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Documento de reflexión “Hacia el 12º Congreso”

HACIA EL 12º CONGRESO

Los retos del PSC

El PSC debe renovarse y ampliar su espacio. Tiene que encontrar fuerza en sus valores, en sus raíces y en su historia. Nuestro principal problema no es el de acertar en la elección del nuevo Primer Secretario o Primera Secretaria. Primero hace falta que nos pongamos de acuerdo sobre qué hay que hacer en la próxima etapa. Aquí tenéis mis reflexiones al respecto.

Nuestros valores siguen siendo los mismos: libertad, igualdad, fraternidad, laicidad, justicia, responsabilidad e internacionalismo. Pero nosotros tenemos que cambiar, nuestra organización tiene que cambiar, nuestra forma de hacer política tiene que cambiar, nuestra relación con la sociedad tiene que cambiar. Y los cambios tienen que comenzar aquí y ahora, en nuestro 12º Congreso. El congreso de la renovación del compromiso socialista, del compromiso nacional y del compromiso con todos los y las progresistas.

Son muchos los catalanes y catalanas que pueden compartir los valores que integran nuestra Declaración de principios, tenemos que construir con ellos un proyecto que aspire a representarlos y una organización útil para hacer vivir los valores compartidos y promover la participación y la creatividad.

La renovación del PSC exige claridad en la definición de un proyecto de progreso para Catalunya, y rotundidad en su defensa dentro y fuera de Catalunya. Un proyecto que asegure el progreso económico sostenible, la cohesión social y la calidad ambiental, que impulse el autogobierno de Catalunya y preserve la unidad civil erosionada por tensiones identitarias y el impacto de la inmigración.

Conviene recordar que el objetivo fundacional del PSC era el construir un gran partido socialista, representativo de los trabajadores y las clases populares de Catalunya, capaz de impulsar un proyecto mayoritario de libertad y justicia social. Se trataba de construir un gran partido socialista, catalanista y federalista, municipalista y europeísta, soberano en sus decisiones políticas en Catalunya y articulado federalmente con el PSOE para desarrollar su acción a nivel del Estado.

La pérdida de vitalidad de nuestro proyecto no nace de la derrota de noviembre de 2010 o del retroceso en las pasadas elecciones municipales. Hace mucho tiempo que tenemos dificultades para vertebrar una mayoría social, para representar a sectores juveniles y emergentes, para atender a sectores dinámicos e innovadores. Hemos perdido capacidad de atracción y hemos dejado de ser la referencia política para mucha gente.

No podemos resignarnos a una lenta decadencia, contemplando los éxitos del pasado y confiando en que los errores de nuestros adversarios harán que muchos ciudadanos vuelvan a confiar en nosotros.

La necesidad de renovar el proyecto político del socialismo democrático

Nuestro principal problema, que compartimos con todos los socialistas, socialdemócratas y laboristas de Europa y del mundo, es el de definir un proyecto de cambio social capaz de vencer la actual impotencia política que subordina la democracia a la ley de los mercados, un proyecto capaz de domesticar el capitalismo global para someter la economía al bienestar de las personas y los pueblos, justo lo contrario de lo que sucede ahora. La apoteosis neoliberal que está en la base de la crisis económica del año 2007 y que todavía padecemos con dureza, no ha sido ni mucho menos vencida, ni ha encontrado todavía la respuesta adecuada desde la izquierda. El cambio de civilización al que estamos asistiendo no está comportando una ampliación de los horizontes de progreso, más bien al contrario, suscita miedos e inseguridades, genera paro y desigualdades, agota los recursos naturales del planeta y condena a la precariedad y a la pobreza a la mayoría de los ciudadanos del mundo.

