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El catalanismo social y federal del siglo XXI

EL CATALANISMO SOCIAL Y FEDERAL DEL SIGLO XXI

Conferencia de Miquel Iceta

I·lustre Col·legi de l’Advocacia de Barcelona, 29.10.15

 

Buenas tardes,

Quiero agradecer en primer lugar al Colegio de Abogados la oportunidad de expresarme desde esta tribuna y también dar las gracias a todos los que habéis venido hoy a escucharme.

He querido hacer esta conferencia cuando ya hace un mes de las elecciones al Parlament de Cataluña para hacer balance de lo que ha pasado en estos 30 días y para explicar cuál es el camino que los socialistas proponemos a los catalanes y las catalanas en los próximos meses y años.

El pasado martes, mientras preparaba esta conferencia, se produjo un hecho muy grave: Junts pel Sí y la CUP presentaron una propuesta de resolución que pretenden aprobar en el Parlamento los próximos días y sobre la que me quiero pronunciar de forma rotunda. LA RESPUESTA ES NO. Ni hablar.

NO A DIVIDIR A LOS CATALANES

NO A SALIR DE LA LEGALIDAD DEMOCRÁTICA

NO A UN PROCESO SECESIONISTA UNILATERAL

NO, NO y NO, porque esta posición no tiene el aval mayoritario de los ciudadanos de Cataluña, porque sitúa Cataluña al borde del abismo y porque rompe radicalmente con la trayectoria del catalanismo político que quiero reivindicar.

 

Ante una propuesta como ésta sólo hay una respuesta: votar en contra y no caer en la trampa de legitimar un debate que no tiene otro objetivo que subvertir la legalidad democrática vigente. Por lo tanto no presentaremos ni una propuesta nuestra, ni haremos enmiendas a la misma. No tendría ningún sentido.

El resultado de las elecciones del 27 de septiembre ha dibujado un escenario político en el que el PSC está en condiciones de recuperar su función original. Como dije, se acabó la época de limitarse a resistir, es momento de pasar a la ofensiva.

El PSC nació para defender los intereses de las clases populares en un proyecto político, a la vez socialista y catalanista. Somos socialistas y somos catalanistas por las mismas razones, decíamos. Un catalanismo integrador que evitara una sociedad dividida entre los catalanes de origen y los catalanes de adopción. Reivindicábamos y reivindicamos la unidad civil del pueblo de Cataluña. Cataluña somos todos y todas. No nos resignaremos al desgarro de la sociedad catalana en mitades irreconciliables. Somos herederos y defensores del carácter transversal e integrador del tronco central del catalanismo político.

Por tanto, nos opondremos encarnizadamente a cualquier deriva que ponga en riesgo la convivencia. Y salir de la legalidad democrática, como proponen Junts pel Sí y la CUP, es la mayor amenaza a la convivencia que en democracia se pueda imaginar.

Permítanme una cita de Enric Fossas y Espadaler en un artículo publicado hace dos días en El País: “Ni legitimidad democrática ni Estado de derecho. La propuesta de resolución no es una declaración unilateral de independencia, es una declaración de insurgencia que sitúa el proceso fuera del mundo civilizado”. Fin de la cita.

No es menos severo el juicio de Fran Caamaño, contenido en el artículo que publica hoy en El Periódico de Cataluña, cuando nos dice: “Ni la democracia tiene precio, ni la convivencia ciudadana puede ser moneda de cambio de ambiciones personales o partidarias”. Fin de la cita.

Por eso, después del 27S, el papel del PSC es aún más necesario. No sólo por el más de medio millón de catalanes y catalanas que confiaron en nosotros, sino también por el aval a la propuesta de diálogo, negociación y pacto como único camino para resolver nuestros problemas. Por eso quiero reivindicar con rotundidad el catalanismo social y federal, el proyecto político del socialismo catalán.

Un socialismo catalán que es hoy la primera fuerza parlamentaria de izquierdas y la primera fuerza parlamentaria catalanista no independentista.

Fieles al mandato democrático ya nuestros valores, ejerceremos plenamente las funciones que nos corresponden y no nos dejaremos arrastrar por peligrosas dinámicas frentistas. Pero cuando haya que decir SI o decir NO de forma inequívoca, lo haremos sin complejos y sin miedo a coincidir con unos u otros. Lo que está en juego es demasiado importante y no hay margen para la especulación política de carácter electoralista. Les anuncio, pues, que utilizaremos todos los instrumentos a nuestro alcance, incluyendo el recurso ante el Tribunal Constitucional para que esta propuesta de resolución no salga adelante.

Señoras y señores,

Después de esta introducción, la primera reflexión que quiero hacer es que, en mi opinión, esta legislatura ha nacido muerta.

Tiene fecha de caducidad. Y no son 4 años, como debería ser, ni siquiera 18 meses como nos propone la candidatura ganadora.

La legislatura nace muerta tanto en el caso de que Mas consiga ser investido como si no. La amalgama que supone Junts pel Sí y una alianza frágil y contra natura con la CUP no pueden proporcionar ni la estabilidad política ni el pulso firme en la acción de gobierno necesarios; ni tampoco la capacidad de diálogo, negociación y pacto con las instituciones españolas que Cataluña necesita como el aire que respira.

Hay que notar, además, que el impacto de la pesada losa de las densas sospechas de corrupción, que estos días se ha hecho presente de forma arrolladora, será muy probablemente demoledor.

Pretender que el Parlament de Cataluña tramite los próximos meses leyes de estructuras de Estado y que éstas sean negociadas con el Gobierno de España para facilitar la independencia es inverosímil. Y la rotura unilateral de la legalidad democrática es altamente peligrosa, potencialmente letal para el autogobierno de Cataluña.

Quiero recordar que yo mismo, en nombre del PSC, le ofreció al Presidente Mas hace un año la estabilidad parlamentaria necesaria para agotar la anterior legislatura y no depender de las prisas y el radicalismo de ERC y la ANC para convocar nuevas elecciones y proclamar unilateralmente la independencia.

Nosotros nos ofrecimos para que el presidente Mas agotara la legislatura y pudiéramos ver todos juntos qué oportunidades ofrece el nuevo escenario político español que se abrirá tras las elecciones del próximo 20 de diciembre.

Éramos y somos partidarios de esperar a ver el nuevo mapa político español que será sin duda, pase lo que pase, más favorable para la negociación de los temas que realmente importan: una mejor financiación para Cataluña -que a veces hemos denominado pacto fiscal -, el reforzamiento competencial como forma de profundizar el autogobierno en cuanto a lengua, educación, cultura y derecho civil, el reconocimiento de la singularidad nacional catalana, e incluso los 23 temas que, hace más de un año , el presidente Mas puso sobre la mesa del presidente Rajoy sin obtener ninguna respuesta.

Esta agenda nacional no se puede separar de los otros tres grandes objetivos de país: la reactivación económica y la creación de puestos de trabajo; la defensa del Estado del bienestar, en particular la sanidad pública, la educación pública y los mecanismos de protección social; y la lucha contra el fraude fiscal y la corrupción en el esfuerzo para regenerar nuestra vida pública.

Y en estos puntos es, en mi opinión, donde teníamos la posibilidad de tejer acuerdos con el Gobierno de la extinta CiU. Pero desgraciadamente Mas rechazó el entendimiento con el PSC y se abandonó definitivamente en los brazos de ERC, convocando elecciones con carácter plebiscitario y definiendo una hoja de ruta de imposible aplicación.

En el año 2012 Mas no obtuvo los resultados esperados y ligó su suerte a ERC. El año 2015 tampoco ha obtenido los resultados que esperaba porque, si bien ha ganado las elecciones, ha perdido el plebiscito que él definió y, en un salto en el vacío, parece decidido a ligar su suerte a la CUP, una fuerza política que, ayer mismo, suspendía una reunión con Junts el Sí para negociar la investidura de Mas a causa de una operación judicial contra sectores anarquistas.

Más allá de la polvareda de la inmediatez política, los temas realmente importantes para Cataluña, que han sido sacrificados por la precipitada hoja de ruta independentista, siguen siendo considerados muy importantes para una parte relevante de los electores tradicionales de CDC, que hoy se encuentran políticamente huérfanos. Muchos de ellos votaron a Junts pel Sí confiando sinceramente en una negociación política con el Gobierno de España. Hoy, si han leído la propuesta que Junts pel Sí ha acordado con la CUP, habrán comprobado cómo la vía de la negociación ha sido definitivamente enterrada por parte de Mas, Junqueras y la CUP en beneficio de una confrontación institucional de la que no puede salir nada bueno para Cataluña ni el resto de España.

Creo que no digo nada que la gente no sepa si afirmo que, hoy, una parte importante de los referentes locales y dirigentes de CDC, incluidos varios Consejeros del Gobierno en funciones, están perplejos y muy preocupados por la deriva que están tomando los acontecimientos.

Esta preocupación radica en la convicción de que la obsesión del actual núcleo duro que controla CDC con el “proceso” subestima la fuerte erosión que están sufriendo, después de haber roto UDC, de haber disuelto la Federación de CiU y haber desconcertado buena parte de sus bases tradicionales con el radicalismo político que los caracteriza hoy.

Ciertamente CDC estaba ya embarcada en un proceso de refundación, obligado en parte por los graves casos de corrupción hoy investigados en un calvario de actuaciones judiciales que parece lejos de haber terminado. Pero para muchos antiguos votantes de CiU la refundación no exigía subsumirse en la amalgama de Junts pel Sí y, menos aún, quedar supeditados al proyecto antisistema de la CUP.

La sociedad catalana necesita un potente partido de centro derecha catalanista como ha sido tradicionalmente CDC, del mismo modo que necesita una potente socialdemocracia catalanista como la que quiere representar el PSC.

Si CDC deja libre este espacio que, hasta hoy, era capaz de aglutinar a sectores conservadores, liberales e, incluso, socialdemócratas moderados o social liberales, serán otros partidos los que la ocupen defendiendo proyectos políticos catalanistas de orden que no quieren transitar el precipicio de la independencia unilateral. De hecho, algunos sectores de la sociedad catalana tradicionalmente cercanos a CDC empiezan a interesarse por el mensaje del socialismo catalán, capaz de reivindicar simultáneamente autogobierno y progreso, sin ceder a populismos ni a aventurismos.

Somos conscientes de la necesidad de ampliar el espacio político del PSC, y pensamos hacerlo hacia la izquierda y hacia el centro, intentando atraer a todos aquellos que renuncien a radicalismos estériles y que piensen que Cataluña, después de haber perdido ya cinco años sin obtener avances, no puede permitirse el lujo de perder más tiempo sin resultados. Este es mi objetivo como líder del PSC.

Como les decía, el Presidente Mas rechazó el ofrecimiento socialista de estabilidad parlamentaria para lanzarse a lo que él denominó unas elecciones plebiscitarias sobre la independencia.

Supongo que mucha gente recuerda su intervención veraniega en la Diputación Permanente del Parlamento justo antes de las elecciones cuando Artur Mas decía, y creo citar textualmente, “la noche del 27 S se contarán los SÍES y se contarán los NOES” y remachaba el clavo a lo largo de la campaña electoral que se dirige especialmente a la gente de Catalunya Sí Que Es Pot (y quiero saludar desde aquí el amigo Lluis Rabell), cuando decía: los que no voten a favor de las candidaturas independentistas serán contabilizados como NOES, junto con José María Aznar.

Y, mira por donde, resulta que, se mire como se mire, el presidente Mas ha perdido su plebiscito en los términos en que lo planteó. Ha ganado las elecciones y ha perdido el plebiscito.

En dos ocasiones ha querido contar cuántos independentistas había (el 9N y el 27S) y en ambas ocasiones hemos constatado que el independentismo reúne muchos catalanes, muchísimos, pero no es mayoritario. Votos Sí-Sí el 9 de noviembre: 1.897.000; votos de Juntos el Sí y la CUP el 27 de septiembre: 1.957.000.

Por eso digo, hoy y aquí, con rotundidad y con todas las consecuencias, que el PSC considera legítimo que Junts pel Sí gobierne si logra el apoyo de la CUP para la investidura, pero que no consideraremos democráticamente legítima ninguna de las iniciativas legislativas o normativas que el Gobierno o el Parlament eventualmente desarrollen en el camino de la independencia y, por tanto, nos opondremos por todos los medios a nuestro alcance.

Un análisis desapasionado de los resultados electorales del 27S nos lleva a la conclusión de que hay vida política más allá del independentismo. Que existe una mayoría social -que no parlamentaria, entre otras cosas por las disfunciones de nuestro sistema electoral- que no tiene la independencia como horizonte y que se ha expresado a través de una pluralidad de opciones que han recibido más votos que el independentismo.

Así pues, llegados a este punto, poco más de 30 días después de las elecciones, hay que preguntarse: ¿Y ahora, qué?

Pues, básicamente, hay dos opciones.

La primera, la de Artur Mas, que ya he descrito: plegarse a las exigencias de ERC en 2012 y, ahora, adoptar de forma oportunista el programa antisistema de la CUP.

Una opción que sitúa a Mas y sitúa a Cataluña en un callejón sin salida.

Digámoslo claro: con la disparatada hoja de ruta perfilada en la reciente Propuesta de Resolución Junts el Sí y la CUP será imposible negociar con el Gobierno de Rajoy, con un eventual Gobierno PP-Ciudadanos, y con un Gobierno de España presidido por Pedro Sánchez.

Lo subrayo: un Gobierno socialista de España, es decir, del PSOE y del PSC, no negociará el contenido de la propuesta de resolución presentada el martes, ni leyes de estructuras de Estado, ni Ley de Proceso Constituyente, ni la de transitoriedad Jurídica ni sobre nada que se le parezca.

Lo expresaré de otra manera para que quede bien claro: en el marco de la Constitución y de la legalidad democrática, los socialistas estamos dispuestos a hablar de todo y con todos hasta la extenuación para encontrar una solución y un acuerdo sobre la manera en que Cataluña se encuentre cómoda dentro de España. Y, evidentemente, consideramos que sustituir a Mariano Rajoy y el PP en el Gobierno de España será un primer paso para buscar una solución y un acuerdo.

Pero los socialistas catalanes y españoles no negociaremos sobre cómo Cataluña puede irse. No sólo ni principalmente porque nosotros no nos queremos marchar, sino porque los ciudadanos de Cataluña han dicho en las urnas mayoritariamente que no quieren separarse del resto de España. Han votado mayoritariamente a las opciones políticas que queremos encontrar una solución, no a las que quieren una ruptura. Y eso sin tener en cuenta que una proporción de los votantes de Junts pel Sí lo que quieren es forzar una negociación y un acuerdo que los dirigentes de Junts pel Sí, con iniciativas como la presentada el martes, hacen del todo imposible.

El encaje de Cataluña en España no es un problema catalán o de Cataluña. Es un problema español. Yo diría que es EL PROBLEMA de España (de hecho, lo dije en una conferencia en Madrid durante la campaña electoral y celebro que ahora también lo diga Mariano Rajoy. Bienvenido sea. Un poco tarde, pero bienvenido sea, después de haber fabricado más independentistas que nunca después de cuatro años de inacción). Por tanto, la solución a este problema, sea la que sea, hay que buscarla con el conjunto de los españoles.

Y, que nadie se equivoque, del mismo modo que los socialistas creemos que la “cuestión catalana” es un problema político que debe resolverse políticamente y no por la vía judicial (he dicho muchas veces que hay que derrotar el proyecto político independentista con proyectos políticos que sean mejores), también creemos que cuando las leyes democráticas se incumplen deliberadamente o cuando una institución -se diga Parlament de Catalunya o se diga Govern de la Generalitat- propone abiertamente desobedecer la legalidad democrática, esto debe tener inevitablemente consecuencias jurídicas.

Y, por si quedan dudas, lo diré más gráficamente: si alguien es procesado por desobedecer gravemente las leyes democráticas de manera premeditada, nosotros no nos manifestaremos para darle apoyo. Estaremos apoyando a los que velan por el cumplimiento de las leyes democráticas. Porque somos escrupulosamente demócratas y, por tanto, respetamos el Estado de derecho.

Analizado retrospectivamente, mucho me temo que el presidente Mas adelantó las elecciones al Parlament sin esperar a las elecciones generales porque no se planteó seriamente la posibilidad de negociar con el Gobierno de España. Si no, no se entiende. Como tampoco se entiende que alguien que quiera negociar pueda plantear una propuesta de resolución tan descabellada como la presentada el martes por Junts pel Sí y la CUP.

No me cansaré de decirlo: ganar las elecciones habilita para gobernar, no para saltarse la legalidad democrática y llevar a Cataluña por el pedregal.

Los catalanes, haya sido cuál haya sido el sentido de su voto, tienen derecho a que se invista un presidente y se forme un gobierno capaz de gobernar.

Gobernar para dar respuesta a las necesidades de la sociedad, y especialmente a las necesidades más urgentes, las que no pueden esperar. Gobernar para desarrollar un programa electoral que, en el caso de Junts pel Sí, seguimos sin conocer y mucho menos si se acordará con la CUP. Los integrantes de Junts pel Sí tienen el derecho y la obligación de intentarlo, así como de asumir su fracaso si no lo consiguen, así como las consecuencias de todo orden de su actuación.

Como ya he dicho, no creo que, en las actuales condiciones, la estrambótica combinación de Junts pel Sí y la CUP pueda proporcionar ni la estabilidad, ni la acción de gobierno, ni la capacidad negociadora que los catalanes necesitan y merecen.

Retomo el hilo de mis reflexiones. Antes he dicho que había dos opciones. La segunda opción, que sospecho que a la luz de lo ocurrido esta semana es del todo improbable, es que Artur Mas y lo que sea capaz de mantener de Junts pel Sí abandonen formalmente la deriva secesionista unilateral y, en este caso, esperen a negociar con el nuevo Gobierno de España los temas que antes ya he mencionado: una nueva financiación para Cataluña, un reforzamiento de competencias, reconocimiento de la singularidad nacional de Cataluña, y los 23 puntos del documento del gobierno. Un escenario así permitiría un juego más abierto de acuerdos y alianzas.

Espero que después de lo que he dicho se entienda mejor mi afirmación de que la legislatura ha nacido muerta.

