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    El mes de septiembre del año 1977 empezó mi militancia política. Esta página recoge los artículos e intervenciones públicas que he ido haciendo a lo largo de los años.
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Reconstrucción socialista

RECONSTRUCCIÓN SOCIALISTA
Miquel Iceta, 10.01.13

Buenas tardes, compañeras y compañeras,

Agradezco vuestra presencia hoy aquí y agradezco muy sinceramente al Centre d’Estudis i Debats de l’Esquerra Socialista de Catalunya su invitación a hacer esta conferencia-coloquio en un esfuerzo de relanzar el debate interno y explorar las perspectivas de las izquierdas.

La gente del CEDESC tiene razón: la reconstrucción del PSC exige poner en primer plano el debate ideológico y, modestamente, intentaré hacer alguna aportación, cuando ya hace un año del último Congreso del partido. Porque hay pensamiento interesante fuera del partido, pero también debe haberlo dentro, y no lo tiene que monopolizar ninguna persona o sector. Es trabajo de todos.

Hace más de un año cuando, precisamente en este local, presentaba mi candidatura a la primera secretaría del PSC, explicando un programa articulado de renovación profunda que sigue vigente y que, en gran medida, está por desarrollar. Después me referiré a ello.

No quiero esconder mi profunda preocupación sobre la situación del partido, pero quiero, al mismo tiempo, afirmar mi convicción de que hay caminos e instrumentos para la recuperación, para la reconstrucción de nuestro proyecto político. Depende de nosotros. Depende de lo que hagamos.

Pero antes de empezar me gustaría hacer dos precisiones. La primera: todo lo que he hecho en este último año y todo lo que me propongo hacer a partir de ahora es contribuir a hacer realidad las decisiones tomadas en el 12º Congreso. Que nadie interprete, pues, mis palabras como crítica a las decisiones del Congreso ni todavía menos como gesto para levantar una bandera personal. Como que la mayoría me conocéis bastante bien quizás no habría que hacer esta aclaración, pero por si acaso…

La segunda precisión es que cuando propongo revisar algunas posiciones tradicionales que creo que hay que modificar, lo hago siempre desde una importante corresponsabilidad en las decisiones tomadas a lo largo de mucho tiempo en el PSC, y también con el orgullo por el trabajo realizado por los socialistas en estos últimos 30 años.

Y empiezo muy brevemente por aquí. Ningún partido en Cataluña o en España puede decir que ha contribuido más que los socialistas a la libertad y el progreso de nuestro pueblo. Consolidación democrática, desarrollo del Estado de las Autonomías, modernización, incorporación a las instituciones europeas, impulso del Estado del bienestar, son hitos que hemos protagonizado los socialistas y de los que podemos sentirnos especialmente orgullosos. Como también tenemos que sentirnos orgullosos de la buena tarea hecha por los gobiernos presididos por Pasqual Maragall y José Montilla. ¿O no es cierto que desde la victoria de CiU, Cataluña tiene más paro, más desigualdades, más pobreza, más recortes y al mismo tiempo está más endeudada y se ha metido en más líos?

Pero esto no quiere decir que no hayamos cometido errores que hay que reconocer y, sobre todo, errores que hay que rectificar. Creo que es más profundamente democrático reconocer y rectificar errores que no pedir perdón y quedarse tan tranquilo… Y aprovecho para decir que esto exige también un esfuerzo colectivo de debate, porque las ideas, si no se comparten, no se convierten en proyectos ni se ponen en marcha. Pensar juntos para trabajar juntos, esta tiene que ser nuestra divisa.

Empiezo por recordar el último síntoma de problemas de fondo que sufrimos y que vienen de muy lejos. El 25 de noviembre pasado obtuvimos el peor resultado de nuestra historia: un 14% de apoyo electoral. No está de más recordar que un proyecto mayoritario y alternativo como el que siempre hemos querido construir tiene que aspirar como mínimo a recoger el 30% de apoyo electoral.

Somos la segunda fuerza política en votos y la tercera en escaños. Sólo ganamos en una comarca de Cataluña, el Baix Llobregat; tenemos un único diputado en Lleida, dos en Girona y tres en Tarragona. Estamos retrocediendo en la Cataluña interior. En Barcelona ciudad hemos quedado cuartos, a menos de 2.000 votos del quinto partido. Sólo hemos ganado en un distrito, Nou Barris. Hemos sido segunda fuerza en Sant Andreu y Horta. Tercera en Sant Martí y Sants. Cuarta en Ciutat Vella. Quinta en el Eixample, Les Corts y Gràcia. Y sexta en Sarriá. El 25 de noviembre se puso de manifiesto una situación electoral gravísima. Y encuestas posteriores, alguna muy reciente, ratifican la gravedad de esta situación.