¿Seremos capaces de reencontrar confianza en nuestras ideas? ¿Seremos capaces de rehacer lazos de confianza con la ciudadanía? ¿Seremos otra vez capaces de cambiar de futuro? La izquierda, junto con otros, ha conseguido históricamente avances muy importantes: el reconocimiento de derechos de ciudadanía, primero, y de derechos sociales, después, la consolidación de sistemas democráticos, la extensión de derechos y libertades, la construcción de sistemas de bienestar, el establecimiento de instituciones europeas e internacionales capaces de superar guerras  e impulsar dinámicas de cooperación entre Estados y pueblos. Pero hoy constatamos, nuevamente, que los avances conseguidos no tienen porqué ser definitivos, y que asegurarlos en el presente y consolidarlos en el futuro requiere de una voluntad reformadora capaz de vertebrar mayorías sociales y políticas a nivel local, nacional, estatal, europeo y global. Y tenemos que reconocer que hoy no parecemos capaces de luchar contra la crisis y dar una respuesta coherente con nuestros principios de igualdad y justicia social.

Por ello la izquierda pierde el apoyo de la clase trabajadora tradicional y de las clases populares, desencantadas por una política económica y fiscal incapaz de defender sus intereses. Y también pierde la confianza de parte de la clase media, que considera que contribuye a unos servicios públicos que utilizan básicamente otros, y que no se siente identificada con un discurso socialista que cree anclado en el pasado.

Ciertamente una de las causas de esta pérdida de capacidad de atracción es generalmente compartida por el conjunto de la izquierda europea, hasta ahora incapaz de plantar cara a la crisis y de desarrollar una alternativa económica y social al modelo neoliberal y desregulado de globalización hoy hegemónico. La actual debilidad del proceso de construcción europea y las dificultades para cambiar las reglas de juego de las finanzas internacionales marcan un terreno de juego especialmente desfavorable para las izquierdas. Es evidente que una de nuestras prioridades tiene que ser un compromiso de reflexión, presencia y activismo en este ámbito.

La crisis económica favorece un repliegue individualista o de identidad que abona las posiciones conservadoras. Para ello hace falta que la izquierda combata el miedo generado por la crisis y su utilización política por parte de los conservadores. Como señalaba acertadamente Tony Judt, la derecha utiliza la crisis como excusa para desplegar de forma descarnada sus prioridades: menos Estado, menos protección social, menos solidaridad.

La cuestión es saber cómo impulsar las reformas necesarias para vencer la batalla de la competitividad en la economía global y, al mismo tiempo, garantizar la justicia social proporcionando una red de protección a los que la necesitan y también seguridad a todos.

Como dicen nuestros compañeros socialistas franceses en su nuevo programa, el sistema neoliberal es incapaz de situar a las personas por encima del beneficio, los fines por encima de los medios. Los retos son claros: la regulación del sistema financiero, el abandono del dogma de la mano invisible del mercado que todo lo resuelve y la sumisión de los intercambios comerciales a normas sociales y ambientales, evitando confundir derechos con mercancías que sólo están al alcance de los que las pueden comprar. Ninguno de estos objetivos es factible sin un combate cultural y de valores, sin una acción decidida a nivel europeo, sin una visión global de los problemas, los retos y las oportunidades, participando activamente en los esfuerzos de renovación del Partido Socialista Europeo y la Internacional Socialista.

El socialismo democrático tiene que saber recoger los cambios económicos, sociales y culturales para asimilarlos y poderlos gobernar, revitalizar los valores que nos identifican, innovar radicalmente nuestras propuestas y nuestras formas de organización y actuación, e impulsar, en este nuevo contexto, la justicia social, la igualdad de oportunidades, la defensa de la igual dignidad y el reconocimiento de la igualdad de derechos de todas las personas.

