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Intervención en el almuerzo coloquio con la Asociación para el Progreso de la Dirección

INTERVENCIÓN DE MIQUEL ICETA EN EL ALMUERZO COLOQUIO CON LA ASOCIACIÓN PARA EL PROGRESO DE LA DIRECCIÓN (APD)

11 de febrero de 2015

Quiero agradecer a la APD la amable invitación a participar en este almuerzo coloquio, por darme la oportunidad de compartir con todos ustedes mi visión sobre la situación en Cataluña y mi opinión sobre hacia dónde tendríamos que ir.

Si me permiten, centraré buena parte de mi intervención en aspectos de tipo económico, aunque también haré alguna alusión al problema político que centra la vida política del país en los últimos años. Seguramente en el coloquio posterior tendremos ocasión de hablar al respecto.

En cualquier caso, permítanme esta licencia que supone hablar poco de lo que hoy se habla mucho. A menudo tengo la sensación de que en Cataluña estamos demasiado centrados en un solo tema, que también es importante pero ni mucho menos es el único importante, y que por consiguiente prestamos muy poca atención a cuestiones que afectan mucho a Cataluña y a nuestro presente, a nuestro día a día, y que son esenciales para dibujar nuestro futuro, que puede estar lleno de nuevas oportunidades y de progreso, o no estarlo si seguimos dedicando gran parte de nuestra energía colectiva al monotema. Y por este motivo los próximos años serán cruciales. Por tanto, es fundamental hablar de estas otras cuestiones fundamentales, de la economía y de las empresas, y es fundamental actuar para no dejar escapar ninguna oportunidad.

Comenzaré con una afirmación para mí bastante obvia pero de la que no se habla lo suficiente: el principal problema hoy en Cataluña es el paro, el incremento de la pobreza y las desigualdades, y la falta de oportunidades para muchos ciudadanos.

Por tanto, Cataluña necesita un gobierno que ponga los cinco sentidos en estas cuestiones. Que priorice la recuperación económica como objetivo fundamental de su acción; que dedique la mayoría de sus esfuerzos a generar nuevas oportunidades de crecimiento para las empresas, nuevas inversiones en el país y nuevo empleo; y que trabaje para consolidar cambios en nuestro sistema económico y productivo para evitar que nos vuelva a golpear una crisis similar a la que hemos vivido en los últimos años. Para ello hay que potenciar sectores de actividad económica basados en el conocimiento, la tecnología y la innovación.

Para hacerlo posible, en primer lugar, hay que estar atentos a todo lo que pasa en el mundo y en Europa, y el Gobierno de la Generalitat de Cataluña debe estar preparado para responder lo mejor posible aprovechando al máximo las oportunidades que puedan venir de Europa y evitando los posibles agravios. Por ejemplo, (1) ¿Cuál es la valoración del Gobierno de las excepcionales medidas de política monetaria de expansión cuantitativa (Quantitative Easing) puestas en marcha por el BCE en relación a la economía catalana y, en particular, a las entidades financieras con sede en Cataluña –La Caixa y el Banc de Sabadell–? (2) ¿Cómo cree el Gobierno que incidirá en Cataluña el pulso entre el nuevo Gobierno de Grecia y la Comisión Europea y, en general, el debate europeo sobre la renegociación de la deuda teniendo en cuenta que la economía catalana está fuertemente endeudada (con una deuda pública y privada equivalente a más del 300% del PIB catalán)? (3) ¿Se ha preocupado el Gobierno de cómo podría afectar a Cataluña el tratado de libre comercio e inversiones (TTIP) que están negociando la UE y EEUU? (4) ¿Qué se está haciendo desde el Gobierno para responder a las consecuencias en el sector agroalimentario catalán del conflicto bélico entre Ucrania y Rusia y del bloqueo ruso a los productos europeos? (5) ¿Qué piensa el Gobierno de la Generalitat de la intensa caída del precio del petróleo y del auge del shale gas y el shale oil extraídos mediante técnicas de fractura hidráulica (fracking) en el contexto de un país –Cataluña– que tiene una fortísima dependencia energética? (6) ¿Qué debe hacer nuestro país para aprovechar al máximo el Plan Juncker?

