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Intervención ante el Consell Nacional

Intervención de Miquel Iceta ante el Consell Nacional del PSC

Barcelona, 6 de junio de 2015

 

Compañeras y compañeros.

Es muy difícil hacer una valoración global de las elecciones municipales. Nos hemos presentado en 538 municipios y cada uno es diferente. Las elecciones han ido muy bien en Vielha y mal en Barcelona. Celebramos las mayorías absolutas en Granollers, Santa Coloma o Sant Joan Despí, y las claras victorias en Cornellà, Terrassa o L’Hospitalet. Felicitamos a Pep Fèlix Ballesteros y Àngel Ros. Y a los alcaldes y alcaldesas que lo volverán a ser: en Pineda, Gavà, Viladecans, Sant Boi, Esplugues, Mollet, Mediona, Gelida, Ulldecona, Sant Adrià, Batea, Vilafant, Camprodon y muchos otros. Y alcaldías recuperadas como la de Constantí o la de Mataró. Soy consciente de que aún está abierto el período de pactos, en el que tendremos buenas y malas noticias. Pero el balance será razonablemente positivo: en general, conservaremos las alcaldías que ya teníamos y ganaremos otras, participaremos en muchos gobiernos locales.

Pero también hemos padecido retrocesos. Algunos retrocesos incluso antes de comenzar: 230 listas menos que, de entrada, suponían perder unos 520 concejales y unos 36.000 votos.

Es difícil hacer un balance general. Pero hay unas cifras incontrovertibles. Los 531.000 catalanes y catalanas que nos vuelven a situar como el segundo partido de Cataluña en votos. Obtuvimos 525.000 en las últimas elecciones al Parlament. Y hace un año obteníamos 359.000 en las elecciones europeas. Hemos tenido 1.278 concejales, 67 mayorías absolutas y 67 relativas.

¡Todo esto en un partido que muchos daban por amortizado! ¡Qué Santa Lucía les conserve la vista! O mejor, que se la aumente!

Por cierto, ahora que he hablado de Vielha. Si hoy el Conselh Generau d’Aran no tiene un presidente de Unitat d’Aran es por la existencia de un sistema electoral injusto. ¿Os suena? Muy rápido: Convergència Democràtica Aranesa 1.972 votos, 7 consejeros. Unitat d’Aran 2.193 votos, 5 consejeros. Repito: Convergència Democràtica Aranesa 1.972 votos, 7 consejeros. Unitat d’Aran 2.193 votos, 5 consejeros. Por tanto, y lo diremos tantas veces como haga falta, si la propuesta de ley electoral catalana no garantiza el igual valor de todos los votos, no contará con nuestro apoyo. Ya hemos demostrado que se puede garantizar el mismo valor de todos los votos y que la demarcación de Lleida tenga 15 representantes, 17 la de Girona, 18 la de Tarragona y 85 la de Barcelona. Es decir, como ahora. Ninguna excusa, pues, para mantener un sistema que penaliza a todos los habitantes de la demarcación de Barcelona, sean de la capital o del más pequeño de los municipios.

¡Estas elecciones municipales han demostrado que hay PSC para rato! La continuidad de nuestro proyecto está garantizada. Y por ello permitidme que comience agradeciendo su apoyo al más de medio millón de catalanes y catalanas que nos han dado su voto. Que agradezca el inmenso esfuerzo hecho por nuestras candidaturas en toda Cataluña. Desde Canejan, pueblo fronterizo con Francia en el Valle de Aran, hasta Ulldecona. Desde Portbou a Gimenells y el Pla de la Font. El inmenso esfuerzo de miles de personas, integrantes de las listas del PSC-Candidatura de Progrés, de Unitat d’Aran, afiliados del partido y personas cercanas. Han hecho un esfuerzo inmenso que he podido comprobar personalmente y desde muy cerca en más de 150 municipios a lo largo de estos meses. Siento en estos momentos un orgullo y una gratitud inmensa por el trabajo hecho por tantas y tantas personas.

Así, pues, hay PSC para rato. Pero no nos podemos contentar con lo que hemos conseguido.

Tenemos que analizar las causas de nuestro retroceso, nuestras dificultades de implantación en la Cataluña interior, nuestra desconexión con muchas personas jóvenes y nuestras dificultades para representar a los viejos y nuevos problemas de las clases medias urbanas.

Hemos podido comprobar cómo, en general, nuestra gestión municipal, la personalidad de nuestros alcaldes y alcaldesas y la solidez de nuestros equipos de gobierno ha merecido nuevamente la confianza ciudadana pero, en general también, hemos retrocedido donde estábamos en la oposición. El resultado de estas elecciones es la mejor radiografía que podemos tener de nuestro proyecto que no son unas siglas, sino unas personas y una organización. A mejores candidatos, mejores resultados. A mejor organización, mejores resultados. No siempre, claro. Hemos padecido retrocesos en lugares con buenos candidatos. En Barcelona mismo, planteadas las elecciones como una disyuntiva, falsa disyuntiva a nuestro entender, entre Xavier Trias y Ada Colau, nuestra campaña ha tenido enormes dificultades para hacerse oír, aunque muchas personas coinciden en decir que nuestro candidato y la campaña que ha desarrollado eran muy buenos.

El análisis, pues, hay que hacerlo en cada municipio. Para impulsar los cambios necesarios para hacer de nuestro partido un proyecto más útil a la ciudadanía.