Señoras y señores,

Permítanme ahora que explique los motivos por los que el PSC quiere pasar a la ofensiva política para recuperar su papel central en la política catalana.

Estoy convencido de que el panorama que he dibujado hace unos instantes conducirá sus aventureros protagonistas a un gran batacazo y al fracaso, con un elevado coste para Cataluña. Intuyo que, a continuación, se producirá un natural movimiento de reflujo político por el que una parte significativa de los electores que hace un mes han dado su apoyo a Junts pel Sí, pensando que con su voto serviría para negociar un nuevo acuerdo con el Gobierno de España, irán asumiendo que han sido víctimas de un gran engaño y volverán a buscar ofertas políticas que, con los pies en el suelo, estén en condiciones de alcanzar este acuerdo que desean. Un acuerdo que mejorará el autogobierno, la financiación y el reconocimiento de las aspiraciones nacionales catalanas.

Es decir, volverán al catalanismo no independentista. Al catalanismo político de la mejor tradición que tan beneficioso ha sido para Cataluña y para el conjunto de España: el catalanismo del diálogo, la negociación y el pacto. Sin renuncias sobre los objetivos, pero con pragmatismo para lograr avances factibles y seguros.

Por este motivo, además de intentar ganar las elecciones generales para sustituir a Mariano Rajoy por Pedro Sánchez, el papel del PSC en los próximos meses, el papel que pienso desarrollar, la tarea a la que me pienso dedicar en cuerpo y alma, es la de trabajar para que en Cataluña se conforme una nueva mayoría social capaz de alcanzar los objetivos del catalanismo social y federal.

Quiero contribuir a configurar colectivamente una “Alianza por la Sensatez (el Seny) y por el Catalanismo“, un proyecto transversal que debe ser compartido por todos aquellos partidos políticos, entidades de la sociedad civil, organizaciones sindicales y empresariales, referentes culturales y asociativos, personas de referencia que, desde diferentes ópticas políticas y sensibilidades, tengan como objetivo para los próximos años aparcar utopías imposibles y sumar esfuerzos en torno a 3 grandes prioridades:

Prioridad 1.

Dotar al país de estabilidad institucional y política, sin la cual Cataluña perderá inexorablemente fuelle y prosperidad.

Nosotros no queremos frentes ni maniqueísmo. No queremos buenos y malos. Si estuviéramos en campaña diría que no queremos indios y vaqueros. Nosotros aspiramos a que la pluralidad política que existe en la sociedad catalana se traslade al Parlament de manera natural y que el catalanismo no independentista vuelva a ser transversal, integrador y ampliamente mayoritario.

Esto requiere de una reconfiguración del mapa político. En este sentido, asistimos con interés al esfuerzo de reconstrucción de Unió Democràtica -y aprovecho para saludar a su secretario de Organización, Benet Maimí, que nos acompaña-, así como la evolución de los sectores de CDC que no quieren hipotecar su proyecto a las exigencias de ERC ni mucho menos a las de la CUP, a sectores de izquierdas que se sienten huérfanos y algunos de los cuales añoran el papel central que jugó el PSUC. Y hay que tener presente también que no podemos prever si Junts pel Sí resistirá a las tensiones provocadas por su propio programa político.

No creo que sea bueno excluir a nadie de este esfuerzo, pero es obvio que los que defienden una secesión unilateral o los que niegan que haya problemas en la relación entre Cataluña y el resto de España porque dicen que no hay ningún problema, no podrán sentirse cómodos en este planteamiento.

Ciertamente es un planteamiento en el que no deben borrarse las lógicas diferencias entre sectores conservadores y progresistas, y por eso hablo de reconfiguración del mapa político.

Queremos convertir la pluralidad política que existe en la sociedad en una ventaja competitiva; en un escenario en el que sean posibles diferentes alianzas. Como se hace en otros países, especialmente en aquellos a los que decimos que nos queremos parecer: Holanda, Dinamarca, Alemania…

Alianzas que permitan la geometría variable y la alternancia, o grandes coaliciones en su caso. Alianzas en las que, más allá de los programas electorales, haya la capacidad de acordar programas de gobierno una vez celebradas las elecciones.

Programas de gobierno que, a su vez, permitan la formación de gobiernos estables y sólidos que puedan desarrollar una acción de gobierno que sea digna de este nombre y pueda ser evaluada por los electores.

Y, en este escenario de alianzas y alternancias, el PSC puede y debe tener una enorme capacidad de pacto.

Huelga decir que el PSC priorizará el desarrollo de políticas progresistas y que ojalá pueda hacerlo de acuerdo con otras fuerzas de izquierdas.

Prioridad 2.

Trabajar juntos las administraciones públicas, los empresarios y los sindicatos para establecer los grandes acuerdos que permitan aprovechar la recuperación económica para crear puestos de trabajo y reducir las desigualdades.

No hace falta que me extienda mucho sobre este punto. A lo largo de la campaña electoral he hecho propuestas al respecto. Sólo haré unos apuntes.

El crecimiento económico no está asegurado. Los factores de incertidumbre sobre el conjunto de la economía mundial y española y catalana son muy elevados. A modo de ejemplo, este verano hemos visto cómo las turbulencias financieras y bursátiles de la economía china han contagiado la economía mundial, especialmente los países emergentes, y han provocado una revisión a la baja de las previsiones de crecimiento económico. Y hemos comprobado, también, hasta qué punto las dudas y preocupaciones presiden la actuación de la Reserva Federal norteamericana, que ha decidido posponer la anunciada subida de los tipos de interés por miedo a abortar la frágil recuperación económica.

En nuestro país, cualquiera que haya seguido las informaciones de las últimas semanas sobre la crisis de determinadas empresas en Cataluña (Solvay, Valeo, Autoliv) o los problemas de SEAT entiende perfectamente la importancia de lo que estoy diciendo.

Prioridad 3.

Conseguir que Cataluña se encuentre cómoda en España.

¿De qué manera se puede encontrar cómoda desde una perspectiva catalanista?

Nosotros, ya saben ustedes, tenemos nuestra propuesta: la reforma constitucional federal, cuyas líneas maestras presentó ayer Pedro Sánchez en Madrid.

¿Hay otras soluciones posibles? Claro que sí. Los amigos de Unió, los amigos de Iniciativa tienen muchas ideas interesantes al respecto. También trabaja la gente de Podemos.

Hablemos sobre estas ideas. Trabajémoslas juntos, hagamos amplios acuerdos para ganar fuerza al negociarlas. Sumemos. No nos dividamos, especialmente mientras atendemos las prioridades 1 y 2, que lo son para la inmensa mayoría de los catalanes.

¿Con quién queremos trabajar para construir juntos la Alianza por el Seny y por Catalanismo?

Pienso en todos aquellos que, sin renunciar a sus aspiraciones sobre cuál debería ser el futuro de Cataluña, estén dispuestos a trabajar, en el horizonte temporal de los próximos años, sobre los puntos que acabo de mencionar.

Insisto. No se trata de que nadie renuncie a nada.

Este es un proyecto que quiere hacer un ejercicio de sumas temporales para lograr unos objetivos muy concretos, no de renuncias a los principios de cada uno.

No queremos que nadie tenga que renunciar a sus objetivos finales sobre el modelo de sociedad, el modo en que se ha de distribuir la riqueza o sobre el rol de Cataluña en el mundo. Lo que queremos, simplemente, es acordar un nuevo marco de trabajo político que sea mayoritario y, sobre todo, que evite el desgarro de la sociedad catalana, entendiendo que, entre las fuerzas políticas y sociales que convengan a compartir este nuevo marco, se producirán alianzas parlamentarias diferentes y variables (como he mencionado antes) que conformarán gobiernos y oposiciones.

Estoy convencido de que, pasada la etapa del arrebato (la rauxa) y el exceso de emociones, con los conceptos que he señalado como bases de la Alianza por el Seny y por el Catalanismo se deberían encontrar cómodos la mayoría de los catalanes.

Las prioridades definidas permiten que se puedan sentir cómodos muchos electores que han optado por fuerzas políticas muy diferentes. El espíritu de la Alianza por el Seny y por el Catalanismo que propongo debería, por ejemplo, de poder atraer a personas que han votado socialista, o que habían votado socialista en el pasado, personas que votaron Unió, Ciudadanos, Catalunya Sí Que Es Pot , y también a una parte significativa de personas que votaron Junts pel Sí.

Con respecto a este último supuesto, estoy pensando en todos aquellos y aquellas que han creído que la negociación para lograr la independencia era más fácil y posible que la negociación para profundizar el autogobierno y que, visto el peligro de seguir la ruta trazada por Junts pel Sí y la CUP, lleguen a la conclusión de que hace falta un “reset” para dejar pasar pantallas a tanta velocidad, aparcar el independentismo y volver a la corriente central del catalanismo histórico.

No es necesario que nadie abandone su opción, pero sí que hay que abrir perspectivas de cambio y de diálogo, hay que empujar hacia acuerdos bien amplios para hacer avanzar las cosas. Se necesitan personas que no se resignen a un permanente empate de impotencias que no lleva a ninguna parte, personas que no quieran una confrontación sin sentido, personas que consideren que hay problemas cuya solución no admite demora.

No me estoy dirigiendo, ahora, a los partidos. Con unas elecciones generales a menos de dos meses y quién sabe si con unas nuevas elecciones al Parlament el próximo mes de marzo, ningún partido está dispuesto a ceder en cuestiones de principios ni a suscitar dudas en cuanto a sus perspectivas electorales.

Me dirijo a toda la ciudadanía, a la opinión pública. Los que no se resignan a perder más tiempo en una deriva que no sólo no nos ha llevado ningún avance sino que tiene costes importantes y ahora amenaza con llevarnos al desastre.

Muchas cosas tienen que cambiar para enderezar la actual situación. También el Partido de los Socialistas debe cambiar. Estoy dispuesto a liderar los cambios necesarios, para representar mejor nuestros electores, para ensanchar nuestro espacio político y electoral, para buscar las complicidades de la Alianza por el Seny y el Catalanismo, para volver a ser un gran partido útil para la gente.

Pero el esfuerzo para cambiar las cosas en la dirección esbozada desborda las fronteras de los partidos políticos, la tenemos que hacer muchos, muchos que demasiado a menudo y en voz baja dicen “así no vamos a ninguna parte”. Quiero que sepan que no están solos.

Que el Partido Socialista es consciente de esta realidad, y que está dispuesto a cambiarla, cambiando él mismo, y con todos aquellos sectores y personas que quieran contribuir a un futuro libre y seguro, próspero y justo por el pueblo de Cataluña.

Muchas gracias, señoras y señores.

Intervención en el almuerzo coloquio con la Asociación para el Progreso de la Dirección

INTERVENCIÓN DE MIQUEL ICETA EN EL ALMUERZO COLOQUIO CON LA ASOCIACIÓN PARA EL PROGRESO DE LA DIRECCIÓN (APD)

11 de febrero de 2015

Quiero agradecer a la APD la amable invitación a participar en este almuerzo coloquio, por darme la oportunidad de compartir con todos ustedes mi visión sobre la situación en Cataluña y mi opinión sobre hacia dónde tendríamos que ir.

Si me permiten, centraré buena parte de mi intervención en aspectos de tipo económico, aunque también haré alguna alusión al problema político que centra la vida política del país en los últimos años. Seguramente en el coloquio posterior tendremos ocasión de hablar al respecto.

En cualquier caso, permítanme esta licencia que supone hablar poco de lo que hoy se habla mucho. A menudo tengo la sensación de que en Cataluña estamos demasiado centrados en un solo tema, que también es importante pero ni mucho menos es el único importante, y que por consiguiente prestamos muy poca atención a cuestiones que afectan mucho a Cataluña y a nuestro presente, a nuestro día a día, y que son esenciales para dibujar nuestro futuro, que puede estar lleno de nuevas oportunidades y de progreso, o no estarlo si seguimos dedicando gran parte de nuestra energía colectiva al monotema. Y por este motivo los próximos años serán cruciales. Por tanto, es fundamental hablar de estas otras cuestiones fundamentales, de la economía y de las empresas, y es fundamental actuar para no dejar escapar ninguna oportunidad.

Comenzaré con una afirmación para mí bastante obvia pero de la que no se habla lo suficiente: el principal problema hoy en Cataluña es el paro, el incremento de la pobreza y las desigualdades, y la falta de oportunidades para muchos ciudadanos.

Por tanto, Cataluña necesita un gobierno que ponga los cinco sentidos en estas cuestiones. Que priorice la recuperación económica como objetivo fundamental de su acción; que dedique la mayoría de sus esfuerzos a generar nuevas oportunidades de crecimiento para las empresas, nuevas inversiones en el país y nuevo empleo; y que trabaje para consolidar cambios en nuestro sistema económico y productivo para evitar que nos vuelva a golpear una crisis similar a la que hemos vivido en los últimos años. Para ello hay que potenciar sectores de actividad económica basados en el conocimiento, la tecnología y la innovación.

Para hacerlo posible, en primer lugar, hay que estar atentos a todo lo que pasa en el mundo y en Europa, y el Gobierno de la Generalitat de Cataluña debe estar preparado para responder lo mejor posible aprovechando al máximo las oportunidades que puedan venir de Europa y evitando los posibles agravios. Por ejemplo, (1) ¿Cuál es la valoración del Gobierno de las excepcionales medidas de política monetaria de expansión cuantitativa (Quantitative Easing) puestas en marcha por el BCE en relación a la economía catalana y, en particular, a las entidades financieras con sede en Cataluña –La Caixa y el Banc de Sabadell–? (2) ¿Cómo cree el Gobierno que incidirá en Cataluña el pulso entre el nuevo Gobierno de Grecia y la Comisión Europea y, en general, el debate europeo sobre la renegociación de la deuda teniendo en cuenta que la economía catalana está fuertemente endeudada (con una deuda pública y privada equivalente a más del 300% del PIB catalán)? (3) ¿Se ha preocupado el Gobierno de cómo podría afectar a Cataluña el tratado de libre comercio e inversiones (TTIP) que están negociando la UE y EEUU? (4) ¿Qué se está haciendo desde el Gobierno para responder a las consecuencias en el sector agroalimentario catalán del conflicto bélico entre Ucrania y Rusia y del bloqueo ruso a los productos europeos? (5) ¿Qué piensa el Gobierno de la Generalitat de la intensa caída del precio del petróleo y del auge del shale gas y el shale oil extraídos mediante técnicas de fractura hidráulica (fracking) en el contexto de un país –Cataluña– que tiene una fortísima dependencia energética? (6) ¿Qué debe hacer nuestro país para aprovechar al máximo el Plan Juncker?

En segundo lugar, hay que tener claro que a pesar de que las cifras macroeconómicas afortunadamente están mejorando, la mayoría de ciudadanos todavía no ha percibido en su bienestar ni en su bolsillo estas mejoras. Si no hay imprevistos (y pienso particularmente en la situación de Grecia), la economía catalana podría crecer por encima del 2,5% en términos reales este año. Pero, desde mi punto de vista, es crucial que seamos capaces de hacer que las personas noten que se generan puestos de trabajo y se recupera su poder adquisitivo para consolidar las bases de la recuperación económica. (Cataluña crece 1,2%, España 1,4%).

En este sentido, la creación de empleo y la reducción del paro son fundamentales: hacen falta decididas políticas activas de empleo hasta que lleguen a representar el 0,5% del PIB, es decir, hasta situarnos en la media europea (actualmente no llega en nuestro país al 0,2%). La lucha contra el desempleo es esencial, especialmente, el desempleo de larga duración y que afecta a personas mayores de 45 años, y aquel que afecta a los más jóvenes. Necesitamos planes de choque específicos para hacerle frente, porque ni como sociedad ni como economía nos podemos permitir perder todo este talento.

Hace unas semanas se publicaba el nuevo índice de competitividad regional europea (RCI) que en su edición de 2013 sitúa a Cataluña en la posición 153, perdiendo 47 puestos en relación al anterior análisis (2010). Es la economía regional que mayor retroceso padece y eso es muy preocupante. Dos de los principales motivos del descenso son los índices de desempleo y los elementos de innovación en nuestra economía. Del primero hemos hablado, del segundo hay que decir que es cierto que Cataluña tiene en algunos aspectos una investigación de excelencia y publicamos en las mejores revistas científicas del mundo pero no hemos conseguido un sistema de innovación que permita aprovechar de manera eficiente el conocimiento generado a través de la investigación para mejorar la competitividad del tejido empresarial, y aquí tenemos un gran reto que abordar con los diversos agentes: universidades, centros de investigación, parques tecnológicos y sector empresarial. Por ejemplo, firmamos en el año 2008 el Pacto Nacional para la Investigación y la Innovación con todos los agentes sociales y económicos, y hoy no se cumple este acuerdo, en los últimos 4 años el Gobierno de la Generalitat ha reducido las partidas presupuestarias asociadas a la I+D+i un 30%. Un grave error, retroceder en apoyo a la innovación y el conocimiento.

También son imprescindibles políticas públicas mucho más contundentes contra la pobreza y las desigualdades. Como acertadamente ha subrayado recientemente el Presidente de los Estados Unidos Barack Obama, la lucha contra las desigualdades será uno de los principales retos de los países avanzados durante los próximos lustros. En España y en Cataluña, la reducción del paro es una condición sine qua non para disminuir la pobreza y las desigualdades, pero también es imprescindible una profunda reforma fiscal que, sin subir necesariamente los tipos impositivos de las principales figuras tributarias, consiga incrementar los ingresos públicos (que en España son de los más bajos de la UE en relación al PIB), a la vez que incremente la progresividad efectiva del sistema, eliminando los abundantes beneficios fiscales de carácter regresivo y los numerosos mecanismos de elusión fiscal accesibles solamente para las grandes empresas y las personas con elevados niveles de renta y riqueza, y reforzar de verdad la lucha contra el fraude fiscal con reformas legislativas pero también aumentando los recursos destinados a la gestión tributaria –España solamente dedica el 0,1% del PIB mientras que los grandes países de la UE dedican el 0,5%–.