En segundo lugar, hay que tener claro que a pesar de que las cifras macroeconómicas afortunadamente están mejorando, la mayoría de ciudadanos todavía no ha percibido en su bienestar ni en su bolsillo estas mejoras. Si no hay imprevistos (y pienso particularmente en la situación de Grecia), la economía catalana podría crecer por encima del 2,5% en términos reales este año. Pero, desde mi punto de vista, es crucial que seamos capaces de hacer que las personas noten que se generan puestos de trabajo y se recupera su poder adquisitivo para consolidar las bases de la recuperación económica. (Cataluña crece 1,2%, España 1,4%).

En este sentido, la creación de empleo y la reducción del paro son fundamentales: hacen falta decididas políticas activas de empleo hasta que lleguen a representar el 0,5% del PIB, es decir, hasta situarnos en la media europea (actualmente no llega en nuestro país al 0,2%). La lucha contra el desempleo es esencial, especialmente, el desempleo de larga duración y que afecta a personas mayores de 45 años, y aquel que afecta a los más jóvenes. Necesitamos planes de choque específicos para hacerle frente, porque ni como sociedad ni como economía nos podemos permitir perder todo este talento.

Hace unas semanas se publicaba el nuevo índice de competitividad regional europea (RCI) que en su edición de 2013 sitúa a Cataluña en la posición 153, perdiendo 47 puestos en relación al anterior análisis (2010). Es la economía regional que mayor retroceso padece y eso es muy preocupante. Dos de los principales motivos del descenso son los índices de desempleo y los elementos de innovación en nuestra economía. Del primero hemos hablado, del segundo hay que decir que es cierto que Cataluña tiene en algunos aspectos una investigación de excelencia y publicamos en las mejores revistas científicas del mundo pero no hemos conseguido un sistema de innovación que permita aprovechar de manera eficiente el conocimiento generado a través de la investigación para mejorar la competitividad del tejido empresarial, y aquí tenemos un gran reto que abordar con los diversos agentes: universidades, centros de investigación, parques tecnológicos y sector empresarial. Por ejemplo, firmamos en el año 2008 el Pacto Nacional para la Investigación y la Innovación con todos los agentes sociales y económicos, y hoy no se cumple este acuerdo, en los últimos 4 años el Gobierno de la Generalitat ha reducido las partidas presupuestarias asociadas a la I+D+i un 30%. Un grave error, retroceder en apoyo a la innovación y el conocimiento.

También son imprescindibles políticas públicas mucho más contundentes contra la pobreza y las desigualdades. Como acertadamente ha subrayado recientemente el Presidente de los Estados Unidos Barack Obama, la lucha contra las desigualdades será uno de los principales retos de los países avanzados durante los próximos lustros. En España y en Cataluña, la reducción del paro es una condición sine qua non para disminuir la pobreza y las desigualdades, pero también es imprescindible una profunda reforma fiscal que, sin subir necesariamente los tipos impositivos de las principales figuras tributarias, consiga incrementar los ingresos públicos (que en España son de los más bajos de la UE en relación al PIB), a la vez que incremente la progresividad efectiva del sistema, eliminando los abundantes beneficios fiscales de carácter regresivo y los numerosos mecanismos de elusión fiscal accesibles solamente para las grandes empresas y las personas con elevados niveles de renta y riqueza, y reforzar de verdad la lucha contra el fraude fiscal con reformas legislativas pero también aumentando los recursos destinados a la gestión tributaria –España solamente dedica el 0,1% del PIB mientras que los grandes países de la UE dedican el 0,5%–.

Quisiera hacer aquí un breve inciso respecto a los presupuestos de la Generalitat de 2015 que el Gobierno de CiU (con el apoyo de ERC) nos ha presentado y que me parecen profundamente insatisfactorios: por ejemplo, desde 2010 acumulan recortes en el Estado del bienestar (salud, educación y políticas sociales) superiores al 20% en términos reales y reducen las políticas de apoyo a la economía, ya sea en el ámbito de la industria o la innovación. En este último ámbito, el recorte es del 90%, hemos pasado de dedicar en 2010 199 millones de euros a dedicar este año 21 millones de euros.

Asimismo, se presentan unos presupuestos que no palían la emergencia social provocada por la austeridad y la crisis, y que al mismo tiempo tampoco dedican recursos al relanzamiento de la economía. Se hace difícil, con estos datos, ver cuáles son las prioridades del Gobierno, más allá de generar estructuras de Estado, mientras el estado de nuestras estructuras es hoy más que deficiente.

