decisivos en su elaboración pero, sobre todo, porque respetamos la voluntad de los catalanes. Porque, como usted, Muy Honorable Presidente, dijo con motivo de la entrega de la medalla de oro de la Generalitat a los presidentes Pujol y Maragall, “nadie nos hará ir como pueblo por un camino que colectivamente no deseemos”. Y Catalunya no quiere retroceder. Ni tampoco quiere emprender aventuras inciertas.

Dijimos que Catalunya daría un salto adelante cuando hubiera un gobierno de izquierdas aquí, capaz de negociar y acordar con un gobierno socialista en España. Y ha sido así. Así hemos tenido el nuevo Estatuto. Así hemos obtenido el acuerdo sobre infraestructuras. Así obtendremos el traspaso de la gestión del servicio de cercanías, la participación decisiva en la gestión del aeropuerto, la gestión de los permisos de trabajo de los trabajadores extranjeros en conexión con la expedición de los permisos de residencia, la gestión de las becas de la enseñanza obligatoria, mayores competencias en materia de justicia, la inspección de trabajo, y tantas otras competencias que nos permitirán vencer la batalla por el siglo 21.

Usted y su gobierno representan el espíritu catalán que nos ha hecho fuertes: modestia, trabajo riguroso y constante, pocas palabras… y muchos hechos, la cultura de l’esfuerzo. Poca gesticulación y aún menos aspavientos.

Valoramos de forma especialmente positiva la acción del gobierno sobre el territorio, el dibujo de la Catalunya del futuro a partir de la realidad y el potencial diferenciales de cada una de sus regiones.

Usted y su gobierno encaran los problemas, conscientes de las dificultades y de la necesidad de establecer complicidades más amplias… Por esto celebramos y alentamos la política de grandes acuerdos nacionales iniciada con el Pacto Nacional por la Educación y el Acuerdo Estratégico por la Competitividad y la Internacionalización de nuestra economía. Impulsar grandes acuerdos sobre temas de país (vivienda, investigación, infraestructuras, inmigración) es la mejor política para hacer frente a los retos que tenemos hoy planteados.

Valoramos su capacidad de diálogo y concertación. Del mismo modo que llamamos a la confianza, el empuje y el compromiso de los diferentes sectores sociales, de los emprendedores y de los trabajadores y las trabajadoras de Catalunya.

Cuando todavía no hace un año de su investidura como Presidente y de la constitución del nuevo gobierno, se han obtenido buenos resultados. Y obtendremos muchos más en los años que vendrán. Al servicio de los catalanes.

No se extrañe, por lo tanto, Muy Honorable Señor Presidente, si esta perspectiva de estabilidad, trabajo riguroso y buenos resultados incomoda mucho a algunos. La razón es que piensan que su futuro político depende del fracaso del gobierno que usted preside. Y esto, señoras y señores Diputados, no sería bueno para Catalunya. Pero no sufran, no pasará.

Gracias, señor Presidente, señoras y señores diputados.

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