Ya dije en el Consell Nacional del partido que creo que si finalmente no se hubiera producido una participación más alta de lo habitual de antiguos electores nuestros que no votaban mucho en las elecciones al Parlament de Catalunya, nuestra bajada hubiera sido más importante. Pero conviene saber que una parte importante de estos electores, a los que tenemos que agradecer especialmente el apoyo y hace falta que fortalezcamos nuestro vínculo con ellos, se van haciendo mayores, han votado en esta ocasión por la especial trascendencia de estas elecciones y, sobre todo, son electores que no crean opinión, que tienen que formar parte de un proyecto con vocación mayoritaria, pero que no pueden construir la red de complicidades para impulsar y ampliar este proyecto; cosa que sí podrían hacer precisamente muchos de los electores que nos han dejado de votar en esta contienda electoral.

El PSC no se puede resignar, si quiere ser fiel a los objetivos fundacionales del partido a los que me referiré después, a representar a un 14% de los catalanes. Hemos perdido votos en muchas direcciones desde hace mucho tiempo pero, a riesgo de simplificar, los hemos perdido entre tres sectores fundamentales: los trabajadores, decepcionados por nuestro fracaso en la lucha contra la crisis económica y por la percepción de que no hemos sido lo bastante coherentes con nuestros valores socialistas; las clases medias urbanas, los sectores más dinámicos y emprendedores que no nos sienten ni cercanos ni útiles, y, en este sentido, el resultado obtenido en Barcelona ciudad es especialmente sintomático y no podemos pasar de puntillas sobre ello; y entre los jóvenes, que han encontrado en propuestas políticas más utópicas la proximidad y las respuestas que nosotros no hemos sabido darles.

No os quiero entretener con más datos electorales pero no podemos olvidar nuestra derrota en Cataluña por primera vez en la historia en unas elecciones generales el año 2011, la derrota en las elecciones municipales de aquel mismo año y los resultados de las elecciones al Parlament del 2010. De hecho, retrocedemos electoralmente desde 2003, con las notables excepciones de las elecciones generales de 2004 y 2008, que se convirtieron en un peligroso espejismo que impidió que viéramos con más claridad los problemas de fondo de nuestro proyecto. Problemas que vienen de muy lejos: nuestra pérdida de apoyos empezó antes de que llegara la crisis económica… Hace mucho tiempo que se acumulan síntomas muy preocupantes: carencia de musculatura política, adelgazamiento organizativo, pérdida de reflejos, reducción, inercias, hipotecas, renuncias, incapacitad de contar con todos los recursos humanos del partido que, además, progresivamente se van desanimando, alejando o incluso se marchan.

Sé que todos los que estamos aquí conocemos bien los problemas, pero creo que hay que decirlos en voz alta para hacerles frente. Y ya no podemos pensar en parches ni en remedios paliativos. No podemos esperar a tiempos mejores, ni confiar en teorías de ciclos políticos o en la ley del péndulo. Tenemos que reconstruir el PSC de abajo a arriba, de pies a cabeza. Proyecto, organización y relación con la sociedad. Lo dije en el Consell Nacional del partido: más que ‘nuevo PSC’ tenemos que volver a ser ‘PSC, de nuevo’.

Muchísimos catalanes y catalanas necesitan un PSC fuerte, los progresistas de Cataluña necesitan un PSC fuerte. Y para tener un PSC fuerte, el PSC tiene que cambiar; nuestra organización tiene que cambiar, nuestra forma de hacer política tiene que cambiar, nuestra relación con la sociedad tiene que cambiar. Y los cambios necesitan voluntad, valentía, generosidad e inteligencia colectivas, que están todavía por demostrar.

PSC, de nuevo. Con la unidad socialista de 1978, los que fundaron el PSC querían dotar a los trabajadores y las clases populares de un instrumento de emancipación, de una herramienta al servicio de la unidad civil y la justicia social, de un fundamento para la esperanza en un futuro mejor, de un proyecto mayoritario de libertad y justicia social capaz de cambiar la lógica profunda del sistema capitalista. Así, la fundación del PSC respondía al objetivo de construir el gran partido de la izquierda catalana. Se trataba de construir un gran partido socialista, catalanista y federalista, municipalista y europeísta, soberano en sus decisiones políticas en Cataluña, articulado de forma federal con el PSOE y el Partido Socialista Europeo para desarrollar su acción a nivel de Estado y de la Unión Europea.