Porque Cataluña necesita un PSC fuerte, los y las progresistas necesitan un PSC fuerte, y para tener un PSC fuerte, lo dije en el acto del Palacio de Congresos: el PSC tiene que cambiar, nuestra organización tiene que cambiar, nuestra forma de hacer política tiene que cambiar, nuestra relación con la sociedad tiene que cambiar. Y algunos cambios no tienen por qué esperar al congreso del partido, los podemos ir impulsando desde ahora. Lo tiene que hacer cada organización del partido, analizando los resultados, viendo qué funciona y qué hace tiempo que ya no funciona. El debate del Congreso tiene que enriquecerse a partir de este análisis y de las propuestas concretas de cambio. Hoy os hago una propuesta muy concreta: de aquí a cuatro años el PSC solamente debería presentar listas bien arraigadas en el territorio. Hemos presentado algunas que no lo estaban, 128 para ser exactos. Y tenéis que saber que solamente en 36 municipios no se ha obtenido ningún apoyo. Eso implica que hay muchas personas con ganas de votar socialista y que les tenemos que proporcionar la oportunidad de hacerlo con personas arraigadas en el territorio. Y hay que comenzar desde aquí este esfuerzo.

También tenemos que valorar los resultados obtenidos en toda España. Con un Partido Socialista que se consolida como la única alternativa posible al gobierno el PP, y que ganará importantes parcelas de poder institucional. Ciertamente a partir de acuerdos y alianzas. Pero sin un PSOE ganador no hay cambio posible. El único que puede substituir a Mariano Rajoy al frente del gobierno de España es Pedro Sánchez. Yo ya sé que hay a quien le gusta mucho la serie Juego de Tronos, a mí también, pero aquí no se trata de un Juego de Tronos en el que cuenta la astucia. Estamos en un juego democrático en el que cuenta la fuerza de los votos, y se mire como se mire, quien puede y tiene que substituir a Cospedal es Emiliano García-Page, quien puede y tiene que substituir a Monago es Guillermo Fernández Vara, quien puede y tiene que substituir a Fabra es Ximo Puig, quien puede y tiene que substituir a Bauzá es Francina Armengol y quien puede y tiene que substituir a Luisa Fernanda Rudi es Javier Lambán. Quien puede y tiene que substituir a Mariano Rajoy en La Moncloa el próximo noviembre es Pedro Sánchez, y tiene todo nuestro apoyo para conseguirlo.

Ciertamente es hora de pactos. Diálogo, negociación y pacto. Nosotros queremos pactar y sabemos pactar. Nosotros queremos gobernar y sabemos gobernar. En los Ayuntamientos, en las Comunidades Autónomas y en el Estado. Otros tienen todavía que demostrar que quieren y saben pactar y que quieren y saben gobernar.

En Cataluña también se debe pactar. Nosotros no queremos ningún tipo de inestabilidad en los Ayuntamientos, queremos gobiernos sólidos y estables, sustentados en sólidas mayorías. Gobiernos de progreso.

Y quiero ser muy claro al respecto: no tenemos ningún acuerdo de tipo general con ninguna fuerza política. Queremos gobiernos de progreso, como os decía, sólidos y estables, sustentados en sólidas mayorías. Respetando la voluntad ciudadana. Por cierto, una clara mayoría de ciudadanos de Badalona no quieren seguir con el alcalde que tienen. Él quiso hacer un plebiscito sobre su particular forma de “limpiar Badalona” como decía su eslogan, y ha perdido este plebiscito. No podemos contemporizar con los que practican políticas de enfrentamiento y división por razón de raza, religión u origen. ¡No, no y no!

Hay que respetar la voluntad mayoritaria y leer bien los resultados electorales, que se producen en contextos locales determinados, y por eso la decisión de los pactos corresponde tomarla en cada lugar. Porque no se trata solamente de asegurar investiduras, se trata sobre todo de asegurar cuatro años de gobierno.

Por ejemplo, creo que no conviene que Barcelona tenga un gobierno con un único apoyo de once concejales de un total de cuarenta y uno. Nosotros estamos en disposición de hablar y acordar, no solo investiduras, que son importantes, sino también gobiernos que duren cuatro años y que puedan desarrollar un programa de progreso. Y tampoco entiendo que haya que esperar al 27 de septiembre para establecer acuerdos municipales. La ciudadanía ha hablado y ahora hay que comenzar a trabajar de acuerdo con este mandato popular.

Muchos consistorios están muy fragmentados. Hay nueve partidos en Mataró, me parece, ¿verdad? Pues bien, hay que trabajar en Mataró y en toda Cataluña para tener gobiernos estables, sabiendo que pactar quiere decir acercar posiciones y que muchos estén dispuestos a renunciar a algunas pretensiones legítimas pero que no tienen el consenso suficiente. Por nosotros no quedará.

Dicho esto, no deja de ser extraño que los mismos que consideran que el PSC tiene la obligación de dar apoyo en Badalona a la candidatura de Badalona en Comú porque es la lista más votada, encuentren acertado que Terrassa en Comú maniobre para evitar la investidura del alcaldable del PSC, cabeza de la lista más votada en Terrassa. No está de más hacer una llamada a la coherencia, y pedir a todo el mundo que esté a la altura de las circunstancias. Pongo este ejemplo como podría poner muchos otros.

*************

El pasado día 1 se puso en marcha nuestro proceso de primarias. Con un triple reto, elegir al candidato socialista a la Presidencia del Gobierno de España, el candidato o candidata a la Presidencia de la Generalitat y el o la cabeza de lista socialista al Congreso por la demarcación de Barcelona. Ya sabemos que Pedro Sánchez opta a la presidencia del Gobierno de España Ahora hace falta dar el siguiente paso.