Quisiera hacer aquí un breve inciso respecto a los presupuestos de la Generalitat de 2015 que el Gobierno de CiU (con el apoyo de ERC) nos ha presentado y que me parecen profundamente insatisfactorios: por ejemplo, desde 2010 acumulan recortes en el Estado del bienestar (salud, educación y políticas sociales) superiores al 20% en términos reales y reducen las políticas de apoyo a la economía, ya sea en el ámbito de la industria o la innovación. En este último ámbito, el recorte es del 90%, hemos pasado de dedicar en 2010 199 millones de euros a dedicar este año 21 millones de euros.

Asimismo, se presentan unos presupuestos que no palían la emergencia social provocada por la austeridad y la crisis, y que al mismo tiempo tampoco dedican recursos al relanzamiento de la economía. Se hace difícil, con estos datos, ver cuáles son las prioridades del Gobierno, más allá de generar estructuras de Estado, mientras el estado de nuestras estructuras es hoy más que deficiente.

Mención aparte merece el hecho insólito de que las cifras de ingresos de los presupuestos presentados en el Parlament de Catalunya son significativamente diferentes respecto a la información remitida al Ministerio de Hacienda y a la Comisión Europea. En concreto, 2.183 millones de euros de ingresos que en Cataluña se presentan como deuda del Estado que se pagará en 2015 desaparecen en el Plan Económico Financiero enviado a Madrid mutando en 1.430 millones de euros de concesiones administrativas, 58 millones de euros por compensación del impuesto sobre depósitos de entidades financieras y 167 millones de euros de privatizaciones adicionales a las previstas. En cualquier caso, más allá del gravísimo desprecio al Parlament de Catalunya y a los ciudadanos que este hecho representa, la economía catalana no se puede permitir un gobierno poco riguroso y poco serio que juega al escondite con un volumen de fondo equivalente al 10% de los ingresos públicos de la Generalitat o al 1% del PIB anual de Cataluña.

En tercer lugar, hay que hacer una apuesta decidida por la industria en Cataluña sin olvidar el fomento de empresas agroalimentarias y de servicios. Cataluña tiene un fecundo pasado industrial y no podemos renunciar a él. En el futuro el sector industrial debe continuar teniendo un peso importante en la economía catalana. Hay que dotarlo de capacidad para competir en condiciones ventajosas en los mercados internacionales. Eso quiere decir una apuesta decidida por la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i) tanto en nuevos sectores, como pueden ser la biotecnología y la biomedicina, la cultura y el audiovisual, como en sectores maduros, como, por ejemplo, el agroalimentario o el automóvil.

Necesitamos un sector empresarial capaz de competir con las empresas de referencia mundial, y eso quiere decir competir en valor añadido y en calidad, no competir en costes como en el pasado. Por tanto, es momento de recuperar y aumentar los niveles de inversión en I+D+i. Tanto la realizada desde el Gobierno de la Generalitat de Cataluña, que como ya he señalado ha padecido fortísimos recortes en los últimos años, como la realizada mediante la colaboración público-privada. Y también será esencial recuperar las medidas de estímulo a la inversión empresarial en general y que el Gobierno de la Generalitat ponga en marcha de una vez por todas, tal y como se comprometió a hacer, el pacto Más Industria (firmado por el gobierno, patronal, sindicatos, universidades y colegios profesionales en 2012 y que incluía 138 medidas) y, en concreto, aquellos acuerdos relacionados con:

  • La priorización por parte de la Generalitat de sus líneas crediticias e inversoras en el fomento de la actividad productiva para aportar liquidez a las empresas.
  • Los incentivos públicos para la transferencia de conocimiento entre centros tecnológicos y empresas; el impulso del sector público como tractor de innovación empresarial; y la creación de mecanismos para favorecer el mecenazgo privado de actividades de I+D+i.
  • El apoyo público y el acompañamiento a la internacionalización de las empresas catalanas.

En cuarto lugar, hay que incrementar el apoyo a las pequeñas y medianas empresas, los emprendedores y los autónomos faltos de crédito, de apoyo público y de estabilidad institucional, especialmente si tenemos en cuenta que el nuestro es un país con un peso relativo muy importante de PYMES y micro PYMES, que también son generadoras de riqueza y de puestos de trabajo. En este sentido, habría que repensar el papel del Instituto Catalán de Finanzas (ICF) como banco público catalán para dar apoyo sobre todo a las PYMES catalanas, contribuyendo a romper el círculo vicioso causado por las severas restricciones de crédito.

Y, en relación a los problemas de liquidez de muchas empresas, que a menudo se convierten en problemas de solvencia letales, es urgente, también, afrontar el problema de la morosidad y ser estrictos en el cumplimiento de la ley tanto entre el sector público, como entre público y privado. Hay que afrontar los cambios en el sistema que sean necesarios para evitar que las dificultades económicas de las administraciones públicas las acabe padeciendo el sector productivo.

En este sentido, creo que es perentoria una revisión del sistema de financiación autonómica que, además de consagrar nuevos principios como la ordinalidad o una auténtica corresponsabilidad fiscal, permitiera liquidar una parte de la deuda de las Comunidades Autónomas, que sería asumida por el Gobierno español mediante una quita de la deuda pública de las Comunidades generada en los últimos años con el gobierno español. Recientemente, el gobierno español ha dado un primer paso en esta dirección que hay que celebrar, pero que es insuficiente.

En el pasado, todas las revisiones de los sucesivos modelos aseguraban que cuando entraba en vigor un nuevo sistema de financiación todas las Comunidades Autónomas disponían de más recursos públicos que con el sistema anterior. Eso facilitaba muchos las negociaciones y el acuerdo, pero con la coyuntura económica actual el margen fiscal del Gobierno español es tan estrecho que esto no parece posible.

Esta quita equivaldría, pues, a este incremento de recursos que ahora no se pude producir y, así, todas las Comunidades Autónomas saldrían ganando porque pasarían a tener una situación financiera más saneada, rebajarían todavía más su gasto en concepto de pago de intereses de la deuda y, de paso, se corregiría parcialmente la gran injusticia que en los últimos años ha representado la muy desequilibrada distribución de los objetivos de déficit público entre la Administración central y las CCAA en perjuicio de éstas.

Por otro lado, es imprescindible que nuestro sistema productivo aproveche al máximo todo el talento del que Cataluña dispone. Es altamente ineficiente la fuga de talento que en los últimos años se está produciendo en nuestro país, porque invertimos como sociedad en la creación de un talento –a través de un sistema educativo y universitario de calidad– que después se desarrolla fuera por nuestra incapacidad de retenerlo. Por tanto, hay que promover planes para evitar la emigración obligatoria de miles de jóvenes y para favorecer el regreso de los que ya han marchado.

En sexto lugar, hay que plantear de manera seria el impulso de la transición energética verde, incorporando criterios ecológicos y de sostenibilidad en las políticas públicas, al mismo tiempo que se potencian energías alternativas a los combustibles de origen fósil, y se fomenta la creación de parques de energía y la vinculación de las inversiones urbanas a las energías renovables.

Estas son, a grandes rasgos, las propuestas de los socialistas de Cataluña para el futuro económico de nuestro país. Las que marcarán nuestro programa electoral para las nuevas elecciones anticipadas del próximo mes de septiembre.

Un avance electoral que, como sabrán, no compartimos porque añade incertidumbre política y ocho meses de interinidad al ya convulso panorama político catalán. Y hoy Cataluña necesita estabilidad política e institucional, y un compromiso firme del gobierno con el estímulo económico y el apoyo a las empresas. Un gobierno que tenga la cabeza en lo que es esencial, que elabore y despliegue unos presupuestos rigurosos y que no amplifique cuestiones que pueden hacer daño a nuestra economía. Y que sea capaz, por ejemplo, de reaccionar a datos tan preocupantes como la caída de la inversión extranjera en Cataluña durante los primeros 9 meses de 2014.

Cataluña necesita un gobierno centrado en lo que es imprescindible y urgente: la situación económica y social, a la vez que dispuesto a resolver el principal problema político que tenemos: el encaje de Cataluña en España a través de la única vía posible: el diálogo, la negociación y el pacto.

Respecto a esta cuestión y a la hoja de ruta (por decirlo de alguna manera porque todavía no conocemos muchos aspectos substantivos) marcada por CiU y ERC, quisiera hacer algunos apuntes breves y, como les decía, si quieren podemos abordar más a fondo después:

  1. Creo que la hoja de ruta Mas-Junqueras no sirve más que para esconder los fracasos de Mas (pacto fiscal, reducir el paro a la mitad, consulta vinculante el 9N y lista conjunta para unas elecciones de carácter plebiscitario).
  2. Unas elecciones autonómicas no son un referéndum sobre la independencia.
  3. Quieren conseguir una mayoría absoluta independentista en el Parlament que ya tienen y quieren hacer una declaración de soberanía en el Parlament que ya hicieron a principios de 2013 y que el TC anuló.

Por tanto, tengo la convicción de que el President Mas, CiU y ERC van lanzando propuestas y van haciendo huidas hacia adelante que no nos llevan a ningún lugar y que únicamente sirven para liar la madeja, para hacer un ruido constante que no aporta ninguna solución al problema y que, además, aleja de los focos cuestiones esenciales hoy en Cataluña, como el paro, las grandes desigualdades o la consolidación de la incipiente recuperación económica.

Frente a todo esto, los socialistas proponemos, como les decía, que la única salida es el diálogo, la negociación y el pacto. Y, en concreto, proponemos una reforma federal de la Constitución, un nuevo acuerdo entre Cataluña y el resto de España que pueda ser votado por todos.

Para alcanzarlo necesitamos unos gobiernos distintos en Cataluña y en España. Espero que los tengamos muy pronto.

Muchas gracias.

Intervención en el Consell Nacional del PSC

Discurs del primer secretari del PSC, Miquel Iceta, davant del Consell Nacional del PSC

Dissabte 24 de gener de 2015

Bon dia companyes i companys,

Hi ha tantes coses sobre les que hauríem de debatre que es fa difícil tirar-les i fins i tot saber per on començar. Fets tant importants com els atemptats de París, pel que suposen de menyspreu a la vida i les llibertats, pel que suposen de recordatori de la greu ferida causada pels països occidentals a l’Orient Mitjà, ens haurien de moure a una reflexió molt profunda. Jo no sé per què encara Aznar s’atreveix a sortir a dir el que s’hauria de fer: perquè aquells que van portar la guerra allà dient que portaven la pau, no han portat la pau allà i en canvi ens han portat la guerra aquí. Qüestions tan importants com les eleccions a Grècia que se celebraran demà i les seves conseqüències. Un debat que hauríem de fer sobre les mesures de la UE, un pla que hem saludat en la mesura que pot ajudar a revitalitzar les economies però que no és el que nosaltres sempre hem demanat, una veritable mutualització del deute que implicaria avançar cap a l’Europa federal que volem.

Fa molt de temps em vaig comprometre amb la diputada Eva Granados a que sempre començaria igual les meves intervencions, dient que el principal problema del nostre país és l’atur i l’increment de les desigualtats, la precarietat i la pobresa. I si alguna cosa ens ha de definir i obsessionar als socialistes és una aferrissada batalla per la igualtat. En aquest sentit vull cridar-vos l’atenció per l’aparició del Segon Informe Social de la Fundació Rafael Campalans. Gràcies al president Montilla, nou president de la Fundació, per donar l’impuls a aquest Segon Informe Social. L’heu de llegir, conèixer i complementar. Cada dia tenim exemples més colpidors de la situació social en tots els terrenys. L’altre dia vaig estar a Mataró i a part de veure’ns amb els companys del partit vaig fer una visita a l’Hospital de Mataró, al Consorci Sanitari del Maresme. I em van dir que fa anys que al pressupost de l’hospital la partida pel fons d’amortització és zero, el que vol dir que quan calgui canviar els aparells o reparar-los aquell hospital no ho podrà fer. Parlant amb el comitè d’empresa de l’Hospital de Mataró m’explicaven la diferència entre que els talls d’un TAC siguin de 3 mm. o d’1 mm. Que pot ser la diferència entre la vida i la mort, d’això estem parlant. I que consti que no estic criticant un govern, estic criticant unes prioritats i una societat que potser encara no és prou conscient que s’està jugant el present i el futur amb opcions de vegades molt equivocades.

També vam veure’ns amb la gent de la Creu Roja que és avui probablement primera organització no governamental dedicada a temes de pobresa, i que ens expliquen dades esfereïdores. L’any passat 18.000 tones d’aliments repartits directament per la Creu Roja. Un exemple, a Igualada 300 nens reben suport alimentari de la Creu Roja, i només hi ha 20 beques menjador em diu Eva Granados. D’això estem parlant. I se’n hauria de parlar més. De l’Informe Social de la Fundació Rafael Campalans 2014 us dono només cinc dades:

  • A Catalunya hi ha 756.500 persones en atur, el 19,8% de la població activa
  • Tenim tres milions de persones amb feina, però tot i així més de mig milió d’aquests treballadors estan en risc de pobresa
  • La taxa d’activitat i la taxa d’ocupació dels homes continua sent deu punts més alta que la de les dones
  • La pobresa infantil se situa a Catalunya 11 punts per sobre la mitjana europea, i això ens parla de pobresa de les famílies que es projecta sobre els que no poden fer-hi res, els nens i nenes
  • Unes 320.000 famílies catalanes declaren que no poden mantenir el seu habitatge a la temperatura adequada, que passen fred.

He volgut començar per aquí no només per complir el compromís de situar l’agenda social en el primer punt sinó perquè la gravetat dels problemes als que ens enfrontem és molt profunda. Estem parlant d’un país, el nostre, pròsper, que s’ha incorporat a la UE. És un dels primers països del món en què persisteixen i s’incrementen desigualtats d’aquest calibre. Si la política perd de vista aquesta realitat perd absolutament el sentit.

Hi ha molta gent preocupada per les enquestes i la ràbia social que expressen, ens hauria de preocupar que és una ràbia plenament justificada. Ens diu tothom: davant una situació com aquesta hi ha tres aliats o pal·liatius: la família, els ajuntaments –els que no s’amaguen, els que no es poden amagar-, el tercer són les ONGs, les entitats del tercer sector i solidàries. La gent de Creu Roja ens explicava que dins els programes que estan fent van acordar amb alguns supermercats distribuir una espècie de tarja de crèdit perquè la gent pugui comprar directament els aliments. El primer dia va caure el sistema informàtic i en un supermercat va passar una cosa que demostra que l’esperança és ben viva: les caixeres decideixen elles avançar els diners. Caixeres de supermercat, que tenen el salari que tenen, van decidir que no li deien a la gent que tornessin un altre dia: això ens ha de moure a la reflexió, a l’acció i també a la ràbia i a la indignació si convé. Si algun sentit té aquest partit és lluitar contra la justícia social, i mentre es produeixin injustícies d’aquest tipus en aquest país parlar d’altres coses fa enrojolar. Però hem de parlar també d’altres coses.

La situació política catalana

Hem de fer un esforç tots plegats de sinceritat, de dir a les coses com són i com les veiem. Nosaltres no tenim, crec, vocació d’il·luminats, no som una gent que pensi que estem en possessió de la veritat absoluta, ni que la resta estan equivocats en tot, però hi ha coses que són veritat i s’han de dir! La veritat és poc dita i escoltada en el nostre país.

Primera veritat: hem perdut quatre anys miserablement, quina nova competència, recurs o projecte s’ha produït a Catalunya en aquests quatre anys? Cap. Hem viscut una successió de fracassos d’un Govern, el seu president i la seva estratègia, sempre emmascarada de fugides endavant. Van començar dient que volien un pacte fiscal, i la reivindicació va durar 24 hores; després una consulta que ens havia de garantir un accés ràpid al paradís, i tampoc va anar així; després es volia una llista conjunta CiU-ERC per intentar convertir unes eleccions en plebiscitàries… Les coses no els surten bé i no per casualitat, no perquè el president Mas no sigui un bon gestor, sinó perquè la seva estratègia és absolutament equivocada.

Lamentablement davant cada nou fracàs, es produeix una nova fugida endavant. I ara tenim un nou full de ruta que, per ser moderat, diré que és fantasiós, il·lusori. Sembla que a més no està acordat: molta reunió, cimeres a Palau, whatsapps que venen i van, cares de pomes agres.. aquest full de ruta és més un “kleenex” que un full de ruta. Primer, eleccions el 27 de setembre. I cal seguir dient la veritat: unes eleccions no poden substituir un referèndum. Blanc no és negre, ou no és castanya, eleccions no són referèndum. S’esveren molt quan ho diem, però algú ho ha de dir. No es pot substituir un referèndum per unes eleccions.

Per cert, tot aquest enrenou d’aquest darrer any era el dret a decidir, ha desaparegut, i mira que havia de marcar un gran tombant. Hi havia un Pacte Nacional pel Dret a Decidir, ja no el tornen a reunir. Es va crear una Comissió d’Estudi al Parlament que no ha estat cridada a establir les seves conclusions… Això del dret a decidir es va utilitzar com un espantall, en castellà engañabobos… Nosaltres hem patit una divisió interna per això… I que consti que nosaltres volem decidir una nova relació amb Espanya i que tenim un camí per fer-ho a través d’una reforma constitucional. Però els que feien del dret a decidir el nord i guia de la política catalana ja l’han abandonat i ens haurien d’explicar per què hi han renunciat. Potser perquè no s’atreveixen a dir que la consulta només pot ser legal i acordada, com hem dit sempre els socialistes.

Ara ens diuen que el primer que farem és una declaració de sobirania, però no en vam fer una el gener de 2013? Que no sabem com va acabar? Sembla que ara en farem una altra. Després parlen d’elaborar un eventual text constitucional, sí tal com sona “una eventual Constitució”, després diuen que faran uns quants actes de sobirania i alguna estructura d’estat. I finalment un dubte: o referèndum i eleccions o eleccions i referèndum. Unes noves eleccions anticipades… Estem en una nòria que gira, hi ha dies que més ràpid i dies que més lent, però la nòria sempre està al mateix lloc, no es mou.