Para conseguirlo hay que atacar frontalmente la carencia mayor y más urgente que tenemos: la necesidad de renovar profundamente nuestros planteamientos en materia de política económica y fiscal. La provisión universal de servicios públicos de calidad, la reducción de las desigualdades sociales y los desequilibrios territoriales, el ofrecimiento de oportunidades a todos y la erradicación de la pobreza no dependen sólo de mecanismos de transferencia de renta desde las “clases acomodadas” a los “perdedores” de las grandes transformaciones económicas, pero es evidente que en el centro de nuestra reflexión económica habrá que situar una profunda reforma fiscal. La prioridad es también incorporar a los sectores más débiles de la sociedad en unas mejores condiciones a una economía que tiene que crecer de forma sostenible. Así, la inclusión social tiene que ir vinculada a una política de modernización, competitividad y crecimiento económico, en la que el capital humano, la formación, la investigación y la innovación tengan un papel central.

Avanzar hacia un nuevo paradigma de política económica implica también un nuevo conjunto de regulaciones e incentivos a la inversión y a la producción, que contribuyan más a una prosperidad sostenida al alcance de todos. En este momento la renovación ecológica de los patrones de producción y de consumo es inevitable, y eso tiene que proporcionar  también un gran impulso al crecimiento económico. Tenemos que saber maximizar la prosperidad satisfaciendo los criterios de sostenibilidad ecológica y social. Y para ello hacen falta ajustes y reformas para recuperar la competitividad y garantizar el mantenimiento y consolidación de los avances sociales conseguidos. Unas reformas que pasan por el acuerdo social y también por la introducción de mecanismos de cogestión en las empresas, que promuevan la participación efectiva de los trabajadores y sus organizaciones representativas en los órganos de dirección empresarial.

Pero las reformas no pueden ser sólo locales, tienen que ser globales. Por este motivo hay que reivindicar al mismo tiempo una Europa federal capaz de defender el modelo social europeo y de impulsar una verdadera gobernanza económica común, y una nueva regulación de los mercados globales para asegurar que la economía esté al servicio de las personas y de las sociedades.

Hay que situar en el centro de nuestra reflexión y de nuestra acción cuestiones como, entre otras, la Renta Básica de Ciudadanía, la fiscalidad ecológica, la introducción de tasas sobre las transacciones financieras, la limitación de los beneficios empresariales cuando se produzcan ajustes de plantillas o deslocalizaciones, la limitación de las retribuciones de los directivos que tienen que estar también fuertemente condicionadas por la marcha de la empresa, la introducción de cláusulas sociales y ecológicas en los acuerdos internacionales de libre comercio, la lucha contra el fraude fiscal, la introducción de mecanismos de garantía hipotecaria que preserven la vivienda de residencia habitual, la recuperación y revisión del impuesto sobre el patrimonio, una regulación estatal del impuesto de sucesiones para evitar una competencia fiscal a la baja, la eliminación de los paraísos fiscales o la penalización de los movimientos especulativos.

La necesidad de renovar el proyecto nacional del socialismo catalán

Ciertamente tenemos los mismos retos que toda la izquierda europea. Pero nuestro combate se desarrolla en una nación concreta, Catalunya, que comparte con el resto de pueblos de España un mismo Estado, que no reconoce todavía plenamente su plurinacionalidad, pluriculturalidad y plurilingüismo, que no es todavía plenamente el Estado Federal que deseamos.

El proyecto socialista en Catalunya está estrechamente ligado a una concepción radicalmente democrática del autogobierno, que interpreta el catalanismo político desde una perspectiva progresista, de unidad civil y de cohesión social, y que encuentra en el federalismo el hilo conductor de un entendimiento fraternal con el resto de los pueblos de España, de Europa y del mundo.

El pacto constitucional de 1978 fue una meta histórica en el proceso de conciliar el ansia de autogobierno del pueblo catalán y la vertebración de un proyecto español común adecuado a una nación de naciones. Ciertamente el desarrollo del autogobierno de Catalunya y el proceso de reconocimiento de la realidad plurinacional de España han topado con obstáculos e incomprensiones, entre las que destacan la presión centralizadora y uniformizadora de la derecha española que ha encontrado en algunos sectores progresistas una complicidad o una pasividad descorazonadora. La hostilidad de la derecha española es también la principal causa del bloqueo a la reforma del Senado, pieza imprescindible en la evolución federal del Estado de las Autonomías, a través de la reforma de la Constitución.