Cuando fui elegido primer secretario, en un momento de gran dificultad, dije que estaba dispuesto a asumir mis responsabilidades con todas las consecuencias y hasta el final. Y he querido esperar a hoy, a este Consell Nacional, para formalizar mi precandidatura a las elecciones al Parlament de Catalunya. Sí, compañeras y compañeros, si lo queréis, seré vuestro candidato a la Presidencia de la Generalitat en las elecciones del próximo 27 de septiembre.

En este instante entrego al Presidente de la Autoridad Electoral del Partido el escrito para poder comenzar a recoger los correspondientes avales.

Soy consciente de la trascendencia de mi decisión y la tomo de forma libre y entusiasta, empujado por una voluntad de servicio, sí, pero con muchas ganas de llevar la bandera que un día levantaron Joan Reventós, Raimon Obiols, Joaquím Nadal, Pasqual Maragall, José Montilla y Pere Navarro.

Ciertamente será una campaña bien diferente a todas las que hemos vivido. Y yo las he vivido todas desde muy cerca desde 1980. Pero tengo muchas ganas de hacerla, tengo muchas ganas de defender nuestros planteamientos, tengo verdadera pasión para demostrar que hay un camino mejor para Cataluña. Que llevamos cuatro años perdidos, sin ninguna nueva competencia, ningún nuevo proyecto, ninguna nueva inversión potente, ningún avance. Que no hemos obtenido ni un pacto fiscal ni una consulta que sirva para arreglar el problema que tenemos. Que llevamos cuatro años de líos sin resultados positivos y tangibles. Que no queremos dividir a los catalanes en una pelea en la que habría un 40% de perdedores. Que queremos preservar la unidad civil del pueblo de Cataluña. Que no hay una salida unilateral al problema de encaje entre Cataluña y el resto de España.

Estoy convencido de que todo el mundo llegará más tarde o más pronto a reconocer que tenemos razón, que no habrá una consulta si no es legal y acordada, que la mejor manera de organizar la diversidad nacional en un Estado democrático miembro de la Unión Europea es el federalismo. Que el camino más firme es negociar una profunda reforma constitucional y someterla a referéndum. Que eso sólo será posible cuando cambie el escenario político en el conjunto de España y que eso lo podemos conseguir a finales del próximo noviembre.

¡Cuántas cosas hemos tenido que escuchar! ¡Tantas como ahora escucha la dirección de Unió Democràtica de Catalunya!

Cada día hay más personas que reconocen no habrá solución sin diálogo entre gobiernos; que no se puede obviar la legalidad vigente, que puede ser modificada a través de los mecanismos previstos; que hay que descartar cualquier escenario que nos sitúe fuera de la Unión Europea. Se diga lo que se diga, la hoja de ruta firmada entre CiU y ERC desconoce estas verdades evidentes. Quizás por eso ya hablan de revisarlo. ¿Cuántas hojas de ruta llevamos? ¿Cuánto tiempo más quieren que perdamos, cuántas energías, cuántas oportunidades?

El 27 de septiembre decidimos entre cuatro años más de líos sin resultados o cuatro años de búsqueda de soluciones justas y de amplios acuerdos.

Tengo ganas de reivindicar un gobierno que haga de la reactivación económica y la creación de puestos de trabajo su prioridad absoluta. Un gobierno que pare los recortes en sanidad, educación y protección social. Un gobierno que luche contra la corrupción y el fraude fiscal. Y, sí, un gobierno que llegue a un acuerdo con el gobierno de España para reconocer a Cataluña como nación, para blindar nuestro autogobierno, para asegurar las competencias de la Generalitat en educación, lengua y cultura, para conseguir un nuevo pacto fiscal. Un acuerdo sometido al voto de la ciudadanía a través de un referéndum legal y vinculante.

En las elecciones todos los candidatos dicen que quieren ser presidentes. Sí. Pero solamente habrá un presidente, y no lo será por mayoría absoluta. El 28 de septiembre habrá que ponerse de acuerdo. Y ¿quién mejor que nosotros para trabajar para el acuerdo? ¿Quién mejor que un partido que no se resigna a la ruptura de la sociedad catalana, un partido que no persigue la ruptura con el resto de España, un partido que tiene la justicia social como norte, un partido inequívocamente catalanista y comprometido con el autogobierno? Un partido que sabe gobernar y que sabe pactar. Un partido capaz de tejer complicidades dentro y fuera de Cataluña. Un partido capaz de fortalecer y ampliar el consenso catalanista y que no se dejará llevar por el frentismo de consecuencias imprevisibles.

Tengo ganas de defender un proyecto en el que creo de forma apasionada, quiero hacerlo desde argumentos muy sólidos y también desde un respeto exquisito por los adversarios. Aspiro a hacerlo desde la sinceridad, sin abandonar nunca el principio de realidad y el de responsabilidad. Convencido de que en la hora difícil de la política catalana, nuestros principios, los valores y los planteamientos que defendemos serán la mejor brújula para salir del embrollo en que nos han metido una finalidad y una estrategia equivocadas.

Basta ya de experimentos. Basta ya de perder el tiempo. Basta ya de perder de vista los problemas reales de las personas víctimas de la crisis y de los recortes. Basta ya de rehuir las propias responsabilidades. Basta ya de enfrentamientos estériles.

Hace casi un año os dije que era la hora de arremangarse para reconstruir el proyecto del PSC.

Hoy os digo que se la hora de arremangarse para servir a los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña.

Si así lo queréis, encabezaré este esfuerzo.

Si así lo queréis, impulsaré con todos vosotros el cambio que conviene a Cataluña y conviene a toda España.