He començat parlant dels greus problemes socials del nostre país. Nosaltres no tenim cap por a les estructures d’estat, però potser que ens comencem a mirar l’estat de les estructures. Potser abans d’obrir una oficina a Viena ampliem l’horari del servei d’hemodinàmica de l’Hospital de Tarragona, és un problema de prioritats i voluntat política. I per molt que s’enfadin ho seguirem dient. Perquè tot plegat és un cuento chino, i li hem de dir a la gent amb tot el respecte. Hi ha molta gent que havia vist en aquest procés una palanca de canvi, la forma de construir un país millor, i no ens han de veure com adversaris, som uns aliats. Però tenim la obligació precisament per això d’assenyalar els enganys, ja n’hi ha prou de frustracions.

En Mas va proposar 23 punts que s’havien de negociar amb el Govern d’Espanya, els ha abandonat, també ha renunciat a renegociar el model de finançament. Estem on érem però una mica pitjor, més desanimats, més escèptics, hem perdut forces i energies que aplicades de forma sensata haurien donat un altre resultat.

Si no s’havien de convocar eleccions ara, per què no esperar al final de la legislatura, a un canvi de correlació de forces a nivell de l’Estat? No hi ha resposta. Però segueixen tenint capacitat per capgirar les coses, ara volen una administració electoral i ens acusen als socialistes d’estar-hi en contra. No és veritat. Els socialistes volem una llei electoral amb tots els ets i uts, però no volem que a la gent se l’enganyi. I ara diuen que és molt complicada de fer, però volen fer una Constitució en 10 mesos, per fer la llei electoral en tenim 6, i no seria eventual.

Ara recordo, veig Raimon Obiols aquí, que utilitzava una expressió fa molt de temps quan acusava alguns polítics de venedors de safrà, que era la gent que venia fum. Doncs, el 27 de setembre: fum, fum, fum, ho sap tothom. Però nosaltres tenim la obligació de dir la veritat, el que veiem, el que pensem, amb un somriure, sense posar cara de pomes agres. Prou enganys.

Un altre engany d’aquesta setmana mateix: s’està aprovant al Parlament un Pressupost, i un diari ens descobreix que el que s’està votant no són les xifres que s’han enviat al Ministeri d’Hisenda, hi ha una petita discrepància de 2.183M€. Què vol dir? Que li tenim més respecte al Montoro que al Parlament de Catalunya? Que no ens atrevim a enganyar al Montoro i podem enganyar els catalans? Això vol dir?

Per tant, prou, seguirem treballant en aquests mesos que diuen que queden perquè jo tampoc apostaria que hi haurà eleccions el 27 de setembre per si de cas. Però sembla que s’ha aclarit una mica el calendari. I això implica unes certes prioritats que hem d’afrontar i hem d’afrontar posant tota la carn a la graella.

Eleccions municipals

Avui aprovarem 104 caps de llista a les eleccions municipals; hem de preparar les millors candidatures i presentar-les. Ahir vaig ser a Sant Pere de Ribes, amb Abigail Garrido, magnífica candidata, gent que parla d’allò que realment importa, d’ajudar a que la gent pugui viure millor.

Les eleccions municipals són un moment molt important no només per elles mateixes, ho són també per obrir el partit, per anar a buscar la gent que creiem que hauria d’estar amb nosaltres, que ens sentiríem honorats si estiguessin amb nosaltres, perquè és gent que aporta, que té idees, que està compromesa…. Us demano: no és només un problema de fer llistes, de guanyar les eleccions, també ho és d’aprofitar la connexió estretíssima entre eleccions municipals, la realitat ciutadana i associativa perquè el partit s’obri, s’ampliï, es renovi, es transformi i canviï. No hi ha millor aportació a la victòria electoral que demostrar que el PSC no es considera una cosa acabada, tancada i ja decidida del tot. Nosaltres som i serem sempre un projecte en construcció, un projecte de suma, d’agregació, un instrument al servei de les classes populars.

El PSC no és que hagi d’obrir les portes, és que no n’hauria de tenir. Hauríem d’utilitzar cada cop més l’expressió Socialistes de Catalunya, més que Partit dels Socialistes de Catalunya, perquè volem posar èmfasi en la importància de la gent, en la importància de les persones, no en la del partit com a organització que és només un instrument. Volem que tots els socialistes de Catalunya que són moltíssims sàpiguen que si ho volen el PSC és casa seva, que poden venir a fer el que els hi plagui amb nosaltres i que volem fer-ho amb ells allà on calgui, també en la pròpia acció social.

És una situació excepcional i haurem de fer coses excepcionals. I avui un demanem l’autorització de convidar a les reunions de l’Executiva a en Josep Masdeu, que és secretari de Política Municipal de la Federació del Camp de Tarragona i a en Roman Ruiz que és el primer secretari del Vallès Oriental. Creiem que ens convé enfortir el paper de l’Executiva en la dinamització de les eleccions municipals i per això volem enfortir-la.

Primàries

Les farem el 26 de juliol, revisarem el reglament a la llum de l’experiència que hem anat tenint, però us demano ens oblidem del tema fins el 24 maig. Tenim un primer secretari que ja ha dit que s’hi presentarà, si convé també a les de l’any vinent que ja diuen que n’hi haurà unes altres… Que ningú no passi ànsia: mentre jo hi sigui la bandera s’aixecarà cada dia, i quan haguem de fer la tria ja la farem. Això que us comento convindria que el nostre partit germà també ho practiqués. Tenim un secretari general elegit pel vot dels militants, bona relació amb el PSC, que està demostrant que hi ha una esperança a Espanya del canvi polític, que té i tindrà tot el nostre suport.

Eleccions al Parlament

La campanya començarà el dia de la Diada, anunciar-ho amb tant de temps ens fa córrer el risc, de fet crec que ja hi som, de convertir els 9 mesos en una campanya electoral. En un país amb tantes eleccions, si a més les campanyes duren 9 mesos… Qui s’ocupa del Govern? Desastre absolut.

Però en fi, això ens dona un temps, un temps per construir una alternativa programàtica i social. Per cercar complicitats. Per això feia tant d’èmfasi quan parlava de les municipals en l’oportunitat d’eixamplar el nostre espai tot el que puguem. Les eleccions municipals les hem d’abordar amb l’esperit unitari que sempre ha caracteritzat al PSC. El PSC vol que hi hagi el màxim nombre de candidatures socialistes i progressistes. Vol governs d’esquerres i això vol dir, si se’m permet l’expressió, sortir a lligar. Tothom que vulgui treballar pel seu poble i que vol que hi hagi una alternativa progressista en el seu municipi ha de trobar en el PSC una interlocució, una disposició, unes ganes. Hem de sortir a lligar, i lligarem.

És important que l’esperit unitari del partit, de suma, de col·laboració, es manifesti sempre, i això té a veure amb els noms de les candidatures, de les coalicions que es puguin establir. Jo només us demano una cosa: no perdem el sentit comú, el seny, la intel·ligència. Les eleccions municipals tenen derivades, en els consells comarcals, en les diputacions, per tant, que totes aquestes operacions de suma, siguin a ser possible també de multiplicació.

Hem de cercar complicitats. Nosaltres volem construir l’alternativa, els amics d’ERC sembla que hi hagin renunciat amb la seva relació amb Convergència; no sembla que vulguin substituir CiU, nosaltres sí, volem construir una etapa nova, amb un nou govern, amb nou president, una nova estratègia, un nou contingut. Fixant objectius viables:

  1. Rellançar economia i crear ocupació
  2. Protegir l’Estat del Benestar
  3. Regenerar la democràcia
  4. Cercar un nou acord amb la resta d’Espanya que ens permeti votar

Perquè sense acord no passarà, només podem fer-ho per aquesta via, no hi ha dreceres, ho hem pogut comprovar el 9 de novembre. Per tant nosaltres, quan proposarem el nostre projecte de reforma constitucional també li hem de dir a la gent que té un sentit per la pròpia reforma de l’Estat, que ens convé a tots els espanyols, si volem assumir noves cotes de progrés i igualtat.

Eleccions general

No conec personalment el president Rajoy, però si no m’equivoco ell anirà a les eleccions al darrer moment possible, quan no li quedi més remei. Ens podem trobar que les generals siguin al febrer del 2016, tant tard com pugui, però l’objectiu és el mateix: hem de proporcionar una alternativa al PP a partir d’una victòria socialista per reformar l’Estat i capgirar les polítiques econòmiques i socials.

Desde Cataluña los socialistas catalanes queremos contribuir a ese cambio en España, un cambio necesario por higiene democrática.

Acaba de salir de la cárcel el tercer tesorero del PP, y dice que efectivamente el PP tenia una caja B, con una sinceridad tremenda: “si fuera mía, me la habría llevado”. Uno tiende a creérselo. Y además nos dice que Rajoy lo sabia. Le pedimos al presidente del Gobierno que por dignidad democrática explique lo que no ha querido explicar hasta ahora y que por dignidad democratica lo haga donde toca, en sede parlamentaria, en el Congreso de los Diputados, donde se le pueda preguntar y no en una pantalla de plasma en una rueda de prensa sin preguntas.

Mariano Rajoy le dio a Bárcenas un consejo: “sé fuerte”. Yo se lo devolvería, “Mariano, sé fuerte y explica la verdad”.

El PP nos está poniendo las cosas relativamente fáciles, porque en momentos de dificultad sacan su verdad, por eso necesitan que vuelva José María Aznar a insuflar ánimos. Preguntó “pero dónde vais, queréis ganar las elecciones?” una pregunta muy terrible a un partido que gobierna con mayoría absoluta. Fallo típico de quien nos dice sin querer lo que quiere de verdad. Quieren volver atrás, quieren volver al año 96 y nosotros no les vamos a dejar. Y Rajoy atrapado entre Bárcenas y Aznar difícilmente puede ser quien saque a España de la crisis, quien haga progresar al país y quien nos ayude a resolver un problema que existe entre Cataluña y España a través del dialogo la negociación y el pacto.

Congrés obert del PSC

El nostre partit ha de treure forces d’on sigui per abordar una crisi molt profunda que hi ha al nostre país: una crisi democràtica, econòmica, social, nacional… No podrem ser un bon instrument per resoldre-la si no ens transformem i demostrem que estem a l’alçada de les circumstàncies. Qui no arrisca no pisca. I al PSC li ha arribat l’hora d’arriscar, d’afrontar processos electorals i la seva renovació interna tot a l’hora. Si la gent ens veu amb ganes d’obrir-nos, de renovar-nos i transformar-nos, la gent podrà confiar en nosaltres. No podem deixar de banda la feina de reconstruir el nostre projecte polític.

Per això hem llançat la iniciativa de fer un Congrés obert. Les nostres circumstància són de tot menys normals. Si volem fer un bon congrés hem de començar amb més temps que de costum i fer-ho de tal manera que totes aquelles persones que vulguin aportar coses encara que sigui per assenyalar errors, són benvingudes, és un favor que ens fan, són persones que en el fons ens aprecien el suficient per assenyalar-nos una mancança o una possibilitat que no havíem vist i fer-nos així més forts, eficaços i atractius.

Volem demanar ajuda, col·laboració, volem convidar al retrobament, ens volem organitzar bé per plantar cara a un sistema injust, perquè volem canviar les coses.

És molt important comptar amb la gent. Recordeu l’eslògan del nostre Congrés d’Unitat? ‘Unitat socialista ,força del poble’, jo ara us dic sque ense la força del poble no hi haurà projecte socialista. Hem d’acceptar les crítiques i aportacions i això s’ha d’organitzar a nivell local, sectorial, nacional… hem estat sempre un partit de suma.

El nostre partit té un capital polític de suma… Fa temps parlant amb Raimon Obiols em va dir, no hem fet res per recordar la figura de Joan Cornudella. Va ser diputat nostre, va ser un home que va ser secretari general d’Estat Català, fundador de Front Nacional de Catalunya, resistent antifranquista durant 40 anys i va mantenir flama de la reivindicació independentista des de l’esquerra i el socialisme, un socialisme que volia autogestionari.

Quan va arribar el moment decisiu de la unitat socialista, Cornudella va renunciar a seguir liderant el seu partit perquè volia un gran partit socialista de Catalunya. També li van dir botifler, per cert, per optar per la unitat socialista.

Va fer una conferència al Col·legi d’Advocats per explicar la seva opció, i el diari Avui la va publicar sencera en dues pàgines, perquè veieu la importància que tenia aquesta persona, la seva trajectòria i la seva opció.

Us parlava del PSC com a suma, sempre, fins i tot en moments complicats, jo us demano que no perdem mai aquesta dimensió del partit com a instrument, com a plataforma de suma i palanca de transformació i canvi social que requereix de la força de la ciutadania per ser útils i aconseguir canviar les coses.

No hi haurà millor manera de preparar les eleccions que dir-li a la gent: som conscients dels nostres errors, de les coses que ens manquen, de la necessitat d’obrir-nos a tota aquella gent que ho vulgui. No només als que es vulguin afegir, als que vulguin participar, encara que no vulguin ingressar al partit, si volen parlar amb nosaltres, si volen col·laborar amb nosaltres han de poder fer-ho sense restriccions. Per la causa del socialisme, per la causa de Catalunya, el PSC vol escoltar i parlar amb tothom que vulgui. I per això hem de fer un congrés obert.

A nivell nacional ho farem en un acte el dia 7, serà un petit símbol. Obrir-nos vol dir anar a Sant Pere de Ribes, i parlar amb els qui no són del PSC però que són progressistes i de vegades ens han votat, convidar-los per escoltar-los, i si en alguns llocs la gent que vol parlar es vol organitzar i fer una associació ciutadana, reconèixer la seva realitat.

I després haurem de fer una segona fase del Congrés, la formal, que no serà la mateixa. Serem més, tindrem millors idees, perquè ens haurem compromès tant al diàleg amb tanta gent que potser no són del PSC ,que al Congrés haurem de decidir com els associem a la causa del socialisme i de la llibertat de Catalunya, i haurem de demostrar que nosaltres enlloc de ser una frontera som una passarel·la, una avinguda el més àmplia possible

Recuperem el sentit de la creació del partit i el millor de la seva tradició.

Coses que hem de parlar en el Congrés:

  1. Substituir les polítiques d’austeritat
  2. Impulsar un programa de rescat social
  3. Defensar l’Estat del Benestar
  4. Defensar l’escola pública i la cultura
  5. Defensar la sanitat pública, perquè estem arribant al punt de no retorn de desballestament, i això s’ha d’aturar d’immediat
  6. Hem de parlar de sostenibilitat, de la responsabilitat, de la idea de comunitat, que estem en contra del malbaratament, de l’egoisme, del consumisme, que som un projecte polític que portador dels valors de llibertat, igualtat, justícia i solidaritat. Un projecte de canvi social.
  7. Per un gir europeista per l’Europa dels ciutadans
  8. Revitalitzar la democràcia
  9. Administració transparent, corrupció zero
  10. Un nou acord amb la resta d’Espanya

Els debats no es produeixen aïllats de la realitat ni en abstracte. No hi ha millor laboratori d’idees que la pròpia societat i la pràctica social. Les lluites que s’estan produint per recuperar allò que els socialistes vam contribuir a construir en forma d’Estat del Benestar són les nostres lluites, hem de ser-hi presents.

Hem d’estrènyer els nostres llaços amb els sindicats i el moviment associatiu progressista, hem de millorar la nostra relació en els altres partits d’esquerres, perquè caldrà fer una aliança en favor de les polítiques socials i caldrà anar preparant la futura entesa catalana pel canvi que faci possible un govern d’esquerres a Catalunya. I aquest esforç ha de començar ara.

Les idees, les complicitats i la suma s’ha de produir des de la base, perquè no ens torni a passar el que ens va passar amb el tripartit; defensem el que vam fer, defensem la seva gestió, però reconeguem que va ser una aliança entre partits, entre les cúpules dels partits, entre els diputats; nosaltres no volem això ara, perquè si volem transformar les coses s’ha de forjar l’acord des de la base, hi ha d’haver una base social que obligui a ser fidel a un programa i a ser fidel als objectius de transformació social. Les victòries electorals arribaran si s’han treballat abans.

Estic convençut que hi ha una majoria social del nostre país que comparteix amb nosaltres valors i objectius; molts no ens voten ara o potser no ens han votat mai, però són una majoria els que volem societat plenament democràtica i respectuosa de totes les idees, som majoria els que volem defensar la identitat nacional de Catalunya i el seu autogovern, som majoria els que volem una economia al servei de les persones, som majoria els que volem la sostenibilitat, el dret al paisatge, el gaudi del medi ambient i preservar-lo per a les generacions futures, som majoria els que volem un sistema d’escola pública potent, som majoria els que volem un sistema de salut pública que funcioni.

Jo us demano que aquesta majoria social que existeix és es pugui anar articulant a través del PSC però també a través d’altres en una majoria política capaç de capgirar de forma definitiva una orientació política, econòmica i social molt perjudicial pels interessos dels catalans.

Moltes gràcies.

Cataluña 2015. El cambio que necesitamos

“CATALUÑA 2015. EL CAMBIO QUE NECESITAMOS”

Intervención de Miquel Iceta

Museo Marítimo, Barcelona, 10 de diciembre de 2014

Muy buenas tardes, señoras y señores, amigas y amigos.

Quiero agradecer de todo corazón vuestra presencia en un acto que en que compartiré con vosotros y, a través de los medios de comunicación, con los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña, mis reflexiones sobre el actual momento político y sobre las prioridades que deberían guiar la actuación de los dirigentes políticos y de los poderes públicos en los próximos años.

Comienzo con una primera afirmación rotunda.

Sin menospreciar el problema de las relaciones entre Cataluña y el resto de España, que es grave, el principal problema de nuestro país es en estos momentos el desempleo masivo, el fortísimo incremento de las desigualdades y de la pobreza, y la falta de oportunidades, especialmente para los más jóvenes y los parados de larga duración.

Este es el problema más importante de Cataluña y no es precisamente del que más se habla.

Es más, a veces parece totalmente ausente. Y esto no puede seguir así. Si no hablamos de los problemas, los problemas no desaparecen. Siguen y se agravan. Si no hablamos de los problemas de la gente, la ciudadanía cree con razón que la política sirve de muy poco.

Y este es el primero de los cambios que necesitamos: orientar la acción de gobierno y el debate político a la resolución de los problemas de la ciudadanía.

El segundo de los cambios es levantar un poco la vista.

