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Intervención en el debate sobre la ley de derechos de las personas LGTB

Intervención de Miquel Iceta en el Debate de Aprobación de la Ley de Derechos de las Personas Gays, Lesbianas, Bisexuales, Transgénero y para la erradicación de la homofobia, lesbofobia y transfobia

Palau del Parlament, 2 de octubre de 2014

Gracias, señora Presidenta.

Señoras y señores Diputados.

A veces la vida política nos ofrece días de gloria, días muy especiales, históricos de verdad y no de escaparate, días en que culmina el trabajo de muchas personas durante mucho tiempo, una trabajo que se concreta en la aprobación de leyes o en la adopción de medidas que contribuyen a una sociedad más libre, más justa y más feliz.

Hoy es uno de estos días.

Permítanme que haga, pues, un breve capítulo de agradecimiento. En primer lugar, al movimiento de los gays, las lesbianas, y las personas bisexuales y transgénero, a las entidades que lo conforman, tan diversas como combativas. Se habla a menudo de la necesidad de vincular las instituciones a la ciudadanía, de promover la participación ciudadana. Y esta Ley es una buena prueba de que es posible impulsar una ley desde la sociedad. Esta ley no existiría sin el movimiento LGTB.

Poner nombres al movimiento siempre es arriesgado, porque siempre te dejas a alguien. Desde el nombre de las entidades con más presencia, la extinta Coordinadora Gai-Lesbiana, el Front d’Alliberament Gai de Catalunya, el Casal Lambda, Gais Positius, Les Famílies Lesbianes i Gais, l’Associació de Mares i Pares de Gais i Lesbianes, las entidades y expertos que comparecieron en Comisión, de los que destacado al jurista Francesc Jaurena. Nombres propios como los de Armand de Fluvià, Jordi Petit, Eugeni Rodríguez, Emilio Ruiz, Catalina Pallàs, Pepe Mellinas, Elisabeth Vendrell, Jordi Samsó, Alfonso Santos, Joaquim Roqueta, Jordi Trilla, Gemma Sánchez, y tantos y tantos que sería imposible citarlos a todos y a todas, y me disculpo por ello.

Los portavoces de los Grupos Parlamentarios que han trabajado mucho. A todos y todas, pero entenderán que recuerde en primer lugar a Jaume Collboni, que lo fue por nuestro Grupo antes que yo, y a las diputadas Montserrat Capdevila, Marina Geli y Eva Granados que nos fueron substituyendo en uno u otro momento, haciendo un trabajo en el que tenemos que agradecer el apoyo de Rita Roigé, jurista de nuestro Grupo Parlamentario.

A los y las ponentes de otros grupos, todos ellos y todas ellas. Pero quiero hacer una especial mención a Anna Simó, relatora del proyecto que hoy sometemos a votación. Y también la de la ponente de CiU, Violant Cervera, que ha demostrado tanta firmeza como flexibilidad, haciendo posible la aprobación de una Ley, que no olvidemos, era al principio una iniciativa del movimiento LGTB y de la CUP, ICV-EUiA, ERC y el PSC. Por ello hay que mencionar también a David Companyon y a Quim Arrufat. Tampoco quiero dejar de mencionar a José Maria Villegas de Ciutadans y, en este caso, desde una gran discrepancia, mi respeto personal hacia Dolors López del PP.

También hay que mencionar a la letrada, Esther Andreu, al gestor parlamentario, Lluís Soler, y también a los servicios de asesoramiento lingüístico del Parlament.

Esta Ley tiene para mí, para muchos y muchas, un fuerte elemento emocional y personal. Algún trocito de nuestras vidas, hablo de las vidas de los gays, las lesbianas, y las personas bisexuales y transgénero, de nuestras familias y de nuestros amigos y amigas, sale en esta Ley.

Hay quien dice que esta Ley no hacía falta.

Siento rabia cuando alguien parece que niegue o menosprecie la discriminación que padecemos, hemos padecido o corremos el riesgo de padecer los gays, las lesbianas, y las personas bisexuales y transgénero. A los que despectivamente hablan de “lobby gay”: ¡Mirad la tribuna! No es un grupo que trabaja en la oscuridad para obtener intereses espurios. Es un grupo de personas que trabaja en defensa de unos derechos que, al final, lo son de todos. Cuando escucho hablar en términos despectivos de “lobby gay” me viene a la cabeza aquello de “piensa el ladrón que todos son de su condición”.

¿Que no hacía falta esta Ley? Los políticos homófobos o los obispos faltos de caridad cristiana que dicen eso no deben haber visto nunca llorar a una madre por las agresiones o insultos que padece un hijo o una hija. No deben haber escuchado nunca que un adolescente o un joven se ha acabado suicidando por el acoso que padecía, no han visto cómo una persona es discriminada en su lugar de trabajo por el hecho de tener una orientación sexual que no es la mayoritaria. ¡Cómo se atreven a negar una realidad de discriminación y padecimiento! ¡Cómo se atreven a negarnos los instrumentos para defender nuestra dignidad como personas!

Por mi condición de gay con proyección pública, he tenido ocasión, a lo largo de mi vida política de escuchar relatos estremecedores. Y también de recibir un inmerecido agradecimiento cuando decidí hacer pública mi condición sexual. “Eso me ha ayudado”. “Ayudó mucho a mi hijo o hija”. Lo he escuchado decir muchas veces. Prueba evidente de que demasiadas personas en nuestro país se han visto obligadas a esconder o disimular su orientación sexual.

No acepto, pues, venga de donde venga, la cantinela de que esta Ley no es necesaria. Ni la falsa acusación de que es una ley para promover la homosexualidad. Es un ley, como decía, para proteger los derechos y las libertades de un colectivo amplio y diverso, y para promover la felicidad de la sociedad en su conjunto.

Estamos ante una buena ley para hacer efectivo el derecho a la igualdad y a la no-discriminación por razón de orientación sexual, de identidad de género o de expresión de género en los ámbitos tanto públicos como privados sobre los que la Generalitat y los entes locales tienen competencias. Obliga a los poderes públicos, que serán asesorados por el Consell Nacional de las personas LGTB, órgano participativo y consultivo permanente. El Gobierno tendrá que dotarse de un órgano coordinador de las políticas LGBT y ofrecer un servicio de atención integral. Y tendrá que garantizar la formación y la sensibilización de los profesionales y de los trabajadores de la administración. La Ley incide especialmente en los ámbitos de la educación, las universidades, la cultura, el ocio y el deporte, los medios de comunicación, la salud, la acción social, el orden público, los establecimientos penitenciarios, el mundo laboral y las políticas de familia.

Y, sí. Tiene sanciones para castigar y corregir las actuaciones discriminatorias. Como no podría ser de otra manera si queremos garantizar una ley verdaderamente eficaz y no quedarnos en un catálogo de buenas intenciones.

Sí, es una buena ley, una ley para la vida real, para eliminar injustos obstáculos a la felicidad de muchas personas.

Hoy es un gran día. Un día también para recordar a Sonia, asesinada por ser precisamente como era, única e irrepetible, como todas y cada una de las personas que a partir de hoy disfrutarán de un instrumento muy potente en defensa de sus derechos, de su libertad y de su dignidad.

Gracias a todos y todas.

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