Si así lo queréis me dejaré la piel como candidato socialista en las próximas elecciones al Parlament de Catalunya.

Muchas gracias!

 

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Intervención en el Consell Nacional del PSC

INTERVENCIÓN DE MIQUEL ICETA EN EL CONSELL NACIONAL DEL PSC

Domingo, 5 de octubre de 2014 

Muy buenos días, compañeras y compañeros,

Celebrábamos nuestro Congreso el pasado 19 de julio y no hemos querido esperar más para convocar un Consell Nacional para explicar lo que hemos hecho, lo que estamos haciendo y lo que nos proponemos hacer en las próximas semanas, y también para mantener un debate sobre estas cuestiones en el máximo órgano de dirección del partido entre Congresos.

A lo largo de estas pocas semanas de mandato hemos trabajado duro para comunicar, de la forma más clara y eficaz posible, nuestro mensaje, para gestionar adecuadamente el pluralismo interno y para fortalecer nuestro papel en la política catalana y española.

En el terreno de la comunicación, quiero destacar la aparición del Endavant, el Manifiesto del partido con motivo de la Diada, el cartel y la octavilla que hoy se han repartidos, y la tarjeta con nuestros cuatro objetivos prioritarios distribuida con motivo de la Fiesta de la Rosa.

La Fiesta de la Rosa ha sido este año un éxito de movilización y ha significado un aire fresco de esperanza que se ha extendido por todo el partido. Y por este motivo os quiero agradecer a todas las Federaciones, comenzando por la del Baix Llobregat, vuestro esfuerzo.

El Debate de Política General sirvió también para fijar nuestro mensaje y hacernos escuchar en un clima político alterado por un exceso de gesticulación y grandilocuencia que, se diga lo que se diga, no llevará a la consulta que los catalanes deseamos. Los socialistas catalanes queremos una consulta, queremos votar; pero creemos que el camino elegido por Artur Mas y sus socios no lleva a una consulta, sino a una gran frustración, a un callejón sin salida.

Somos plenamente conscientes de que el principal causante del problema que tenemos es el PP a partir de la feroz campaña contra el proyecto de Estatut, el recurso que presentaron contra el Estatut que votaron los catalanes, la posterior Sentencia del Tribunal Constitucional y la política recentralizadora del gobierno presidido por Mariano Rajoy. Un Presidente de Gobierno que habla de respeto a la legalidad pero no hace ni una sola propuesta para resolver el problema. El inmovilismo de Rajoy está poniendo en riesgo la unidad de España por un puñado de votos.

Pero el President Mas y sus socios también tienen una gran responsabilidad. Si querían convocar un referéndum, ¿por qué no han utilizado la Ley de Consultas Populares por vía de referéndum? Si querían garantías democráticas, ¿por qué hacen una doble pregunta encadenada que no las proporciona? Si querían garantías democráticas, ¿cómo es posible que no se sepa todavía cómo se contabilizarán los resultados? ¿Por qué se han empeñado en hacer un referéndum utilizando la Ley de Consultas Populares No Referendarias?

¿Cuándo se atreverá el President Mas a decir en voz alta que el 9 de noviembre no se podrá celebrar una consulta legal con las suficientes garantías democráticas? Ni gesticulaciones, ni decretos sin fecha de entrada en vigor, ni reuniones maratonianas con resultados tan importantes que no se pueden divulgar, ni ninguna otra astucia puede esconder la dura verdad. El 9 de noviembre no se podrá celebrar la consulta que queremos los catalanes y las catalanas. Y el President Mas lo sabe.

¿Cuándo se atreverá el President Mas a reconocer que la única manera de hacer una consulta con garantías democráticas es hacerla de forma legal y acordada?, como no nos cansaremos de repetir. ¿Por qué no hace caso del Lehendakari Urkullu que decía el pasado viernes en una entrevista publicada en el diario El País: “Me parece interesante del método escocés lo que tiene de acuerdo entre los dos Gobiernos para hacer un referéndum, también reivindicado por nosotros. No sé si es más realista o no (que el de Cataluña). Pero sí más participativo, vertebrador y posible en Europa”? Sin acuerdo entre Gobiernos no hay referéndums de este tipo en Europa.

CiU, ERC, ICV-EUiA y la CUP han prometido hacer una consulta que saben que no se podrá hacer con suficientes garantías democráticas el 9 de noviembre, y se comienza a apuntar una nueva y hábil astucia, que esta vez tomaría la forma de unas elecciones denominadas plebiscitarias que solamente servirían para intentar disimular los fracasos acumulados por Artur Mas, que prometió un pacto fiscal, reducir el paro a la mitad y una consulta, y por ahora, nada de nada.

Nosotros también queremos la consulta, pero, como decía, tal y como se está haciendo, no la tendremos. Y muchos catalanes y catalanas comienzan a intuirlo. No hay solución que no pase por la vía del diálogo, la negociación y el pacto. Y el camino más seguro para que los catalanes votemos un nuevo acuerdo es impulsar una reforma constitucional federal que sea sometida a referéndum, solución en la que estamos comprometidos tanto el PSC como el PSOE. Si hay otras propuestas para hacer realidad la consulta, estamos dispuestos a discutirlas, y si procede, a compartirlas, pero lo que no queremos es contribuir al engaño de nuestros conciudadanos y conciudadanas.