El monotema y la obsesiva observación de nuestro ombligo tienden a marearnos y, sobre todo, nos privan de captar la realidad en todas sus dimensiones.

Realmente, es difícil encontrar en las últimas décadas otra etapa histórica como la actual teñida de tantos retos, de tantas incertidumbres políticas, económicas y sociales, en Cataluña, en España, en Europa y en el resto del mundo.

El mundo está cambiando. Mucho y muy rápidamente. Parece que se está gestando uno de aquellos cambios de paradigma político y económico que se producen cada muchos años.

Idealmente y de manera resumida, la nueva arquitectura política e institucional resultante de este profundo cambio debería:

  1. Mejorar la gobernabilidad del proceso de globalización económica mediante la eliminación de los paraísos fiscales, la corrección de la hipertrofia del sistema financiero o la obligación de que las empresas multinacionales paguen siempre sus impuestos allí donde se generan sus beneficios.
  2. Minimizar la probabilidad de que en el futuro se repitan crisis económicas y financieras tan destructivas como la que comenzó en el año 2007.
  3. Consolidar y culminar el proyecto de integración europea paliando sus déficits demográficos.

En todo el mundo, especialmente en los países avanzados, impresiona comprobar cómo la reflexión sobre estos formidables retos e incertidumbres ha desencadenado un alud de debates intelectuales y encendidas discusiones políticas.

Desgraciadamente, nuestro país, Cataluña, es una notoria excepción.

Lo ha escrito recientemente el profesor Antón Costas: “(…) hoy la política catalana está ensimismada. Como en la novela de Juan Marsé, está cerrada con un único juguete, ajena a estas transformaciones tecnológicas y económicas. Se repliega de manera proteccionista sobre sí misma”.

En mi opinión, este repliegue y la dedicación de tanta energía colectiva, política y mediática al proceso independentista está erosionando, poco a poco, pero de forma inexorable, la calidad de la política y de las instituciones catalanas.

A continuación, comentaré algunas de las ausencias más preocupantes en el debate público de nuestro país.

En Cataluña, por ejemplo, se habla poco o nada de la situación económica de Europa y de la posibilidad muy real de que nuestro continente caiga en una tercera recesión o se instale en un largo período de estancamiento, escenario que contrasta, en este momento, con la recuperación económica de los EEUU.

Una tercera recesión tendría efectos devastadores sobre la población, sobre los sectores sociales más débiles, los excluidos, trabajadores y clases medias, y sobre el conjunto de nuestra economía.

La semana pasada, el Banco Central Europeo revisó a la baja las previsiones de crecimiento para 2014 y para 2015 en el conjunto del Área Euro; y su Presidente, Mario Draghi, agitó el temido fantasma de la deflación.

Bien sea por la falta de una unión fiscal, bien sea por un deficiente diseño institucional, lo cierto es que ni la vacilante política monetaria de expansión cuantitativa (Quantitative Easing) del Banco Central Europea ni el tímido “Plan Juncker” de estímulo fiscal conseguirán impulsar significativamente la actividad económica en Europa en el corto plazo. Claramente, la economía europea tiene graves problemas, tanto por el lado de la demanda como por el lado de la oferta, que los socialistas creemos que hay que abordar de manera muy audaz.

Permitidme una pequeña anécdota. La semana pasada fui a Bruselas para pronunciar una conferencia sobre la propuesta federal de los socialistas. Al final de la conferencia pude saludar a Ximo Puig, candidato socialista a la Presidencia de la Generalitat valenciana y, así lo espero, futuro presidente. Como era evidente que no había ido a Bruselas para asistir a mi conferencia le pregunté, “Ximo, y tú ¿qué haces aquí?” Y me respondió: “He venido a averiguar cómo afectará a los sectores económicos valencianos el Tratado Transatlántico entre la Unión Europea y los Estados Unidos y para ver qué tipo de proyectos pueden ajustarse mejor al Plan Juncker”. Me da la sensación de que el Gobierno de Cataluña hace demasiado tiempo que, por desgracia, no tiene en la cabeza estas cuestiones que son las que realmente importan.

Continúo, en Cataluña, por ejemplo, se habla poco o nada de las consecuencias geopolíticas y económicas, singularmente para la Unión Europea, del conflicto bélico en Ucrania y de la política exterior de la Rusia de Vladimir Putin.

Ahora quizás algunos que me escuchan pensarán, ¿qué dice este hombre? ¿Ucrania? ¿Rusia? Mirad, el otro día en Lleida en una reunión con el sector agroalimentario me comentaban la afectación del boicot comercial ruso a la fruta europea, pero esto no parece formar parte del debate público catalán.

El hecho es que la economía de Ucrania se encuentra al borde del abismo, con un descenso del PIB real del 10% este año, y solamente se evitará el colapso económico si Occidente aumenta significativamente su ayuda financiera en los próximos meses.

Bastante inquietante es, también, la situación de la economía rusa, castigada por la pronunciada bajada del precio del petróleo y las sanciones impuestas por la Unión Europea y los EEUU. Una recesión prolongada en Rusia y un hipotético default de la deuda rusa durante los próximos años podrían tener consecuencias imprevisibles, que con seguridad afectarían a Cataluña y al resto de España.

En Cataluña, por ejemplo, se habla poco o nada del imparable incremento de las desigualdades en la mayoría de los países del mundo. Hace meses, Oxfam anunció que las 85 personas más ricas del mundo poseen la misma riqueza que el 50% de la población mundial más pobre, es decir, que 3.500 millones de personas.

Y hace pocos días, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advertía que España es el país desarrollado en que más han crecido las desigualdades desde el inicio de la crisis económica, como consecuencia de la exorbitante escalada del desempleo. Y quien dice España, dice Cataluña.

Para revertir esta peligrosa tendencia, que está haciendo tambalearse los pilares sobre los que se edifica la legitimidad del sistema democrático, del “contrato social” y de la economía de mercado, en España y en Cataluña son imprescindibles dos cosas:

  • Crecimiento económico
  • Y una profunda reforma fiscal, como la que proponemos los socialistas, que aumente sustancialmente los ingresos públicos y la progresividad efectiva del sistema tributario.

En Cataluña, en fin, se habla poco o nada de las perspectivas económicas de nuestro país y del resto de España.

Después de un largo, injusto y doloroso proceso de ajuste macroeconómico, agudizado por la imposibilidad de devaluar la moneda como en el pasado, la economía se encuentra finalmente en condiciones de crecer nuevamente.

En efecto, hemos recuperado competitividad de manera significativa, tal y como lo demuestra la positiva evolución de las exportaciones; hemos pasado de un insostenible déficit de balanza de pagos por cuenta corriente equivalente al 10% del PIB a un ligero superávit, imprescindible para reducir el endeudamiento externo; y después de sucesivas reformas del Gobierno español, muchas decenas de miles de millones de euros de los contribuyentes inyectados en las entidades financieras y la decisiva actuación del BCE, tenemos un sistema bancario más saneado, que en los próximos meses debería rebajar (¡por fin!) la restricción financiera que ha estrangulado, mediante la reducción del crédito, a las familias y, sobre todo, a las empresas desde el año 2008.

Asimismo, la bajada de la prima de riesgo, la rebaja de más de 5.000 millones de euros de la factura energética que España paga como país fuertemente dependiente, inducida por la caída del precio del petróleo, y la depreciación del euro, son tres factores adicionales que contribuirán a impulsar la actividad económica de este año y de 2015.

Desde la perspectiva de las retribuciones a los trabajadores, considero que es muy probable que la recuperación de la competitividad de la economía española y catalana, llevada a cabo mediante el agudo proceso de devaluación interna, sugiere que la bajada de salarios ha tocado fondo.

En los próximos meses y años, por tanto, los salarios tienen que aumentar gradualmente, lo que, unido a la baja inflación y a la gradual reducción de la tasa de desempleo, hará que las familias dispongan de un poder adquisitivo apreciablemente más alto.

No obstante, haríamos bien en no olvidar que las exageradas y equivocadas políticas de austeridad a ultranza impuestas durante estos años por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, y aplicadas con devoción ideológica en nuestro país por los gobiernos del PP y de CiU, no sólo han prolongado la crisis económica, sino que han incrementado innecesariamente la pobreza, las desigualdades y el sufrimiento de las personas.

Por otro lado, conviene destacar que existen también elementos negativos que dificultarán que Cataluña y el resto de España consigan tasas de crecimiento como las anteriores a la crisis.

En primer lugar, la atonía económica de países como Alemania, y sobre todo, Francia e Italia, junto al riesgo de deflación en Europa, representa un freno importante.

En segundo lugar, a pesar de los apreciables avances en el proceso de desendeudamiento de la economía española, el stock de deuda pública y privada (incluyendo el del sistema financiero) continúa siendo inmenso: aproximadamente un 300% del PIB, es decir, unos 600.000 millones de euros en el caso de Cataluña; y esto inevitablemente constituye un pesado lastre para el consumo y la inversión de las familias, las empresas y el sector público.

Finalmente, hay que recordar que Cataluña y el resto de España afrontan, en las próximas décadas, un perfil demográfico muy adverso.

Una sola cifra es suficientemente elocuente de la magnitud del problema: algunos expertos nos alertan que, con los actuales criterios de elegibilidad, entre el año 2000 y el año 2040, el gasto público dedicado a los ciudadanos mayores de 60 años en los ámbitos de salud, pensiones y dependencia pasará del 12,6% del PIB ¡al 33,1% del PIB!

En este sentido, parece evidente que Cataluña y el resto de España tendrán que conseguir en los próximos años, de manera gradual, un nivel significativamente superior de ingresos públicos en relación al PIB, en línea con la media de la Unión Europea, caminando por tanto en dirección contraria a la última reforma fiscal del PP.

Convendría, en resumen, que de estas cuestiones se hablase un poco más en Cataluña si no queremos perder el tren del futuro.

Soy consciente de que este no es todavía el momento de presentar una propuesta electoral. Ya sabéis que los socialistas no compartimos el adelanto de las elecciones de 2012 y tampoco compartimos ahora un posible adelenato electoral que, por otro lado, parece que, más allá de la retórica épica y del ruido, solamente depende del acuerdo del President Mas y Oriol Junqueras sobre cómo tienen que hacer la lista o listas electorales.

Parece una broma pero no lo es.

Hace ya demasiado tiempo que los problemas reales de los catalanes y las catalanas no son los que guían la política. Y los políticos tienen que resolver problemas, no crear nuevos problemas, que demasiados tenemos ya.

El President Mas anticipó las elecciones en el año 2012 buscando una mayoría excepcional y perdió 12 escaños. Ahora trata de disolver a CDC en una propuesta independentista para camuflar otra derrota electoral que las encuestas más favorables a CiU sitúan en un descenso de 10 diputados más.

Ciertamente las elecciones de 2012 tampoco fueron favorables al PSC, y las encuestas apuntan a un nuevo descenso si las elecciones se celebrasen ahora mismo.

Pero precisamente de lo que se trata no es de decidir los calendarios electorales en función de los intereses de uno u otro partido, o de una u otra persona, sino de servir a los intereses de los catalanes y las catalanas.

Y de intentar agotar las legislaturas.

Pero eso no es todo, hay más: la propuesta de Artur Mas apunta a unas nuevas elecciones dieciocho meses después de las próximas. O sea que nos podríamos encontrar con elecciones en 2015 y en 2017 que, junto con las del 2010 y del 2012, ¡serían cuatro elecciones en menos de siete años!

¡Y vuelve a hablar de convocar un referéndum para el que la Generalitat no tiene competencias! Estamos atrapados en una noria que no para de dar vueltas pero que no nos lleva a ningún sitio.

Creo honestamente que el President Mas ha situado la política catalana en un callejón sin salida, en una huida hacia adelante en la que no se ha conseguido ni el pacto fiscal prometido en 2012, ni la consulta deseada en 2014. Una huida hacia adelante en la que ahora se nos propone un camino hacia la independencia que está también condenado al fracaso.

Y, amigos y amigas, Cataluña no se puede permitir ni más fracasos ni perder más el tiempo.

Pero tampoco quiero dejar de reconocer errores y carencias de los socialistas, por los cuales tenemos que pedir disculpas y hacer propósito de enmienda.

No vimos venir la crisis económica en el 2008, ni supimos afrontarla con eficacia, ni lo hicimos de acuerdo con nuestros valores y prioridades.

No supimos tampoco ofrecer una alternativa clara al terremoto causado por la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de 2010, ni responder con celeridad al deterioro de la política causado por los escándalos de corrupción.

Como he dicho al principio, la actual situación política, económica y social es de una extraordinaria complejidad. Quizás por eso es el momento de pararnos un poco y reflexionar juntos antes de empezar a correr hacia unas nuevas elecciones con el riesgo de no resolver nada.

Como la cita de Thomas Mann que recordaba Soledad Gallego-Díaz en su artículo de domingo en El País: “El mundo no ha padecido nunca por un exceso de razón”. En cambio, nada corta de forma más rápida el diálogo y la conversación que las emociones.

Y en la política catalana hay un exceso de emociones y un déficit de razones.

Mi diagnóstico es diáfano:

Creo que no hay solución a los problemas de los catalanes si no se produce un  cambio de rumbo de la política catalana.

Hay que abandonar el rumbo de colisión que intentan acordar el President Mas y Oriol Junqueras pensando solamente en un millón ochocientos mil catalanes, y quizás ni siquiera en todos ellos.

Hay que abandonar el rumbo de colisión para el que cuentan con la inestimable ayuda del Partido Popular y el Gobierno de España presidido por Mariano Rajoy.

No hay solución a nuestros problemas que no pase por la vía del diálogo, la negociación y el pacto. Y esa no es la tercera vía. Es la primera vía. La única vía, si me apuran.

¿Cómo queremos resolver en democracia el conflicto entre intereses contradictorios? ¿Cómo queremos conciliar diversos sentimientos de pertenencia? Decía Enric Juliana en su libro “La España de los pingüinos”: “Curiosa paradoja: se nos dice que el mundo va hacia la superposición de los sentimientos de pertenencia; se nos exigen flexibilidades de todo tipo, -flexibilidad mental, flexibilidad laboral, flexibilidad emocional- para afrontar inciertos retos de futuro, pero la inflexibilidad ideológica y política tiende a apoderarse del espacio público”.

Los socialistas catalanes hemos mostrado de forma inequívoca y reiterada nuestra disposición a llegar a acuerdos. El último ejemplo ha sido el acuerdo al que ha llegado nuestro candidato a la Alcaldía de Barcelona, Jaume Collboni, que permitirá aprobar los presupuestos del Ayuntamiento y la obtención de importantes contrapartidas sociales en cuanto al precio del transporte público, la construcción de nuevas guarderías y un plan de rescate para personas en situación de especial vulnerabilidad. ¡Barcelona está de enhorabuena!

Gracias, Jaume. En nombre de los barceloneses y de todos los socialistas.

Los socialistas estamos siempre dispuestos a ayudar a quien quiera ser ayudado. Desgraciadamente no es el caso del Gobierno de Cataluña que no pide nunca ayuda sino adhesión incondicional. Adhesión incondicional a una hoja de ruta que no compartimos en absoluto.

Los presidentes Mas y Rajoy parecen incapaces, no sé si es que en realidad no saben, no quieren o no pueden, dialogar para resolver los problemas que tenemos. El pasado 30 de noviembre les ofrecía un guión de cinco temas sobre los que sería imprescindible comenzar a dialogar:

1.- Abrir en el marco de la Comisión Bilateral Estado-Generalitat una negociación sobre el documento de 23 puntos presentado por el President Mas al Presidente Rajoy el pasado 30 de julio.

2.- Revisar en el marco del Consejo de Política Fiscal y Financiera la distribución del esfuerzo de reducción del déficit público entre los tres niveles de la Administración que de forma injustificada está sometiendo a una presión insoportable a las Comunidades Autónomas y a los Ayuntamientos. Esta revisión tendría que contemplar también la posibilidad de negociar con las instituciones europeas una flexibilización de los plazos y los objetivos de déficit.

3.- Convocar una Conferencia de Presidentes para adoptar medidas urgentes para reactivar la economía y el empleo y la creación de un fondo extraordinario de rescate social para la infancia en situación de vulnerabilidad y desempleados de larga duración.

4.- Crear un espacio de deliberación sobre la reforma federal en el marco de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados.

5.- Evaluar el vigente modelo de financiación autonómica en el marco del Consejo de Política Fiscal y Financiera para abordar su revisión que tendría que haber entrado en vigor el pasado 1 de enero.

Permítanme que me detenga unos instantes, dada su gran importancia, en el nuevo modelo de financiación autonómica. En el pasado, todas las revisiones de los sucesivos modelos aseguraban que cuando entraba en vigor un nuevo sistema de financiación todas las Comunidades Autónomas disponían de más recursos públicos que con el sistema anterior. Esto facilitaba mucho las negociaciones y el acuerdo, pero no parece que sea posible en la coyuntura económica y fiscal actual.

Por esta razón, para facilitar la discusión y la aprobación de un nuevo modelo de financiación autonómica, y además de otros principios como la ordinalidad o una mayor corresponsabilidad fiscal, habría que contemplar la posibilidad de que el Gobierno español asuma como propia una parte de la actual deuda pública de las Comunidades Autónomas generada en los últimos años, mediante, por ejemplo, una quita de la deuda pública de las Comunidades con el Gobierno español.

De esta manera todas las Comunidades Autónomas saldrían ganando porque pasarían a tener una situación financiera más saneada y rebajarían su gasto en concepto de pago de intereses de la deuda.

Obviamente, conviene ser muy prudente y subrayar que habría que estudiar con mucho cuidado los detalles concretos para aplicar esta propuesta de quita, y particularmente cuál tendría que ser el porcentaje del total de la deuda de las Comunidades Autónomas condonado y en qué condiciones se produciría la condonación, para evitar que en el futuro las Comunidades se comporten irresponsablemente en su gestión presupuestaria confiando en que el Estado español las rescatará.

Es evidente que en las respectivas hojas de ruta de los presidentes Mas y Rajoy no figura una negociación de estas características y que, al final, los catalanes y el conjunto de los españoles somos rehenes de este bloqueo.

Y ya llevamos cuatro años perdidos.