El proceso de elaboración del Estatuto de 2006 pretendía superar algunos obstáculos y señalar una nueva etapa en el desarrollo del autogobierno de Cataluña. A pesar de los avances conseguidos de los que el nuevo sistema de financiación constituye una buena prueba, la hostilidad manifiesta del PP a la reforma y la feroz campaña anticatalana por este motivo, han proporcionado argumentos a los sectores que consideran que Catalunya no conseguirá nunca un reconocimiento nacional suficiente ni un nivel adecuado de autogobierno en el marco español. Nosotros, en cambio, consideramos que en un mundo de interdependencias crecientes y de soberanías compartidas, el secesionismo, la independencia, no tiene sentido ni futuro.

La Sentencia del Tribunal Constitucional sobre los recursos presentados contra el Estatuto, ley orgánica española acordada entre el Parlament de Catalunya y las Cortes Generales, aprobada por éstas y refrendada mayoritariamente por el pueblo catalán, han supuesto un nuevo varapalo, una causa de malestar generalizado entre amplísimos sectores catalanistas y un nuevo argumento a favor de las tesis soberanistas e independentistas. El editorial conjunto de los diarios catalanes, la manifestación del 10 de julio de 2010 y el proceso de consultas independentistas han sido ejemplos evidentes de la insatisfacción creciente de sectores importantes de la sociedad catalana con respecto al alcance del autogobierno de Catalunya, así como de la percepción de insuficiencia e incluso de injusticia del sistema de financiación y, muy en especial, de un insuficiente reconocimiento de la realidad nacional, cultural y lingüística de Catalunya en el marco español.

Es en este contexto que el PSC tiene que ofrecer una alternativa concreta a los dos polos que parecen monopolizar hoy el debate catalanista: por un lado el independentismo sin matices, y por el otro la ambigüedad oportunista de CiU, empecinada en el “derecho a decidir” y un pacto fiscal de perfiles inconcretos. Nuestra alternativa es la recuperación del espíritu del pacto constitucional a partir de un acuerdo federal, un pacto que desarrolle el potencial federal del Estado de las Autonomías y asegure el carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüístico de un Estado español eficiente, entendido como marco de cooperación federal entre administraciones, garante de los derechos de ciudadanía y de la prestación de servicios públicos de calidad, de la adecuada regulación de los mercados e instrumento para la acción europea e internacional. Este acuerdo federal no debe excluir la posibilidad de acuerdos bilaterales subscritos entre el Estado y la Generalitat ni un pacto fiscal solidario en el proceso de revisión del acuerdo de financiación subscrito en el 2009.

Si no somos capaces de dar contenido a esta alternativa, movilizando a la mayoría de catalanes que creen que esta opción es la que mejor sirve a los intereses del país, y estableciendo complicidades políticas, sociales y culturales en el resto de España en favor de este nuevo pacto federal, Cataluña parece abocada a una lenta deriva hacia un soberanismo oportunista hegemonizado por CiU.

El test sobre la viabilidad de este nuevo pacto será el acuerdo entre el PSC y el PSOE sobre el nuevo horizonte federal de España que tiene que servir también para actualizar la relación entre los dos partidos, asumiendo la expresión de la opinión y el voto diferenciados del socialismo catalán en el marco de un grupo parlamentario federal de todos los socialistas en el Congreso de los Diputados en aquellas cuestiones de importancia transcendental para Cataluña que no hayan podido ser acordadas previamente. Es el modelo practicado con éxito en el Bundestag de la República Federal Alemana entre la CDU y la CSU. Nuestra vocación permanente es la de llegar a acuerdos, pero para los federalistas la voluntad de acuerdo no puede ser nunca entendida como aceptación de imposiciones.