La buena gestión del pluralismo interno ha permitido substituir la gestora del PSC de Terres de l’Ebre por una Comisión Política amplia y fuertemente representativa, también hemos visto la renovación del PSC de las Comarques Gironines con una Ejecutiva elegida con un amplio apoyo, hemos recuperado la estabilidad del Grupo Parlamentario con 20 diputados, y no con 19, un Grupo en el que todos los Diputados y Diputadas tienen asignadas responsabilidades y con una dirección renovada y más fuerte, y hemos sabido atender las especiales y diversas circunstancias que rodean el trabajo de nuestros Alcaldes y Grupos Municipales en el momento de abordar el debate sobre la consulta.

A pesar del buen trabajo hecho no nos podemos dar por satisfechos. Es mucho el trabajo que tenemos por delante y no se pueden menospreciar las dificultades que afrontamos.

La celebración de nuestro Consell Nacional nos tiene que servir, sobre todo, para enviar un mensaje claro a la sociedad catalana: nuestra principal preocupación es la situación económica, los 770.000 parados y paradas que hay en nuestro país (datos del segundo trimestre de la Encuesta de Población Activa), las desigualdades que están creciendo, la gran precariedad laboral, el aumento de la pobreza y la desesperanza que se van extendiendo entre los jóvenes, los trabajadores y las clases medias de nuestro país, la erosión de los servicios públicos de sanidad y educación y, en general, el debilitamiento de los sistemas de protección social.

Me diréis que no son los temas de los que más se habla. Y es verdad. Por eso nosotros tenemos que hablar de ellos en todo momento. También para salir al paso de aquellos que de forma tan irresponsable como falsa dicen que estos problemas se solucionarán con la consulta y la independencia, como si fuese por arte de magia.

Por este motivo no nos cansaremos de insistir una y otra vez en nuestras cuatro prioridades:

  1. Relanzar la economía y crear puestos de trabajo.
  2. Mejorar la calidad de la sanidad y la educación públicas y garantizar la protección social.
  3. Revitalizar la democracia y combatir el fraude fiscal.
  4. Una reforma constitucional federal que reconozca Cataluña como nación, garantice nuestro autogobierno y asegure un nuevo pacto fiscal.

Sí, justicia social y acuerdo federal. Esta es nuestra divisa.

Por el diálogo y el pacto, reforma federal, este es el camino.

La anterior legislatura acabó a medio mandato, y esta puede acabar igual. Creemos que una nueva anticipación de las elecciones sería una estafa política. El President Mas tiene que reconocer que fue un error pensar que en 2014, en una etapa de mayoría absoluta del PP, se realizaría una consulta que no solamente depende de nosotros. No se tiene que renunciar a una consulta sobre el futuro político de Cataluña, sino que hay que seguir trabajando los dos años que quedan de legislatura para hacerla posible. Artur Mas anticipó las elecciones del 2012 y en lugar de conseguir la mayoría extraordinaria que pedía perdió 12 escaños. Ahora no puede volver a huir: no podemos tener tres elecciones en cuatro años. Los socialistas estamos dispuestos a seguir ejerciendo nuestra labor de oposición los dos años que quedan. Y tampoco nos daría ningún miedo ayudar al gobierno si quisiera aprovechar estos dos años para afrontar los problemas de los catalanes y las catalanas, y para conseguir hacer la consulta en el 2016.

Pero que nadie se confunda. No nos dan miedo las elecciones: las elecciones nos gustan. Es más, a mí personalmente las campañas electorales me estimulan. Y quizás ha llegado la hora de que las afronte no solamente como candidato a Diputado, sino como candidato socialista a la Presidencia de la Generalitat. Lo decidiremos entre todos y todas.

Creo que las primarias tendrían que ser el 26 de julio del próximo año, más de un año antes de cuando tocan las próximas elecciones al Parlament. En mi campaña para convertirme en Primer Secretario dije que las primarias tendrían que celebrarse “justo antes o justo después de las vacaciones de verano del 2015”. Hagámoslo así. Si las elecciones se avanzan o se precipitan, ya ajustaremos el calendario. Pero hoy creo que tenemos que pedirle al President y a la Mesa del Consell Nacional y a la Secretaría de Organización del partido que se pongan en marcha para revisar nuestro Reglamento a la luz de las experiencias de elecciones primarias que hemos ido acumulando, las nuestras y las del PSOE, y que comiencen a preparar los dispositivos necesarios para tenerlo todo a punto para el 26 de julio.

En estos momentos lo más importante es dar respuesta a los problemas de la ciudadanía, fortalecer nuestro partido, abrirlo a la sociedad, hacerlo acogedor para que todo el mundo se sienta inspirado por nuestra Declaración de Principios y nuestro Código Ético, y preparar las elecciones municipales del próximo 25 de mayo. Pongámonos a trabajar todos y todas.

El Congreso tenía como lema: ¡Adelante, socialistas! Y hoy ya podemos decir que el PSC se ha puesto de pie y camina con paso firme y seguro para cumplir sus objetivos desde la fidelidad a los valores que compartimos y a nuestra historia. Muchas gracias, compañeras y compañeros.

Cuestión de credibilidad

CUESTIÓN DE CREDIBILIDAD
EL SIGLO, 2.06,.14

Alfredo Pérez Rubalcaba definió sin tapujos los resultados de los socialistas en las elecciones europeas del pasado domingo: han sido un desastre sin paliativos. Son los peores resultados electorales de nuestra historia. Al haber obtenido 3.596.324 votos, hemos perdido un 41,44% de los que obtuvimos en 2009. En Cataluña hemos obtenido 358.539 votos, también el peor resultado de nuestra historia, perdiendo un 49,4% de los que obtuvimos en 2009. En 2009 los votos catalanes suponían un 11,5% de los votos del PSOE y en 2014 han sido casi un 10%.

