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El catalanismo social y federal del siglo XXI

EL CATALANISMO SOCIAL Y FEDERAL DEL SIGLO XXI

Conferencia de Miquel Iceta

I·lustre Col·legi de l’Advocacia de Barcelona, 29.10.15

 

Buenas tardes,

Quiero agradecer en primer lugar al Colegio de Abogados la oportunidad de expresarme desde esta tribuna y también dar las gracias a todos los que habéis venido hoy a escucharme.

He querido hacer esta conferencia cuando ya hace un mes de las elecciones al Parlament de Cataluña para hacer balance de lo que ha pasado en estos 30 días y para explicar cuál es el camino que los socialistas proponemos a los catalanes y las catalanas en los próximos meses y años.

El pasado martes, mientras preparaba esta conferencia, se produjo un hecho muy grave: Junts pel Sí y la CUP presentaron una propuesta de resolución que pretenden aprobar en el Parlamento los próximos días y sobre la que me quiero pronunciar de forma rotunda. LA RESPUESTA ES NO. Ni hablar.

NO A DIVIDIR A LOS CATALANES

NO A SALIR DE LA LEGALIDAD DEMOCRÁTICA

NO A UN PROCESO SECESIONISTA UNILATERAL

NO, NO y NO, porque esta posición no tiene el aval mayoritario de los ciudadanos de Cataluña, porque sitúa Cataluña al borde del abismo y porque rompe radicalmente con la trayectoria del catalanismo político que quiero reivindicar.

 

Ante una propuesta como ésta sólo hay una respuesta: votar en contra y no caer en la trampa de legitimar un debate que no tiene otro objetivo que subvertir la legalidad democrática vigente. Por lo tanto no presentaremos ni una propuesta nuestra, ni haremos enmiendas a la misma. No tendría ningún sentido.

El resultado de las elecciones del 27 de septiembre ha dibujado un escenario político en el que el PSC está en condiciones de recuperar su función original. Como dije, se acabó la época de limitarse a resistir, es momento de pasar a la ofensiva.

El PSC nació para defender los intereses de las clases populares en un proyecto político, a la vez socialista y catalanista. Somos socialistas y somos catalanistas por las mismas razones, decíamos. Un catalanismo integrador que evitara una sociedad dividida entre los catalanes de origen y los catalanes de adopción. Reivindicábamos y reivindicamos la unidad civil del pueblo de Cataluña. Cataluña somos todos y todas. No nos resignaremos al desgarro de la sociedad catalana en mitades irreconciliables. Somos herederos y defensores del carácter transversal e integrador del tronco central del catalanismo político.

Por tanto, nos opondremos encarnizadamente a cualquier deriva que ponga en riesgo la convivencia. Y salir de la legalidad democrática, como proponen Junts pel Sí y la CUP, es la mayor amenaza a la convivencia que en democracia se pueda imaginar.

Permítanme una cita de Enric Fossas y Espadaler en un artículo publicado hace dos días en El País: “Ni legitimidad democrática ni Estado de derecho. La propuesta de resolución no es una declaración unilateral de independencia, es una declaración de insurgencia que sitúa el proceso fuera del mundo civilizado”. Fin de la cita.

No es menos severo el juicio de Fran Caamaño, contenido en el artículo que publica hoy en El Periódico de Cataluña, cuando nos dice: “Ni la democracia tiene precio, ni la convivencia ciudadana puede ser moneda de cambio de ambiciones personales o partidarias”. Fin de la cita.

Por eso, después del 27S, el papel del PSC es aún más necesario. No sólo por el más de medio millón de catalanes y catalanas que confiaron en nosotros, sino también por el aval a la propuesta de diálogo, negociación y pacto como único camino para resolver nuestros problemas. Por eso quiero reivindicar con rotundidad el catalanismo social y federal, el proyecto político del socialismo catalán.

Un socialismo catalán que es hoy la primera fuerza parlamentaria de izquierdas y la primera fuerza parlamentaria catalanista no independentista.

Fieles al mandato democrático ya nuestros valores, ejerceremos plenamente las funciones que nos corresponden y no nos dejaremos arrastrar por peligrosas dinámicas frentistas. Pero cuando haya que decir SI o decir NO de forma inequívoca, lo haremos sin complejos y sin miedo a coincidir con unos u otros. Lo que está en juego es demasiado importante y no hay margen para la especulación política de carácter electoralista. Les anuncio, pues, que utilizaremos todos los instrumentos a nuestro alcance, incluyendo el recurso ante el Tribunal Constitucional para que esta propuesta de resolución no salga adelante.

Señoras y señores,

Después de esta introducción, la primera reflexión que quiero hacer es que, en mi opinión, esta legislatura ha nacido muerta.

Tiene fecha de caducidad. Y no son 4 años, como debería ser, ni siquiera 18 meses como nos propone la candidatura ganadora.

La legislatura nace muerta tanto en el caso de que Mas consiga ser investido como si no. La amalgama que supone Junts pel Sí y una alianza frágil y contra natura con la CUP no pueden proporcionar ni la estabilidad política ni el pulso firme en la acción de gobierno necesarios; ni tampoco la capacidad de diálogo, negociación y pacto con las instituciones españolas que Cataluña necesita como el aire que respira.

Hay que notar, además, que el impacto de la pesada losa de las densas sospechas de corrupción, que estos días se ha hecho presente de forma arrolladora, será muy probablemente demoledor.

Pretender que el Parlament de Cataluña tramite los próximos meses leyes de estructuras de Estado y que éstas sean negociadas con el Gobierno de España para facilitar la independencia es inverosímil. Y la rotura unilateral de la legalidad democrática es altamente peligrosa, potencialmente letal para el autogobierno de Cataluña.

Quiero recordar que yo mismo, en nombre del PSC, le ofreció al Presidente Mas hace un año la estabilidad parlamentaria necesaria para agotar la anterior legislatura y no depender de las prisas y el radicalismo de ERC y la ANC para convocar nuevas elecciones y proclamar unilateralmente la independencia.

Nosotros nos ofrecimos para que el presidente Mas agotara la legislatura y pudiéramos ver todos juntos qué oportunidades ofrece el nuevo escenario político español que se abrirá tras las elecciones del próximo 20 de diciembre.

Éramos y somos partidarios de esperar a ver el nuevo mapa político español que será sin duda, pase lo que pase, más favorable para la negociación de los temas que realmente importan: una mejor financiación para Cataluña -que a veces hemos denominado pacto fiscal -, el reforzamiento competencial como forma de profundizar el autogobierno en cuanto a lengua, educación, cultura y derecho civil, el reconocimiento de la singularidad nacional catalana, e incluso los 23 temas que, hace más de un año , el presidente Mas puso sobre la mesa del presidente Rajoy sin obtener ninguna respuesta.

Esta agenda nacional no se puede separar de los otros tres grandes objetivos de país: la reactivación económica y la creación de puestos de trabajo; la defensa del Estado del bienestar, en particular la sanidad pública, la educación pública y los mecanismos de protección social; y la lucha contra el fraude fiscal y la corrupción en el esfuerzo para regenerar nuestra vida pública.

Y en estos puntos es, en mi opinión, donde teníamos la posibilidad de tejer acuerdos con el Gobierno de la extinta CiU. Pero desgraciadamente Mas rechazó el entendimiento con el PSC y se abandonó definitivamente en los brazos de ERC, convocando elecciones con carácter plebiscitario y definiendo una hoja de ruta de imposible aplicación.

En el año 2012 Mas no obtuvo los resultados esperados y ligó su suerte a ERC. El año 2015 tampoco ha obtenido los resultados que esperaba porque, si bien ha ganado las elecciones, ha perdido el plebiscito que él definió y, en un salto en el vacío, parece decidido a ligar su suerte a la CUP, una fuerza política que, ayer mismo, suspendía una reunión con Junts el Sí para negociar la investidura de Mas a causa de una operación judicial contra sectores anarquistas.

Más allá de la polvareda de la inmediatez política, los temas realmente importantes para Cataluña, que han sido sacrificados por la precipitada hoja de ruta independentista, siguen siendo considerados muy importantes para una parte relevante de los electores tradicionales de CDC, que hoy se encuentran políticamente huérfanos. Muchos de ellos votaron a Junts pel Sí confiando sinceramente en una negociación política con el Gobierno de España. Hoy, si han leído la propuesta que Junts pel Sí ha acordado con la CUP, habrán comprobado cómo la vía de la negociación ha sido definitivamente enterrada por parte de Mas, Junqueras y la CUP en beneficio de una confrontación institucional de la que no puede salir nada bueno para Cataluña ni el resto de España.

Creo que no digo nada que la gente no sepa si afirmo que, hoy, una parte importante de los referentes locales y dirigentes de CDC, incluidos varios Consejeros del Gobierno en funciones, están perplejos y muy preocupados por la deriva que están tomando los acontecimientos.

Esta preocupación radica en la convicción de que la obsesión del actual núcleo duro que controla CDC con el “proceso” subestima la fuerte erosión que están sufriendo, después de haber roto UDC, de haber disuelto la Federación de CiU y haber desconcertado buena parte de sus bases tradicionales con el radicalismo político que los caracteriza hoy.

Ciertamente CDC estaba ya embarcada en un proceso de refundación, obligado en parte por los graves casos de corrupción hoy investigados en un calvario de actuaciones judiciales que parece lejos de haber terminado. Pero para muchos antiguos votantes de CiU la refundación no exigía subsumirse en la amalgama de Junts pel Sí y, menos aún, quedar supeditados al proyecto antisistema de la CUP.

La sociedad catalana necesita un potente partido de centro derecha catalanista como ha sido tradicionalmente CDC, del mismo modo que necesita una potente socialdemocracia catalanista como la que quiere representar el PSC.

Si CDC deja libre este espacio que, hasta hoy, era capaz de aglutinar a sectores conservadores, liberales e, incluso, socialdemócratas moderados o social liberales, serán otros partidos los que la ocupen defendiendo proyectos políticos catalanistas de orden que no quieren transitar el precipicio de la independencia unilateral. De hecho, algunos sectores de la sociedad catalana tradicionalmente cercanos a CDC empiezan a interesarse por el mensaje del socialismo catalán, capaz de reivindicar simultáneamente autogobierno y progreso, sin ceder a populismos ni a aventurismos.

Somos conscientes de la necesidad de ampliar el espacio político del PSC, y pensamos hacerlo hacia la izquierda y hacia el centro, intentando atraer a todos aquellos que renuncien a radicalismos estériles y que piensen que Cataluña, después de haber perdido ya cinco años sin obtener avances, no puede permitirse el lujo de perder más tiempo sin resultados. Este es mi objetivo como líder del PSC.

Como les decía, el Presidente Mas rechazó el ofrecimiento socialista de estabilidad parlamentaria para lanzarse a lo que él denominó unas elecciones plebiscitarias sobre la independencia.

Supongo que mucha gente recuerda su intervención veraniega en la Diputación Permanente del Parlamento justo antes de las elecciones cuando Artur Mas decía, y creo citar textualmente, “la noche del 27 S se contarán los SÍES y se contarán los NOES” y remachaba el clavo a lo largo de la campaña electoral que se dirige especialmente a la gente de Catalunya Sí Que Es Pot (y quiero saludar desde aquí el amigo Lluis Rabell), cuando decía: los que no voten a favor de las candidaturas independentistas serán contabilizados como NOES, junto con José María Aznar.