Mención aparte merece el hecho insólito de que las cifras de ingresos de los presupuestos presentados en el Parlament de Catalunya son significativamente diferentes respecto a la información remitida al Ministerio de Hacienda y a la Comisión Europea. En concreto, 2.183 millones de euros de ingresos que en Cataluña se presentan como deuda del Estado que se pagará en 2015 desaparecen en el Plan Económico Financiero enviado a Madrid mutando en 1.430 millones de euros de concesiones administrativas, 58 millones de euros por compensación del impuesto sobre depósitos de entidades financieras y 167 millones de euros de privatizaciones adicionales a las previstas. En cualquier caso, más allá del gravísimo desprecio al Parlament de Catalunya y a los ciudadanos que este hecho representa, la economía catalana no se puede permitir un gobierno poco riguroso y poco serio que juega al escondite con un volumen de fondo equivalente al 10% de los ingresos públicos de la Generalitat o al 1% del PIB anual de Cataluña.

En tercer lugar, hay que hacer una apuesta decidida por la industria en Cataluña sin olvidar el fomento de empresas agroalimentarias y de servicios. Cataluña tiene un fecundo pasado industrial y no podemos renunciar a él. En el futuro el sector industrial debe continuar teniendo un peso importante en la economía catalana. Hay que dotarlo de capacidad para competir en condiciones ventajosas en los mercados internacionales. Eso quiere decir una apuesta decidida por la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i) tanto en nuevos sectores, como pueden ser la biotecnología y la biomedicina, la cultura y el audiovisual, como en sectores maduros, como, por ejemplo, el agroalimentario o el automóvil.

Necesitamos un sector empresarial capaz de competir con las empresas de referencia mundial, y eso quiere decir competir en valor añadido y en calidad, no competir en costes como en el pasado. Por tanto, es momento de recuperar y aumentar los niveles de inversión en I+D+i. Tanto la realizada desde el Gobierno de la Generalitat de Cataluña, que como ya he señalado ha padecido fortísimos recortes en los últimos años, como la realizada mediante la colaboración público-privada. Y también será esencial recuperar las medidas de estímulo a la inversión empresarial en general y que el Gobierno de la Generalitat ponga en marcha de una vez por todas, tal y como se comprometió a hacer, el pacto Más Industria (firmado por el gobierno, patronal, sindicatos, universidades y colegios profesionales en 2012 y que incluía 138 medidas) y, en concreto, aquellos acuerdos relacionados con:

  • La priorización por parte de la Generalitat de sus líneas crediticias e inversoras en el fomento de la actividad productiva para aportar liquidez a las empresas.
  • Los incentivos públicos para la transferencia de conocimiento entre centros tecnológicos y empresas; el impulso del sector público como tractor de innovación empresarial; y la creación de mecanismos para favorecer el mecenazgo privado de actividades de I+D+i.
  • El apoyo público y el acompañamiento a la internacionalización de las empresas catalanas.

En cuarto lugar, hay que incrementar el apoyo a las pequeñas y medianas empresas, los emprendedores y los autónomos faltos de crédito, de apoyo público y de estabilidad institucional, especialmente si tenemos en cuenta que el nuestro es un país con un peso relativo muy importante de PYMES y micro PYMES, que también son generadoras de riqueza y de puestos de trabajo. En este sentido, habría que repensar el papel del Instituto Catalán de Finanzas (ICF) como banco público catalán para dar apoyo sobre todo a las PYMES catalanas, contribuyendo a romper el círculo vicioso causado por las severas restricciones de crédito.

Y, en relación a los problemas de liquidez de muchas empresas, que a menudo se convierten en problemas de solvencia letales, es urgente, también, afrontar el problema de la morosidad y ser estrictos en el cumplimiento de la ley tanto entre el sector público, como entre público y privado. Hay que afrontar los cambios en el sistema que sean necesarios para evitar que las dificultades económicas de las administraciones públicas las acabe padeciendo el sector productivo.

En este sentido, creo que es perentoria una revisión del sistema de financiación autonómica que, además de consagrar nuevos principios como la ordinalidad o una auténtica corresponsabilidad fiscal, permitiera liquidar una parte de la deuda de las Comunidades Autónomas, que sería asumida por el Gobierno español mediante una quita de la deuda pública de las Comunidades generada en los últimos años con el gobierno español. Recientemente, el gobierno español ha dado un primer paso en esta dirección que hay que celebrar, pero que es insuficiente.