El resultado es muy triste: ninguna nueva competencia, ninguna nueva inversión, ningún nuevo proyecto, ningún nuevo acuerdo que permita avanzar en ningún terreno.

Les haré una confesión personal: me llamaron mucho la atención los aplausos recibidos por el President Mas cuando, en septiembre de 2012, volvió de Madrid explicando que no había conseguido el pacto fiscal. ¿Desde cuándo los catalanes aplaudimos los fracasos?

Es evidente que la responsabilidad no era solamente ni siquiera principalmente suya pero, ¿aplausos? ¿A santo de qué?

Otro cambio necesario es renunciar a la vieja táctica victimista de derivar a los demás todas las responsabilidades como fórmula para huir de las propias responsabilidades. Cataluña no se lo merece y así no vamos a ninguna parte.

Como el President ha fijado la independencia como único objetivo es muy difícil que obtenga nada en Madrid. Fijar la independencia como único objetivo es un error. Fue un error fijar 2014 como el año en que tenía que pasar todo. Fue un error hacer una declaración de soberanía en el Parlament. Fue un error fijar unilateralmente la fecha y la pregunta. Como también sería un grave error declarar unilateralmente la independencia.

Además, y lo diré con claridad: la mayoría de catalanes no queremos la independencia.

Ya lo vimos el pasado 9 de noviembre.

Muchos no creemos en soluciones mágicas a los problemas, y la independencia se ha presentado como la solución milagrosa a todos los problemas.

No queremos romper con el resto de España ni tampoco nos resignamos al inmovilismo trasnochado y tozudo de la derecha que es el verdadero enemigo de un proyecto español compartido.

La independencia ni la queremos, ni nos conviene, ni siquiera parece posible en el mundo de interdependencias crecientes y soberanías compartidas en el que vivimos, en el seno de la Unión Europea que tiene que avanzar hacia una mayor integración no hacia una mayor disgregación, y todos sus Estados miembros lo consideran así.

Muchos estamos convencidos de que hay una mejor solución: la reforma del Estado para hacerlo más eficiente y asegurar que defiende mejor de los intereses de los catalanes y no solamente se ocupa de los sectores que, en palabras justas de Juan-José López Burniol, “consideran al Estado una propiedad privada y una sociedad de auxilios mutuos para la autosatisfacción de sus propios intereses, prescindiendo de un proyecto nacional inclusivo, y se resisten por todos los medios a un reparto racional del poder político que intentan monopolizar”. Unos sectores concentrados históricamente en Madrid.

La solución federal, la reforma constitucional que proponemos, tendrá que ser votada por los ciudadanos. No habrá solución sin votación. Y nosotros queremos que los catalanes tengan la oportunidad de votar en favor de un nuevo acuerdo antes de plantearse la posibilidad de romper con el resto de España.

Estoy seguro de que hay una mayoría de catalanes partidarios de un nuevo acuerdo entre Cataluña y el resto de España.

Lo dicen todas las encuestas. Si resolvemos el problema del reconocimiento de la realidad nacional catalana y del carácter pluricultural y plurilingüe del Estado, si somos capaces de garantizar en plenitud el autogobierno especialmente en lo que se refiere a las competencias en materia de lengua, educación y cultura, y si somos capaces de conseguir un pacto fiscal solidario que preserve el principio de ordinalidad, es decir, que las Comunidades que transfieren solidariamente fondos a otras regiones españolas no acaben obteniendo menos recursos públicos que aquellas que los reciben, si incorporamos estos elementos a la propuesta de reforma constitucional que sea sometida a referéndum de la ciudadanía, una amplia mayoría de catalanes y catalanas le darán su apoyo.

Estoy absolutamente convencido.

Tampoco me cansaré de repetir que la propuesta de reforma constitucional que hacemos los socialistas tiene como objetivo no solamente abordar el encaje de Cataluña en el resto de España, sino también los problemas del Estado de las Autonomías en su conjunto. En este sentido, no está de más recordar que los ejes básicos de nuestra propuesta de reforma federal son:

  1. La transformación del Estado de las Autonomías en un Estado federal.
  2. El reconocimiento de las singularidades propias de las nacionalidades históricas, teniendo en cuenta los hechos diferenciales y los derechos históricos ya reconocidos por la Constitución y los Estatutos vigentes (por ejemplo, en el artículo 5 del Estatuto de Autonomía de Cataluña, que se debería incorporar a la Constitución).
  3. La definición precisa de las competencias del Estado y la atribución de todas las demás a las Comunidades Autónomas.
  4. La incorporación de los derechos sociales como derechos de ciudadanía y la garantía de su ejercicio en condiciones de igualdad.
  5. La consideración de los temas lingüísticos, educativos y culturales como competencia estricta de las Comunidades Autónomas con lengua propia.
  6. La constitucionalización de un sistema de financiación de las Comunidades Autónomas informado por los municipios de solidaridad y ordinalidad, entendido este último como lo hace la STC 31/2010 de 28 de junio en su Fundamento Jurídico 134 “excluyendo la peor condición relativa de quien contribuye respecto de quien se beneficia”.
  7. La territorialización del sistema de gobierno del Poder Judicial.
  8. La transformación del actual Senado en un Consejo Federal con presencia de los gobiernos autonómicos.
  9. La profundización del carácter democrático, participativo y deliberativo de nuestro sistema político e institucional.
  10. El fortalecimiento de los municipios como garantes de la cohesión social, vectores de desarrollo económico y vertebradores del territorio.

Tampoco está de más insistir en que la propuesta independentista de Mas y Junqueras tiene un problema fundamental: al final pretende conseguir sus objetivos de forma unilateral.

Y este es un camino imposible para modificar las fronteras o las relaciones internas entre territorios en un Estado democrático miembro de la Unión Europea, que garantiza constitucionalmente el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran.

No hay, ni habrá, una solución unilateral.

Todo el mundo sabe que la independencia solamente ha sido viable en los procesos de descolonización o bien cuando ha habido acuerdo entre las partes (Chequia-Eslovaquia) o bien ha tenido que ver con el derrumbe del bloque soviético, lo que ha propiciado un vasto consenso internacional. Ninguna de estas circunstancias se da en el caso de Cataluña. Y decir lo contrario es engañar a la gente.

Quizás alguien piensa que pedir la independencia es la mejor manera de negociar un nuevo estatus en el marco español. Pero hay que decirlo. Hay que hacer saber que ésta es la meta. Me pueden decir: hay que apuntar a 10 para obtener 7 u 8. Eso es válido en una mesa de negociación.

Pero es moralmente inaceptable cuando un responsable político se dirige a la ciudadanía y no explica la verdad.

A la gente se le tiene que decir la verdad. No se la puede llevar por terrenos desconocidos, con los costes personales y colectivos que eso le puede reportar, con los enormes riesgos añadidos, cuando el objetivo real no es el que se anuncia sino otro. Cuando el objetivo no es “de país”, sino “de partido”.

El objetivo de verdad debe ser ir a una negociación. A forzar una negociación. A conseguir todas las presiones catalanas, españolas, europeas e internacionales posibles para forzar esta negociación, para superar definitivamente los obstáculos a un nuevo pacto entre Cataluña y el resto de España.

Yo creo que habrá que esperar a derrotar en las urnas al PP en las próximas elecciones generales, pero mi pronóstico es que finalmente se procederá a la reforma federal de la Constitución, en cuyo marco Cataluña encontrará el lugar que le corresponde como nación.

De la misma manera que, más allá de la Cataluña estricta, la lengua catalana, en sus diversas modalidades, tiene que encontrar también, en el Estado español, su defensa, la preservación de su unidad y el apoyo para su pleno desarrollo. Como en todo aquello que concierne a la cocapitalidad de Barcelona.

Ésta es la España que queremos. Y créanme: lo conseguiremos.

Y no será ninguna derrota, sino una gran victoria del pueblo de Cataluña, de su exigencia de autogobierno, de la expresión plural de su identidad, de su cohesión, de sus movilizaciones, de la enorme voluntad de cambio expresada de formas muy diversas.

En este punto, quiero alertar contra el inadmisible intento de equiparar catalanismo con independentismo. Quizás así aumenta el número de independentistas, pero también irá menguando la fuerza integradora del catalanismo y acabaremos haciendo un muy mal negocio. Podemos hacernos daño. Mucho daño. Romper la transversalidad del catalanismo perjudica a nuestro país.

Los socialistas catalanes seguimos en el mismo lugar de siempre, fieles a nuestras raíces catalanistas y federalistas. Sin engañar a la gente.  Porque se trata realmente de estar “al servicio de este pueblo” y no al servicio de un determinado proyecto político o incluso de un determinado proyecto personal.

Estamos como siempre, con voluntad de reforzar costuras, de aproximar posiciones, de evitar fracturas debilitadoras, porque sabemos que la nación es el consenso renovado de la ciudadanía.

Sabemos que las naciones, como las danzas, se hacen y se deshacen. Y no queremos que Cataluña se nos deshaga en las manos, ya sea por decadencia a manos de las políticas austericidas, ya sea por cualquier fiebre insensata que la lleve a la ruptura o a un callejón sin salida.

Queremos que el pueblo de Cataluña sea llamado, no hacia ninguna entelequia, no a ninguna falsa meta que alguien promueve con finalidades escondidas, sino a una nueva meta real que confirme su unidad civil, que incluya el anhelo de todos los hombres y mujeres que la habitan, de la Cataluña del campo y de la ciudad, de la Cataluña de las ciudades medianas y de la Cataluña metropolitana, de la gran pluralidad del pueblo, de los 7,5 millones de ciudadanos y de ciudadanas, que apunte a horizontes de  cambio, de justicia, de libertad, de honestidad, de verdad.

Y que eso genere un nuevo y potente compromiso colectivo.

Por ello, no paramos ni pararemos de hablar con todo el mundo y de acercar a sectores diversos a las posiciones centrales del catalanismo social, del catalanismo federal, del catalanismo de la unión plurinacional en España y en Europa.

La unidad civil es nuestra vocación, absolutamente contraria a cualquier frentismo. Ha sido uno de los principales servicios de los socialistas al pueblo de Cataluña en el pasado. Lo ha recordado muchas veces Antoni Puigverd en sus artículos. Y lo tiene que volver a ser. Porque a los pueblos les hace falta un grado suficiente de unidad. Y la unidad suficiente, la genuina, no es la que conviene a unos pocos en un momento dado, ni la que se pliega a los intereses de una determinada operación política o personal, sino la que se articula a partir de la pluralidad real de la sociedad catalana, de todos aquellos sectores que se sienten dispuestos a trabajar por Cataluña.

Pero seamos realistas: probablemente ni Rajoy en La Moncloa ni el dueto Mas-Junqueras dominando la política catalana serán capaces de encontrar la solución al problema.

Y a los socialistas corresponde construir una alternativa tanto en el ámbito catalán como en el ámbito español. La ciudadanía tendrá que decidir en las urnas si quiere cambiar de rumbo o la presente deriva ya le va bien.

Las próximas elecciones generales, de aquí a un año, nos proporcionarán una buena oportunidad para cambiar de rumbo, para evitar la colisión. Una nueva mayoría presidida por Pedro Sánchez abrirá definitivamente el camino a la reforma constitucional.

Pero, como ya he dicho, el problema de encaje de Cataluña en el resto de España no agota las cuestiones sobre las que la política catalana tiene que cambiar de rumbo.

¿Cuáles son las prioridades que proponemos los socialistas? No me cansaré de repetirlas.

Primera, relanzar la economía y crear puestos de trabajo.

Segunda, proteger el Estado del Bienestar, la sanidad y la educación públicas y los servicios sociales, erosionados por los recortes y las políticas dogmáticas de austeridad y la desgana del Gobierno de Artur Mas a la hora de administrar el día a día de la Generalitat.

Tercera, regenerar la democracia, limpiar la política, luchar contra la corrupción, asegurar la transparencia e impulsar la lucha contra el fraude fiscal. Sí, corrupción cero.

Y la cuarta, buscar un nuevo acuerdo con el resto de España que nos permita votar. Sí, votar. Votar de verdad.

Sin duda el tema fundamental, y lo decía al inicio de mi intervención, es la necesidad de reactivar la economía, de impulsar la creación de puestos de trabajo, de reducir las desigualdades y la pobreza, de crear oportunidades.

Y esto implica dar la vuelta a las políticas económicas y sociales dominantes hoy en Cataluña, España y Europa.

Y para comenzar necesitamos lo que no tenemos en estos momentos en Cataluña.

No tenemos ni la estabilidad política ni la seguridad jurídica imprescindibles

Ya basta de estar sometidos a los vaivenes e improvisaciones que se presentan como cargados de épica y de astucia. No estamos dispuestos a contraponer democracia y Estado de Derecho.

No queremos sofismas ni atajos que no llevan a ningún sitio. El trabajo bien hecho no conoce fronteras, pero empieza en casa. Y la responsabilidad también comienza en todos y cada uno de nosotros. No podemos poner en peligro, frívolamente, inversiones y puestos de trabajo por el hecho de adentrarnos en tierra incógnita. No queremos la Ítaca a la que llega solamente uno, como en “La Odisea”  de Homero. Queremos ir muy lejos, pero llegar todos juntos.

Para relanzar la economía hay cosas que hacer a escala europea, española y catalana:

  • Hay que apoyar a las empresas, a los emprendedores y a los autónomos, faltos de crédito, de apoyo público y de estabilidad institucional.
  • Hay que rehacer el equilibrio roto de las relaciones laborales a partir de la concertación social, la formación y la flexibilidad negociada.
  • Hay que promover y recuperar el talento generado por el sistema educativo y la formación universitaria, hay que establecer planes para evitar la fuga de talento y para favorecer el regreso de talento obligado a emigrar.
  • Hay que recuperar la inversión de I+D+i. Hay que jugar fuerte en favor de la reindustrialización del país, del sector agroalimentario, de las ciencias de la vida, del turismo y le comercio de proximidad y de calidad.
  • Hay que combatir el desempleo de larga duración. Y todavía tenemos pendiente la reforma del Servicio de Empleo de Cataluña. Aquí encontramos personas mayores de 45 años, mujeres, jóvenes sin estudios y personas con discapacidad. Todas ellas merecen y necesitan un Plan de choque que les vuelva a incorporar efectivamente al circuito laboral.
  • Nos preocupa especialmente el desempleo juvenil. Hay que destinar recursos adicionales a los europeos para que el Plan de Garantía Juvenil (trabajo o formación en 4 meses) sea una realidad y no buenas palabras.
  • No podemos olvidar la necesidad de impulsar la transición energética ni de incorporar criterios ecológicos y de sostenibilidad al conjunto de nuestras políticas públicas.

La crisis económica nos ha llevado a una situación de verdadera emergencia social. En el año 2013, 1.779.200 personas en Cataluña se encontraban en riesgo de pobreza o exclusión social, el 24,3% de la población.

Y los recortes han erosionado nuestro sistema de protección social y la calidad de nuestros servicios públicos.

Tenemos las listas de espera sanitarias más largas. El tiempo de espera medio de los 14 procedimientos quirúrgicos garantizados se ha incrementado un 40%. Tenemos 1.250 camas de hospital menos, 4.000 médicos menos en el ICS y 15.000 profesionales sanitarios menos en todo el sector. El presupuesto para el próximo año destina 0 euros a las guarderías. Ha disminuido en 10 puntos la tasa de cobertura de las becas comedor. El gasto social ha retrocedido a los niveles de 2004. ¡10 años de retroceso!

No podemos ni queremos esperar al paraíso de la independencia para tener una Cataluña con más trabajo, donde nadie pase hambre, todo el mundo tenga un techo y no te puedan cortar el agua, la luz o el gas a causa de situaciones de pobreza extrema.

Este es nuestro compromiso. Sí, pobreza cero.

Nos hace falta un verdadero plan de rescate social. Ninguna familia sin un ingreso. Un plan integral para erradicar la pobreza infantil. Acabar con los desahucios. Mejorar la atención a las personas con dependencia. Potenciar la autonomía de las personas con discapacidad. Colaborar con las entidades sociales del Tercer Sector.

Y también luchar para la erradicación de la violencia de género.

Tampoco nos resignamos a la erosión de los servicios públicos de salud y educación. Rechazamos la privatización y la mercantilización de la sanidad pública. Necesitamos un plan de choque para reducir las listas de espera. Defendemos la progresiva universalización del educación de 0 a 3 años. Y la reforma de la Formación Profesional no puede esperar. Como tampoco puede esperar la revisión del Plan de Energía.

En palabras de Luis Atienza en un reciente artículo: “Hace falta revisar muchas cosas para fortalecer la igualdad de oportunidades, explorar los límites de la capacidad redistributiva de la política fiscal, combatir de forma feroz la exclusión social y situarnos en la vanguardia de la transparencia y de la lucha contra la corrupción”.

Este es el horizonte permanente de la socialdemocracia.

Los socialistas queremos construir una alternativa sobre estos objetivos. Y estamos dispuestos a colaborar con todos aquellos y aquellas que los compartan. De la misma manera que estamos dispuestos a dar nuestro apoyo a aquellos que, sin necesidad de compartir nuestro proyecto, estén dispuestos a trabajar en positivo por el futuro de Cataluña.

Pero no podremos dar apoyo a políticas de corto alcance, a acuerdos puntuales que solamente sirvan para ganar tiempo, a convalidar presupuestos basados en fantasías irreales, a formar gobiernos con partidos que se niegan a cambios, que bloquean la reforma del Estado que tiene que ser de todos.

En este sentido, ¿cómo quieren que los socialistas demos apoyo a unos presupuestos que todo el mundo sabe que no se cumplirán? ¡Si ya el año pasado contemplaban unos ingresos que todo el mundo sabía que no se podían cumplir! Y este año, además, se contemplan unos ingresos que provienen del Estado, que solamente podrían verificarse a través de la negociación entre dos gobiernos que hasta ahora solamente saben dialogar a través de los tribunales.

Queremos un cambio profundo de la política catalana. Queremos ponerla al servicio de los ciudadanos, queremos que trabaje para solucionar los problemas reales de las personas.

Acabo.