Un partido socialista dispuesto a trabajar para construir una sociedad basada en los valores contenidos en nuestra Declaración de principios adoptada solemnemente en 2008. Y es que, compañeros y compañeras, lo que somos y muchas de las cosas que tenemos que hacer –no todas–, las tenemos escritas hace mucho tiempo. Lo que pasa es que no las ponemos en práctica. Y que demasiado a menudo hay demasiada distancia entre lo que escribimos, lo que decimos y lo que hacemos. Y esta falta de coherencia es la causa más importante de nuestra pérdida de credibilidad. ¿Recordáis el documento “Por un nuevo impulso del socialismo catalán”, de octubre de 2007? Habría que releerlo y hacer examen de conciencia. Y lo mismo podríamos decir de las resoluciones del Congreso del 2008.

Son muchos los catalanes y catalanas que pueden compartir los valores que integran nuestra Declaración de principios. Tenemos que construir con ellos un proyecto que aspire a representarlos y una organización útil para hacer vivir los valores compartidos y promover la participación y la creatividad. Doy mucha importancia a nuestra Declaración de principios puesto que, desde mi punto de vista, el reto central de la reconstrucción de nuestro proyecto político se sitúa en el terreno de los valores y de las ideas porque, como decía Gramsci, “la conquista del poder cultural es previa a la del poder político”. Sólo ganando el debate de las ideas seremos capaces de movilizar a amplias mayorías ciudadanas para impulsar reformas en profundidad.

Y tenemos que reconocer que hemos descuidado el debate de las ideas. Especialmente cuando gobernamos, tendemos a olvidar que nuestra fuerza son nuestras ideas y el trabajo constante de nuestra gente en las instituciones, sí, pero también en la sociedad.

Renovar ideas y reconectar con la sociedad tienen que ser nuestras prioridades absolutas. La reconstrucción de nuestro proyecto político tiene que basarse en la fuerza de las ideas, la fuerza de la gente en forma de trabajo voluntario y la fuerza de nuestra conexión con los exponentes más creativos y dinámicos de la sociedad.

Hace un año yo definía nuestro proyecto con tres expresiones: corazón socialista, cerebro socialdemócrata y espíritu de libertad.

Corazón socialista, sí. Porque compañeras y compañeros, el nuestro es un proyecto socialista, que quiere construir una sociedad diferente en la que ni la democracia ni las relaciones entre personas y naciones estén sometidas a las leyes del libre mercado. Hay que recuperar la dimensión utópica del proyecto socialista, que es un ideal, el más noble de los ideales. Decía Ulrich Beck: “La renuncia abierta a la utopía es un cheque en blanco al abandono de la política por parte de la propia política. Sólo quién es capaz de entusiasmarse, gana apoyos y conquista el poder”. Sin pasión no se genera convicción y compromiso. Necesitamos pasión socialista para fundamentar una esperanza de cambio social.

Nosotros queremos domesticar el capitalismo global para someter la economía al bienestar de las personas y de los pueblos, justo lo contrario de lo que sucede ahora. Recordemos lo que nos decía Tony Judt: “La derecha utiliza la crisis como excusa para desplegar encarnizadamente sus prioridades: menos Estado, menos protección social, menos solidaridad”. Nosotros nos oponemos frontalmente a esto. Con palabras y, sobre todo, con actitudes y con hechos.

Somos conscientes de que la economía de mercado funciona en base al beneficio y la obsesión por las posesiones materiales, pero no nos queremos resignar a una organización social que se limite a tomar nota de las desigualdades, las injusticias y los desequilibrios, a una sociedad que sólo encuentre satisfacción en el consumismo desaforado, a una sociedad de mercado. Debemos recuperar la crítica a las desigualdades, las crisis, la precariedad, la alienación y la pobreza generadas por el sistema capitalista. Precisamente porque somos socialistas.

Porque el cambio de civilización al que estamos asistiendo no está comportando una ampliación de los horizontes de progreso, más bien al contrario, suscita miedos e inseguridades, genera paro y desigualdades, agota los recursos naturales del planeta y condena a la precariedad y a la pobreza a la mayoría de los ciudadanos del mundo.

