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¿Derecho a decidir o consulta? ¿Independencia o federalismo?

¿Derecho a decidir o consulta? ¿Independencia o federalismo?
PÚBLICO, ESPACIO PÚBLICO, 21.02.14

El éxito de la expresión “derecho a decidir” es directamente proporcional a su ambigüedad. Decidir ¿qué?, ¿quiénes?, ¿hay alguien que no quiera decidir? Lo cierto es que el derecho a decidir no existe como tal derecho positivo, no es exigible ante ninguna instancia nacional, europea o internacional.

Demasiado a menudo se escucha utilizar la expresión “derecho a decidir” como sucedáneo de “derecho de autodeterminación”, que este sí existe y está reconocido por las Naciones Unidas a las antiguas colonias, los territorios ocupados militarmente o aquellos en los que se persigue y discrimina a las minorías nacionales. Pero no nos encontramos ante ninguno de estos supuestos.

De hecho, los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña decidimos cada vez que votamos, lo hicimos votando la Constitución de 1978, el Estatuto de 1979, el del 2006 y siempre que elegimos a nuestros representantes en las instituciones. Lamentablemente, el Estatuto que votamos en 2006 fue alterado con posterioridad por una decisión del Tribunal Constitucional y, a mi juicio, la única forma de superar democráticamente esa anomalía es sometiendo un nuevo acuerdo al voto de la ciudadanía.

Por otra parte, el principio democrático obliga a buscar el libre consentimiento ciudadano a nuestras normas de convivencia y una democracia de calidad no puede limitarse tan sólo a la democracia representativa, sino que debe acoger también elementos de democracia participativa, referéndums y consultas.

Desde ese punto de vista resulta especialmente interesante la experiencia de Quebec y sus relaciones con Canadá. La Corte Suprema canadiense emitió una opinión que puede servirnos de guía. En primer lugar, negó que exista un derecho unilateral a la secesión. En segundo lugar, avaló la posibilidad de que Quebec pudiese convocar un referéndum para conocer la voluntad de sus ciudadanos al respecto. Y, en tercer lugar, señaló que si una mayoría clara respondiese a una pregunta clara mostrando una voluntad de separarse, Quebec y el resto de Canadá deberían abrir negociaciones para dar satisfacción a dicha clara voluntad ciudadana.

Cuando los socialistas catalanes nos referimos a una consulta legal y acordada tomamos esa referencia. El referéndum que se celebrará en Escocia el próximo 18 de septiembre ha sido posible precisamente por el acuerdo entre los gobiernos escocés y británico, señalando de nuevo la inviabilidad de procesos unilaterales o que pretendan desconocer la legalidad y los instrumentos democráticos para modificarla.

Para llegar a un acuerdo necesitamos buena política, un diálogo democrático, capaz de conciliar intereses y sensibilidades distintas. Por desgracia, tanto la cerrazón del gobierno del PP (responsable también de la feroz campaña contra el Estatuto catalán que culminó con el recurso presentado ante el Tribunal Constitucional), como los errores de planteamiento del gobierno de CiU y sus socios de ERC (que han ido tomando decisiones unilaterales como fijar fecha y pregunta de la consulta), nos abocan a un callejón sin salida o, peor aún, a un choque de trenes.

A menudo se utiliza la expresión “derecho a decidir” como sinónimo de “referéndum sobre la independencia”, como si la única decisión posible sobre las relaciones entre Cataluña y el resto de España fuese la de separarse o seguir exactamente como hasta ahora, como si no hubiese otras posibilidades. El hecho de que algunos presenten la consulta como un mero trámite para la independencia, es un vicio de origen que les resta apoyos.

Al malestar causado en Cataluña por la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto, cabe añadir una percepción de maltrato económico y fiscal, de erosión del autogobierno y sus competencias, de ausencia de mecanismos de participación en la formación de la voluntad estatal como un Senado federal, y de insuficiente reconocimiento de la realidad plurinacional, pluricultural y plurilingüe de España. Abordando estos problemas concretos puede encontrarse un camino de solución que podrá legitimarse después a través de una consulta.

Defiendo una solución de tipo federal por cuatro razones: 1) Por coherencia con los valores de libertad, igualdad, fraternidad y solidaridad. 2) Porque se ajusta mejor al mundo de interdependencias crecientes y soberanías compartidas en el que vivimos. 3) Porque evita el choque de identidades y la fractura de la sociedad en función de los diversos sentimientos de autoidentificación nacional de las personas. 4)
Porque se basa en la acción política democrática, la negociación y el pacto.