Ciertamente, ha llovido mucho desde 2009 y las elecciones europeas, al no servir para instalar y deponer gobiernos, tienen una dinámica bien distinta a las demás. Pero ello no nos exime de analizar los resultados y extraer las oportunas conclusiones. Un resultado tan contundente requiere de un análisis profundo y de una reacción proporcionada que desborda un artículo de estas características y que los socialistas nos aprestamos a realizar tanto en Cataluña como en el conjunto de España.

En mi opinión, los socialistas no merecemos aún la confianza de quienes comparten –y son muchos, a tenor de los resultados obtenidos por otras fuerzas progresistas- nuestro mensaje crítico con respecto a las políticas de austeridad y al rumbo de la construcción europea en los últimos años. Los ciudadanos recuerdan con amargura que la crisis llegó cuando gobernábamos y que las políticas que hoy criticamos fueron iniciadas por gobiernos socialistas que no tuvieron más remedio que aceptar las imposiciones de Bruselas y la Troika. El problema no es nuestro proyecto y nuestro mensaje. El problema es nuestra credibilidad.

Mal que nos pese, y a pesar de nuestros esfuerzos, los socialistas no somos aún creíbles para abordar una crisis sistémica que abarca no sólo cuestiones socioeconómicas, sino también democráticas, europeas y nacionales (es decir, las referidas a las relaciones entre Cataluña y el resto de España). Creo que el proyecto reformista dibujado en nuestra Conferencia Política y en los acuerdos de Granada podría concitar un amplio apoyo ciudadano, pero que debemos esforzarnos antes tanto en difundirlo como, sobre todo, en construir la credibilidad y la confianza de las que carecemos a tenor de los resultados electorales. Y en este proceso, unas primarias abiertas a la ciudadanía a celebrar este año son un requisito imprescindible.

La dispersión del voto progresista dificulta, cuando no imposibilita, que criterios ampliamente mayoritarios puedan orientar las políticas de los gobiernos. El retroceso del conjunto de los socialistas en el Parlamento Europeo, aun siendo mucho menor que el retroceso del Partido Popular Europeo, ha impedido que seamos el primer grupo de la Eurocámara y dificultará la articulación de una mayoría progresista capaz de revertir el dogmatismo austericida. Es una reflexión que no sólo debemos hacernos los socialistas.

Este análisis de urgencia no debe perder de vista que también en el conjunto de Europa retroceden los grandes partidos y que en muchos países irrumpen fuerzas de carácter populista y euroescéptico. Cuando muchos justamente reclaman el contraste de alternativas políticas, en Europa habrá que buscar grandes acuerdos que permitan avanzar frente a los euroescépticos.

Quiero comentar alguna cuestión específicamente referida a los resultados de estas elecciones en Cataluña. Hay quien ha querido señalar una participación superior a la media española (45,84%). Sí, casi dos puntos más (47,63%), aun siendo inferior a la registrada en Castilla y León, Comunidad Valenciana, Madrid y La Rioja. E inferior también a la registrada en el referéndum sobre el Estatuto de 2006 (49,41%), que fue considerada entonces como un fiasco. También se subraya el importante apoyo obtenido por CiU y ERC, un destacable 45,53% por el que les felicito. Similar, por cierto, al obtenido en las últimas elecciones al Parlament de Catalunya, que fue del 44,4%. Del mismo modo que el PSC, tercera fuerza política catalana, ha obtenido un 14,28% de los votos, muy similar al 14,43% que obtuvo en noviembre de 2012. Nadie, tampoco quienes planteaban estas elecciones como un test sobre la consulta, debería sacar conclusiones apresuradas.

Primeras impresiones

PRIMERAS IMPRESIONES
ABC, 29.05.14

Los resultados del PSC en las elecciones del pasado domingo han sido un desastre sin paliativos. Son los peores resultados electorales de nuestra historia, a pesar de la vibrante campaña protagonizada por nuestros candidatos y activistas, especialmente por Javi López y Esther Niubó. Al obtener 358.539 votos, hemos perdido un 49,4% de los que obtuvimos en 2009, proporción bastante cercana al 41,6% de votos perdidos por el PSOE, que ha conocido también el peor resultado de su historia. En 2009 los votos catalanes suponían un 11,5% de los votos del PSOE y en 2014 han sido casi un 10%.

Los socialistas no merecemos aún la confianza de quienes comparten –y son muchos a tenor de los resultados- nuestro mensaje crítico con respecto a las políticas de austeridad y al rumbo de la construcción europea en los últimos años. Los ciudadanos recuerdan con amargura que la crisis llegó cuando gobernábamos y que las políticas que hoy criticamos fueron iniciadas por gobiernos socialistas que no tuvieron más remedio que aceptar las imposiciones de Bruselas y la troika. Por ello los socialistas no somos aún creíbles para abordar una crisis sistémica que abarca no sólo cuestiones socioeconómicas, sino también democráticas, europeas y nacionales (es decir, las referidas a las relaciones entre Cataluña y el resto de España). Un resultado tan contundente requiere de un análisis profundo y de una reacción proporcionada que excede un artículo de estas características y que los socialistas nos aprestamos a realizar tanto en Cataluña como en el conjunto de España. Sin perder de vista que también en el conjunto de Europa retroceden los grandes partidos e irrumpen fuerzas de carácter populista y euroescéptico.