Mejorar nuestra conexión con la sociedad

Aun siendo difíciles las tareas antes señaladas, no agotan ni de lejos el trabajo que tenemos por delante. Tenemos que reaccionar también a los evidentes problemas de conexión del PSC con la sociedad, de haber reducido demasiado a menudo la acción política a la pura gestión de políticas públicas desarrolladas desde las instituciones, a las dificultades de traducir en acción y compromiso político una coincidencia social mayoritaria con los valores que queremos representar, recogidos en la Declaración de principios del partido aprobada por unanimidad en nuestro 11º Congreso celebrado en 2008.

El PSC tiene que recuperar su capacidad de agregación, hace falta que vuelva a convertirse en referencia de una mayoría social progresista, capaz de representar a los trabajadores, a las clases populares y a los ciudadanos que comparten las ideas de progreso. El PSC ha de reencontrar su vocación de laboratorio de ideas, de espacio creativo y acogedor para el debate y la acción política, rehaciendo desde abajo hasta arriba su conexión con la ciudadanía, con los exponentes más creativos y dinámicos de nuestra sociedad.

Tenemos que recuperar el impulso fundacional, la vocación de suma, la generosidad y la apertura que hagan nuevamente atractiva la pertenencia al partido, una militancia ilusionante y eficaz, con la flexibilidad suficiente para que todo el que quiera aportar sus ideas, su tiempo y su esfuerzo pueda hacerlo desde la libertad y con la confianza en que su aportación será reconocida. Hay que mejorar los mecanismos de información, comunicación y debate para hacerlo posible, también a través de la utilización creativa de las nuevas tecnologías.

Para los socialistas es vital volver a conectar con nuestra base tradicional, pero también establecer nuevos vínculos con las nuevas generaciones y con los sectores más emprendedores e innovadores, resolviendo las tensiones entre aquellos que ven la globalización como una oportunidad, y los que la temen y se resisten al progreso, siendo conscientes de que no es fácil construir identidades y lealtades fijas en un mundo tan cambiante. Necesitamos forjar una alternativa a la hegemonía liberal-conservadora también para evitar que los miedos y las incertidumbres creadas por la crisis sean aprovechadas por populismos demagógicos de tipo identitario y/o de ultraderecha.

El malestar social causado por la crisis ha puesto en evidencia un descontento profundo con la política y la conciencia creciente de los estragos causados por la economía del mercado global. Una profunda regeneración de la política y la interlocución con sectores críticos con el actual modelo socioeconómico son imprescindibles para volver a conectar con amplios sectores sociales. Una conexión con la sociedad que también tiene que mejorar a través de la presencia en las redes sociales y la práctica de una verdadera política 2.0.

La necesaria renovación de la democracia exige reivindicar la acción política y mejorar los mecanismos de representación y participación democráticas, promoviendo la aprobación de una ley electoral catalana que permita la elección directa de diputados en distritos uninominales garantizando la proporcionalidad del sistema, erradicando la corrupción y todo abuso de poder, y promoviendo mecanismos de rendimiento de cuentas de los cargos electos.