Debemos reconstruir nuestro proyecto político que hoy parece incapaz de hacer frente a los retos de la globalización, del individualismo egoísta y del repliegue comunitario. Son aspectos que generan miedo, el caldo de cultivo de los populismos demagógicos, xenófobos o identitarios, y estimulan el conservadurismo y la ley de la selva. Hay que seguir buscando las respuestas, tanto a nivel local, como a nivel europeo, como a nivel global. Y sin abordar estos problemas de fondo no podremos construir un nuevo proyecto, una nueva sociedad más libre y más segura, más próspera y más justa. Sin olvidar tampoco que la actual crisis económica es también una crisis energética y ambiental que exige respuestas en el marco de la sostenibilidad y de la lucha contra el cambio climático. Y que la fractura social que va creciendo tiene una expresión cada vez más aguda en los núcleos urbanos, agravando viejos problemas y creando nuevos problemas que conviene conocer y afrontar.

Así pues, corazón socialista, sí. Y cerebro socialdemócrata, para asegurar la primacía de la política sobre la economía, poniéndola al servicio de las personas.

Tenemos que decir muy alto y claro que las raíces profundas de la actual crisis económica, sus causas, son la desregulación de los mercados, la financiarización de la economía y la sumisión de la política económica al dictado del dogma neoliberal, que a veces ha contaminado también nuestras políticas y nuestros comportamientos individuales y colectivos.

Debemos ser especialmente contundentes en esto. ¡Ahora que incluso el Fondo Monetario Internacional admite que no previó los efectos depresivos de la austeridad! Hay que combatir las políticas de austeridad que recortan nuestro presente y nuestro futuro, y recordar que la estabilidad presupuestaria no es ni dogma de fe ni tiene que ser un objetivo por sí misma, que no puede convertirse en un freno a la recuperación económica, al crecimiento y a la creación de empleo. En este sentido Europa tiene que tomar nota de lo que pasa en Estados Unidos y en muchos países de América Latina. Recordemos lo que dijo recientemente el expresidente Lula da Silva: “No es que hayamos redistribuido porque hemos sido capaces de crecer, sino que hemos crecido porque hemos sido capaces de redistribuir”.

El sistema neoliberal es incapaz de situar a las personas por encima del beneficio. Y nosotros no aceptamos como inevitables ni el paro, ni la pobreza, ni las desigualdades. Así pues, los retos son claros: la regulación del sistema financiero, el abandono del dogma de la mano invisible del mercado, la sumisión del libre comercio a normas sociales y ambientales, evitando confundir derechos con mercancías que sólo están al alcance de los que las pueden comprar, recuperando el prestigio de la política y de lo público, introduciendo elementos de democracia económica como la cogestión en las empresas y potenciando la economía social, rechazando la desregulación sistemática de la relación empresa-asalariado (porque la misma expresión de ‘mercado laboral’ ha debería alertarnos del problema).

Debemos situar en el centro de nuestra reflexión y de nuestra acción cuestiones relevantes como:

  • la Renta Básica de Ciudadanía
  • la fiscalidad ecológica
  • la introducción de tasas sobre las transacciones financieras
  • mecanismos que eviten la fractura entre la economía financiera y la economía real
  • la limitación de los beneficios empresariales cuando se produzcan reducciones de plantillas y deslocalizaciones
  • la limitación de las retribuciones de los directivos que tienen que estar ligadas a la situación de la empresa
  • la introducción de cláusulas ecológicas y sociales en los acuerdos internacionales de libre comercio
  • la introducción de mecanismos de garantía hipotecaria que preserven la vivienda de residencia habitual
  • la revisión del impuesto sobre el patrimonio y la introducción de un impuesto sobre las grandes fortunas
  • una regulación estatal del impuesto de sucesiones para evitar una competencia fiscal a la baja
  • la lucha contra el fraude fiscal y la eliminación de los paraísos fiscales
  • la penalización de los movimientos especulativos de capital o de materias primas

¡Y que nadie se asuste! A pesar de que algunos puedan tildar de radicales algunas de estas medidas, responden a un programa nítidamente socialdemócrata y, como tal, reformista y transformador.

Si queremos convertirnos en alternativa tenemos que demostrar que hay alternativa. Tenemos que demostrar que hay otro camino, que se puede ganar la batalla de la productividad y la competitividad sin disminuir los derechos sociales, sin renunciar a una sociedad más justa y cohesionada, sin destruir el medio ambiente. Y esto exigirá una renovación en profundidad de nuestros planteamientos en materia de política económica y fiscal.