Y, mira por donde, resulta que, se mire como se mire, el presidente Mas ha perdido su plebiscito en los términos en que lo planteó. Ha ganado las elecciones y ha perdido el plebiscito.

En dos ocasiones ha querido contar cuántos independentistas había (el 9N y el 27S) y en ambas ocasiones hemos constatado que el independentismo reúne muchos catalanes, muchísimos, pero no es mayoritario. Votos Sí-Sí el 9 de noviembre: 1.897.000; votos de Juntos el Sí y la CUP el 27 de septiembre: 1.957.000.

Por eso digo, hoy y aquí, con rotundidad y con todas las consecuencias, que el PSC considera legítimo que Junts pel Sí gobierne si logra el apoyo de la CUP para la investidura, pero que no consideraremos democráticamente legítima ninguna de las iniciativas legislativas o normativas que el Gobierno o el Parlament eventualmente desarrollen en el camino de la independencia y, por tanto, nos opondremos por todos los medios a nuestro alcance.

Un análisis desapasionado de los resultados electorales del 27S nos lleva a la conclusión de que hay vida política más allá del independentismo. Que existe una mayoría social -que no parlamentaria, entre otras cosas por las disfunciones de nuestro sistema electoral- que no tiene la independencia como horizonte y que se ha expresado a través de una pluralidad de opciones que han recibido más votos que el independentismo.

Así pues, llegados a este punto, poco más de 30 días después de las elecciones, hay que preguntarse: ¿Y ahora, qué?

Pues, básicamente, hay dos opciones.

La primera, la de Artur Mas, que ya he descrito: plegarse a las exigencias de ERC en 2012 y, ahora, adoptar de forma oportunista el programa antisistema de la CUP.

Una opción que sitúa a Mas y sitúa a Cataluña en un callejón sin salida.

Digámoslo claro: con la disparatada hoja de ruta perfilada en la reciente Propuesta de Resolución Junts el Sí y la CUP será imposible negociar con el Gobierno de Rajoy, con un eventual Gobierno PP-Ciudadanos, y con un Gobierno de España presidido por Pedro Sánchez.

Lo subrayo: un Gobierno socialista de España, es decir, del PSOE y del PSC, no negociará el contenido de la propuesta de resolución presentada el martes, ni leyes de estructuras de Estado, ni Ley de Proceso Constituyente, ni la de transitoriedad Jurídica ni sobre nada que se le parezca.

Lo expresaré de otra manera para que quede bien claro: en el marco de la Constitución y de la legalidad democrática, los socialistas estamos dispuestos a hablar de todo y con todos hasta la extenuación para encontrar una solución y un acuerdo sobre la manera en que Cataluña se encuentre cómoda dentro de España. Y, evidentemente, consideramos que sustituir a Mariano Rajoy y el PP en el Gobierno de España será un primer paso para buscar una solución y un acuerdo.

Pero los socialistas catalanes y españoles no negociaremos sobre cómo Cataluña puede irse. No sólo ni principalmente porque nosotros no nos queremos marchar, sino porque los ciudadanos de Cataluña han dicho en las urnas mayoritariamente que no quieren separarse del resto de España. Han votado mayoritariamente a las opciones políticas que queremos encontrar una solución, no a las que quieren una ruptura. Y eso sin tener en cuenta que una proporción de los votantes de Junts pel Sí lo que quieren es forzar una negociación y un acuerdo que los dirigentes de Junts pel Sí, con iniciativas como la presentada el martes, hacen del todo imposible.

El encaje de Cataluña en España no es un problema catalán o de Cataluña. Es un problema español. Yo diría que es EL PROBLEMA de España (de hecho, lo dije en una conferencia en Madrid durante la campaña electoral y celebro que ahora también lo diga Mariano Rajoy. Bienvenido sea. Un poco tarde, pero bienvenido sea, después de haber fabricado más independentistas que nunca después de cuatro años de inacción). Por tanto, la solución a este problema, sea la que sea, hay que buscarla con el conjunto de los españoles.

Y, que nadie se equivoque, del mismo modo que los socialistas creemos que la “cuestión catalana” es un problema político que debe resolverse políticamente y no por la vía judicial (he dicho muchas veces que hay que derrotar el proyecto político independentista con proyectos políticos que sean mejores), también creemos que cuando las leyes democráticas se incumplen deliberadamente o cuando una institución -se diga Parlament de Catalunya o se diga Govern de la Generalitat- propone abiertamente desobedecer la legalidad democrática, esto debe tener inevitablemente consecuencias jurídicas.

Y, por si quedan dudas, lo diré más gráficamente: si alguien es procesado por desobedecer gravemente las leyes democráticas de manera premeditada, nosotros no nos manifestaremos para darle apoyo. Estaremos apoyando a los que velan por el cumplimiento de las leyes democráticas. Porque somos escrupulosamente demócratas y, por tanto, respetamos el Estado de derecho.

Analizado retrospectivamente, mucho me temo que el presidente Mas adelantó las elecciones al Parlament sin esperar a las elecciones generales porque no se planteó seriamente la posibilidad de negociar con el Gobierno de España. Si no, no se entiende. Como tampoco se entiende que alguien que quiera negociar pueda plantear una propuesta de resolución tan descabellada como la presentada el martes por Junts pel Sí y la CUP.

No me cansaré de decirlo: ganar las elecciones habilita para gobernar, no para saltarse la legalidad democrática y llevar a Cataluña por el pedregal.

Los catalanes, haya sido cuál haya sido el sentido de su voto, tienen derecho a que se invista un presidente y se forme un gobierno capaz de gobernar.

Gobernar para dar respuesta a las necesidades de la sociedad, y especialmente a las necesidades más urgentes, las que no pueden esperar. Gobernar para desarrollar un programa electoral que, en el caso de Junts pel Sí, seguimos sin conocer y mucho menos si se acordará con la CUP. Los integrantes de Junts pel Sí tienen el derecho y la obligación de intentarlo, así como de asumir su fracaso si no lo consiguen, así como las consecuencias de todo orden de su actuación.

Como ya he dicho, no creo que, en las actuales condiciones, la estrambótica combinación de Junts pel Sí y la CUP pueda proporcionar ni la estabilidad, ni la acción de gobierno, ni la capacidad negociadora que los catalanes necesitan y merecen.

Retomo el hilo de mis reflexiones. Antes he dicho que había dos opciones. La segunda opción, que sospecho que a la luz de lo ocurrido esta semana es del todo improbable, es que Artur Mas y lo que sea capaz de mantener de Junts pel Sí abandonen formalmente la deriva secesionista unilateral y, en este caso, esperen a negociar con el nuevo Gobierno de España los temas que antes ya he mencionado: una nueva financiación para Cataluña, un reforzamiento de competencias, reconocimiento de la singularidad nacional de Cataluña, y los 23 puntos del documento del gobierno. Un escenario así permitiría un juego más abierto de acuerdos y alianzas.

Espero que después de lo que he dicho se entienda mejor mi afirmación de que la legislatura ha nacido muerta.

Señoras y señores,

Permítanme ahora que explique los motivos por los que el PSC quiere pasar a la ofensiva política para recuperar su papel central en la política catalana.

Estoy convencido de que el panorama que he dibujado hace unos instantes conducirá sus aventureros protagonistas a un gran batacazo y al fracaso, con un elevado coste para Cataluña. Intuyo que, a continuación, se producirá un natural movimiento de reflujo político por el que una parte significativa de los electores que hace un mes han dado su apoyo a Junts pel Sí, pensando que con su voto serviría para negociar un nuevo acuerdo con el Gobierno de España, irán asumiendo que han sido víctimas de un gran engaño y volverán a buscar ofertas políticas que, con los pies en el suelo, estén en condiciones de alcanzar este acuerdo que desean. Un acuerdo que mejorará el autogobierno, la financiación y el reconocimiento de las aspiraciones nacionales catalanas.

Es decir, volverán al catalanismo no independentista. Al catalanismo político de la mejor tradición que tan beneficioso ha sido para Cataluña y para el conjunto de España: el catalanismo del diálogo, la negociación y el pacto. Sin renuncias sobre los objetivos, pero con pragmatismo para lograr avances factibles y seguros.

Por este motivo, además de intentar ganar las elecciones generales para sustituir a Mariano Rajoy por Pedro Sánchez, el papel del PSC en los próximos meses, el papel que pienso desarrollar, la tarea a la que me pienso dedicar en cuerpo y alma, es la de trabajar para que en Cataluña se conforme una nueva mayoría social capaz de alcanzar los objetivos del catalanismo social y federal.

Quiero contribuir a configurar colectivamente una “Alianza por la Sensatez (el Seny) y por el Catalanismo“, un proyecto transversal que debe ser compartido por todos aquellos partidos políticos, entidades de la sociedad civil, organizaciones sindicales y empresariales, referentes culturales y asociativos, personas de referencia que, desde diferentes ópticas políticas y sensibilidades, tengan como objetivo para los próximos años aparcar utopías imposibles y sumar esfuerzos en torno a 3 grandes prioridades:

Prioridad 1.

Dotar al país de estabilidad institucional y política, sin la cual Cataluña perderá inexorablemente fuelle y prosperidad.

Nosotros no queremos frentes ni maniqueísmo. No queremos buenos y malos. Si estuviéramos en campaña diría que no queremos indios y vaqueros. Nosotros aspiramos a que la pluralidad política que existe en la sociedad catalana se traslade al Parlament de manera natural y que el catalanismo no independentista vuelva a ser transversal, integrador y ampliamente mayoritario.

Esto requiere de una reconfiguración del mapa político. En este sentido, asistimos con interés al esfuerzo de reconstrucción de Unió Democràtica -y aprovecho para saludar a su secretario de Organización, Benet Maimí, que nos acompaña-, así como la evolución de los sectores de CDC que no quieren hipotecar su proyecto a las exigencias de ERC ni mucho menos a las de la CUP, a sectores de izquierdas que se sienten huérfanos y algunos de los cuales añoran el papel central que jugó el PSUC. Y hay que tener presente también que no podemos prever si Junts pel Sí resistirá a las tensiones provocadas por su propio programa político.

No creo que sea bueno excluir a nadie de este esfuerzo, pero es obvio que los que defienden una secesión unilateral o los que niegan que haya problemas en la relación entre Cataluña y el resto de España porque dicen que no hay ningún problema, no podrán sentirse cómodos en este planteamiento.

Ciertamente es un planteamiento en el que no deben borrarse las lógicas diferencias entre sectores conservadores y progresistas, y por eso hablo de reconfiguración del mapa político.

Queremos convertir la pluralidad política que existe en la sociedad en una ventaja competitiva; en un escenario en el que sean posibles diferentes alianzas. Como se hace en otros países, especialmente en aquellos a los que decimos que nos queremos parecer: Holanda, Dinamarca, Alemania…

Alianzas que permitan la geometría variable y la alternancia, o grandes coaliciones en su caso. Alianzas en las que, más allá de los programas electorales, haya la capacidad de acordar programas de gobierno una vez celebradas las elecciones.

Programas de gobierno que, a su vez, permitan la formación de gobiernos estables y sólidos que puedan desarrollar una acción de gobierno que sea digna de este nombre y pueda ser evaluada por los electores.