Los socialistas hemos realizado una propuesta concreta de reforma constitucional federal para abordar en profundidad todas estas cuestiones. Una propuesta que estamos dispuestos a debatir con todos tomando en consideración cuantas propuestas se formulen en la búsqueda de soluciones a un problema tan grave como acuciante.

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Entrevista en Público

“Estoy en disposición de encabezar el PSC”

Viceprimer secretario del PSC. El portavoz socialista analiza las elecciones del 20-N y fija las condiciones para plantear su candidatura a dirigir la formación

J. RAMÓN GONZÁLEZ CABEZAS / ALBERT MARTÍN VIDAL

PÚBLICO 21/09/2011

Miquel Iceta (Barcelona, 1960) cuenta que, en París, le confundieron con François Hollande, líder del PS francés y virtual candidato a la presidencia en 2012. Mientras medita su futuro papel en el PSC, el viceprimer secretario devora lecturas y ya lleva seis libros sobre el 15-M. Su momento empieza a partir del 20-N.

A la vista de su sintonía con Catalunya, ¿Alfredo Pérez Rubalcaba es el mejor candidato del PSC?

Sí. Y, además, hoy [por el lunes], ha añadido que no puede ser que una cosa que han votado los ciudadanos la cambie después un tribunal, en referencia al Estatut. Es evidente, excepto para CiU, que hay diversas Españas: la del PSOE es progresista y respetuosa de la diversidad, diferente radicalmente a la del PP. La berrea de CiU de que el PSOE y el PP son iguales no es cierta.

¿Rubalcaba y Carme Chacón tienen la misma sintonía?

No son iguales como dos gotas de agua, pero representan maneras de ver España muy distintas a las del PP. Entre ellos hay sintonía, pero identificación total y absoluta, no.

Chacón ha sido elegida casi por aclamación, sin rivales y habiendo sido ya candidata. ¿Qué hay de la renovación y el debate?

Fue candidata en 2008, pero no en 2004. Desde ese punto de vista, está más renovada que Duran i Lleida. La renovación no quiere decir que cada cuatro años cambia todo. Hay un consenso muy grande en el partido en el sentido de que Chacón es la persona más adecuada, y eso tiene que ver con los resultados que tuvo y con su experiencia. Tiene presente y también mucho futuro.

¿Cuál sería un resultado bueno para el PSC?

Ganar. Aunque nuestra responsabilidad es obtener una distancia suficiente con el PP para garantizar una mayoría socialista en España. O a malas, para evitar una mayoría absoluta del PP. Tenemos que ganar de mucho al PP y lo intentaremos. Los socialistas han gobernado en España cuando la victoria del PSC ha sido especialmente contundente.

¿Firmaría 20 diputados?

Debemos tener el objetivo de revalidar el resultado que tenemos [25 escaños]. Somos conscientes de que el Gobierno nos ha desgastado y en toda Europa todos los partidos de gobierno tienen un desgaste. Pero el objetivo es evitar un Gobierno del PP. A veces se nos critica por la campaña de 2008 “Si tú no vas, ellos vuelven”. Pero es que ahora es “si tú no vas, echa a correr”. La posibilidad de la victoria del PP para los que somos progresistas nos da mucho miedo. Son los que inundaron las radios andaluzas diciendo que queríamos prohibir el castellano, que quitábamos el dinero a los pobres para dárselo a los ricos, los que quisieron hacer un referéndum ilegal contra el Estatut. ¿Quiere que ganen los que dijeron que el Estatut lo tutelaba ETA?

¿El próximo congreso del PSC debe ser de refundación del partido?

A veces somos prisioneros de las palabras y no me gusta la palabra refundación. Los fundamentos del PSC están claros y son el combate por una sociedad más justa. Sí estoy de acuerdo en reconstruir el proyecto. El PSC se debe repensar, debe reconectar con la sociedad. El congreso abrirá el camino al nuevo PSC, que tendrá cambios muy profundos. Ha habido un desgaste evidente desde 1999 hasta aquí y nuestro proyecto debe pasar por una ITV muy seria. Los candidatos a alcalde o president deberán salir de primarias abiertas a todo el mundo, en eso debemos ser precursores.

ERC y CDC ya se han hecho un traje nuevo al adoptar el soberanismo.

Sí, un traje nuevo pero con el mantenimiento de la misma base: que siempre que puede ponerse de acuerdo con el PP, lo hace. Menos lobos, Caperucita. Es verdad que CDC hace ahora más aspavientos: la inmersión es intocable y la Diada es nacional, pero en Badalona gobierna un señor que se llama García Albiol. Que no vengan con cuentos. Respecto a los cambios, pienso que los partidos deben ser democráticos y transparentes para afrontar este tipo de procesos.