Todo ello nos obligará a revisar algunas cosas. Antes lo mencionaba de paso: la izquierda europea no supo combatir el paradigma neoliberal fundado por Thatcher y Reagan en 1979 y 1980, e incluso acabó aceptando algunos de sus postulados. ¿Y por qué lo hizo? Porque se obnubiló por una prolongada etapa de crecimiento económico en la que la creación de empleo, la redistribución y el sostenimiento del Estado del bienestar se daban por descontados. Parecía que bastaba con crecer. La izquierda olvidó que la economía de mercado requiere una determinada regulación y fiscalidad para atender requerimientos sociales y que esto es especialmente necesario en la globalización. El abismo creciente entre las economías real y financiera es letal, y los socialdemócratas tenemos que evitar los perniciosos efectos de esta fractura.

Esta contaminación neoliberal fue especialmente negativa en Europa porque incidió decisivamente en la puesta en marcha de la moneda única sin prever los mecanismos de gobernanza y de solidaridad necesarios para momentos de crisis. Los dirigentes europeos hicieron un salto de gigante en Maastricht suponiendo que la moneda única comportaría rápidamente la integración de políticas económicas, pero pecaron de voluntarismo. Quizás a los liberales ya les parecía bien. Quizás la siguiente generación de líderes europeos no estuvo a la altura. Pero es obvio que la izquierda europea se ha visto desarmada ante los retos planteados por la crisis global con la hipoteca añadida de los errores de diseño del euro y de la carencia de un gobierno económico europeo común. Unos errores que, además, han agravado las divergencias económicas entre los países de la Eurozona.

Josep Borrell nos propone en el reciente libro “No es economía, es ideología” del colectivo “Economistas frente a la crisis”, siete elementos alternativos a lo que él mismo califica de “paradigma de Maastricht”: 1) propiciar una estrategia de crecimiento financiada por el Banco Europeo de Inversiones con ‘projectbonds’. 2) evitar la asimetría en la corrección de los desequilibrios: los países del sur tienen que aumentar su productividad en términos factibles y socialmente aceptables y los países del norte tienen que incrementar salarios, aumentando su demanda interna y aceptando un menor excedente comercial. 3) introducir los eurobonos. 4) coordinar las políticas sociales y salariales a escala europea y armonizar la fiscalidad. 5) aumentar el presupuesto comunitario. 6) regular los mercados financieros. 7) establecer un gobierno supranacional democráticamente elegido.

En la era de la globalización no puede haber ni socialismo ni socialdemocracia en un solo país. Queremos más Europa y más democracia europea. Una Europa federal. El europeísmo debe ser una de nuestras señas de identidad y nuestra bandera es la de la Europa social. El “Rise up” que reclaman los jóvenes socialistas europeos. Necesitamos unos Estados Unidos de Europa y elementos de regulación global de los mercados.

Definía también nuestro proyecto hablando de espíritu de libertad. Que quiere decir más y mejor democracia, más y mejor política, y más apertura, transparencia y participación en los partidos. La política aparece como problema, y sin arreglar este problema no podremos afrontar ninguno de los otros problemas de forma adecuada.

Sí, la izquierda tiene que dar respuesta al movimiento del 15-M. Nosotros queremos representar también a los desposeídos, a las víctimas de la globalización, a los jóvenes sin futuro, a los nuevos emigrantes. !Ha sido la movilización ciudadana la que ha parado los desahucios! Y esto pone en evidencia una de nuestras carencias.

Tenemos que decir alto y claro que el sistema político tiene que ser como mínimo tan sensible a las reivindicaciones de estos sectores como lo es frente a las exigencias del sistema financiero. La política y las instituciones tienen que estar al servicio de todos, especialmente de los que más lo necesitan. También desde este punto de vista el combate de las ideas es fundamental, porque más participación y más debate político favorecen la conexión entre la política y la ciudadanía y ayudarán a reconciliar a los electores con los partidos. Recuerdo que del Congreso  salieron resoluciones precisas al respeto: primarias, Consell Abierto,…