Y, en este escenario de alianzas y alternancias, el PSC puede y debe tener una enorme capacidad de pacto.

Huelga decir que el PSC priorizará el desarrollo de políticas progresistas y que ojalá pueda hacerlo de acuerdo con otras fuerzas de izquierdas.

Prioridad 2.

Trabajar juntos las administraciones públicas, los empresarios y los sindicatos para establecer los grandes acuerdos que permitan aprovechar la recuperación económica para crear puestos de trabajo y reducir las desigualdades.

No hace falta que me extienda mucho sobre este punto. A lo largo de la campaña electoral he hecho propuestas al respecto. Sólo haré unos apuntes.

El crecimiento económico no está asegurado. Los factores de incertidumbre sobre el conjunto de la economía mundial y española y catalana son muy elevados. A modo de ejemplo, este verano hemos visto cómo las turbulencias financieras y bursátiles de la economía china han contagiado la economía mundial, especialmente los países emergentes, y han provocado una revisión a la baja de las previsiones de crecimiento económico. Y hemos comprobado, también, hasta qué punto las dudas y preocupaciones presiden la actuación de la Reserva Federal norteamericana, que ha decidido posponer la anunciada subida de los tipos de interés por miedo a abortar la frágil recuperación económica.

En nuestro país, cualquiera que haya seguido las informaciones de las últimas semanas sobre la crisis de determinadas empresas en Cataluña (Solvay, Valeo, Autoliv) o los problemas de SEAT entiende perfectamente la importancia de lo que estoy diciendo.

Prioridad 3.

Conseguir que Cataluña se encuentre cómoda en España.

¿De qué manera se puede encontrar cómoda desde una perspectiva catalanista?

Nosotros, ya saben ustedes, tenemos nuestra propuesta: la reforma constitucional federal, cuyas líneas maestras presentó ayer Pedro Sánchez en Madrid.

¿Hay otras soluciones posibles? Claro que sí. Los amigos de Unió, los amigos de Iniciativa tienen muchas ideas interesantes al respecto. También trabaja la gente de Podemos.

Hablemos sobre estas ideas. Trabajémoslas juntos, hagamos amplios acuerdos para ganar fuerza al negociarlas. Sumemos. No nos dividamos, especialmente mientras atendemos las prioridades 1 y 2, que lo son para la inmensa mayoría de los catalanes.

¿Con quién queremos trabajar para construir juntos la Alianza por el Seny y por Catalanismo?

Pienso en todos aquellos que, sin renunciar a sus aspiraciones sobre cuál debería ser el futuro de Cataluña, estén dispuestos a trabajar, en el horizonte temporal de los próximos años, sobre los puntos que acabo de mencionar.

Insisto. No se trata de que nadie renuncie a nada.

Este es un proyecto que quiere hacer un ejercicio de sumas temporales para lograr unos objetivos muy concretos, no de renuncias a los principios de cada uno.

No queremos que nadie tenga que renunciar a sus objetivos finales sobre el modelo de sociedad, el modo en que se ha de distribuir la riqueza o sobre el rol de Cataluña en el mundo. Lo que queremos, simplemente, es acordar un nuevo marco de trabajo político que sea mayoritario y, sobre todo, que evite el desgarro de la sociedad catalana, entendiendo que, entre las fuerzas políticas y sociales que convengan a compartir este nuevo marco, se producirán alianzas parlamentarias diferentes y variables (como he mencionado antes) que conformarán gobiernos y oposiciones.

Estoy convencido de que, pasada la etapa del arrebato (la rauxa) y el exceso de emociones, con los conceptos que he señalado como bases de la Alianza por el Seny y por el Catalanismo se deberían encontrar cómodos la mayoría de los catalanes.

Las prioridades definidas permiten que se puedan sentir cómodos muchos electores que han optado por fuerzas políticas muy diferentes. El espíritu de la Alianza por el Seny y por el Catalanismo que propongo debería, por ejemplo, de poder atraer a personas que han votado socialista, o que habían votado socialista en el pasado, personas que votaron Unió, Ciudadanos, Catalunya Sí Que Es Pot , y también a una parte significativa de personas que votaron Junts pel Sí.

Con respecto a este último supuesto, estoy pensando en todos aquellos y aquellas que han creído que la negociación para lograr la independencia era más fácil y posible que la negociación para profundizar el autogobierno y que, visto el peligro de seguir la ruta trazada por Junts pel Sí y la CUP, lleguen a la conclusión de que hace falta un “reset” para dejar pasar pantallas a tanta velocidad, aparcar el independentismo y volver a la corriente central del catalanismo histórico.

No es necesario que nadie abandone su opción, pero sí que hay que abrir perspectivas de cambio y de diálogo, hay que empujar hacia acuerdos bien amplios para hacer avanzar las cosas. Se necesitan personas que no se resignen a un permanente empate de impotencias que no lleva a ninguna parte, personas que no quieran una confrontación sin sentido, personas que consideren que hay problemas cuya solución no admite demora.

No me estoy dirigiendo, ahora, a los partidos. Con unas elecciones generales a menos de dos meses y quién sabe si con unas nuevas elecciones al Parlament el próximo mes de marzo, ningún partido está dispuesto a ceder en cuestiones de principios ni a suscitar dudas en cuanto a sus perspectivas electorales.

Me dirijo a toda la ciudadanía, a la opinión pública. Los que no se resignan a perder más tiempo en una deriva que no sólo no nos ha llevado ningún avance sino que tiene costes importantes y ahora amenaza con llevarnos al desastre.

Muchas cosas tienen que cambiar para enderezar la actual situación. También el Partido de los Socialistas debe cambiar. Estoy dispuesto a liderar los cambios necesarios, para representar mejor nuestros electores, para ensanchar nuestro espacio político y electoral, para buscar las complicidades de la Alianza por el Seny y el Catalanismo, para volver a ser un gran partido útil para la gente.

Pero el esfuerzo para cambiar las cosas en la dirección esbozada desborda las fronteras de los partidos políticos, la tenemos que hacer muchos, muchos que demasiado a menudo y en voz baja dicen “así no vamos a ninguna parte”. Quiero que sepan que no están solos.

Que el Partido Socialista es consciente de esta realidad, y que está dispuesto a cambiarla, cambiando él mismo, y con todos aquellos sectores y personas que quieran contribuir a un futuro libre y seguro, próspero y justo por el pueblo de Cataluña.

Muchas gracias, señoras y señores.

Intervención ante el Consell Nacional

Intervención de Miquel Iceta ante el Consell Nacional del PSC

Barcelona, 6 de junio de 2015

 

Compañeras y compañeros.

Es muy difícil hacer una valoración global de las elecciones municipales. Nos hemos presentado en 538 municipios y cada uno es diferente. Las elecciones han ido muy bien en Vielha y mal en Barcelona. Celebramos las mayorías absolutas en Granollers, Santa Coloma o Sant Joan Despí, y las claras victorias en Cornellà, Terrassa o L’Hospitalet. Felicitamos a Pep Fèlix Ballesteros y Àngel Ros. Y a los alcaldes y alcaldesas que lo volverán a ser: en Pineda, Gavà, Viladecans, Sant Boi, Esplugues, Mollet, Mediona, Gelida, Ulldecona, Sant Adrià, Batea, Vilafant, Camprodon y muchos otros. Y alcaldías recuperadas como la de Constantí o la de Mataró. Soy consciente de que aún está abierto el período de pactos, en el que tendremos buenas y malas noticias. Pero el balance será razonablemente positivo: en general, conservaremos las alcaldías que ya teníamos y ganaremos otras, participaremos en muchos gobiernos locales.

Pero también hemos padecido retrocesos. Algunos retrocesos incluso antes de comenzar: 230 listas menos que, de entrada, suponían perder unos 520 concejales y unos 36.000 votos.

Es difícil hacer un balance general. Pero hay unas cifras incontrovertibles. Los 531.000 catalanes y catalanas que nos vuelven a situar como el segundo partido de Cataluña en votos. Obtuvimos 525.000 en las últimas elecciones al Parlament. Y hace un año obteníamos 359.000 en las elecciones europeas. Hemos tenido 1.278 concejales, 67 mayorías absolutas y 67 relativas.

¡Todo esto en un partido que muchos daban por amortizado! ¡Qué Santa Lucía les conserve la vista! O mejor, que se la aumente!

Por cierto, ahora que he hablado de Vielha. Si hoy el Conselh Generau d’Aran no tiene un presidente de Unitat d’Aran es por la existencia de un sistema electoral injusto. ¿Os suena? Muy rápido: Convergència Democràtica Aranesa 1.972 votos, 7 consejeros. Unitat d’Aran 2.193 votos, 5 consejeros. Repito: Convergència Democràtica Aranesa 1.972 votos, 7 consejeros. Unitat d’Aran 2.193 votos, 5 consejeros. Por tanto, y lo diremos tantas veces como haga falta, si la propuesta de ley electoral catalana no garantiza el igual valor de todos los votos, no contará con nuestro apoyo. Ya hemos demostrado que se puede garantizar el mismo valor de todos los votos y que la demarcación de Lleida tenga 15 representantes, 17 la de Girona, 18 la de Tarragona y 85 la de Barcelona. Es decir, como ahora. Ninguna excusa, pues, para mantener un sistema que penaliza a todos los habitantes de la demarcación de Barcelona, sean de la capital o del más pequeño de los municipios.

¡Estas elecciones municipales han demostrado que hay PSC para rato! La continuidad de nuestro proyecto está garantizada. Y por ello permitidme que comience agradeciendo su apoyo al más de medio millón de catalanes y catalanas que nos han dado su voto. Que agradezca el inmenso esfuerzo hecho por nuestras candidaturas en toda Cataluña. Desde Canejan, pueblo fronterizo con Francia en el Valle de Aran, hasta Ulldecona. Desde Portbou a Gimenells y el Pla de la Font. El inmenso esfuerzo de miles de personas, integrantes de las listas del PSC-Candidatura de Progrés, de Unitat d’Aran, afiliados del partido y personas cercanas. Han hecho un esfuerzo inmenso que he podido comprobar personalmente y desde muy cerca en más de 150 municipios a lo largo de estos meses. Siento en estos momentos un orgullo y una gratitud inmensa por el trabajo hecho por tantas y tantas personas.

Así, pues, hay PSC para rato. Pero no nos podemos contentar con lo que hemos conseguido.

Tenemos que analizar las causas de nuestro retroceso, nuestras dificultades de implantación en la Cataluña interior, nuestra desconexión con muchas personas jóvenes y nuestras dificultades para representar a los viejos y nuevos problemas de las clases medias urbanas.

Hemos podido comprobar cómo, en general, nuestra gestión municipal, la personalidad de nuestros alcaldes y alcaldesas y la solidez de nuestros equipos de gobierno ha merecido nuevamente la confianza ciudadana pero, en general también, hemos retrocedido donde estábamos en la oposición. El resultado de estas elecciones es la mejor radiografía que podemos tener de nuestro proyecto que no son unas siglas, sino unas personas y una organización. A mejores candidatos, mejores resultados. A mejor organización, mejores resultados. No siempre, claro. Hemos padecido retrocesos en lugares con buenos candidatos. En Barcelona mismo, planteadas las elecciones como una disyuntiva, falsa disyuntiva a nuestro entender, entre Xavier Trias y Ada Colau, nuestra campaña ha tenido enormes dificultades para hacerse oír, aunque muchas personas coinciden en decir que nuestro candidato y la campaña que ha desarrollado eran muy buenos.