¿De qué dependerá que usted dé el paso para liderar el partido?

De que haya el sentimiento por parte de una mayoría de gente de que esto es útil. Estoy dispuesto a ser el primero tirando del carro o el último empujando del carro. Tengo determinadas características, unas mejores que otras. Creo que tengo la experiencia, la capacidad y la disposición de encabezar el partido en esta nueva etapa, pero también es cierto que si esta debe ser una etapa de cambios, hay compañeros y compañeras que lo expresan mejor este cambio. He tomado una posición responsable diciendo que soy el viceprimer secretario y que mi obligación es ahora impulsar el debate precongresual y preparar las generales, no pensar en mi candidatura. Si al final de este congreso hay otras candidaturas, lo que haré es plantearme si debo adoptar un papel más protagonista.

¿Competiría con otro candidato o quiere una apuesta de consenso?

Si hay un candidato que dice que el PSC debe dar la batalla por el centro político, yo le diría que el PSC lo que debe hacer es centrarse en la izquierda. Si alguien dijera que para ser alguien el PSC debe separarse del PSOE, no, mire: el PSC para ser el PSC debe tener con el PSOE la relación que corresponde a un proyecto federal. Eso no quiere decir que en el PSC no quepan todos, claro que sí. El PSC vota ejecutivas, equipos, no una persona. Es importante que salgamos unidos y con las ideas claras. Y con un buen equipo de trabajo porque tiene mucho trabajo.

¿Se han precipitado los que ya se han postulado?

No. Creo que han hecho lo que han considerado. Todos ellos dicen, además, que la tarea ahora mismo es ganar el 20-N. Tienen mi respeto y simpatía.

¿El Movimiento del 15-M influirá en las elecciones?

En las elecciones no sé, pero en la política ha influido. Esta gente nos dice dos cosas en las que tienen razón. Una: esta democracia no funciona suficientemente bien. Y dos: el sistema económico actual está trabajando contra la mayoría. Y sí ha incidido: en temas con la fiscalidad, sería impensable sin el 15-M. Atreverse a plantear, como está haciendo Rubalcaba como parte central de su proyecto… Puede que sí lo hubiera hecho sin el 15-M, pero ahora tiene una fuerza y una receptividad que no habría existido. El 15-M, que es particularmente crítico con el Gobierno socialista, ha servido a los socialistas para recordar cosas que no se deberían haber olvidado.

¿Está de acuerdo en que se prohíba el burka en la calle?

Estoy en contra del burka. La gente debe ser libre y debe tener una personalidad y eso implica verse la cara. Ahora bien, no estoy seguro de que prohibir el burka en la calle sea la manera de luchar contra el burka. Creo que debemos denunciar la actitud de CiU, que habla mucho sobre el tema pero aún no ha hecho ninguna propuesta. Es un tema delicado: hay ayuntamientos que han regulado el tema y, un año después, no han puesto ninguna sanción.

¿Es el caso de Lleida?

No me gusta señalar. ¿Eso quiere decir que el problema no era tal, o que a esas mujeres ahora no las dejan ni salir de casa? He oído decir que es un tema de seguridad, pero desconozco un solo caso en Europa de problema de seguridad provocado por alguien con burka. A veces no parece que haya ganas de resolver un problema, sino de apoyarse sobre un problema. Creo que algunos de los que están tan en contra del burka en realidad son islamófobos. Y el tratamiento que se hace del asunto normalmente es de tipo sensacionalista. Hay países donde se ha hecho la prohibición, como en Francia, pero se han hecho informes que explican las dificultades y riesgos en materia de derechos. Y si el Govern cree que hay que regular el tema, que haga una propuesta y discutámosla. Pero curiosamente siempre sacan el tema antes de las elecciones y luego lo olvidan. A lo mejor es que no es tan importante.

Parte de su respuesta parece también una crítica a Àngel Ros.

No lo critico porque no hemos hablado a fondo; seguro que detrás de su decisión hay una reflexión.

Renovar y ampliar el proyecto socialista

Renovar y ampliar el proyecto socialista
MIQUEL ICETA
PÚBLIC, 9.12.10

El fuerte retroceso socialista en las elecciones catalanas no responde a una única causa, aunque la más importante es la crisis económica y su efecto de erosión sobre los gobiernos. Ejemplos hemos tenido hace muy poco en otros países europeos o en Estados Unidos. Sin ir más lejos, las encuestas más recientes en España señalan una ventaja del PP sobre el PSOE de hasta dieciocho puntos. Cataluña no es una excepción.