Nada de lo que propongo es fácil. Requerirá de mucho esfuerzo y tenacidad. Un esfuerzo colectivo, que tendrá que ser justo para ser soportable. Un esfuerzo que comienza por decirnos los unos a los otros la verdad.

Porque, en efecto, Cataluña tiene que luchar contra muchas dependencias.

La dependencia de unas estructuras económicas y sociales que generan desigualdades y pobreza porque están al servicio de unos pocos. La dependencia de energías de riesgo y contaminantes. La dependencia de los consumidores y usuarios en sectores oligopolísticos. La dependencia de futuras generaciones si agotamos los bienes naturales o degradamos el entorno. La dependencia de una demografía adversa. La dependencia con respecto a poderes no democráticos y a prácticas corruptas o poco transparentes. La dependencia del monotema y de la fácil excusa que hace responsable de todo a Madrid.

No creo que nada de lo que propongo sea sencillo. Pero sí que estoy seguro de que vale la pena. Que se trata de un sueño realizable. Que puede sumar los anhelos de una amplia mayoría.

A día de hoy todavía no sabemos cuándo serán las próximas elecciones. Lo que sí que les puedo asegurar es que, sean cuando sean, encontrarán al Partido Socialista preparado para afrontarlas, dispuesto a una batalla noble para construir la Cataluña libre y segura, próspera y justa para la que el PSC lleva trabajando desde 1978. Lo haremos con una lista de socialistas y progresistas, de catalanistas y federalistas.

Fuimos decisivos en la conquista de la democracia, en la recuperación de la autonomía, en el impulso al municipalismo, en el cambio político en España que contribuyó a modernizarla, la incorporó a Europa y construyó el Estado del Bienestar, en los gobiernos de izquierdas en Cataluña que dieron un formidable impulso a las inversiones y a las políticas sociales.

Queremos volver a ser decisivos en esta encrucijada política.

Y trabajaremos para merecer la confianza de nuestros conciudadanos y conciudadanas para un proyecto basado en dos ideas centrales: la justicia social y el acuerdo federal con el resto de España. Dos ideales a los que no estamos dispuestos a renunciar.

Muchas gracias.

Intervención en Círculo de Economía

INTERVENCIÓN DE MIQUEL ICETA EN EL CÍRCULO DE ECONOMÍA

14 de Octubre de 2014

En primer lugar quiero agradecer al Presidente del Círculo, Antón Costas, la amable invitación de dirigirme a todos ustedes en el marco de las conversaciones que llevan por título “La hora de la política”.

La hora de la buena política, me atrevería a decir. Porque política hay, pero hay demasiada de la mala. Los ciudadanos tienen derecho a una gestión eficaz y honesta de los asuntos públicos, y en demasiadas ocasiones no obtienen ni una cosa ni la otra. No es de extrañar, pues, que la política se encuentre en horas bajas.

El caso de Cataluña corre el riesgo de convertirse en emblemático. Venimos de una legislatura que acabó antes de tiempo a medio mandato, y la actual parece condenada a repetir la historia.

En el año 2010 el President Mas se había fijado como principales objetivos el pacto fiscal y la reducción del paro a la mitad y, desgraciadamente, no consiguió ni lo uno ni lo otro. Propuso a la sociedad catalana salir del túnel del tripartito y la constitución del gobierno de los mejores. Y hoy, por desgracia para todos, no tenemos un mejor gobierno. Artur Mas avanzó las elecciones para obtener una mayoría extraordinaria para emprender la transición nacional hacia un Estado propio y convocar una consulta,  y perdió 12 escaños. El President Mas se ha visto hoy obligado a explicar que la consulta legal a la que se comprometió para el 9 de noviembre no se hará. Ha tardado demasiado en hacerlo. Algunos ya advertimos hace tiempo que las cosas se estaban haciendo mal, y cuando las cosas se hacen mal, acaban mal.

Y hoy el President Mas nos dice que no se podía hacer la consulta tal y como la había planteado porque no tenía todas las garantías, y ahora propone hacerla en peores condiciones, es decir, sin garantías. No es una consulta legal y acordada y, sobre todo, no cuenta con las mínimas garantías democráticas. Ni tan solo será convocada formalmente, hoy mismo el President Mas ha dicho que no firmaría un decreto de convocatoria. No merece el nombre de consulta, es una “gigaencuesta presencial”. Es una huida hacia adelante. Una frase atribuida al escritor y periodista Pompeu Gener resume bastante bien la situación actual. “Adelante, adelante, sin una idea y sin un plan”. Y no es eso lo que quieren y merecen los catalanes.

Lo mínimo que se puede pedir a la política y, en particular a un gobierno, es que proporcione un marco de estabilidad y garantice la seguridad jurídica. Es lo que merece la ciudadanía y es lo que necesita nuestra economía. Y el gobierno de CiU no ha proporcionado ni una cosa ni la otra. A través del pacto de Artur Mas con Esquerra Republicana de Catalunya, la legislatura se ha convertido en una cuenta atrás que se está agotando de forma inexorable y angustiante sin haber conseguido sus objetivos.

Ya hace demasiado tiempo que no sabemos hacia dónde vamos, mejor dicho, a dónde nos quieren llevar. Ejemplos. Se pretendía utilizar una ley de consultas populares no referendarias para hacer la pregunta propia de un referéndum. Y ahora se quiere realizar una mal denominada consulta sin garantías. El gobierno se instala en el caos con chapuzas tan perjudiciales como el pleito sobre la concesión administrativa de Aguas Ter-Llobregat. El gobierno se muestra incapaz de presentar los presupuestos en los plazos fijados, y los maquilla con previsiones de ingresos que no se pueden conseguir con el fin de cuadrar artificialmente las cuentas.

En el ámbito de las finanzas públicas la situación se ha convertido en ciertamente paradójica: el Gobierno de Artur Mas proclama constantemente que no tiene dinero para financiar los servicios públicos y, a la vez, ha generado una enorme montaña de deuda pública. Una sola cifra para ilustrarlo: en cuatro años ha generado más deuda pública que los gobiernos de izquierdas en siete años.

Los socialistas catalanes venimos diciendo desde hace mucho tiempo que el camino elegido por el President Mas es equivocado, es un callejón sin salida. A la vez, somos plenamente conscientes de que así no podemos seguir, que hay que encontrar un nuevo marco de relaciones entre Cataluña y el resto de España, y que no habrá solución estable si no puede ser refrendada por los ciudadanos en las urnas.

Pero no hay otro camino que la vía del diálogo, la negociación y el pacto, que no es la tercera vía, sino la primera y, si me apuran, la única.

Lo interpretamos así desde una profunda convicción catalanista que nos lleva a exigir respeto hacia nuestra comunidad nacional y el máximo autogobierno posible en el marco de interdependencias crecientes y de soberanías compartidas del proceso de construcción europea y del proceso de globalización económica.

El nuestro es un catalanismo que pretende la transformación de España en un sentido federal y de profundización democrática, capaz de reconocer plenamente su carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüe. Un catalanismo que quiere garantizar que el Estado que compartimos con el resto de pueblos de España esté también al servicio de interés general de Cataluña. Un catalanismo que tiene la legítima ambición de gobernar España juntamente  con los progresistas de todo el Estado. Un catalanismo que es heredero genuino del catalanismo histórico, que no era ni fundamentalista ni separatista, era profundamente liberal en el mejor de los sentidos de la palabra.

Nuestra propuesta concreta es una reforma constitucional federal que resuelva los problemas y disfunciones del Estado de las Autonomías generalmente reconocidos y que, además, reconozca Cataluña como nación, asegure el autogobierno garantizando las competencias  de la Generalitat y de forma especial aquellas que tienen que ver con la educación, la cultura y la lengua, cree instituciones de carácter federal como un Senado territorial, y promueva un pacto fiscal que siendo solidario preserve el principio de ordinalidad. Nuestras cuatro “erres”: reconocimiento, reglas, representación y recursos.

Esta reforma constitucional federal tendrá que ser sometida a referéndum de todos los españoles, y queremos que los catalanes la voten de forma mayoritaria. Así pues habrá que convencer a los que no quieren romper y a aquellos que hoy se sienten llevados hacia la independencia porque no ven por ahora un camino alternativo para mejorar nuestro autogobierno y el adecuado reconocimiento a nuestra realidad nacional.

Hay quien dice que esto podría conseguirse también a través de una disposición adicional de la Constitución. Estamos dispuestos a estudiar todas las posibilidades para resolver bien el problema del encaje entre Cataluña y el resto de España. Y estamos dispuestos también a explorar las diversas fórmulas que hay para que los catalanes y las catalanas puedan ser consultados sobre el futuro político de Cataluña, bien sea por la vía del artículo 92 de la Constitución o la propia Ley 4/2010 de Consultas Populares por vía de Referéndum aprobada en tiempos del President Montilla y vigente en la actualidad, mientras espera la decisión del Tribunal Constitucional. Fórmulas legales y acordadas, con las necesarias garantías democráticas. Caminos ciertos, que no forman parte de un engaño, ni de un autoengaño, ni de un espejismo.

Pero, quiero subrayarlo, todos estos caminos forman parte de la única vía, la vía del diálogo, la negociación y el pacto, y rechazamos de forma explícita cualquier forma de unilateralidad, ilegalidad o desobediencia civil. Con ello, no quiero decir que sean caminos sencillos ni llanos, y que no requieran también de una importante dosis de firmeza y reivindicación.

Porque somos muy conscientes de la enorme responsabilidad del gobierno Rajoy y del PP en todo este estado de cosas. Desde el origen del malestar (campaña contra el Estatut, recurso de inconstitucionalidad, sentencia del Tribunal Constitucional, política recentralizadora del actual gobierno de España y falta de respeto a aspectos relevantes de nuestra identidad) hasta el bloqueo actual en el que solamente se esgrime la exigencia de respeto a la legalidad que compartimos, pero que no es suficiente. Hace falta, por parte del gobierno del Partido Popular, una propuesta concreta para resolver el problema de fondo.

Desgraciadamente, me temo que los cálculos electorales se han impuesto tanto en CiU como en el PP y eso está impidiendo el normal y exigible diálogo entre gobiernos. Encuentro sencillamente escandaloso que se haya olvidado de forma total y absoluta el documento de 23 puntos entregado por el President Mas al Presidente Rajoy el pasado 30 de julio. ¡Solamente yo hice referencia a este documento en el Debate de Orientación Política General que abrió el curso político! Son 23 cuestiones relevantes que los socialistas compartimos y en las que estamos dispuestos a trabajar.

Vuelvo a exigir que este diálogo se produzca. Es la única manera de salir del callejón sin salida al que nos han llevado el uno y el otro.

Porque hoy el futuro inmediato de la política catalana es muy incierto. Creo que es un error substituir una consulta legal por un simulacro de consulta falto de las mínimas garantías democráticas exigibles. Tampoco me parece una buena solución ir a unas elecciones llamadas plebiscitarias. Una lista conjunta entre CiU y ERC, ¿a qué gobierno nos llevaría? ¡Qué incoherencia política! ¡Qué engaño! Dicen que nos llevarían a una declaración unilateral de independencia. Pero, ¿qué quiere decir eso? Sería un peligroso gesto de cara a la galería, fuera del Estado de Derecho y que no encontraría ningún tipo de reconocimiento internacional serio. Otro engaño. Dicen que obtendríamos una posición de fuerza para negociar. En el mejor de los casos tendríamos una mayoría con pies de barro. Y ¿para hacer qué? No lo sabe nadie. Otro engaño.

Modestamente creo que habría que aprovechar los dos años que quedan de legislatura para trabajar duro en la recuperación económica y la resolución de los problemas de la gente. Con cuatro prioridades bien claras:

  1. Relanzar la economía y crear puestos de trabajo. De este tema hablaré al final de mi intervención.
  2. Proteger el Estado del Bienestar, los sistemas públicos de salud, educación y protección social.
  3. Regenerar la democracia y combatir el fraude fiscal.
  4. Una reforma constitucional federal que reconozca a Cataluña como nación, garantice nuestro autogobierno y especialmente las competencias de la Generalitat en materia de lengua, educación y cultura, y asegure un pacto fiscal justo y a la vez solidario.

Eso es lo que habría que hacer en los dos próximos años. Sin renunciar a la consulta, trabajando para hacerla posible de forma legal y acordada, la única manera de hacerla.

Pero si finalmente se anticipan las elecciones, los socialistas defenderíamos exactamente los mismos planteamientos. No tenemos miedo a las urnas. Ni engañaremos a las personas para ganar votos.

Y dedicaré la parte final de mi intervención a hacer unas breves reflexiones sobre temas económicos,  consciente de que hacerlo ante ustedes que saben mucho más es muy atrevido. Y que sin duda lo haría con más fundamento el Portavoz de nuestro Grupo Parlamentario, Maurici Lucena.

Pero no quiero dejar de comentar algunos aspectos que considero relevantes:

  • La recuperación económica en España y Cataluña es aún muy incipiente y débil.
  • Las últimas noticias sobre los países más relevantes de la Eurozona no permiten descartar una nueva recaída, el propio FMI cree que hay un 40% de posibilidades de una nueva recesión.
  • A pesar de tener poco margen de maniobra en el ámbito de la política económica, en España y Cataluña podemos hacer más y mejores cosas para relanzar la actividad económica y crear empleo.

En cualquier caso, soy consciente de que la socialdemocracia europea todavía no ha perfilado una alternativa global y lo suficientemente sólida al actual estado de las cosas, pero sí podemos afirmar algunos elementos con suficiente rotundidad y conocimiento de causa:

  • No hay soluciones nacionales a la crisis, tal y como lo demuestra la reciente reunión del G-20, el FMI y el Banco Mundial.
  • La mejor regulación de los mercados y, especialmente, del sector financiero es el camino más seguro para evitar crisis económicas y financieras tan profundas y destructivas como la que comenzó en el año 2007.
  • La importancia de las restricciones y los condicionantes globales y europeos no exige a cada país del correspondiente esfuerzo para recuperar los equilibrios macro-económicos sin renunciar a los necesarios estímulos al crecimiento económico.
  • El paro masivo, la precariedad laboral, la pérdida de poder adquisitivo, la enorme deuda pública y privada, y las desigualdades cada vez mayores son los principales problemas de la economía española, sin olvidar la contracción del crédito que sigue ahogando a las pequeñas y medianas empresas, los autónomos y las familias.
  • En España y en Cataluña son necesarias profundas reformas estructurales en el sector de la energía, el sistema judicial y el funcionamiento del sector público, y
  • El muy preocupante problema de las crecientes desigualdades impone una reflexión en profundidad sobre el sistema fiscal español y catalán que, sin subir necesariamente el tipo impositivo de las principales figuras tributarias, tiene que conseguir aumentar la recaudación pública (que en España es una de las más bajas de la Unión Europea en relación al PIB) a la vez que incrementa la progresividad efectiva del sistema, eliminando los sobreabundantes beneficios fiscales de carácter regresivo y los numerosos mecanismos de elusión fiscal accesibles solamente a las grandes empresas y las personas con elevados niveles de renta y riqueza.

Sé que el Círculo de Economía está reflexionando de forma profunda y seria sobre la industria en nuestro país, sobre la necesidad de recuperar e impulsar nuestra vocación industrial, sin olvidar, lógicamente, la necesaria promoción pública de la I+D de todas las empresas innovadoras cualquiera que sea su adscripción sectorial. Creo que podríamos hacer más en este sentido y que los planteamientos del Gobierno en Cataluña en esta materia y el pacto “Más industria” no se están concretando en medidas potentes de estímulo a la inversión y la actividad industrial. La incertidumbre política y el enfrentamiento permanente con el Gobierno de España no son contribuciones positivas a este esfuerzo.

En este sentido también querría subrayar la importancia estratégica de la innovación y de las reformas pendientes de la Formación Profesional y el Servicio Catalán de Empleo, que estamos dispuestos a acordar con el gobierno.

Por cierto, como las buenas noticias hay que celebrarlas, quiero saludar la OPA amistosa de Gas Natural sobre la empresa chilena CGE, un esperanzador síntoma de recuperación económica y de fortaleza de las empresas catalanas.

Y acabo. Creo que Cataluña necesita estabilidad política, seguridad jurídica, un estímulo prudente a la actividad económica, compromiso de apoyo a empresas y emprendedores, más diálogo social, una gestión presupuestaria solvente, y resolver el encaje con el resto de España por la vía del diálogo, la negociación y el pacto.  Para ello siempre se podrá contar con el PSC.

Conferencia en Tribuna Girona

CONFERÈNCIA A TRIBUNA GIRONA

25 de setembre de 2014

El 14 d’abril de 2005 vaig pronunciar una conferència sobre el procés d’elaboració de l’Estatut convidat per Tribuna Girona. Ha plogut molt des d’aleshores i em plau participar avui en un nou col·loqui que té lloc en un altre moment transcendental pel nostre país.

Parlava fa nou anys de necessitat d’evitar que els interessos partidistes passin per davant dels interessos del país i de la necessària unitat entre els catalanistes. Segueixen essent elements fonamentals, però segueixen essent, malauradament, objectius llunyans.

Vull començar amb una afirmació emfàtica: així no podem seguir.

L’anomalia democràtica que va suposar l’alteració de l’Estatut aprovat per majoria absoluta a les Corts Generals i sotmès al referèndum dels catalans, ha causat un mal que la crisi econòmica i els seus efectes, i les polítiques recentralitzadores i poc respectuoses amb la nostra llengua i amb la diversitat dels pobles d’Espanya practicades pel PP no han fet sinó agreujar. La ferida oberta per la campanya ferotge del PP contra l’Estatut català no ha fet sinó engrandir-se i infectar-se.

Així com crec que la principal responsabilitat sobre l’actual problema pel que fa a les relacions entre Catalunya i la resta d’Espanya correspon fonamentalment al PP, l’estratègia unilateral seguida pel president Mas condicionat en excés per la posició política d’Esquerra Republicana de Catalunya, ens aboca a un carreró sense sortida que no augura res de bo.

Ens trobem davant la imminent convocatòria d’una consulta pel proper 9 de novembre que serà, de forma immediata, suspesa pel Tribunal Constitucional a instàncies del govern d’Espanya. És una consulta emparada per la llei de consultes populars no referendàries, que va comptar amb el suport del PSC que ja va advertir que aquesta llei no podia servir per fer la pregunta pròpia d’un referèndum.