El análisis, pues, hay que hacerlo en cada municipio. Para impulsar los cambios necesarios para hacer de nuestro partido un proyecto más útil a la ciudadanía.

Porque Cataluña necesita un PSC fuerte, los y las progresistas necesitan un PSC fuerte, y para tener un PSC fuerte, lo dije en el acto del Palacio de Congresos: el PSC tiene que cambiar, nuestra organización tiene que cambiar, nuestra forma de hacer política tiene que cambiar, nuestra relación con la sociedad tiene que cambiar. Y algunos cambios no tienen por qué esperar al congreso del partido, los podemos ir impulsando desde ahora. Lo tiene que hacer cada organización del partido, analizando los resultados, viendo qué funciona y qué hace tiempo que ya no funciona. El debate del Congreso tiene que enriquecerse a partir de este análisis y de las propuestas concretas de cambio. Hoy os hago una propuesta muy concreta: de aquí a cuatro años el PSC solamente debería presentar listas bien arraigadas en el territorio. Hemos presentado algunas que no lo estaban, 128 para ser exactos. Y tenéis que saber que solamente en 36 municipios no se ha obtenido ningún apoyo. Eso implica que hay muchas personas con ganas de votar socialista y que les tenemos que proporcionar la oportunidad de hacerlo con personas arraigadas en el territorio. Y hay que comenzar desde aquí este esfuerzo.

También tenemos que valorar los resultados obtenidos en toda España. Con un Partido Socialista que se consolida como la única alternativa posible al gobierno el PP, y que ganará importantes parcelas de poder institucional. Ciertamente a partir de acuerdos y alianzas. Pero sin un PSOE ganador no hay cambio posible. El único que puede substituir a Mariano Rajoy al frente del gobierno de España es Pedro Sánchez. Yo ya sé que hay a quien le gusta mucho la serie Juego de Tronos, a mí también, pero aquí no se trata de un Juego de Tronos en el que cuenta la astucia. Estamos en un juego democrático en el que cuenta la fuerza de los votos, y se mire como se mire, quien puede y tiene que substituir a Cospedal es Emiliano García-Page, quien puede y tiene que substituir a Monago es Guillermo Fernández Vara, quien puede y tiene que substituir a Fabra es Ximo Puig, quien puede y tiene que substituir a Bauzá es Francina Armengol y quien puede y tiene que substituir a Luisa Fernanda Rudi es Javier Lambán. Quien puede y tiene que substituir a Mariano Rajoy en La Moncloa el próximo noviembre es Pedro Sánchez, y tiene todo nuestro apoyo para conseguirlo.

Ciertamente es hora de pactos. Diálogo, negociación y pacto. Nosotros queremos pactar y sabemos pactar. Nosotros queremos gobernar y sabemos gobernar. En los Ayuntamientos, en las Comunidades Autónomas y en el Estado. Otros tienen todavía que demostrar que quieren y saben pactar y que quieren y saben gobernar.

En Cataluña también se debe pactar. Nosotros no queremos ningún tipo de inestabilidad en los Ayuntamientos, queremos gobiernos sólidos y estables, sustentados en sólidas mayorías. Gobiernos de progreso.

Y quiero ser muy claro al respecto: no tenemos ningún acuerdo de tipo general con ninguna fuerza política. Queremos gobiernos de progreso, como os decía, sólidos y estables, sustentados en sólidas mayorías. Respetando la voluntad ciudadana. Por cierto, una clara mayoría de ciudadanos de Badalona no quieren seguir con el alcalde que tienen. Él quiso hacer un plebiscito sobre su particular forma de “limpiar Badalona” como decía su eslogan, y ha perdido este plebiscito. No podemos contemporizar con los que practican políticas de enfrentamiento y división por razón de raza, religión u origen. ¡No, no y no!

Hay que respetar la voluntad mayoritaria y leer bien los resultados electorales, que se producen en contextos locales determinados, y por eso la decisión de los pactos corresponde tomarla en cada lugar. Porque no se trata solamente de asegurar investiduras, se trata sobre todo de asegurar cuatro años de gobierno.

Por ejemplo, creo que no conviene que Barcelona tenga un gobierno con un único apoyo de once concejales de un total de cuarenta y uno. Nosotros estamos en disposición de hablar y acordar, no solo investiduras, que son importantes, sino también gobiernos que duren cuatro años y que puedan desarrollar un programa de progreso. Y tampoco entiendo que haya que esperar al 27 de septiembre para establecer acuerdos municipales. La ciudadanía ha hablado y ahora hay que comenzar a trabajar de acuerdo con este mandato popular.

Muchos consistorios están muy fragmentados. Hay nueve partidos en Mataró, me parece, ¿verdad? Pues bien, hay que trabajar en Mataró y en toda Cataluña para tener gobiernos estables, sabiendo que pactar quiere decir acercar posiciones y que muchos estén dispuestos a renunciar a algunas pretensiones legítimas pero que no tienen el consenso suficiente. Por nosotros no quedará.

Dicho esto, no deja de ser extraño que los mismos que consideran que el PSC tiene la obligación de dar apoyo en Badalona a la candidatura de Badalona en Comú porque es la lista más votada, encuentren acertado que Terrassa en Comú maniobre para evitar la investidura del alcaldable del PSC, cabeza de la lista más votada en Terrassa. No está de más hacer una llamada a la coherencia, y pedir a todo el mundo que esté a la altura de las circunstancias. Pongo este ejemplo como podría poner muchos otros.

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El pasado día 1 se puso en marcha nuestro proceso de primarias. Con un triple reto, elegir al candidato socialista a la Presidencia del Gobierno de España, el candidato o candidata a la Presidencia de la Generalitat y el o la cabeza de lista socialista al Congreso por la demarcación de Barcelona. Ya sabemos que Pedro Sánchez opta a la presidencia del Gobierno de España Ahora hace falta dar el siguiente paso.

Cuando fui elegido primer secretario, en un momento de gran dificultad, dije que estaba dispuesto a asumir mis responsabilidades con todas las consecuencias y hasta el final. Y he querido esperar a hoy, a este Consell Nacional, para formalizar mi precandidatura a las elecciones al Parlament de Catalunya. Sí, compañeras y compañeros, si lo queréis, seré vuestro candidato a la Presidencia de la Generalitat en las elecciones del próximo 27 de septiembre.

En este instante entrego al Presidente de la Autoridad Electoral del Partido el escrito para poder comenzar a recoger los correspondientes avales.

Soy consciente de la trascendencia de mi decisión y la tomo de forma libre y entusiasta, empujado por una voluntad de servicio, sí, pero con muchas ganas de llevar la bandera que un día levantaron Joan Reventós, Raimon Obiols, Joaquím Nadal, Pasqual Maragall, José Montilla y Pere Navarro.

Ciertamente será una campaña bien diferente a todas las que hemos vivido. Y yo las he vivido todas desde muy cerca desde 1980. Pero tengo muchas ganas de hacerla, tengo muchas ganas de defender nuestros planteamientos, tengo verdadera pasión para demostrar que hay un camino mejor para Cataluña. Que llevamos cuatro años perdidos, sin ninguna nueva competencia, ningún nuevo proyecto, ninguna nueva inversión potente, ningún avance. Que no hemos obtenido ni un pacto fiscal ni una consulta que sirva para arreglar el problema que tenemos. Que llevamos cuatro años de líos sin resultados positivos y tangibles. Que no queremos dividir a los catalanes en una pelea en la que habría un 40% de perdedores. Que queremos preservar la unidad civil del pueblo de Cataluña. Que no hay una salida unilateral al problema de encaje entre Cataluña y el resto de España.

Estoy convencido de que todo el mundo llegará más tarde o más pronto a reconocer que tenemos razón, que no habrá una consulta si no es legal y acordada, que la mejor manera de organizar la diversidad nacional en un Estado democrático miembro de la Unión Europea es el federalismo. Que el camino más firme es negociar una profunda reforma constitucional y someterla a referéndum. Que eso sólo será posible cuando cambie el escenario político en el conjunto de España y que eso lo podemos conseguir a finales del próximo noviembre.

¡Cuántas cosas hemos tenido que escuchar! ¡Tantas como ahora escucha la dirección de Unió Democràtica de Catalunya!

Cada día hay más personas que reconocen no habrá solución sin diálogo entre gobiernos; que no se puede obviar la legalidad vigente, que puede ser modificada a través de los mecanismos previstos; que hay que descartar cualquier escenario que nos sitúe fuera de la Unión Europea. Se diga lo que se diga, la hoja de ruta firmada entre CiU y ERC desconoce estas verdades evidentes. Quizás por eso ya hablan de revisarlo. ¿Cuántas hojas de ruta llevamos? ¿Cuánto tiempo más quieren que perdamos, cuántas energías, cuántas oportunidades?

El 27 de septiembre decidimos entre cuatro años más de líos sin resultados o cuatro años de búsqueda de soluciones justas y de amplios acuerdos.

Tengo ganas de reivindicar un gobierno que haga de la reactivación económica y la creación de puestos de trabajo su prioridad absoluta. Un gobierno que pare los recortes en sanidad, educación y protección social. Un gobierno que luche contra la corrupción y el fraude fiscal. Y, sí, un gobierno que llegue a un acuerdo con el gobierno de España para reconocer a Cataluña como nación, para blindar nuestro autogobierno, para asegurar las competencias de la Generalitat en educación, lengua y cultura, para conseguir un nuevo pacto fiscal. Un acuerdo sometido al voto de la ciudadanía a través de un referéndum legal y vinculante.

En las elecciones todos los candidatos dicen que quieren ser presidentes. Sí. Pero solamente habrá un presidente, y no lo será por mayoría absoluta. El 28 de septiembre habrá que ponerse de acuerdo. Y ¿quién mejor que nosotros para trabajar para el acuerdo? ¿Quién mejor que un partido que no se resigna a la ruptura de la sociedad catalana, un partido que no persigue la ruptura con el resto de España, un partido que tiene la justicia social como norte, un partido inequívocamente catalanista y comprometido con el autogobierno? Un partido que sabe gobernar y que sabe pactar. Un partido capaz de tejer complicidades dentro y fuera de Cataluña. Un partido capaz de fortalecer y ampliar el consenso catalanista y que no se dejará llevar por el frentismo de consecuencias imprevisibles.

Tengo ganas de defender un proyecto en el que creo de forma apasionada, quiero hacerlo desde argumentos muy sólidos y también desde un respeto exquisito por los adversarios. Aspiro a hacerlo desde la sinceridad, sin abandonar nunca el principio de realidad y el de responsabilidad. Convencido de que en la hora difícil de la política catalana, nuestros principios, los valores y los planteamientos que defendemos serán la mejor brújula para salir del embrollo en que nos han metido una finalidad y una estrategia equivocadas.

Basta ya de experimentos. Basta ya de perder el tiempo. Basta ya de perder de vista los problemas reales de las personas víctimas de la crisis y de los recortes. Basta ya de rehuir las propias responsabilidades. Basta ya de enfrentamientos estériles.

Hace casi un año os dije que era la hora de arremangarse para reconstruir el proyecto del PSC.