Tejer una amplia alianza social para el progreso

El PSC tiene que crecer ampliando su espacio de influencia política y su capacidad de representación electoral. Tenemos que ser más, tenemos que ser más capaces de atraer a los activistas progresistas y a los ciudadanos y ciudadanas más conscientes y de incorporar a la política a los recién llegados. Sindicalistas, creadores y emprendedores que compartan los valores de la libertad, la igualdad y la justicia social, tienen que encontrar en nosotros interlocución y espacio abierto para el debate y el compromiso político. Nos dirigimos también a los catalanistas de talante liberal, a los que creen en la necesidad de afirmar la unidad civil de nuestro pueblo, nuestro autogobierno y una relación fraternal y de respeto con el resto de pueblos de España. Nos dirigimos también a los que quieren ver una izquierda renovada, capaz de modernizar sus planteamientos, de adaptarlos a la realidad del siglo XXI, de recoger lo mejor de las luchas por la igualdad de derechos, del feminismo, del ecologismo político. Nos dirigimos también a sectores críticos de izquierdas, que han percibido hasta ahora una excesiva complacencia de la socialdemocracia con respecto al sistema económico capitalista que genera desigualdades, desequilibrios, crisis y pobreza. Nos dirigimos también a los sectores federalistas y soberanistas críticos con el actual marco constitucional, que quieren dar respuesta a la voluntad de autogobierno y de respeto a la personalidad nacional de Catalunya pero piensan que la separación de Catalunya del resto de España no es un proyecto factible. La renovación del PSC aspira a recoger estas sensibilidades en un proyecto político sólido, vigoroso y de amplias fronteras.

Cuando se habla de la autonomía del proyecto político del PSC, de forma casi inconsciente parece que sólo nos referimos a la autonomía del PSC con respecto del PSOE, pero también hay que afirmar la profunda autonomía de nuestro proyecto con respecto de otras fuerzas catalanistas y de otros partidos catalanes de izquierdas. Desde esta autonomía, el PSC ha de tejer una amplia alianza social por el progreso, capaz de establecer complicidades políticas pero también una profunda sintonía con el movimiento sindical y el asociacionismo progresista, con el objetivo de ganar la batalla de las ideas y de ampliar el apoyo a un proyecto de reformas que promueva la justicia social.

Los objetivos del 12º Congreso

El PSC tiene que renovar y ampliar su proyecto político de unidad civil y cohesión social, un proyecto socialista, catalanista y federalista, capaz de impulsar reformas en profundidad para asegurar el progreso económico, la justicia social, la libertad y la responsabilidad individual, la paridad y la sostenibilidad. Un proyecto capaz de aglutinar mayorías y de ganar la batalla de la ideas, con una organización más abierta, más acogedora, más transparente, más participativa, más moderna y más eficaz. Este es nuestro reto: una renovación profunda, sólida y colectiva.

Todo esto está a nuestro alcance. Pero tiene que ser un trabajo colectivo, de abajo hacia arriba. Una labor que tiene que recibir el apoyo, el impulso y el aliento de una nueva dirección.

Es imprescindible una dirección fuerte, colegiada, capaz de recoger todos los acentos para impulsar un proyecto sólido, coherente y unívoco, consciente de la necesidad de un relevo generacional, con un liderazgo que piense más en necesidades colectivas que en ambiciones individuales y que no condicione la decisión sobre la futura candidatura socialista a la presidencia de la Generalitat, que tendremos que tomar a través de elecciones primarias que tendrán que ir precedidas de un Congreso que apruebe la nueva oferta programática del partido y consolide el proceso de renovación que se abrirá en el Congreso que celebraremos en otoño de 2011.

Hoy necesitamos una nueva dirección que conozca bien el partido y su gente, capaz de sumar voluntades y multiplicar esfuerzos, de unir sensibilidades, de comunicar bien, de transmitir esperanza e ilusión, de conjugar el “nosotros” por encima del “yo”, no anteponiendo nunca la ambición personal a la colectiva y con la capacidad de tejer amplias complicidades en los espacios progresistas.

Una dirección con la voluntad de construir un puente hacia el futuro. Y de hacerlo lo suficientemente ancho y fuerte como para acoger todo lo que somos, todo lo que representamos, y para dejar paso cuando corresponda a quienes hayan de culminar el viaje que comienza en el 12º Congreso. Un Congreso de cambios, que abre un período de más cambios todavía.

De cara a preparar el 12º Congreso del PSC quisiera compartir con todos y cada uno de los y las militantes del PSC las convicciones, el diagnóstico, los objetivos y la hoja de ruta esbozados en este documento.

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