Los efectos electorales de la crisis son, como mínimo, cuatro:

a) Descontento del electorado progresista, que ve cómo los gobiernos de izquierdas se ven obligados a practicar políticas de ajuste económico y son incapaces de dominar ‘los mercados’. En plena crisis económica causada por el neoliberalismo y la desregulación, la izquierda europea hasta ahora parece incapaz de combinar crecimiento económico con justicia social.

b) Desánimo de los sectores afectados directamente por la crisis, que tienden a inhibirse o a buscar culpables en la inmigración y en los gobiernos que parecen incapaces de controlarla.

c) Incertidumbre sobre el futuro, que lleva a mucha gente a reclamar gobiernos fuertes.

d) Repliegue individual y comunitario, que se traduce en un mayor conservadurismo y en el apoyo a posiciones sobiranistas e identitarias.

Pero hay que mencionar también errores propios, errores del gobierno y de los partidos que lo integran: falta de relato político conjunto; agotamiento de la fórmula de gobierno calificado desde dentro de como ‘artefacto inestable sin proyecto de país’ y que hace que una parte significativa de los electores de cada partido no avale el acuerdo con los otros dos socios de gobierno; falta de autoridad para resolver conflictos internos y para sancionar errores de gestión en momentos críticos; insatisfacción sobre el nivel de autogobierno, tanto por la percepción de su insuficiencia, como por la sentencia del Tribunal Constitucional -que pone en cuestión los planteamientos autonomistas y federalistas-, como por las tensiones generadas por la negociación de la financiación, como por el cansancio que causa el tema en algunos sectores; tensión identitaria que se proyecta en episodios de conflicto lingüístico; y también elementos de desafección política y corrupción, sobre los cuales el electorado progresista es especialmente sensible.

En resumidas cuentas, el PSC no estaba en condiciones de proporcionar un gobierno fuerte y cohesionado, y los partidos de izquierda tienen graves dificultades para luchar eficazmente contra la crisis económica sin contradicciones con los valores que encarnan y la defensa de los intereses de sus electores.

A partir de ahora al PSC le corresponde ejercer con responsabilidad la tarea de oposición y de construcción de la alternativa al nacionalismo conservador, preparar las elecciones municipales y convocar a un Congreso en el que tendrá que renovar su proyecto, su conexión con la sociedad y su liderazgo después de un debate en profundidad que José Montilla se ha comprometido a impulsar.

El debate en el seno del PSC no tendría que estar monopolizado por quienes tenemos un fácil acceso a los medios de comunicación, ni por quienes reducen la discusión al mantenimiento de una mayor o menor distancia con respecto del PSOE, o al nombre del próximo primer secretario o primera secretaria del partido. Es obvio que el PSC tiene que pensar más en el futuro que al revivir polémicas del pasado, renovándose democráticamente. Es absurdo hablar de dos almas del PSC, más de 30 años después de la unidad socialista de 1978. Es imprescindible una dirección fuerte, colegiada, capaz de recoger todos los acentos para impulsar un proyecto sólido, coherente y unívoco, consciente de la necesidad de un relevo generacional a corto plazo, con un liderazgo que piense más en necesidades colectivas que en ambiciones individuales y que no condicione la decisión sobre la futura candidatura socialista a la presidencia de la Generalitat.

El PSC tiene que renovar y ampliar su proyecto político de unidad civil y cohesión social, un proyecto socialista, catalanista y federalista, capaz de impulsar reformas en profundidad para asegurar el progreso económico, la justicia social, la libertad y la responsabilidad individual, la paridad y la sostenibilidad. Un proyecto capaz de aglutinar mayorías y de ganar la batalla de las ideas, con una organización más abierta, más acogedora, más transparente, más participativa, más moderna y más eficaz. Este es nuestro reto.

 

Entrevista en Público

“Si el PSC rompe con el PSOE, da la razón a los independentistas”

Miquel Iceta reivindica la libertad de opinión en el partido y confronta su modelo de España con el de los soberanistas y el del PP

ALBERT MARTÍN VIDAL

PÚBLICO, 8.08.10

La cabeza pensante del PSC es muy consciente de la derrota que le auguran las encuestas, pero controla el tempo y no se resigna a explicar su gestión de la crisis y reivindicar que sólo el PSC defiende el Estatut que votaron los catalanes: “No estaremos ni por la independencia, ni por el concierto económico, ni por los referendos, ni por el uniformismo español”, promete.

¿Ha hecho daño el anuncio de Castells?

No. Es un anuncio que no conocíamos pero hace tiempo hay indicios que apuntan a esta necesidad de que Antoni Castells gane distancia. En todo caso, deja las cosas más claras desde el punto de vista de las listas.

