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Renovar y ampliar el proyecto socialista

Renovar y ampliar el proyecto socialista
MIQUEL ICETA
PÚBLIC, 9.12.10

El fuerte retroceso socialista en las elecciones catalanas no responde a una única causa, aunque la más importante es la crisis económica y su efecto de erosión sobre los gobiernos. Ejemplos hemos tenido hace muy poco en otros países europeos o en Estados Unidos. Sin ir más lejos, las encuestas más recientes en España señalan una ventaja del PP sobre el PSOE de hasta dieciocho puntos. Cataluña no es una excepción.

Los efectos electorales de la crisis son, como mínimo, cuatro:

a) Descontento del electorado progresista, que ve cómo los gobiernos de izquierdas se ven obligados a practicar políticas de ajuste económico y son incapaces de dominar ‘los mercados’. En plena crisis económica causada por el neoliberalismo y la desregulación, la izquierda europea hasta ahora parece incapaz de combinar crecimiento económico con justicia social.

b) Desánimo de los sectores afectados directamente por la crisis, que tienden a inhibirse o a buscar culpables en la inmigración y en los gobiernos que parecen incapaces de controlarla.

c) Incertidumbre sobre el futuro, que lleva a mucha gente a reclamar gobiernos fuertes.

d) Repliegue individual y comunitario, que se traduce en un mayor conservadurismo y en el apoyo a posiciones sobiranistas e identitarias.

Pero hay que mencionar también errores propios, errores del gobierno y de los partidos que lo integran: falta de relato político conjunto; agotamiento de la fórmula de gobierno calificado desde dentro de como ‘artefacto inestable sin proyecto de país’ y que hace que una parte significativa de los electores de cada partido no avale el acuerdo con los otros dos socios de gobierno; falta de autoridad para resolver conflictos internos y para sancionar errores de gestión en momentos críticos; insatisfacción sobre el nivel de autogobierno, tanto por la percepción de su insuficiencia, como por la sentencia del Tribunal Constitucional -que pone en cuestión los planteamientos autonomistas y federalistas-, como por las tensiones generadas por la negociación de la financiación, como por el cansancio que causa el tema en algunos sectores; tensión identitaria que se proyecta en episodios de conflicto lingüístico; y también elementos de desafección política y corrupción, sobre los cuales el electorado progresista es especialmente sensible.

En resumidas cuentas, el PSC no estaba en condiciones de proporcionar un gobierno fuerte y cohesionado, y los partidos de izquierda tienen graves dificultades para luchar eficazmente contra la crisis económica sin contradicciones con los valores que encarnan y la defensa de los intereses de sus electores.

A partir de ahora al PSC le corresponde ejercer con responsabilidad la tarea de oposición y de construcción de la alternativa al nacionalismo conservador, preparar las elecciones municipales y convocar a un Congreso en el que tendrá que renovar su proyecto, su conexión con la sociedad y su liderazgo después de un debate en profundidad que José Montilla se ha comprometido a impulsar.

El debate en el seno del PSC no tendría que estar monopolizado por quienes tenemos un fácil acceso a los medios de comunicación, ni por quienes reducen la discusión al mantenimiento de una mayor o menor distancia con respecto del PSOE, o al nombre del próximo primer secretario o primera secretaria del partido. Es obvio que el PSC tiene que pensar más en el futuro que al revivir polémicas del pasado, renovándose democráticamente. Es absurdo hablar de dos almas del PSC, más de 30 años después de la unidad socialista de 1978. Es imprescindible una dirección fuerte, colegiada, capaz de recoger todos los acentos para impulsar un proyecto sólido, coherente y unívoco, consciente de la necesidad de un relevo generacional a corto plazo, con un liderazgo que piense más en necesidades colectivas que en ambiciones individuales y que no condicione la decisión sobre la futura candidatura socialista a la presidencia de la Generalitat.

El PSC tiene que renovar y ampliar su proyecto político de unidad civil y cohesión social, un proyecto socialista, catalanista y federalista, capaz de impulsar reformas en profundidad para asegurar el progreso económico, la justicia social, la libertad y la responsabilidad individual, la paridad y la sostenibilidad. Un proyecto capaz de aglutinar mayorías y de ganar la batalla de las ideas, con una organización más abierta, más acogedora, más transparente, más participativa, más moderna y más eficaz. Este es nuestro reto.

 

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