Hoy os digo que se la hora de arremangarse para servir a los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña.

Si así lo queréis, encabezaré este esfuerzo.

Si así lo queréis, impulsaré con todos vosotros el cambio que conviene a Cataluña y conviene a toda España.

Si así lo queréis me dejaré la piel como candidato socialista en las próximas elecciones al Parlament de Catalunya.

Muchas gracias!

 

Conferencia en el Parlamento Europeo

INTERVENCIÓ DE MIQUEL ICETA AL PARLAMENT EUROPEU (02.12.14)

En primer lloc, vull agrair l’amable invitació a pronunciar aquesta conferència al Parlament Europeu, la màxima institució de la Unió Europea, la nostra pàtria comuna, el projecte compartit pel que passa el nostre futur. El nostre futur com a catalans i espanyols passa, indubtablement, per Europa. Per una Espanya federal dins una Europa federal.

Començo pel moment que més titulars i expectació ha generat de la situació política que viu Catalunya des de fa uns anys: el 9 de novembre. El 9 de novembre es va produir a Catalunya una gran mobilització ciutadana, reflex d’un gran malestar directament associat amb l’encaix de Catalunya a Espanya, però també, i això és quelcom que sovint s’oblida, amb la crisi econòmica i amb els efectes de les retallades i de l’austeritat dogmàtica practicada pels governs de Catalunya i d’Espanya.

Més de dos milions de persones van participar en una gran mobilització que tenia molt de protesta i que va ser la culminació de quatre anys de creixent reivindicació nacional, després de la Sentència del Tribunal Constitucional que va alterar l’Estatut votat en referèndum pels catalans i les catalanes. Més de quatre milions de ciutadans no hi van participar.

Un cop ha passat aquest moment, crec que a Catalunya s’obre el camí de la política. Després de dos anys d’enfrontament permanent entre el govern de Catalunya, que ha pres un seguit de decisions respecte la qüestió territorial de manera unilateral, i el govern d’Espanya que, absolutament tancat al diàleg sobre la relació de Catalunya amb la resta d’Espanya, es limita a dir que cal complir la llei. Tant Mariano Rajoy com Artur Mas semblen incapaços de dialogar.

Així doncs, després del 9 de novembre és el moment de la política i, m’atreviria a dir, el moment de la bona política. Perquè política a Catalunya i a Espanya n’hi ha, però n’hi ha massa de la dolenta.

Després del 9-N Artur Mas ha fixat l’objectiu que ell realment persegueix: unes eleccions plebiscitàries, no previstes en l’ordenament jurídic espanyol ni català, en què es planteja que, si hi ha una majoria de partidaris de la independència, caldrà avançar de forma unilateral cap a la secessió.

Quelcom que, des del nostre punt de vista, seria equivocat, perillós, situaria Catalunya fora de l’Estat de dret i no trobaria cap reconeixement internacional seriós. Un escenari incert amb propostes enganyoses. Un nou error del govern de Catalunya i un nou engany per la ciutadania.

Els socialistes, en canvi, plantegem un escenari diferent. Tenim clar que així no podem seguir i que ens cal trobar un nou marc de relacions entre Catalunya i Espanya. També tenim molt clar que no hi haurà cap solució estable a la situació actual a Catalunya si no pot ser referendada pels ciutadans a les urnes. Però per arribar a aquest punt no hi ha altre camí que el del diàleg, la negociació i el pacte.

Quelcom que vol dir, també, que no trobarem cap solució que no vingui de la mà de la política. A Catalunya necessitem una solució política a un problema que és polític. En aquest sentit, els intents de judicialitzar la qüestió per part del govern de l’Estat, que ha presentat una querella contra el president de Catalunya, són un greu error que no porten enlloc mentre la situació de tensió i el malestar van creixent.

És per tot això, que des del PSC pensem que caldria que el govern de Catalunya aprofités els dos anys que encara resten per acabar la legislatura per treballar fermament en quatre àmbits prioritaris per solucionar els problemes de la gent:

1.- Rellançament econòmic i creació de llocs de treball

2.- Protecció de l’Estat del benestar i dels sistemes públics de salut, educació i serveis socials.

3.- Regeneració de la democràcia amb mecanismes de transparència i de combat contra la corrupció i el frau fiscal.

4.- Nou pacte polític entre Catalunya i la resta d’Espanya a través d’una reforma constitucional federal que sigui sotmesa al referèndum dels ciutadans.

Em voldria estendre ara explicant alguns aspectes concrets de la proposta socialista de reforma constitucional federal. Una solució que resolgui els problemes i disfuncions de l’Estat de les Autonomies, generalment reconeguts per tots en el seu funcionament al llarg dels darrers 36 anys; i que, a més, reconegui Catalunya com a Comunitat nacional; asseguri l’autogovern garantint les competències de la Generalitat i de forma especial aquelles que tenen a veure amb l’educació, la cultura i la llengua; creï institucions de caràcter federal com un Senat territorial; i promogui un pacte fiscal que essent solidari preservi el principi d’ordinalitat.

Habitualment resumim la nostra proposta en quatre “R’s”:

Reconeixement de Catalunya com a comunitat nacional i d’Espanya com a Estat plurinacional, pluricultural i plurilingüe.

Regles federals clares que fixin en la Constitució les competències de l’Estat i atribueixin la resta a les Comunitats Autònomes.

Recursos, assegurant la solidaritat entre les Comunitats Autònomes, però també que les Comunitats que contribueixen a la solidaritat no acabin quedant en pitjor condició relativa que les que reben la solidaritat.

Representació de les Comunitats Autònomes a través d’un Senat federal com el Bundesrat alemany.

Volem resoldre el problema de Catalunya amb la resta d’Espanya, recuperant els afectes mutus i oferint un nou tracte, que és el que va permetre a Escòcia la victòria del no a la independència en el referèndum del passat setembre.

Els eixos bàsics de la nostra proposta de reforma federal són:

  1. La transformació de l‘Estat de les Autonomies en un Estat federal.
  2. El reconeixement de les singularitats pròpies de les nacionalitats històriques, tenint en compte els fets diferencials i els drets històrics ja reconeguts per la Constitució i els Estatuts vigents (article 5 de l’Estatut d’Autonomia de Catalunya).
  3. La definició precisa de les competències de l’Estat i l’atribució de totes les demés a les autonomies.
  4. La incorporació dels drets socials com a drets de ciutadania i la garantia del seu exercici en condicions d’igualtat.
  5. La consideració dels temes lingüístics, educatius i culturals com a competència estricta de les Comunitats Autònomes amb llengua pròpia.
  6. La constitucionalització d’un sistema de finançament de les Comunitats Autònomes informat pels principis de solidaritat i ordinalitat (entès aquest darrer com ho fa la STC 31/2010 de 28 de juny en el seu Fonament Jurídic 134 “excloent la pitjor condició relativa de qui contribueix respecte de qui se’n beneficia”).
  7. La territorialització del sistema de govern del Poder Judicial.
  8. La transformació de l’actual Senat en un Consell Federal amb presència dels governs autonòmics.
  9. L’aprofundiment del caràcter democràtic, participatiu i deliberatiu dels nostre sistema polític i institucional.
  10. L’enfortiment dels municipis com a garants de la cohesió social, vectors de desenvolupament econòmic i vertebradors del territori.

Una reforma constitucional que, més enllà de les qüestions relatives a l’organització territorial, també proposem que inclogui altres aspectes adreçats a fer front a les conseqüències de la crisi social i les polítiques de retallades i austeritat dogmàtica que patim, i també a la greu crisi institucional que, arran dels casos de corrupció sorgits, ha erosionat la confiança de la ciutadania en les institucions i causa el descrèdit de la política.

Així, la reforma de la Constitució també hauria de blindar tot un seguit de drets i llibertats que davant determinades conjuntures econòmiques o socials, poden ésser posats en risc per l’acció política d’un determinat govern. Creiem que cal introduir a la Constitució el reconeixement i la protecció del dret a la salut i la seguretat social, el reconeixement com a dret de ciutadania dels drets a unes pensions suficients i a un sistema de serveis socials, garantir constitucionalment l’accés a l’educació en condicions d’igualtat, així com, ampliar l’àmbit del dret a la igualtat de tracte i a la no discriminació.

I la reforma de la Carta Magna ha d’introduir, també, mecanismes per a l’aprofundiment i la modernització de la nostra democràcia ampliant els mecanismes de participació ciutadana en la presa de decisions; millorant la representativitat dels parlamentaris; reduint els aforaments; eliminant els indults per causes polítiques; assegurant la transparència en el funcionament de les institucions i els partits; i incrementant els mecanismes de prevenció i càstig penal dels casos de corrupció política.

Aquesta reforma constitucional federal haurà de ser sotmesa a referèndum de tots els espanyols, i volem que els catalans la votin de forma majoritària. Volem un nou acord que sigui referendat pel conjunt de la ciutadania. Així doncs caldrà convèncer els que no volen trencar i aquells que avui se senten empesos cap a la independència perquè no veuen ara per ara un camí alternatiu per millorar el nostre autogovern i l’adequat reconeixement de la nostra realitat nacional.

Però, vull subratllar-ho, tots aquest camins formen part d’una única via, la via del diàleg, la negociació i el pacte. Rebutgem qualsevol deriva unilateral o que se situi fora de l’Estat de dret perquè és un camí condemnat al fracàs. Amb això, no vull dir que la nostra proposta sigui un camí senzill ni planer, i que no requereixi també d’una important dosi de fermesa i reivindicació.

Volem subratllar l’enorme responsabilitat del govern Rajoy i del PP en tot aquest estat de coses. Des de l’origen del malestar a Catalunya: campanya contra l’Estatut d’Autonomia de Catalunya de 2006; recurs d’inconstitucionalitat contra l’Estatut referendat a les urnes que va tenir com a resultat la sentència del Tribunal Constitucional que n’anul·lava una part. Des de que va tornar al govern el 2011, política recentralitzadora i polítiques que traspuaven una gran manca de respecte vers aspectes rellevants de la identitat catalana, com la llengua i la cultura. Fins al bloqueig actual i la negativa al diàleg en el que només s’esgrimeix l’exigència de respecte a la legalitat, que compartim, però que no és suficient per resoldre els problemes. Cal, per part del govern del Partit Popular, una proposta concreta per resoldre el problema de fons.

Malauradament, em temo que els càlculs electorals s’han imposat tant a al partit que governa Catalunya, CiU, com al partit que governa Espanya, el PP, i això està impedint el normal i exigible diàleg entre governs.

Un diàleg que els socialistes no ens cansarem d’exigir, de la mateixa manera que no deixarem de reclamar un acord pel màxim respecte per la nostra comunitat nacional i el màxim autogovern front el trencament, que creiem que no té sentit en el món actual d’interdependències creixents i de sobiranies compartides del procés de construcció europea i del procés de globalització econòmica.

I dedicaré la part final de la meva intervenció a fer unes breus reflexions sobre quin penso que ha de ser el paper de la Unió Europea al món i cap on crec que ha de caminar la construcció europea en els propers anys.

En primer lloc, la Unió Europea s’ha construït a base de voluntat política, de grans acords, de generositat, de cessions, gràcies a la política en majúscules, i avui dia és molt més que un model geoestratègic. És un projecte polític, econòmic, de drets, pau i prosperitat compartida. Avui la UE representa un determinat model social i de garantia de drets i llibertats i aquest fet ens atorga, a tots els que en formem part, una responsabilitat rellevant en la seva promoció i en la seva defensa en uns moments en què aquest model no és precisament el que sembla que s’imposi en els principals paisos emergents.

