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¿Qué hay que hacer?

¿Qué hay que hacer?

EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, 9.06.13

Poco más de seis meses después de las elecciones del pasado 25 de noviembre, la cadena de errores de Artur Mas y sus nefastas consecuencias están a la vista de todos. Abandonó de forma apresurada e injustificada la estrategia unitaria para lograr un nuevo sistema de financiación denominado popularmente pacto fiscal. Dio por rota la negociación sobre la financiación al cabo de dos horas de una reunión con Mariano Rajoy en La Moncloa. Espoleado por una manifestación que no convocó y a la que no asistió, decidió avanzar las elecciones para lograr una ‘mayoría excepcional’. La ciudadanía no sólo no le proporcionó la mayoría solicitada sino que CiU perdió 12 escaños. De hecho, el resultado electoral configuraba un Parlament más fragmentado y más polarizado, y las fuerzas políticas más penalizadas fueron las que expresaban más moderación y transversalidad. Este fue el fracaso de quien quería liderar con una mayoría excepcional un proceso de transición nacional, y la razón por la cual mucha gente de orden que tradicionalmente había confiado en CiU se siente cada vez más desorientada.

Una desautorización electoral tan evidente hubiera aconsejado una reflexión profunda y serena, un esfuerzo amplio de concertación política y social, pero para esconder el fracaso de su apuesta política, el president Mas y su entorno más inmediato optaron por cerrar rápidamente un acuerdo con ERC que se concretaba en un apoyo parlamentario externo a un gobierno minoritario de CiU a cambio de la convocatoria en 2014 de una consulta soberanista amparada o no en la legalidad, acordada o no con el gobierno de España. Empezaba así una cuenta atrás de resultado incierto que necesariamente tenía que producir el normal desgaste del gobierno de CiU y el aumento de las expectativas electorales de ERC. Las encuestas certifican que es exactamente esto lo que ha pasado y que se acentúa el escenario de polarización fruto de una estrategia insensata. Es patético ver cómo CiU va pidiendo a ERC que se incorpore al gobierno, mientras Junqueras se niega diciendo que él está muy cómodo en esta situación. Y tiene razón: ha encontrado quién le haga el trabajo gratis!

En vez de mantener una amplia alianza para hacer posible el ejercicio legal y acordado de lo que se ha denominado derecho a decidir, el gobierno de CiU ha acentuado la estrategia de confrontación con el gobierno de España, impulsando una Declaración de soberanía, un Consejo para la transición nacional para diseñar las estructuras de una futura Cataluña independiente y los instrumentos para llegar a ella, y desarrollando una campaña permanente de justificación de la independencia a partir de simposios y debates monotemáticos )el título del último ejemplo del que tenemos noticia es bastante elocuente y sintomático: “España contra Cataluña”). Es obvio que la estrategia para romper es totalmente opuesta a una estrategia para acordar. Y, en este sentido, es difícil que CiU pueda sumar apoyos fuera de aquellos que ya han decidido que el único futuro deseable es el de una Cataluña independiente. Se trata de minimizar los riesgos, los obstáculos, los inconvenientes y las servidumbres del proceso independentista mientras se amplifican los conflictos, y se exacerban tensiones y problemas realmente existentes con la complicidad de los que en el resto de España o bien menosprecian el peligro real de ruptura o piensan sacar rendimiento político de la tensión. En este momentos el gobierno de CiU tiene más interés en subrayar la imposibilidad de acordar cosas importantes con el gobierno de España que de resolver por esta vía los problemas que angustian a los catalanes y las catalanas.

Creo que una mayoría de los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña preferirían encontrar soluciones acordadas a los problemas reales de la crisis económica, del paro, de la necesidad de ayudar a las empresas, familias y personas que lo están pasando muy mal, soluciones a los problemas reales en la relación entre Cataluña y España, de escaso respecto a la realidad plurinacional del Estado y de un trato económico injusto, soluciones para mejorar el funcionamiento de nuestro sistema político y la calidad de nuestra democracia. Pero esto requiere de amplias mayorías, de estrategias adecuadas, de tenacidad, de discreción, de inteligencia, generosidad, no de una cuenta atrás hacia una consulta ilegal que malogrará el deseo ampliamente mayoritario de hacer una consulta con todas las de la ley, mientras se acumulan conflictos sin la fuerza suficiente para garantizar que se lograrán los objetivos que se proclaman. Todo ello para generar falsas expectativas que implicarán enormes frustraciones.

Por este camino Cataluña saldrá perdiendo, saldrá más dividida, más debilitada, sin lograr los objetivos que de forma tan arbitraria como voluntarista algunos fijaron hace tiempo. Una consecuencia es ya del todo evidente: la pérdida de peso y capacidad de agregación de sus partidos hasta ahora centrales y vertebradores de la estabilidad política. CiU ve como se erosiona sin parar su papel de columna principal de la política catalana mientras el PSC ve como se erosiona su capacidad de vertebrar una alternativa progresista.

La evolución a corto y medio plazo de esta situación depende básicamente de CiU. ¿Será capaz de reconocer los errores de cálculo cometidos y promover los amplios consensos necesarios para lograr los grandes objetivos de país antes descritos, o seguirá empeñada en la estrategia del choque de trenes en la que Cataluña tiene tanto que perder y en la que la propia CiU corre el riesgo de romperse y de perder la posibilidad de liderar el proceso?

Al PSC, en una situación de enorme dificultad, le toca mantener un rumbo claro aunque sea a contracorriente. El rumbo de una estrategia de consensos, de amplios acuerdos, de denuncia de la confrontación y del choque de trenes, de defensa de una política económica socialdemócrata, del federalismo como vía de solución a los problemas concretos del encaje entre Cataluña y el resto de España, de la necesidad de introducir reformas para mejorar el funcionamiento de las instituciones y la calidad de la democracia (empezando por una ley electoral inspirada en el sistema de representación proporcional personalizada vigente en la República Federal Alemana, y siguiendo por la posibilidad de celebrar consultas territorializadas), el rumbo de buscar complicidades dentro y fuera de Cataluña, el rumbo para cambiar las políticas de austeridad que pasa por fortalecer la presencia socialista, socialdemócrata y laborista en el Parlamento Europeo en las elecciones del año que viene.

Estoy convencido de que este es el rumbo que conviene a Cataluña, que fija los objetivos que pueden lograr poco a poco el apoyo de una mayoría de los catalanes y las catalanas y que harán posible la suma de las fuerzas progresistas. El fracaso de los conservadores y de los partidarios del choque de trenes nos acabará dando la razón, pero por eso y más que nunca conviene claridad, cohesión y firmeza en nuestras posiciones, lo que no es contradictorio con la búsqueda de los necesarios acuerdos de país, siempre que CiU abandone la vía que nos lleva a todos al desastre.

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