Si es volia fer la pregunta pròpia d’un referèndum calia utilitzar la llei de consultes populars per via de referèndum aprovada l’any 2010 quan governava el govern d’Entesa presidit per José Montilla. Certament és una llei que exigeix que la pregunta sigui acordada entre les institucions catalanes i espanyoles, però els socialistes hem advertit des d’un bon principi que no hi ha solució que no passi per la via del diàleg, la negociació i el pacte.

Els presidents Mas i Rajoy, amb la seva incapacitat de dialogar, ens estan portant a tots plegats a un carreró sense sortida. Els exigeixo que dialoguin, ja haurien d’haver-ho fet fa molt de temps, abans de portar la situació als límits actuals.

El president Mas hauria d’entendre que Catalunya no es pot permetre més fracassos. Si en la legislatura anterior no va aconseguir el pacte fiscal, en aquesta tampoc no ha aconseguit res del que va prometre: ni reduir l’atur a la meitat, ni consulta. Els socialistes volem la consulta però el president Mas està actuant de manera equivocada. Amb la seva estratègia no tindrem consulta.

Ni Mas es pot refugiar en les seva política de decisions unilaterals ni Rajoy pot continuar mirant cap a un altre costat, esperant que el temps resolgui el problema. Pel bé dels catalans i les catalanes cal que entomin les seves responsabilitats. Obrir el camí al diàleg, la negociació i el pacte, serà l’única sortida de Mas i Rajoy després de que el primer convoqui la consulta i el Tribunal Constitucional la suspengui.

El president Mas no podrà saltar-se la llei, i Rajoy haurà d’entendre que amb l’exigència de la legalitat i esperant que res no es mogui, la situació a Catalunya no canviarà. I també que no hi haurà solució estable al desacord entre Catalunya i la resta d’Espanya que no passi per sotmetre-la al vot de la ciutadania.

Posar urnes de cartró a les portes dels col·legis electorals, sense cens i sense les mínimes garanties democràtiques no és fer una consulta, és un nyap i és enganyar la gran majoria de catalans que reclamen un canvi profund en les relacions amb Espanya.

Que prenguin l’exemple d’Escòcia: acord entre el govern escocès i el govern Cameron. Consulta legal i acordada. I ambiciosa reforma federal. Cameron, a diferència de Rajoy, sembla haver entès que un nou pacte polític és millor que la secessió i que amb l’immobilisme no acaba amb el problema.

Aquests són els passos a seguir també a Catalunya. Això és fer les coses bé, amb rigor. Això és treballar per la consulta i per respondre als anhels de més reconeixement i més autogovern dels catalans i les catalanes.

Des del nostre punt de vista, el govern té prioritats i polítiques equivocades à no està fent prou ni ho està fent bé pel que realment és important: la desigualtat, la pobresa, l’atur, les famílies que no poden pagar l’aigua ni la llum…

El malestar a Catalunya està relacionat amb l’autogovern, el finançament i la manca de reconeixement a la plurinacionalitat d’Espanya però també amb la crisi, les retallades i de les polítiques d’austeritat mal entesa, la pèrdua de drets laborals i socials i la sensació de que els mercats dicten les lleis en comptes de que la política reguli els mercats.

Cal combatre la manca d’esperança en un futur millor. L’esvaïment d’aquella llei no escrita de que amb esforç i amb treball els nostres fills, les generacions futures podrien viure millor que nosaltres.

Des d’aquest punt de vista hi ha molta feina a fer en els propers dos anys per respondre a totes les necessitats i aspiracions dels catalans i les catalanes. Si el president Mas avança les eleccions perdrem una nova oportunitat, que se sumarà als darrers 4 anys que ja s’han perdut.

  • Les 4 prioritats del PSC:

1.- Rellançament econòmic i creació d’ocupació:

– Creixement basat en la recuperació del poder adquisitiu de la gent que menys té, és a dir, reduir les desigualtats i abordar la redistribució. En la situació actual, amb molts ciutadans molt endeutats, com no poden gastar, l’economia no arrenca. Per tant, pujar els ingressos dels més endeutats incrementarà el consum.

– Repensar el paper de l’Institut Català de Finances com a banc català per donar suport a les PIMES catalanes, trencant el cercle viciós causat per les restriccions al crèdit.

– Assegurar als sectors més afectats per la crisi la capacitat d’afrontar les despeses i necessitats quotidianes: nou pacte per l’aprovisionament d’aigua, gas, i la electricitat, on els preus han pujat de manera clamorosa durant la crisi.

– Aprofitar l’economia del benestar com a motor: educació 0-3, dependència… són sectors per a la creació de nous llocs de treball.

– Assegurar el suport a l’educació, la innovació i la recerca, com a motors de desenvolupament.

– Ajudar la indústria exportadora i el turisme de qualitat tant importants a la vostra demarcació.

– Instrumentar una política industrial i una política de R+D+i potents, orientades tant a nous sectors, com poden ser la biotecnologia i la biomedicina, la cultura i l’audiovisual, com a sectors madurs, com l’agroalimentari o l’automòbil.

– Començar a desenvolupar les 138 propostes del pacte Més Indústria que el president Mas va signar amb agents socials, econòmics, universitats i col·legis professionals.

– Potenciar energies alternatives als combustibles d’origen fòssil, creació de parcs d’energia i vinculació de les inversions urbanes a les energies renovables.

– Apostar i invertir en nous nínxols d’avantguarda tecnològica com la biomedicina i els desenvolupaments tecnològics associats a les smart cities.

– Reforma fiscal: un model fiscal més senzill i en què veritablement paguin més els que més tenen, no és normal que les rendes del treball acabin tributant més que les rendes provinents de l’economia no productiva. A més,

○ Lluita contra el frau fiscal: calen modificacions legislatives i augmentar els recursos destinats a la gestió tributària: Espanya només dedica el 0,1% del PIB mentre els grans països de la UE el 0,5%.

○ Eliminar la sobreabundància dels beneficis fiscals que només aprofiten les grans empreses i aquells amb més recursos.

– Prioritzar pressupostàriament les polítiques actives ocupació de manera que suposin el 0.5% del PIB.

– Pla de rescat persones en atur de llarga durada: dur a terme les diverses mocions i resolucions aprovades pel Parlament que estableixen mesures urgents i específiques per als treballadors de 45 anys o més en situació d’atur de llarga durada.

2.- Garantia de serveis públics i eficàcia de la protecció social:

– Renda Garantida de Ciutadania com a dret a la garantia d’ingressos i que seria una prestació i un itinerari sociolaboral. A més de donar seguretat i dignitat a milers de famílies, serviria per estalviar en despesa fins ara dedicada a pal·liar els efectes de la pobresa.

– Garantia de que cada nen menjarà dos cops al dia, garantit pel sector públic.

– Aturar la tendència a la concertació i privatització dels serveis sanitaris.

3.- Regeneració democràtica i combat contra el frau fiscal:

– Finançament exclusivament públic de les eleccions.

– Repensar i reorientar la funció pública i una reconsiderar el model d’oposicions.

– Pujol: cal que s’expliqui al Parlament, davant els representants de tots els catalans i catalanes; i cal que la justícia actuï amb contundència.

Cal anar fins al final i fer net. Depurar responsabilitats i que els que hagin actuat malament, aprofitant-se de la Generalitat per fer negocis tornin els diners i paguin pel que han fet davant la justícia àmostra de normalitat democràtica i pas endavant per a la credibilitat el propi sistema.

4.- Nou pacte polític amb Espanya i reforma federal de la Constitució que sigui sotmesa a referèndum.

– Espanya nació de nacions i definida com a Estat federal

– Reconeixement de la singularitat catalana i asimetria competencial que atengui els fets diferencials.

– Competència estricta de les comunitats amb llengua pròpia en temes lingüístics, educatius i culturals.

– Recursos: finançament basat en els principis de solidaritat i ordinalitat.

– Descentralització del Poder Judicial.

– Reforma del Senat perquè esdevingui Consell Federal.

El PSC disposat al diàleg i compromès a treballar per Catalunya

  • Continuarem treballant pel diàleg i per donar resposta a les aspiracions i necessitats dels catalans des del treball i el rigor. Fent-ho bé. Considerarem una estafa anar novament a unes eleccions anticipades per molt que es disfressin de plebiscitàries.
  • Estem convençuts que és possible construir una altra Catalunya, amb menys desigualtats, menys pobresa, menys injustícies i més oportunitats.

I també de que és possible un canvi profund en les relacions amb Espanya, des del diàleg i des del convenciment de que les lleis es canvien amb lleis.

Espero que en el col·loqui podrem aprofundir en les qüestions que més els puguin interessar.

Moltes gràcies.

Conferencia en el Foro Nueva Economía

CONFERENCIA EN EL FORO NUEVA ECONOMIA

Madrid, 9 de septiembre de 2014

Muy buenos días señoras y señores, amigos i amigas,

Quiero agradecer a José Luis Rodríguez, presidente de Nueva Economía Fórum, y a los patrocinadores, ASISA, BT y Red Eléctrica de España, la amable invitación que me permite dirigirme hoy a todos ustedes.

Quiero agradecer también a Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, sus palabras de presentación que son una muestra de amistad y de compromiso político.

Aprovecho para decir que, en mi modesta opinión, Pedro Sánchez es quien más está haciendo en estos momentos para intentar resolver el problema de relación entre Cataluña y el resto de España que, junto a la crisis económica y sus efectos, es la cuestión más grave a la que nos enfrentamos como país en los últimos años.

Precisamente por la gravedad del tema, y por la inminencia de la celebración de la Diada nacional de Catalunya y de la convocatoria de una consulta por parte del presidente Mas, voy a centrar mi intervención en esta cuestión.

Sin agotar las razones de fondo que explican las razones del malestar de amplios sectores de la sociedad catalana sobre el que alertaron sin éxito los presidentes Maragall y Montilla, déjenme que recuerde la batalla frontal del PP contra el Estatuto, que llegó por cierto a recoger firmas para pedir un referéndum ilegal. O la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto que, por vez primera y única en nuestra historia democrática, modificó un texto legal que había sido sometido a referéndum de los ciudadanos tras haber cumplido escrupulosamente el trámite parlamentario. O la crisis económica que alimenta la percepción de maltrato fiscal. O, para acabar, la erosión del autogobierno causada por decisiones del Gobierno de España o del partido que lo sustenta, que tampoco ha mostrado mucho talento al abordar cuestiones sensibles como la lengua: han llegado al punto de aprobar una ley para denominar LAPAO (lengua aragonesa propia del área oriental) a las variedades dialectales del catalán noroccidental.

Sobre el delicado tema de las lenguas de España confío que el Seminario “El reconocimiento de la pluralidad lingüística en España” que se celebra hoy mismo en la Fundación Ortega-Marañón aporte claridad y esperanza de cara al futuro.

Créanme que no me refiero a estas cuestiones con afán polémico, pues a estas alturas eso no sirve de mucho. Ni tampoco para ocultar errores que se hayan cometido desde los partidos e instituciones catalanas, pues eso tampoco sirve ya de nada.

El caso es que nos encontramos en vísperas de un conflicto institucional que se producirá inevitablemente cuando el Tribunal Constitucional con toda probabilidad suspenda cautelarmente la convocatoria de una consulta convocada por el gobierno de la Generalitat a partir de la ya inminente aprobación de la Ley de consultas populares no referendarias.

El gobierno de Cataluña se ha comprometido a convocar una consulta el 9 de noviembre con una pregunta acordada con ERC, ICV-EUiA y la CUP que, a mi juicio, ni siquiera cabe en la ley que aprobará el Parlament. Se quiere formular una pregunta propia de un referéndum en el marco de una ley de consultas populares no referendarias. Una Ley que, por cierto, teniendo el aval del Consejo de Garantías Estatutarias, y por eso vamos a votarla, mereció cuatro votos particulares de un organismo formado por nueve personas.

En una situación normal, tras la suspensión cautelar, todo el mundo aceptaría el papel arbitral del Alto Tribunal y esperaría a su resolución definitiva, tanto por lo que se refiere a la ley como a la convocatoria de la consulta. Pero hay partidos en Cataluña que urgen al president Mas a hacer caso omiso de las decisiones del Tribunal. Y espero que sea el propio president quien desdeñe esos envenenados consejos que encierran un peligro que no quiero ni siquiera entrar a considerar.

En todo caso, no podemos desconocer que son muchísimos los catalanes que desean votar, y lo veremos con motivo de la Diada. Y han de saber que muchos catalanes que no nos manifestaremos el 11 de septiembre decimos también que no puede haber solución estable al actual desencuentro que no pase por someterla al voto ciudadano.

Somos muchos quienes no nos resignamos al choque de trenes y reclamamos de los presidentes Rajoy y Mas un diálogo que por lo que parece es hoy totalmente inexistente.

Confío en que el período que se abrirá tras la más que previsible suspensión cautelar de la consulta por parte del Tribunal Constitucional pueda servir para retomar al diálogo entre gobiernos.

Quisiera emplazar a los presidentes Rajoy y Mas al diálogo, que no se atrincheren en sus razones, que no busquen excusas en los errores de la otra parte, que abandonen cálculos partidistas y electorales, que no esperen a que se llegue a un punto sin retorno, que nos ahorren a todos un enfrentamiento sin sentido que a todos perjudicaría.

Estando en Madrid entenderán que me dirija especialmente al presidente Rajoy. Supongo que sigue con atención los preparativos del referéndum escocés, y debe ver como en estos últimos días, y sin duda azuzados por encuestas que apuntan a un resultado incierto, David Cameron, con el apoyo de otros partidos, está proponiendo un nuevo acuerdo a los escoceses, demostrando que no se refugia en el inmovilismo, convencido de que un nuevo pacto es más beneficioso para todos que la secesión.

Los socialistas, para evitar los callejones sin salida, proponemos soluciones concretas al problema, en la senda iniciada por Alfredo Pérez Rubalcaba y Pere Navarro, que ha recibido el renovado impulso de Pedro Sánchez. La propuesta no es otra que una profunda reforma constitucional que sea sometida al voto de todos los españoles y pueda recibir el apoyo mayoritario de los catalanes.

Las propuestas de corte federal ofrecen alternativas al actual desencuentro entre las instituciones catalanas y españolas en un marco que proporciona soluciones a problemas del conjunto del Estado de las Autonomías, aquejado de un exceso de conflictos competenciales, de profundas carencias en materia de cooperación entre las administraciones, de agravios económico-financieros, el fallido papel del Senado como cámara territorial, etc.

Es por ello que de forma muy breve quisiera exponerles los cuatro ejes que a mi juicio deberían vertebrar una propuesta de reforma constitucional federal. Reconocimiento, Reglas, Representación y Recursos.

Primer eje, reconocimiento. La reforma constitucional que conviene a España y a Cataluña, asegurará tanto la unidad del Estado como el reconocimiento de la identidad nacional catalana, de su singularidad en el marco español. Una singularidad que tiene raíces históricas profundas y se manifiesta especialmente en su lengua, su cultura, el derecho civil y las instituciones de autogobierno. Se trata de los derechos históricos ya recogidos en el Estatuto y que, a nuestro juicio, deberían incorporarse también a la Constitución.

Segundo eje, reglas. La reforma constitucional que conviene a España deberá contener reglas claras que delimiten con precisión los espacios competenciales del Estado federal y las Comunidades, permitiendo que éstas puedan desarrollar sin cortapisas las políticas públicas que tienen encomendadas, procurando la máxima proximidad, eficacia y eficiencia, evitando duplicidades e innecesarias interferencias del gobierno federal.

Tercer eje, representación. La reforma constitucional que conviene a España reformará profundamente el Senado, que debería convertirse en un Consejo Federal con presencia de los gobiernos de las Comunidades, para que éstas participen de la política legislativa general, y especialmente en el establecimiento de las normas de cooperación horizontal y de la financiación.

Cuarto y último eje, recursos. La reforma constitucional que conviene a España debería recoger un federalismo fiscal basado en los principios de suficiencia, justicia y solidaridad que, entre otras cosas, asegure un trato económico justo para todos incorporando el principio de ordinalidad, y que, a través del Consorcio Tributario que proponemos, otorgue a las Comunidades que lo requieran, la capacidad de recaudar y gestionar el conjunto de impuestos soportados en sus territorios, asegurando eficacia, transparencia y automatismo en los flujos fiscales entre Comunidades y Estado.

No nos cansaremos de defender esta propuesta, por mucho que algunos, que no proponen nada, digan que es inconcreta. Les invitamos a leer con calma los acuerdos de Granada, lecturas que pueden ampliarse con los importantes documentos elaborados por la Fundación Alfonso Perales o la Fundación Rafael Campalans.

Si se aportan otras ideas, estaremos encantados de estudiarlas, discutirlas y construir también sobre ellas un nuevo acuerdo.

Pero debo insistir en dos elementos que me parecen de difícil refutación: el primero, así no podemos seguir; el segundo, cualquier solución de fondo debe someterse al veredicto ciudadano.

No nos cansaremos de repetirlo, no hay salida al actual atolladero sin diálogo, negociación y pacto. Esa no es la tercera vía. Es la primera. Y, si me apuran, la única.

Quienes piensan que las revelaciones del caso Pujol, una eventual renuncia de Mas o la derrota de CiU en unas elecciones resolverán el problema se equivocan. Tampoco desaparecerá el problema tras anular la consulta que se pretende convocar para el 9 de noviembre. El hartazgo de amplios sectores de la sociedad catalana es grande y sus causas, diversas. Los avatares de tal o cual dirigente o de tal o cual partido pueden entorpecer el proceso pero no harán desaparecer el problema de fondo. En algún caso pueden incluso complicarlo aún más.

Acabo para dar espacio al debate. Los socialistas estamos comprometidos en la vía del diálogo, la negociación y el pacto. Tenemos propuestas concretas que aportar en ese esfuerzo y tras nuestro propio proceso negociador estamos en condiciones de contribuir, PSOE y PSC, a la estabilidad y la inteligencia política necesarias para encontrar las soluciones que mejor sirvan a Cataluña y a España.

Muchas gracias.