En el pasado, todas las revisiones de los sucesivos modelos aseguraban que cuando entraba en vigor un nuevo sistema de financiación todas las Comunidades Autónomas disponían de más recursos públicos que con el sistema anterior. Eso facilitaba muchos las negociaciones y el acuerdo, pero con la coyuntura económica actual el margen fiscal del Gobierno español es tan estrecho que esto no parece posible.

Esta quita equivaldría, pues, a este incremento de recursos que ahora no se pude producir y, así, todas las Comunidades Autónomas saldrían ganando porque pasarían a tener una situación financiera más saneada, rebajarían todavía más su gasto en concepto de pago de intereses de la deuda y, de paso, se corregiría parcialmente la gran injusticia que en los últimos años ha representado la muy desequilibrada distribución de los objetivos de déficit público entre la Administración central y las CCAA en perjuicio de éstas.

Por otro lado, es imprescindible que nuestro sistema productivo aproveche al máximo todo el talento del que Cataluña dispone. Es altamente ineficiente la fuga de talento que en los últimos años se está produciendo en nuestro país, porque invertimos como sociedad en la creación de un talento –a través de un sistema educativo y universitario de calidad– que después se desarrolla fuera por nuestra incapacidad de retenerlo. Por tanto, hay que promover planes para evitar la emigración obligatoria de miles de jóvenes y para favorecer el regreso de los que ya han marchado.

En sexto lugar, hay que plantear de manera seria el impulso de la transición energética verde, incorporando criterios ecológicos y de sostenibilidad en las políticas públicas, al mismo tiempo que se potencian energías alternativas a los combustibles de origen fósil, y se fomenta la creación de parques de energía y la vinculación de las inversiones urbanas a las energías renovables.

Estas son, a grandes rasgos, las propuestas de los socialistas de Cataluña para el futuro económico de nuestro país. Las que marcarán nuestro programa electoral para las nuevas elecciones anticipadas del próximo mes de septiembre.

Un avance electoral que, como sabrán, no compartimos porque añade incertidumbre política y ocho meses de interinidad al ya convulso panorama político catalán. Y hoy Cataluña necesita estabilidad política e institucional, y un compromiso firme del gobierno con el estímulo económico y el apoyo a las empresas. Un gobierno que tenga la cabeza en lo que es esencial, que elabore y despliegue unos presupuestos rigurosos y que no amplifique cuestiones que pueden hacer daño a nuestra economía. Y que sea capaz, por ejemplo, de reaccionar a datos tan preocupantes como la caída de la inversión extranjera en Cataluña durante los primeros 9 meses de 2014.

Cataluña necesita un gobierno centrado en lo que es imprescindible y urgente: la situación económica y social, a la vez que dispuesto a resolver el principal problema político que tenemos: el encaje de Cataluña en España a través de la única vía posible: el diálogo, la negociación y el pacto.

Respecto a esta cuestión y a la hoja de ruta (por decirlo de alguna manera porque todavía no conocemos muchos aspectos substantivos) marcada por CiU y ERC, quisiera hacer algunos apuntes breves y, como les decía, si quieren podemos abordar más a fondo después:

  1. Creo que la hoja de ruta Mas-Junqueras no sirve más que para esconder los fracasos de Mas (pacto fiscal, reducir el paro a la mitad, consulta vinculante el 9N y lista conjunta para unas elecciones de carácter plebiscitario).
  2. Unas elecciones autonómicas no son un referéndum sobre la independencia.
  3. Quieren conseguir una mayoría absoluta independentista en el Parlament que ya tienen y quieren hacer una declaración de soberanía en el Parlament que ya hicieron a principios de 2013 y que el TC anuló.

Por tanto, tengo la convicción de que el President Mas, CiU y ERC van lanzando propuestas y van haciendo huidas hacia adelante que no nos llevan a ningún lugar y que únicamente sirven para liar la madeja, para hacer un ruido constante que no aporta ninguna solución al problema y que, además, aleja de los focos cuestiones esenciales hoy en Cataluña, como el paro, las grandes desigualdades o la consolidación de la incipiente recuperación económica.

Frente a todo esto, los socialistas proponemos, como les decía, que la única salida es el diálogo, la negociación y el pacto. Y, en concreto, proponemos una reforma federal de la Constitución, un nuevo acuerdo entre Cataluña y el resto de España que pueda ser votado por todos.

Para alcanzarlo necesitamos unos gobiernos distintos en Cataluña y en España. Espero que los tengamos muy pronto.

Muchas gracias.

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