Avui la UE representa aproximadament 500 milions de ciutadans o, el que és el mateix, el 7% de la població mundial, un 25% del PIB mundial i és el major donant d’ajut al desenvolupament. Ara bé, les perspectives econòmiques a Europa estan tenyides d’una gran incertesa i, en aquest món interdependent i de competència ferotge, la UE té reptes molt importants als que fer front com unes taxes de productivitat inferiors a les de potències emergents, una gran dependència energètica, una demografia en declivi, un sistema educatiu amb taxes d’abandonament i fracàs elevades…

Si som capaços de respondre a tots aquests reptes i de fer-ho amb èxit, voldrà dir que hem salvat el nostre model social i de drets de les amenaces a que la globalització i l’auge d’altres models econòmics i socials el poden sotmetre. Aquest ha de ser, sense cap mena de dubte, el nostre objectiu prioritari.

Per fer-ho cal avançar sense més demora cap a una veritable unió política, cap a una veritable Europa federal que reforci la unió econòmica i monetària que tenim amb la unió bancària i fiscal, i que siguem capaços també d’articular el que penso que hauria de ser una unió social. I també, perquè no dir-ho, cal aprofundir en el model democràtic de la Unió.

En l’àmbit econòmic, és una bona notícia el pla que el nou president de la Comissió, el sr. Juncker ha proposat. Segurament insuficient, però necessari per passar de les polítiques d’austeritat, injustes i ineficients, a polítiques de reactivació del creixement, de la inversió i de la creació d’ocupació.

Un element important en aquest canvi de rumb en matèria de política econòmica ha de ser la flexibilització dels objectius de dèficit i del calendari per assolir-los, i això acompanyat d’un pla europeu de reindustrialització imprescindible pel sud d’Europa, a banda de destinar fons específics a polítiques d’ocupació o incrementar la dotació pressupostària de la garantia d’atur juvenil.

El paper del BCE també s’hauria de reorientar. Aspirarem a un BCE més actiu en la prestació directa de crèdit, no només vetllant per l’estabilitat de la moneda, sinó també per l’estímul del creixement, com la Reserva Federal dels Estats Units o el Banc d’Anglaterra.

I mentre avancem cap a una unió bancària, que permeti evitar problemes avui superats com els relatius a la recapitalització bancària que va suposar una càrrega molt important en el dèficit públic dels Estats i que es va acabar traduint en retallades socials, és important també arribar a un acord de mutualització del deute i reduir així el cost de l’endeutament.

Un altre combat imprescindible ha de ser per l’harmonització fiscal, la lluita contra el frau i els paradisos fiscals en la que els socialistes estem compromesos, i combatre el dumping… Tenim molt de camí a recórrer. Perquè si volem polítiques socials europees, ens calen també polítiques fiscals comunes, i això a dia d’avui es limita a la taxa sobre les transaccions financeres que en principi recaptaran directament els Estats que l’aplicaran.

I, sobretot, cal revisar el pressupost comunitari. I, en aquest sentit, considerem imprescindible augmentar el pressupost que ara és només de l’1% del PIB de la UE, i intentar replantejar les seves prioritats (per exemple, ampliant el percentatge dedicat a la R+D+i que avui representa només el 5%) i reorientar-les per tal de satisfer els objectius econòmics i d’inversió i desenvolupament social, en capítols tan fonamentals com la R+D+i, l’educació, la cohesió social i territorial o la protecció del medi ambient. Cal posar el pressupost europeu al servei dels grans projectes de futur.

Europa te un pla, l’estratègia UE 2020 per un creixement sostenible i intel·ligent… No podem repetir el fracàs de l’estratègia de Lisboa que deia que al 2010 seríem l’economia basada en el coneixement mes avançada del món.

Unió social. Ens cal una convergència no només econòmica i financera sinó pel que fa als estàndards socials i laborals, compartir la prosperitat. Com? Doncs per exemple de la mateixa manera que la UE avui imposa uns determinats objectius de dèficit, buscar la convergència en objectius més socials com pot ser garantir uns determinats nivells d’inversió en educació (per als socialistes catalans la xifra seria d’un 6% mínim)… Salari mínim europeu, renda mínima garantida…que facin possible una convergència social entre els Estats membres, de manera que cap país, dels que tenen uns estàndards socials més alts, els vegi reduïts però que, alhora, permeti a d’altres països millorar els seus nivells de benestar i reduir les desigualtats socials.

Es tracta de refer així el pacte social europeu.

D’altra banda, ens cal un major aprofundiment democràtic en el funcionament de la Unió per guanyar en confiança ciutadana. L’objectiu: una Europa molt més comunitària i menys intergovernamental. Passar d’una unió d’Estats a una unió de ciutadans. Per fer-ho possible, cal dotar de més pes en la presa de les decisions el Parlament europeu i que aquest pugui exercir un veritable control democràtic; reforçar els mecanismes de democràcia participativa perquè participar políticament a la UE sigui per a la ciutadania molt més que votar cada 5 anys.

I acabo. Totes aquestes reflexions sobre Catalunya, sobre Espanya, sobre Europa em porten a refermar-me en la idea que davant els importants reptes del món actual, els instruments més útils continuen sent el diàleg i la política per fer possible el vell i, a la vegada, tan actual ideal d’un món sense nacions enfrontades, de tolerància i de convivència entre diferents.

Moltes gràcies.

Memorándum urgente para los presidentes Mas y Rajoy

MEMORÁNDUM URGENTE PARA LOS PRESIDENTES MAS Y RAJOY (30.11.14)

Estimados presidentes,

La jornada del 9 de noviembre ha marcado otro hito en la cadena de desencuentros de los gobiernos español y catalán. Si el 9-N ha puesto claramente de manifiesto que el sentimientoindependentista, aun siendo muy significativo, no es mayoritario, también ha reflejado, una vez más, la insatisfacción profunda de una parte importante de la sociedad catalana con respecto a la actual relación entre Catalunya y el resto de España.

El paso del tiempo ha demostrado que el problema, lejos de desaparecer, se va enconando y el margen para solucionarlo, lejos de ampliarse, se va estrechando. La querella presentada contra el ‘president‘ de la Generalitat es el último y más grave episodio de un desencuentro que, de persistir, solo puede conducir a un enfrentamiento del que no puede derivarse beneficio alguno para nadie.

No es posible seguir así ni aparentar que no pasa nada ni pensar que por el mero hecho de apelar al cumplimiento de la ley el problema se resolverá por si solo. Por ello quisiera emplazarles una vez más, como máximos responsables de los gobiernos de Catalunya y España, a retomar de inmediato el diálogo político y la colaboración institucional para encauzar el problema y abrir el camino a un acuerdo.

Para ello, les sugiero una agenda de temas e instrumentos para acercar posiciones e ir solventando cuestiones relevantes que pueden desbrozar el camino del necesario acuerdo.

1. Los gobiernos de España y Catalunya, desde la lealtad mutua y la voluntad recíproca de acuerdo, deberían abrir, en el marco de la Comisión Bilateral Estado-Generalitat, una negociación sobre el documento de 23 puntos presentado por el presidente Mas al presidente Rajoy el pasado 30 de julio.

2. Es necesario revisar, en el marco del Consejo de Política Fiscal y Financiera, la distribución del esfuerzo de reducción del déficit público entre los tres niveles de la Administración que está sometiendo a una presión insoportable al conjunto de lasComunidades Autónomas y a los ayuntamientos. Dicha revisión debería también contemplar la posibilidad de negociar con lasinstituciones europeas una flexibilización de los plazos y objetivos de déficit.

3. Debe procederse de forma inmediata, en el seno del Consejo de Política Fiscal y Financiera y para su examen por la conferencia de presidentes, a la evaluación del vigente modelo de financiación autonómica cuya revisión debería haber entrado en vigor el pasado 1 de enero.

4. Es conveniente, en todo caso, convocar con carácter urgente una conferencia de presidentes que pueda adoptar medidas para reactivar la economía y el empleo que impliquen al conjunto de las Administraciones Públicas.

5. Debe crearse con carácter inmediato, en el marco de la comisión constitucional del Congreso, un espacio de deliberación sobre los contenidos de una reforma constitucional que, además de fortalecer el sistema de derechos y libertades, modernizar algunas instituciones de nuestra democracia y favorecer la participación ciudadana, aborde en su integridad los problemas del Estado de las Autonomías constatados tras 35 años de vigencia de la Constitución, mejore su funcionamiento y su financiación, asegure la igualdad de derechos de los ciudadanos, sea cual sea el territorio en el que vivan y que sirva también para dar respuesta a la singularidad de Catalunya y su reconocimiento.

A ese debate deben ser convocados los grupos parlamentarios, las instituciones del Estado, las Comunidades Autónomas y expertos en la materia.

Hace tiempo que muchos estamos convencidos de que una reforma constitucional de corte federal puede, a la vez, solucionar los problemas de la actual estructura territorial española y satisfacer las demandas de autogobierno y de reconocimiento del carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüe del Estado que se vienen expresando en Catalunya desde la que el Tribunal Constitucional alteró a través de una Sentencia el Estatuto votado por mayoría absoluta de las Cortes Generales y refrendado por los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya.

Quiero emplazarles a retomar el camino del diálogo, la negociación y el pacto como única vía para resolver los problemas y llamamos a partidos e instituciones a hacer propuestas para fortalecer un proyecto común de convivencia, ajustarlo a las nuevas demandas ciudadanas y renovarlo para hacer frente a los desafíos de nuestro tiempo.

Una alternativa sensata

UNA ALTERNATIVA SENSATA

Conferencia de Miquel Iceta

Barcelona Tribuna, 5.11.14

 

Buenos días, autoridades, señoras y señores, amigas y amigos,

Quiero agradecer a los organizadores, a La Vanguardia, a la Asociación Española de Directivos y a la Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del País, así como a los patrocinadores: Telefónica, Gas Natural Fenosa y Deloitte, su amable invitación a compartir mi punto de vista sobre la situación política actual.

Quiero agradecer muy especialmente las palabras de presentación de Miquel Roca i Junyent, a quien he respetado desde siempre y a quien nuestro país reconoce una autoridad política basada en su experiencia y su destacada contribución como ponente de la Constitución de 1978, hecho culminante de la transición política de la que orgullosamente me siento hijo. Ya me gustaría que nuestra generación fuese capaz no ya de superar sino de igualar el consenso y el carácter constructivo que nos ha proporcionado el período más positivo de la historia de Cataluña y España.

Soy plenamente consciente de que el principal problema al que nos enfrentamos es la crisis económica y sus efectos: el paro, el crecimiento de las desigualdades, el aumento de la pobreza y la falta de oportunidades especialmente entre los más jóvenes y los parados de larga duración. Y me he impuesto no olvidar esta cuestión en ninguna intervención pública que haga, aunque el tema central sea otro, como es obligado hoy en una conferencia que se produce a pocos días del 9 de noviembre.