Existe la impresión de que los votantes del PSC están más cercanos que los dirigentes a las tesis de Castells de rechazar la subordinación al PSOE.

La subordinación no existe, en todo caso es una subordinación voluntaria. Si el PSC no se ha decantado por otra relación es porque ha considerado que la actual es la adecuada para sus objetivos. Los avances en autogobierno se han producido cuando ha habido esta buena entente entre PSC y PSOE y cuando el PSOE ha estado en disposición de gobernar. Sin el PSOE no tendríamos el nuevo Estatut ni la nueva financiación.

¿Creen que el PSOE les castigaría por tener un grupo propio?

No lo sé, no se ha planteado, pero si el PSC decidiera una cosa, el PSOE también podría tomar sus decisiones. Y otra reflexión: el día que el PSC rompa con el PSOE, dará la razón a la gente que quiere la independencia.

¿Y no podrían trabajar con complicidad y con grupo propio?

Sí, pero también se puede decir que los países vecinos también cooperan. Francia coopera con España. El día que el PSC diga ‘yo con el PSOE no me entiendo’ difícilmente podrá seguir justificando que Catalunya busque una entente con España. El PSC ya tuvo grupo propio dos legistaturas y nunca votó diferente al PSOE. Y la vez que hubo un intento de presentar unas enmiendas dimitió el portavoz de entonces, que era Ernest Lluch.

¿No cree que el espíritu de la manifestación del 10 de julio además de hechos exigía gestos y este es uno muy esperado?

Quien vota al PSC sabe que tenemos una alianza estratégica sólida con el PSOE. Y si no lo votan por eso, es que ya no comparten este proyecto. El PSC ha dicho siempre que se quiere entender con el PSOE y ha conseguido grandes rendimientos para el autogobierno de Catalunya. Mucha gente quiere que Catalunya se desvincule de España, estos sí quieren que el PSC se desvinculen del PSOE.

¿Vaticinó usted el ‘boom’ independentista?

No. El independentismo aumenta en la medida que la posición del PP es hostil contra el autogobierno. La posición del PP es profundamente antiespañola, porque quien ama a su país lo ama como es, no como le gustaría que fuera. Y la España de hoy no es la ‘España una y no 51’, es una España plural con comunidades autónomas y realidades nacionales muy potentes.

Zapatero dijo que la sentencia del TC cerraba el autogobierno.

El final de la vía del autogobierno no existe, así lo dice la Constitución.

No dijo eso el presidente.

Pero luego vino a Barcelona y dijo que se comprometía a desarrollar plenamente el Estatut e incluso a recuperar cosas que la sentencia indicó que había que hacer por otras vías.

Parece difícil recuperar con leyes la parte simbólica del Estatut.

Se pueden recuperar algunas cosas. El agujero más grande tiene que ver con la administración de justicia y eso es obvio que se puede recuperar, pero hay cosas que no tienen que ver con leyes concretas y dependerán de la actitud que tomen las instituciones españolas, el Gobierno o las Cortes.

¿Cómo se explica las palabras de la ministra Chacón respecto a la sentencia? Iba en dirección contraria a la del PSC.

Si hablamos de aspectos concretos, la sentencia es relativamente menor. Pero desde el punto de vista de la simbología, es fatal. Lo malo de la sentencia es que se haya producido y que haya querido negar la realidad plural de España. Eso es lo que se ha recibido de forma muy negativa, porque además se votó en referéndum.

Por eso la valoración de Chacón es difícil de asimilar en Catalunya.

La opinión de la gente es libre y nosotros formamos parte de un partido político, no de una iglesia, ni de una organización militar ni de una secta. En un partido plural conviven las opiniones de Carme Chacón y las de Antoni Castells, y estamos muy orgullosos de que sea así. Uno puede no estar de acuerdo al 100% con las opiniones del partido, pero la postura del partido es una: rechazo a la sentencia y compromiso de recuperar el Estatut.

¿Cree de verdad que el PSOE es un partido federalista?

A veces sí y a veces no. Cuando votó el Estatut de Catalunya demostró que era un partido federalista. A veces nos gustaría que además hubiera una defensa más cerrada de la realidad plurinacional de España, es cierto. Y estamos dispuestos a que se nos exija, pero que CiU pretenda dar lecciones al PSC cuando ha votado dos veces la investidura de Aznar nos parece de una hipocresía infinita.

¿Se le han pedido a Montilla cosas que nunca se le pidieron a Pujol a lo largo de seis legislaturas?