No quisiera dejar de comentar alguna cuestión específicamente referida a los resultados de estas elecciones en Cataluña. Hay quien ha querido señalar una participación superior a la media española (45,84%). Sí, casi dos puntos más (47,63%), aun siendo inferior a la registrada en Castilla y León, Comunidad Valenciana, Madrid y La Rioja. E inferior también a la registrada en el referéndum sobre el Estatuto de 2006 (49,41%), que fue considerada un fiasco. También se subraya el importante apoyo obtenido por CiU y ERC, un destacable 45,53% por el que les felicito, similar por cierto al obtenido en las últimas elecciones al Parlament de Catalunya que fue del 44,4%. Del mismo modo que el PSC, tercera fuerza política catalana, ha obtenido un 14,28% de los votos, muy similar al 14,43% que obtuvo en noviembre de 2012. Nadie, tampoco quienes planteaban estas elecciones como un test sobre la consulta, debería sacar conclusiones apresuradas.

Juncker o Schulz

JUNCKER O SCHULZ
EL SIGLO, 24.03.14

La campaña europea permite hablar de muchos temas, pero no podemos correr el riesgo de perdernos por las ramas.

El 25 de mayo podemos cambiar el rumbo de las instituciones europeas, podemos decir basta a las políticas de austeridad suicida y abrir espacio a las políticas de estímulo económico y solidaridad que nos definen a los socialistas. El 25 de mayo decidiremos la orientación de la presidencia de la Comisión Europea, democristiana o socialdemócrata. Juncker o Schulz, ésa es la disyuntiva, ésa es la decisión. Juncker representa la continuidad, y Martin Schulz es el cambio progresista.

¿Que nos conviene? Una Europa volcada en la creación de empleo. Una Europa que apueste por los jóvenes. Por una mayor integración política, económica y social. Por los derechos de las mujeres. Por la diversidad. Por una mejor democracia. Por unos bancos al servicio de las empresas y las personas, no de la especulación financiera. Por la sostenibilidad y la defensa del medio ambiente. Por una mayor capacidad de influir en las relaciones internacionales y promover la paz, los derechos y el desarrollo del mundo.

Eso es lo que nos une a todos los socialistas, socialdemócratas, laboristas y progresistas europeos. Estamos juntos en el Partido Socialista Europeo, en el grupo de los Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo. Y estamos todos juntos apoyando la candidatura de Martin Schulz a la presidencia de la Comisión Europea. Sólo una victoria socialista hará posible el cambio en Europa.

La apuesta de los socialistas es inequívoca: queremos cambiar Europa y queremos decir no a las políticas de derechas en Europa, en España y Cataluña. Queremos decir no a la reforma laboral. Queremos decir no a la reforma de la Ley del Aborto. Queremos decir no a la ley Wert, a las leyes de seguridad de Fernández Díaz, a la privatización de la sanidad.

Queremos ganar las próximas elecciones en nombre y representación de las personas que han luchado tanto y que ahora ven esfumarse sus derechos; en nombre y representación de los jóvenes que merecen esperanza de presente y no vagas promesas de futuro; en nombre y representación de las mujeres, para que no vean desaparecer derechos que tanto ha costado conseguir, para que puedan alcanzar la plena igualdad salarial y laboral.

Porque el cambio empieza en Europa. Con todos los socialistas, los socialdemócratas, los progresistas europeos, trabajando juntos, unidos en la defensa de los mismos principios y valores, comprometidos con un Manifiesto común aprobado en Roma que tiene diez prioridades fundamentales: 1. El empleo. 2. El relanzamiento de la economía. 3. Poner el sector financiero al servicio de las personas y de la economía real. 4. Una Europa social. 5. Una Unión de la igualdad y de los derechos de las mujeres. 6. Una Unión de la diversidad, capaz de plantar cara al extremismo, los prejuicios, el odio y la división. 7. Una vida saludable para todos. 8. Una Europa más democrática y participativa. 9. Una Europa sostenible.10. Una Europa con mayor presencia en el mundo.

PSOE y PSC presentamos una candidatura renovada, que aúna experiencia y renovación, encabezada por Elena Valenciano, la vicesecretaria general del PSOE, con experiencia en el Parlamento Europeo y gran prestigio en el Partido de los Socialistas Europeos. Una candidatura cremallera, que alterna mujeres y hombres como expresión rotunda de un radical compromiso por la igualdad. En esa candidatura figuran de forma destacada Ramón Jáuregui o Juan Fernando López Aguilar. En ella se integra Javier López, primer candidato del PSC elegido a través de unas elecciones primarias en las que participaron más de 8.000 personas. Junto a él, Esther Niubó, responsable de la política europea del PSC y directora de la Fundació Rafael Campalans; Alejandro Colldefors, Diana Salvadó, Eduard Rivas y Rosa Orriols, activistas europeos comprometidos en la Europa social y federal que merece la pena construir.

Lecciones del 25 de noviembre

LECCIONES DEL 25 DE NOVIEMBRE
EL SIGLO, 3.12.12

Siempre he desconfiado de quienes dicen hablar en nombre de un pueblo. Ni Cataluña piensa, ni España proclama, ni Asturias defiende, ni Andalucía exige. Lo hacen en todo caso sus instituciones. Quienes de verdad aman a su país no pretenden apropiárselo o hablar en su nombre. En cambio, quienes se escudan en la bandera suelen esconder intereses no siempre legítimos. Por eso celebro la desconfianza con que muchos ciudadanos han recibido el mensaje profético del líder carismático que se presentaba a las elecciones como la encarnación de la voluntad de un pueblo. La operación de convertir las elecciones en un plebiscito personal ha fracasado estrepitosamente al topar con una realidad tozuda: Cataluña es plural por más que algunos se empeñen en negarlo.