Esta conferencia llega en un momento especialmente convulso de la política catalana: aprobación de la Ley de Consultas Populares no Referendarias, convocatoria de una consulta que los socialistas ya habíamos advertido que esta ley no podía amparar, impugnación de la ley y del decreto de convocatoria por parte del Gobierno de España, suspensión de la ley y del decreto de convocatoria por parte del Tribunal Constitucional, substitución de la consulta suspendida por un proceso participativo, impugnación del proceso participativo por parte del Gobierno de España, suspensión del proceso participativo por parte del Tribunal Constitucional, pretensión del Gobierno de Cataluña de mantener el proceso participativo…

Espero que el Gobierno de la Generalitat, que la Administración como tal, acate la resolución del Tribunal Constitucional y deje el proceso participativo, que en cualquier caso se acabará produciendo con un importante seguimiento, en manos de los voluntarios y las entidades impulsoras.

Hemos entrado en un bucle de astucias, legalismos y tribunales que no puede satisfacer las legítimas demandas de los catalanes. Demandas de cambios, de votaciones de verdad y de una nueva relación con España que incluso muchos querrían ver rota para siempre. Pero nadie está obteniendo ningún tipo de satisfacción con el actual estado de las cosas, que solamente parece alimentar un conflicto sin salida.

No quiero pasar de puntillas sobre la jornada del día 9 de noviembre. Como ustedes saben los socialistas no nos sentíamos llamados a participar en ella porque no compartíamos su carácter unilateral ni la pregunta que se formulaba, y esto no ha variado. Creemos que impugnar el proceso participativo fue un error por parte del Gobierno de España porque, suspendida ya la consulta inicial, a partir de aquel momento se trataba solamente de un ejercicio de movilización que podía servir para dar salida a muchas personas que quieren expresar su opinión y que tienen derecho a hacerlo.

Naturalmente acatamos la decisión del Tribunal Constitucional de ayer porque respetamos el Estado de derecho. Pero seguimos creyendo que, aunque esté desprovisto de todo apoyo institucional, el 9-N seguirá teniendo un carácter de movilización y reivindicación que probablemente la impugnación y la suspensión han contribuido a aumentar. El Presidente Rajoy olvida una vez más que la apelación al cumplimiento de las leyes no resuelve por sí sola el problema.

Por ello, y sin menospreciar en absoluto la movilización que se pueda producir, políticamente nos preocupa más el día 10 de noviembre que el día 9. Y por este motivo mi intervención se centrará más en el escenario post 9-N.

Pero no querría dejar de hacer algún comentario sobre el camino que nos ha llevado hasta aquí.

Hemos llegado hasta aquí porque los que tenían que dialogar y negociar no lo han hecho. Estamos aquí por un fracaso de la política. Estamos aquí porque tenemos dos gobiernos que solamente se hablan a través de los tribunales: el Gobierno de España que recurre al Tribunal Constitucional y el Gobierno de Cataluña que presenta una demanda contra el Gobierno de España ante el Tribunal Supremo. Este no es el camino para resolver un problema político. Y el problema que tenemos entre manos es un problema político que solamente puede encontrar solución a través del diálogo, la negociación y el pacto. Y los que tendrían que protagonizarlo han sido hasta ahora incapaces de hacerlo.

Estamos aquí porque el PP combatió a capa y espada el Estatuto votado por los catalanes. Estamos aquí porque el PP presentó un recurso ante el Tribunal Constitucional que acabó alterando un texto legal que había sido refrendado por la ciudadanía. Estamos aquí porque no se tuvieron reflejos para evitar o enmendar esta anomalía democrática. Estamos aquí porque la política desarrollada por el gobierno de España está caracterizada por un afán recentralizador y un escaso por no decir nulo respeto por la realidad plurilingüe y pluricultural de España.

Pero también estamos aquí porque el President Mas intentó quemar etapas avanzando las elecciones en 2012, porque el President Mas al constatar su retroceso electoral estableció con ERC un acuerdo para la transición nacional y para garantizar la estabilidad parlamentaria del Gobierno de Cataluña, que ha convertido esta legislatura en una cuenta atrás que tenía que acabar con una consulta que finalmente no se producirá. Pensar que en el marco de una mayoría absoluta del PP era posible hacer lo que CiU y ERC se habían propuesto era quimérico.

De hecho, aún recuerdo las burlas que se nos dirigían a los socialistas catalanes cuando hablábamos de la necesidad de una consulta legal y acordada. Se pretendía obviar la realidad e incluso negarla. Lamentablemente la realidad es terca y creo que de forma voluntaria o involuntaria se ha jugado con los sentimientos de las personas proponiendo objetivos que no estaban a nuestro alcance. Votaremos sí o sí se decía. Con ley o sin ella. Desde mi punto de vista, las cosas no se han hecho demasiado bien, ha primado la astucia y el engaño al rigor y la excelencia. Y eso no es bueno.

No quiero decir que la realidad tenga que limitar nuestras ambiciones, pero sí que creo que es obligación de los responsables políticos no desconocerla. No se pueden alimentar falsas expectativas que inevitablemente llevan a la frustración.

Advertí hace ya mucho tiempo que se estaba produciendo una bifurcación en el catalanismo entre los que quieren acumular fuerzas para romper con España y los que querríamos acumular fuerzas para negociar otra relación de Cataluña con el resto de España. Esto tiene que ver con las estrategias y las alianzas, muy diferentes si el objetivo es buscar un acuerdo o justificar una ruptura.

El catalanismo históricamente mayoritario era tan reivindicativo como pragmático, y buscaba resultados, quería influir y mandar en España, no quería desentenderse ni romper con ella. Quería que España trabajase en favor de los intereses de los catalanes. Y por ello quiero insistir en la idea de que es muy diferente el camino si se quiere acordar o si se quiere romper. Y no les sorprenderé si les digo que con nosotros se puede contar para buscar el acuerdo y no para buscar la ruptura.

Y este tema me lleva ya al día 10 de noviembre. Muchas personas se habrán manifestado el día 9. Y a la política le corresponderá proponer las prioridades para la siguiente etapa. Una etapa que en teoría deberían de ser los dos años que quedan de legislatura, pero que puede ser mucho más breve si se imponen las tesis de los que quieren precipitar las elecciones, de entre los que destacan los que han acompañado al President Mas desde el inicio de la legislatura y los que se añadieron con entusiasmo al acuerdo sobre la doble pregunta encadenada del 12 de diciembre del año pasado.

Parece que quieren unas elecciones rápidas para declarar la independencia, a través de una declaración unilateral. Sí o sí, vuelven a decir. Y nosotros volvemos a decir que se está fijando un objetivo engañoso. Muchos no estamos a favor de la independencia, pero es que una declaración unilateral de independencia sería inmediatamente impugnada y anulada, y ningún país relevante del mundo la reconocería. Sería un brindis al sol, una arriesgada gesticulación que añadiría inestabilidad sin ninguna ganancia tangible.

Insisto a pesar de arriesgarme a parecer pesado. El cambio de las relaciones entre Cataluña y el resto de España y la búsqueda de un instrumento para poder votar sobre el futuro político de Cataluña solamente encontrarán solución por el camino del diálogo, la negociación y el pacto. Y, por difícil que sea, ésta es la única vía. El PP tendrá que decidir si emprende la negociación ahora, cuando tiene mayoría absoluta, o si la negociación tendrá que esperar a las próximas elecciones generales, en las que el PP no solamente no tiene una mayoría absoluta asegurada sino que puede estar en la oposición si hacemos caso de las encuestas más recientes.

No sé si unas elecciones precipitadas en Cataluña nos darían o nos quitarían fuerzas de cara a esta negociación con las instituciones españolas, pero todas las encuestas anuncian un escenario político y parlamentario de mayor fragmentación, polarización e inestabilidad. ¿Estaremos mejor o peor para negociar?

Siempre hemos defendido que hay que agotar las legislaturas, especialmente en estos momentos porque ya venimos de una legislatura que se acabó a la mitad. Y desde hace tiempo defiendo las cuatro prioridades que creo que tendrían que marcar el rumbo de los dos próximos años de la política catalana:

  • Impulsar el relanzamiento de nuestra economía y promover la creación de puestos de trabajo.
  • Proteger el Estado del bienestar, priorizando la sanidad y la educación públicas, y fortalecer los mecanismos de protección social.
  • Regenerar la política y revitalizar la democracia, dañada por los casos de corrupción que se acumulan y la falta de eficacia en la resolución de los problemas que angustian a la ciudadanía.
  • Negociar un nuevo acuerdo con el resto de España que nos permita votar.

 

Ésta es la alternativa sensata a la agitación y la desorientación que parecen haberse instalado en la política catalana.

La alternativa sensata es un nuevo acuerdo que nos permita votar. La alternativa sensata es un pacto federal.

Cito literalmente el documento aprobado por los socialistas en Granada: “Creemos que en el federalismo se encuentran las mejores soluciones para reconocer, respetar e integrar las diversas aspiraciones nacionales que conviven en España”.

Desde nuestro punto de vista, este nuevo pacto con el resto de España pasa por una reforma federal de la Constitución española, que tendría que servir para acordar, entre otras, las siguientes cuestiones:

  1. La definición de España como Estado federal.
  2. El reconocimiento de las singularidades propias de las nacionalidades históricas, teniendo en cuenta los hechos diferenciales y los derechos históricos ya reconocidos por la Constitución y los Estatutos vigentes (artículo 5 del Estatuto de Autonomía de Cataluña).
  3. La definición precisa de las competencias del Estado y de las pautas sobre su ejercicio, y la atribución del resto de competencias a las Comunidades Autónomas.
  4. La consideración de los temas lingüísticos, educativos y culturales como competencia estricta de las comunidades con lengua propia.
  5. La constitucionalización de los principios de solidaridad y ordinalidad que tienen que regular la financiación de las Comunidades Autónomas.
  6. La descentralización efectiva del Poder Judicial.
  7. La transformación del actual Senado en un Consejo Federal integrado por los Gobiernos autónomos.

 

La necesidad de someter a referéndum esta reforma constitucional permitiría que la ciudadanía manifestase su apoyo o su rechazo a este nuevo acuerdo.

Somos muy conscientes de que hay tres elementos fundamentales del denominado “malestar catalán” que hay que abordar por la vía del diálogo, la negociación y el pacto: el reconocimiento del carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüe de España, la necesidad de que la Generalitat pueda ejercer sin obstáculos sus competencias, especialmente en materia de lengua, educación y cultura, y la exigencia de un nuevo pacto fiscal que, como dijo el Tribunal Constitucional, tiene que excluir “el resultado de la peor condición relativa de quien contribuye respecto de quien se beneficia” (Fundamento Jurídico 134 de la STC 31/2010 de 28 de junio). La reforma federal que proponemos les da respuesta, pero soy consciente de que habría otras fórmulas para abordarlos y estamos también dispuestos a estudiarlas. Como también puede haber otras fórmulas para conseguir una consulta legal y acordada.

La reciente experiencia del referéndum escocés proporciona buenas pistas para resolver el problema de fondo: acordar un mecanismos democráticos de consulta o ratificación en las urnas; una oferta ambiciosa de pacto inspirada en las técnicas federales; un despliegue de reconocimiento y afecto adaptado al carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüe de España; y, para comenzar, lo que es más importante y hoy no tenemos, una disposición proactiva e inteligente al diálogo y la negociación necesarios.