Ya nos va bien, porque no cambiaremos para pactar con la derecha española, como hace CiU cada vez que tiene ocasión. A muchos que hoy piden más autonomía o la independencia hace 20 años no se les oía.

¿Por qué el Tripartito está mal valorado y la obra de Govern es poco conocida?

En los gobiernos de coalición las diferencias de sus integrantes son magnificadas. Pero la gestión del Govern ha sido espectacular y espero a la campaña para poder explicarla. Se ha hecho mucho más en siete años de gobiernos progresistas que en 23 años de gobiernos de CiU en términos de investigación, inversión, acuerdos con la oposición, elementos de concertación social, el doble de escuelas al año que antes… Y aun así es poco: seguramente, 23 años de CiU, acumularon muchos retrasos imposibles de recuperar en siete.

¿Se ha empapado del pesimismo que parece que recorre el PSC, tras la renuncia a las listas de Àngel Ros o Castells?

No han renunciado a estar en estas listas porque crean que esto está perdido, aunque es cierto que estamos en una situación muy difícil. CiU va por delante de forma clara, aunque daremos la batalla para ganarla. Eso está en manos de los electores.

¿Esperan algún regalo del presidente Zapatero?

En política no hay regalos. Sí esperamos un compromiso concreto de despliegue estatutario, de arreglar cosas que el TC ha estropeado.

¿Antes de las elecciones?

Antes de las elecciones pasarán algunas cosas, pero el daño hecho no se arregla en unos meses ni en unos pocos años. Es una herida de fondo que requerirá un trabajo durante mucho tiempo de mucha gente.

¿Le harán menos daño a CiU los indicios de financiación irregular que a ustedes el caso Pretoria?

Siempre se ha dicho que los electores progresistas son más exigentes, no lo sé. Artur Mas está tomando una gran responsabilidad negando cualquier irregularidad; dentro de un tiempo los hechos pueden desmentir sus palabras. En todo caso, lo debe establecer la justicia.

¿Hacen poca autocrítica, los partidos políticos?

Seguro. Pero los partidos nos criticamos los unos a los otros. Veo mucha más autocrítica en la política que en el periodismo o en el mundo empresarial.

Catalunya no exige privilegios

ENTREVISTA EN PÚBLICO

“Catalunya no exige privilegios, sólo que se cumpla una ley”

Miquel Iceta. Viceprimer secretario del PSC. Considera que el nombramiento de Manuel Chaves es una oportunidad para resolver la agenda territorial

DAVID MIRÓ / FERRAN CASAS – BARCELONA
PÚBLICO, 27/04/2009

Hace justo una semana que Iceta avisaba con semblante serio que de la financiación autonómica dependían la estabilidad de los gobiernos español y catalán. Una semana más tarde, el panorama es radicalmente distinto. La visita de Manuel Chaves el martes y la reunión entre Salgado y Castells el jueves han cambiado las tornas políticas. A Iceta le cuesta esconder su optimismo.

¿Qué balance hacen de estos últimos contactos?

Hemos constatado un punto de inflexión, el reconocimiento de que había muchos temas bloqueados y que ahora se abre un tiempo nuevo. Nuestra reivindicación, vieja, de tener un interlocutor político para el desarrollo autonómico con el Gobierno era imprescindible. Y Chaves responde perfectamente a ese perfil. Ahora hay que ver si la hoja de ruta que marcó se cumple y empieza a dar frutos.

¿Las relaciones con el Gobierno central no han sido fáciles estos últimos meses?

Es evidente. Las explicaciones pueden ser muchas, entre otras el calendario electoral. Pero ha habido dos años que no se han aprovechado lo suficiente y hay que recuperar un tiempo perdido. Y ahora es el propio Gobierno de España el que lo reconoce.

¿A qué atribuyen el giro?

Yo creo que no hay un giro. Zapatero es el presidente del Estatut, con Maragall y Artur Mas. Es cierto que en algunos temas vamos demasiado lentos y se ha producido un incumplimiento en financiación. En ese sentido Chaves señaló tres cosas importantes: el plazo de mayo, más dinero, y la admisión de que no es lógico que Catalunya quede por debajo de la media en recursos.

Pero la ministra Salgado corrigió a Chaves y dio por buena la cifra de Solbes.

Pero eso fue antes de reunirse con el conseller Castells. Se ha desbloqueado la negociación y se sigue trabajando en busca de un acuerdo satisfactorio en el modelo y en la cifra.

El nombramiento de Chaves provocó suspicacias en Catalunya. ¿Consideran ahora que su autoridad moral les puede beneficiar?