Conviene no olvidar que los partidos son instrumentos, no fines en sí mismos. Si el PSC deja de ser útil para mucha gente, desaparecerá o caerá en la irrelevancia. Sería paradójico, porque creo que en esta crisis, cuando están en riesgo cuestiones tan importantes como la cohesión social o la unidad civil, el PSC es más útil que nunca. Pero esto no depende de lo que opine yo, o de lo que opinamos una mayoría de militantes socialistas, sino de lo que piensen centenares de miles de ciudadanos. Cataluña necesita una fuerza de izquierdas con vocación mayoritaria. Hoy el PSC no es visto así por mucha gente. Quizás es que ahora no podemos pretender hacerlo en solitario. Pero por eso también decidimos en el Congreso explorar el impulso de una Alianza Catalana de Progreso. Hagámoslo. Hagámoslo todos, hagámoslo juntos, avancemos juntos.

También necesitamos impulsar un movimiento cívico federalista. Hay que acabar con esta historia de que el federalismo es una cosa fría y distante. No hay nada más cálido que la fraternidad. Y recordar, como lo hace en su último libro Ferran Pedret, que el federalismo no se limita a la articulación de las administraciones sino que se plantea también la relación entre las personas e incluso inspira un modelo socioeconómico alternativo basado en el bien común, la cooperación y la solidaridad.

Tenemos que asegurar una presencia activa en las plataformas sociales contra los recortes. Nuestro partido tiene que tomar parte activa de estos movimientos, aceptando sus aportaciones y críticas, como forma de enriquecer nuestro proyecto alternativo, de ensanchar nuestra base militante, de ampliar nuestra influencia social. De la misma que hay que estrechar nuestro vínculo con los sindicatos y el movimiento asociativo para ir articulando un bloque sociopolítico de izquierdas.

Tenemos que impulsar reformas en nuestra organización, nuestra manera de hacer política y nuestra relación con la sociedad. Actualizando los mecanismos de información, comunicación, formación y debate para hacerlo posible. Necesitamos una organización más abierta, más acogedora, más transparente, más cercana, más participativa, más creativa, más moderna y más eficaz, capaz de utilizar de forma inteligente las redes sociales.

Necesitamos una organización radicalmente democrática, que favorezca la participación y el debate erradicando todo sectarismo. En el PSC no sobra nadie sino que falta mucha gente. El PSC necesita más debate interno, no menos. La discrepancia no sólo no tiene que ser penalizada sino que puede y tiene que ser estimulada. Este es un objetivo fundamental e irrenunciable. Si queremos ser ‘PSC, de nuevo’, necesitamos más PSC, no menos.

Compañeras y compañeros, tenemos que recuperar a los que se han ido, tenemos que activar a los que se han alejado, tenemos que ilusionar a los que siguen activos. Nos tenemos que atrever a invitar a mucha gente a participar. Y lo tenemos que hacer sinceramente, sin trampas, evitando frustraciones, malentendidos y decepciones futuras.

Tenemos que abordar un proceso de reconstrucción desde la base. Cada agrupación tiene que hacer suyo el objetivo de construir este PSC que necesitamos en cada ciudad o pueblo. Todos sabemos en cada lugar qué personas querríamos que estuvieran con nosotros y no lo están. Tenemos que reflexionar las razones por las que no están con nosotros. Qué podemos hacer para escucharles y para invitarles a apoderarse del PSC, a hacerlo suyo, porque si el PSC no es de tanta gente que en cambio sí que puede compartir nuestros principios y nuestros ideales, es que no estamos haciendo bien las cosas.

Creo que todavía estamos a tiempo. La idea es sencilla pero no fácil: hacer del PSC un laboratorio colectivo de ideas vivo y dinámico, abierto a los progresistas, en diálogo con el resto de fuerzas de izquierdas, ensanchando las fronteras del partido, empezando por todos nuestros militantes y siguiendo por ir a buscar a todos aquellos y aquellas que querríamos que formaran parte del PSC ideal en cada localidad. Con tres objetivos prioritarios: trabajadores/as, emprendedores/as y jóvenes. Tenemos que crecer hacia dentro y hacia fuera. Contando con todo el mundo de dentro sin sectarismos de ningún tipo, y yendo a buscar a todos aquellos y aquellas que necesitamos para convertirnos en el gran partido socialista que necesitan los trabajadores y las clases populares. ¿Si a nivel nacional creamos el Consell Abierto, por qué no creamos a nivel local Consejos cívicos para ensanchar y fortalecer el espacio socialista y progresista? Tenemos que ir a buscar lo que necesitamos para convertirnos en el partido que siempre hemos querido construir.