La jugada maestra de Artur Mas nos deja un país más dividido al tiempo que ha debilitado a su propio partido. ¿Seguirá prisionero de su fracasada estrategia y acelerará aún más su huida hacia adelante o será capaz de rectificar y volver al sentido común y la templanza que caracterizaron a CiU en los años ochenta y noventa?

Tras las elecciones tenemos un Parlament más polarizado y más fragmentado. Pero los ciudadanos no quieren bronca política, sino soluciones a los problemas. Los socialistas, aun disminuidos en nuestra representación, seguiremos trabajando para resolver problemas y no para agravarlos. Nos centraremos, pues, en dar respuesta al paro creciente, a las dificultades de muchas familias para llegar a fin de mes y hacer frente a sus deudas, a los efectos de los recortes indiscriminados en la calidad de los servicios públicos, a la falta de horizonte para los más jóvenes, y al esfuerzo que se pide a los más mayores para que con sus exiguas pensiones cubran las carencias causadas por el desempleo en tantos hogares.

¿Conseguirá alguien convencer a Artur Mas de que no es el momento de buscar enfrentamientos con el Estado, sino de negociar de buena fe para resolver los problemas concretos del encaje entre Cataluña y el resto de España, para reactivar la economía, crear empleo y defender el Estado del Bienestar? Si es así, podrán corregirse en parte los estragos creados por una estrategia fatalmente equivocada. Si no es así, problemas aún mayores aquejarán a la sociedad catalana y CiU será la única responsable de ellos.

Pero la sanción ciudadana al disparate de Artur Mas no puede ni debe ocultar el mal resultado electoral obtenido por los socialistas catalanes: el peor de nuestra historia. Nuestra propuesta de justicia social y de pacto federal no ha podido frente al empuje de la polarización Cataluña-España impuesta por los bloques CiU-ERC y PP-Ciudadanos. Pero nuestros problemas vienen de antiguo. Nuestro proyecto no resulta ya atractivo para muchos sectores a los que aspiramos a representar. A riesgo de simplificar, hemos perdido apoyos entre tres sectores fundamentales: los trabajadores, decepcionados por nuestro fracaso frente a la crisis y por la percepción de que no hemos sido lo bastante coherentes con nuestros valores socialistas; las clases medias urbanas, los sectores más dinámicos y emprendedores (el resultado obtenido en Barcelona ciudad es especialmente sintomático), que no nos sienten ni cercanos ni útiles; y entre los jóvenes, que han encontrado en propuestas políticas más utópicas las respuestas que no hemos sabido darles.

Ciertamente, nuestros problemas no son ajenos a los que sufre el PSOE y el conjunto de la izquierda europea, que no ha sido capaz de afirmar la vigencia de su proyecto respondiendo a tres grandes desafíos: la globalización económica, el egoísmo individual y el repliegue comunitario. Son aspectos que generan miedo, el caldo de cultivo preferido por los populismos demagógicos e identitarios que estimulan el conservadurismo y la resignación frente a la ley de la selva dictada por los mercados.

Estos problemas tienen en Cataluña características específicas. El Congreso del PSC celebrado hace casi un año señaló líneas de actuación que apenas han sido esbozadas a causa de la anticipación electoral. Convendrá retomar ese esfuerzo en una verdadera tarea de reconstrucción del proyecto político del socialismo catalán, un proyecto socialdemócrata, catalanista, federalista y europeísta. Un proyecto que ni está ni debe aparecer como supeditado a otros. Esa reconstrucción pasa por renovar nuestras ideas, innovar nuestra forma de hacer política, abrir nuestro partido, creciendo hacia dentro y hacia fuera, y reconectar con la sociedad catalana.

La voluntad de un pueblo

LA VOLUNTAD DE UN PUEBLO
ABC, 29.11.12

Siempre he desconfiado de quienes dicen hablar en nombre de un pueblo. Ni Cataluña piensa, ni España proclama, ni Asturias defiende, ni Andalucía exige. Lo hacen en todo caso sus instituciones. Quienes de verdad aman a su país no pretenden apropiárselo o hablar en su nombre. En cambio, quienes se escudan en la bandera suelen esconder intereses no siempre legítimos. Por eso celebro la desconfianza con que muchos ciudadanos han recibido el mensaje profético del líder carismático que se presentaba a las elecciones como la encarnación de la voluntad de un pueblo. La operación de convertir las elecciones en un plebiscito personal ha fracasado estrepitosamente al topar con una realidad tozuda: Cataluña es plural por más que algunos se empeñen en negarlo.

La «jugada maestra» de Artur Mas nos deja un país más dividido al tiempo que ha debilitado a su propio partido. ¿Seguirá prisionero de su fracasada estrategia y acelerará aún más su huida hacia adelante o será capaz de rectificar y volver al sentido común y la templanza que caracterizaron a CiU en los años ochenta y noventa?

Tras las elecciones tenemos un Parlament más polarizado y más fragmentado. Pero los ciudadanos no quieren bronca política, sino soluciones a los problemas. Los socialistas, aún disminuidos en nuestra representación y necesitados de una profunda reflexión, seguiremos trabajando para resolver problemas y no para agravarlos. Nos centraremos, pues, en dar respuesta al paro creciente, a las dificultades de muchas familias para llegar a fin de mes y hacer frente a sus deudas, a los efectos de los recortes indiscriminados en la calidad de los servicios públicos, a la falta de horizonte para los más jóvenes, y al esfuerzo que se pide a los más mayores para que con sus exiguas pensiones cubran las carencias causadas por el desempleo en tantos hogares.