Seguro que sí. Es la persona más adecuada para defender las demandas catalanas ante el resto de España. Y no lo digo yo, lo ha dicho hasta el conseller Josep Huguet, de ERC.

¿Zapatero se ha tenido que ver acorralado en el Congreso y por debajo del PP en las encuestas para satisfacer a Catalunya?

Pensar que la coyuntura no afecta a las decisiones sería absurdo. Pero nosotros nunca hemos puesto en duda que se llegará a un buen acuerdo. Lo que sí hemos señalado son los riesgos de que no llegara.

Desde Madrid se ha interpretado que ustedes amenazaban.

Pero ¿alguien puede pensar que puede haber un acuerdo que no cumpla con el Estatut? Ningún presidente autonómico diría que no le importa que no se cumpla su Estatuto. A Montilla se le pueden pedir muchas cosas, pero no que incumpla la ley.

Pero el Estatut tiene múltiples lecturas.

Sí, y tenemos la prueba de ello en CiU, que de vez en cuando da una cifra diferente sobre los recursos que debería obtener Catalunya para cumplir el Estatut. Y ya ha dado diez.

¿Al margen de cómo acabe todo, los roces entre el PSC y el PSOE han dejado poso?

Aquí se ha producido algo para lo que nunca habíamos estado preparados, y es que la relación entre el PSC y el PSOE, con los dos partidos gobernando, es bastante diferente que cuando eso no pasa. Nosotros no vamos por la vida amenazando pero, por lealtad al proyecto, nos hemos visto obligados a decir que no querer cumplir el Estatut es una línea infranqueable.

En Madrid escoció aquello que dijo Montilla: “Te queremos, José Luis; pero más a Catalunya”.

Sí, pero yo no me imagino a Griñán diciendo: “Queremos a Andalucía, pero a ti todavía te queremos más”…

Quizá pensaron que con la aprobación del Estatut ya había bastante.

Pues es un error. Nosotros tenemos unas obligaciones contraídas con el electorado y hay cosas que no podemos aceptar, y estoy convencido de que el PSOE tampoco está dispuesto a no cumplir el Estatut, pero quizás no ha sido plenamente consciente de la dificultad de muchas de las reformas que plantea. A veces se ha sido ingenuo con los plazos, como con el traspaso de Cercanías, que es de una complejidad enorme.

¿Está convencido el PSOE de que les conviene que el PSC gobierne en Catalunya?

En el límite el catalanismo se divide en dos grandes orientaciones: una pretende la profundización del autogobierno y la transformación de España; otra, la separación. Nosotros somos de la primera, y pocos partidos catalanes lo son.

Desde Madrid les acusan de haber abrazado las tesis nacionalistas.

Yo soy de los que cree que la unidad de España se garantiza mejor desde el reconocimiento de las diferencias y el autogobierno. Siempre he dicho que España está mejor dibujada en su escudo que en su bandera. En el escudo están todos representados.

¿Cuál es su receta para combatir la desafección a España?

Desarrollo del Estatut y seguir transformado a España en un sentido federal: un Senado federal y un mayor reconocimiento de su pluralidad lingüística y cultural.

¿El pacto del PSE con el PP va en esa dirección?

No tiene mucho que ver pero le diré que hoy el PNV está fuera del Gobierno por haber optado por una vía de enfrentamiento y ruptura con el Estado. El PNV está pagando el grave error político de Lizarra, de su intento de marginar a los socialistas de la política vasca.

El dirigente del PSE Jesús Eguiguren dijo en Público que no darían la lata al Gobierno como ustedes.

Son unas declaraciones muy desafortunadas. Parece mentira que se hable así desde una comunidad que tiene el privilegio de gozar del concierto económico. Catalunya no da la lata, no está exigiendo privilegios como los que tiene el País Vasco, sólo exige que se cumpla una ley.

El proyecto del catalanismo federalista

EL PROYECTO DEL CATALANISMO FEDERALISTA
Público, 25.11.07

El catalanismo es un sentimiento cívico compartido, difuso y transversal, un sentimiento de aprecio por la tierra, la cultura, la historia y la lengua catalanas, que parte del convencimiento de que desde el autogobierno de Catalunya podemos construir una sociedad próspera y avanzada, libre, segura, justa y solidaria, un país en el que todos podamos desarrollar en plenitud nuestros proyectos de vida e intentar ser felices.

Por ello resulta ridículo el esfuerzo de Artur Mas y los suyos por intentar monopolizar el catalanismo y encerrarlo en las cuatro paredes de un único proyecto político, llevando hasta el extremo su vana presunción cuando afirman que quieren refundarlo como quien redecora su propia casa. Pero también debemos evitar otro error. El error de la radicalización estéril. Porque hay atajos que no llevan a ninguna parte. Y excesos de velocidad que se pagan caros.