A nivel central el partido tiene que tomar iniciativas de debate y diálogo abierto. Sobre la cuestión democrática respondiendo al movimiento 15-M, sobre la cuestión federal respondiendo al reto que planteaba la Diada, la cuestión social que planteaba la huelga general del 14-N, y sobre la Europa social y federal que necesitamos. Creo que ya no podemos decir que la gente está esperando a ver qué decimos; ya no nos espera. Pero la gente tiene derecho a que los socialistas hagamos los máximos esfuerzos para representar a quienes pueden compartir nuestros valores y asociarlos tanto como podamos a la formidable tarea colectiva de reconstruir el PSC. Si hacemos el esfuerzo de escucharles y de representarles de verdad, ellos y ellas volverán a escucharnos a nosotros. Somos nosotros los que nos tenemos que esforzar, no ellos.

Hace un año os decía, juntos podemos. Ahora os digo: si queremos, si lo queremos de verdad, si nos ponemos a ello, si nos ponemos a ello de verdad, juntos podemos.

Y acabo con un flash sobre algunos temas de los que hay que hablar pero que no eran el centro de mi intervención de hoy.

Sobre política catalana: tenemos que trabajar para liderar la oposición de izquierdas para poder convertirnos en alternativa. Cualquier otra posición, después del pacto CiU-ERC, sería suicida. Y lo tenemos que hacer con Iniciativa per Catalunya Verds-Esquerra Unida i Alternativa y con otros que puedan compartir una estrategia para articular un bloque sociopolítico catalanista, federalista y de izquierdas, arraigado entre los trabajadores y los sectores populares, con sólidas relaciones con el movimiento sindical y el asociacionismo progresista.

Sobre la consulta. Por favor, no nos perdamos en un alud de confusiones. Ya lo hemos dicho en el programa electoral: estamos a favor de una consulta legal y acordada, que depende de la negociación entre los gobiernos. Una consulta seria, sin hacer trampas que prefiguren el resultado, sin crear estructuras de Estado cuando todavía no sabemos si la gente quiere un nuevo Estado o si querría un Estado nuevo, un Estado federal.

Sabiendo que en el marco de la Unión Europea es impensable un proceso de independencia fuera del marco legal o sin acuerdo entre las partes. Y, dejadme decirlo, aprobar una declaración unilateral de soberanía es una invitación al conflicto y no al acuerdo.

Para consultas ilegales, irregulares o de andar por casa, que no nos busquen. Nosotros queremos decidir una relación diferente con España, queremos ejercer nuestra soberanía para pactar de nuevo, no para romper. Cuando se haya acordado la consulta, si nos preguntan sobre la independencia diremos que no, y si nos preguntan por una reforma federal de la Constitución diremos que sí.

Nosotros trabajaremos a fondo para que esta reforma constitucional federal arranque tan pronto como podamos y llegue a buen puerto. Y tenemos que reconocer el esfuerzo de Pere Navarro precisamente en este momento en que en el seno del PSOE se mueve el debate federal. Esto no hubiera sucedido sin el impulso de Pere.

Que no nos distraigan con Consejos Nacionales de Transición. Por cierto, recuerdo que se crearon en Libia y Guinea-Bissau, y que se habla de crear uno en Siria. Cataluña, afortunadamente, tiene garantizado su autogobierno, tiene Parlament y participa de las instituciones democráticas españolas. No hagamos bromas. Si algunos quieren ir trabajando por la independencia, que lo hagan, pero no hace falta que nos inviten a ello, tenemos otro trabajo por hacer y otras prioridades. Pero sí que queremos recordarles que la representación más genuina de los catalanes y las catalanas es su Parlament, y que si alguien olvidara esto no estaría demostrando precisamente mucho patriotismo.

Hablaba de nuestro trabajo y nuestras prioridades, las enumero para acabar:

Reconstruir el PSC, forjar una alternativa coherente con nuestros valores, trabajar de forma incansable por la justicia social, contra el paro, las desigualdades y la pobreza, impulsar los movimientos de resistencia contra los recortes, dialogar con las izquierdas catalanas, organizar a los federalistas en Cataluña adentro y también en el resto de España, trabajar codo en codo con los compañeros del PSOE y del Partido Socialista Europeo para preparar la batalla europea del 2014 y las municipales del 2015. No es poco trabajo. Pongámonos ya en ello. ¡Manos a la obra!

Muchas gracias.

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