Por ello no nos cansaremos de repetirlo, los y las socialistas de Cataluña seguiremos trabajando por un nuevo acuerdo entre Cataluña y el resto de España que pueda ser sometido al voto de los ciudadanos y las ciudadanas de nuestro país, porque no nos resignamos ni al mantenimiento de una situación insostenible, ni al conflicto, el callejón sin salida o la ruptura a la que nos condenan las posiciones radicalmente enfrentadas de unos y otros.

Estamos convencidos y convencidas de que hay una mayoría social dispuesta a avalar con su voto un nuevo acuerdo y nos comprometemos a hacerlo posible a través de nuestro esfuerzo, nuestras propuestas y la disposición a debatirlas y enriquecerlas con las aportaciones de los demás. Nos mantenemos así fieles a nuestro compromiso fundacional de garantizar la unidad civil de nuestro pueblo y de buscar permanentemente el entendimiento con el resto de pueblos de España.

Acabo. Parece que pronto el Gobierno de la Generalitat enviará al Parlament el proyecto de presupuestos para 2015. Según dijo el propio President Mas, lo hará sin haberlos negociado antes con nadie y sin tener el apoyo suficiente para garantizar su aprobación. No me parece que sea la mejor forma de hacerlo, pero tanto esta decisión como la decisión de convocar las elecciones de forma anticipada, es de su exclusiva responsabilidad.

Nosotros ya hemos dicho que estamos dispuestos a explorar acuerdos de estabilidad, pero tienen que ser acuerdos de fondo, no maniobras de distracción para ir tirando. No son acuerdos solamente para ayudar a un Gobierno de Cataluña en dificultades. También nos gustaría asociar estos acuerdos de estabilidad a una perspectiva de negociación con el Gobierno de España. Para negociar un nuevo acuerdo como el que antes describía o, como mínimo, para desbloquear una mayoría de los 23 puntos que el President Mas puso sobre la mesa del Presidente Rajoy el pasado 30 de julio. 23 cuestiones de las que hoy hemos sabido por boca del President Mas que solamente ha resuelto, y cito literalmente, “la mitad de una”. También convendría impulsar con urgencia un acuerdo sobre la renovación de la financiación autonómica, así como revisar la distribución de los esfuerzos entre los tres niveles de gobierno para reducir el déficit público. De todo esto se tendría que hablar con el Gobierno de España.

Esto es lo que creemos que toca. El PSC pretende construir una alternativa sensata, con elecciones o sin ellas, intentando servir con tanta ambición como modestia, a los intereses de los ciudadanos y las ciudadanas de Cataluña. Y a ello me pienso dedicar en cuerpo y alma.

Muchas gracias por su atención.

¿Y ahora qué?

¿Y AHORA QUÉ?
EL PAÍS, 23.09.14

El pasado viernes, el Parlament de Cataluña aprobó la ley de consultas populares no referendarias con el amplio apoyo de CiU, ERC, PSC, ICV-EUiA y la CUP. Los socialistas catalanes hemos votado la ley porque creemos que hay que revitalizar la democracia abriendo espacios de deliberación ciudadana. Es la misma voluntad, por ejemplo, que guía el anteproyecto de ley andaluza de participación ciudadana, que en su artículo 23 dice lo siguiente: “Conforme a lo dispuesto en el artículo 78 del Estatuto de Autonomía de Andalucía, las Administraciones Públicas andaluzas podrán convocar y realizar, en el ámbito de sus competencias y en los términos que se regulen reglamentariamente, procesos de participación ciudadana mediante cualquier instrumento de consulta popular cuando consideren oportuno conocer la opinión de la ciudadanía sobre determinados asuntos o políticas públicas, ya sea para valorar los efectos reales de las mismas o para adoptar decisiones sobre ellas”.

Lamentablemente, el president Mas, obligado por el acuerdo al que llegó con ERC, ICV-EUiA y la CUP, pretende utilizar la ley catalana de consultas populares no referendarias para convocar una consulta formulando una pregunta propia de un referéndum. Llegado este momento, es obvio que el Gobierno de España, en uso de sus atribuciones, pedirá al Tribunal Constitucional la inmediata suspensión del decreto de convocatoria de la consulta y seguramente también la de la ley en que se ampara. Enric Fossas escribió el viernes en EL PAÍS un artículo absolutamente esclarecedor sobre esta cuestión.

En este supuesto, desde mi punto de vista, lo que habrá que hacer es dejar en suspenso los preparativos de dicha consulta y esperar la decisión definitiva del alto tribunal, que dará o quitará razones a unos y otros. Solo entonces podremos ajustar a su resolución las decisiones tomadas estos días. No me imagino que un responsable político, y máxime si ejerce responsabilidades de gobierno, piense siquiera en otra línea de conducta.

Es obvio que ni la suspensión de la consulta ni la eventual anulación definitiva de la convocatoria y la ley en que se sustenta resuelven el problema de fondo, que no es otro que la necesidad de dar cauce político y democrático al profundo malestar de importantes sectores de la sociedad catalana sobre la actual relación de Cataluña con el resto de España. No hay más que ver el seguimiento de las movilizaciones con motivo de la Diada Nacional en los últimos años y recientes resultados electorales para calibrar el alcance de ese malestar.

Es evidente que así no podemos seguir; y también lo es para mí que no habrá solución estable al problema de fondo que no pase por dar la palabra a la ciudadanía. Las razones del malestar son profundas y tienen que ver con una severa crisis de sistema que requiere de una revolución democrática en toda España. Pero si nos ceñimos estrictamente a las relaciones entre Cataluña y el resto de España, el actual malestar trae causa de la sentencia del Tribunal Constitucional que alteró el Estatuto de Cataluña que, tras haber sido aprobado por mayoría absoluta por las Cortes Generales, fue sometido a referéndum de los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña. Resulta imprescindible superar esa anomalía democrática a través de un nuevo pacto político que deberá, a su vez, ser sometido a referéndum de la ciudadanía.

La solución al problema de fondo solo puede venir a través de la vía del diálogo, la negociación y el pacto. Un diálogo que deben protagonizar los presidentes Mas y Rajoy. Un diálogo al que los socialistas les urgimos, y al que estamos dispuestos a aportar nuestras propuestas. El presidente Rajoy no debe olvidar que han sido políticas y actuaciones de su partido las que más han contribuido al actual malestar catalán (¿recuerda el PP su cruzada contra el nuevo Estatuto?) y no debe abdicar de su responsabilidad como presidente del Gobierno de España, que no se agota en cumplir y exigir el cumplimiento de la ley, sino que debe procurar la solución de un problema tan delicado como el que nos ocupa.

Por su parte, el president Mas debe rectificar una estrategia basada en decisiones unilaterales que no llevan a ninguna parte. Confío en que el periodo que se abrirá tras la más que previsible suspensión cautelar de la consulta por parte del Tribunal Constitucional pueda servir para que dialoguen los Gobiernos. Por ello exijo a los presidentes Rajoy y Mas el diálogo, que no se atrincheren en sus razones, que no busquen excusas en los errores de la otra parte, que abandonen cálculos partidistas y electorales, que no esperen a que se llegue a un punto sin retorno, que nos eviten un enfrentamiento sin sentido que a todos perjudicaría.

Por nuestra parte los socialistas catalanes insistimos en la necesidad de una reforma constitucional federal que deberá ser sometida a referéndum. Una reforma que contemple, al menos, las siguientes cuestiones:

1. La definición de España como Estado federal.

2. El reconocimiento de que España es una nación que integra naciones, nacionalidades y regiones.

3. La definición precisa de las competencias del Estado y de las pautas sobre su ejercicio y la atribución de todas las demás competencias a las autonomías.

4. El reconocimiento de una asimetría competencial que atienda a los hechos diferenciales y los derechos históricos ya reconocidos por la Constitución y los Estatutos vigentes.

5. La consideración de los temas lingüísticos, educativos y culturales como competencia estricta de las comunidades con lengua propia.

6. La constitucionalización de los principios de solidaridad y ordinalidad que han de informar la financiación de las autonomías.

7. La descentralización efectiva del Poder Judicial.

8. La transformación del actual Senado en un Consejo Federal integrado por los Gobiernos autónomos.

Hay quien piensa que una reforma de tal calado es imposible y que quizá resulte más sencillo buscar un encaje singular de Cataluña introduciendo en nuestra Constitución una disposición adicional específica. Estamos dispuestos a hablar de ello. Pero a lo que no estamos dispuestos es a cruzarnos de brazos mientras se arruina el mejor periodo de nuestra historia en común.

La reciente experiencia del referéndum escocés proporciona buenas pistas para resolver el problema: un mecanismo democrático de consulta o ratificación en las urnas; una oferta ambiciosa de pacto inspirada en las técnicas federales; un despliegue de reconocimiento y afecto adaptado al carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüe de España; y, para empezar, una disposición proactiva e inteligente al diálogo y la negociación necesarios.

No, la secesión perjudicaría a los ciudadanos

No, la secesión perjudicaría a los ciudadanos

EL HUFFINGTON POST, 10.09.14

La independencia sería, desde mi punto de vista, la expresión de un fracaso colectivo: la constatación de nuestra incapacidad de construir, en Cataluña y en España, un proyecto común en que conviven ciudadanos con identidades múltiples y sentimientos diversos.

No soy independentista. No por no querer lo suficiente a Cataluña, sino porque creo que la independencia sería altamente perjudicial para Cataluña y para España.

En un mundo de interdependencias crecientes y soberanías compartidas; en una España plural y diversa, levantar barreras y divisiones es un mal negocio.

El federalismo, el ideal de la convivencia entre diferentes, es la mejor solución al encaje de Cataluña en España. Quiero una España federal, suma de autogobierno y Gobierno compartido. Quiero una Cataluña hermanada con el resto de pueblos de España y cuya singularidad sea plenamente reconocida en una España nación de naciones.

La pérdida de dimensión económica, cultural, demográfica y política es un grave riesgo, tanto para Cataluña como para España. En el mundo en que vivimos, perder tamaño es perder oportunidades. Nadie ha sido capaz de calcular los costes y las incertidumbres de un proceso de separación, con toda seguridad excesivos; probablemente, insoportables.

Por otro lado, si Cataluña se separase de España no dejarían de ser vecinas. Cataluña puede separarse de España pero no puede abandonar la península ibérica. ¿Cómo puede beneficiar a Cataluña la separación, el alejamiento traumático de sus vecinos más inmediatos, que serán para siempre sus vecinos y con los que siempre le convendrá tener las mejores relaciones posibles?

La secesión perjudicaría a los ciudadanos, una gran mayoría sufriría al ver desgarrarse sus identidades plurales y compartidas; obligados a considerar como extranjeros a buena parte de sus conciudadanos, de repente muchos deberían considerar como extrañas cosas que les eran propias.

Y, además, la secesión perjudicaría también a la integración europea. Más allá de la evidencia de que, al menos por cierto tiempo, Catalunya quedaría fuera de la UE, la fractura de un país miembro de la Unión Europea plantea interrogantes sobre el propio funcionamiento de la Unión, sus relaciones con lo que a partir de entonces sería un país tercero y sobre el riesgo de incentivar procesos similares en otros países miembros.

La secesión crearía más problemas de los que pretende resolver. Ante esto, cabe buscar otras respuestas. Soluciones que pasan necesariamente por el diálogo, la negociación y el pacto, elementos definitorios del federalismo.