Radicalizando a una minoría no movilizaremos a la mayoría. Contrariamente a lo que parecen querer algunos, no se trata de convertir a los nacionalistas en soberanistas o independentistas, sino de conseguir que el catalanismo sea atractivo para la inmensa mayoría, que se convierta en un sentimiento cívico ampliamente compartido, el proyecto nacional de la inmensa mayoría de los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya. Este es el reto del catalanismo de hoy. En una sociedad que ha pasado, en un santiamén, de la Catalunya de los 6 millones a la de más de 7 millones y medio.

Precisamente uno de los méritos del catalanismo ha sido históricamente su carácter integrador, su capacidad de convertir en catalanistas a gente no nacida en Catalunya. Esta dimensión será todavía más importante en el futuro. El catalanismo sólo podrá prevalecer si es capaz de fabricar “catalanistas”. Y esto no se consigue ni por la vía de la imposición ni de la exclusión. Y todavía menos si, como propone Artur Mas, a partir de ahora ya no baste con vivir y trabajar en Catalunya para ser considerado catalán.

La gente apreciará el autogobierno si éste se asocia a buen gobierno. Del mismo modo, hace falta convencer a todo el mundo de la necesidad imperiosa de fomentar el conocimiento y la difusión de nuestra lengua, sin contraproducentes imposiciones. Si el catalán aparece como mera obligación administrativa, desaparecerá. Si es un instrumento de comunicación útil y prestigiado, prevalecerá. Si el autogobierno es visto como garantía de progreso, todo el mundo lo defenderá; si aparece estrictamente como el campo de batalla para dilucidar quién es más catalanista, se convertirá en algo estéril e inoperante.

La cuestión sobre el futuro del catalanismo se puede reducir a dos grandes perspectivas que, lógicamente, admiten muchos matices: o bien trabajar por un mejor autogobierno en el marco español (en base al desarrollo estatutario y de la evolución del Estado de las Autonomías en un sentido federal) o bien apostar por el soberanismo y la autodeterminación, preparando un “acto de soberanía” que separe a Catalunya del resto de España para constituir un nuevo Estado con la voluntad de incorporarse a la Unión Europea.

Ciertamente, o España se reconoce plenamente como plural y diversa o puede convertirse en un marco fracasado para la convivencia entre los pueblos que la integran. Todo depende de si se acaba imponiendo la actual reacción autoritaria, centralista y uniformadora que impulsa el Partido Popular, o de si se avanza en la vía de desarrollo de los nuevos Estatutos, tomando el federalismo como guía para la solución de los problemas pendientes y de los que en el futuro puedan plantearse; un federalismo adecuado a la realidad plurinacional, pluricultural y plurilingüística de España.

Catalunya sólo puede sentirse cómoda en la España plural, y sólo podrá seguir siendo motor del desarrollo económico, social y cultural de España, si puede ser ella misma y es reconocida como tal, si obtiene el “carbón” necesario (financiación, infraestructuras e inversiones) para seguir siendo una gran locomotora de España, una punta de lanza europea desde la euroregión Pirineos-Mediterráneo, si puede reconocerse mejor en las instituciones comunes del Estado (Senado, Tribunal Constitucional) y si puede hacer sentir su voz y su lengua en las instituciones españolas y europeas.

El socialismo catalán reclama más autogobierno para Catalunya a través del pleno desarrollo del nuevo Estatuto, y más federalismo en España y Europa. Ideas que son a la vez utopías posibles y caminos de progreso y libertad. Para avanzar debemos tener una idea clara de la España que queremos construir, y con qué aliados pretendemos hacerlo. Para los socialistas de Catalunya está claro por dónde hay que empezar: con una nueva derrota del PP en las próximas elecciones generales y con un reforzamiento de las posiciones federalistas en el seno de la izquierda española y, en particular, del PSOE.

Pero avanzar en esta dirección exige también que en el resto de España se muevan las cosas, que los sectores progresistas y de izquierdas, empezando por el propio PSOE, lejos de acobardarse ante la ofensiva patriotera y neocentralista de la derecha y la extrema derecha, afirme con valentía un proyecto español inclusivo en el que la cohesión no impida a los territorios más dinámicos seguir ejerciendo de motor y de vanguardia, en el que el pleno reconocimiento y el fomento de la diversidad cultural y lingüística no sea presentado de forma ridícula como amenaza para la pujante lengua castellana, y en el que los diversos grados de identificación nacional no impidan compartir el proyecto común de una España entendida como nación de naciones.